miércoles, 23 de agosto de 2017

Hypochoeris II

[Encuentro esta entrada, que debería ir antes de "Lirio", extraviada entre borradores.]

Mireia tiene la amabilidad de darme noticia de un trabajo muy bien documentado sobre la etimología de la voz gallega maraballa y portuguesa maravalha, muy interesante para mí también en un aspecto: cita el autor varios nombres comunes de la Hypochoeris radicata, entre los que se encuentran "lechuga de cerdo" y leituga dos porcos: abundan éstos en mi afirmación, medio broma, de que quizá era la Hypochoeris plato de gusto de los gorrinos.

Además el artículo cita un Diccionario castellano-gallego de fines del siglo XIX, autor Valladares, con el siguiente dato, parece, sobre la Hypochoeris radicata: "cómenla con avidez los cerdos, y los labradores la buscan y la cogen para dársela".  Verdad es que, pese a mi afición a las etimologías, descreo mucho de ellas, y me hacen poca fuerza las palabras de un autor al que no conozco, y precisamente por ello: es conocido vicio de lexicógrafos imaginar usos y hechos para justificar una etimología que, para nuestra planta, parece indudablemente porcina.

Según leía el estudio (parte de una tesis de la Universidad de Chile, autor Mauricio Fuenzalida) tuve un sobresalto al leer Hypochaeris: no hay cosa que más me fastidie que leer mal una palabra y poner una letra por otra.  Repasé con más atención los textos y encontré que, en efecto, usan casi por mitad las formas Hypochoeris e Hypochaeris.

Aunque los diptongos latinos ae y oe se pronunciaban más o menos como se escriben, eso sólo sucedía en latín clásico; ya la edad media confundía e y ae y oe en un /e/ más o menos indiferenciado.  Por eso en latín medieval y moderno es fácil leer, junto a grafías clásicas (cetera /kéetera/ "lo demás": la primera E es larga) otras menos clásicas (caetera, coetera).  Etcétera.

¿No lo he dicho aún?  Jamás hubo una Academia que dictase la ortografía del latín.

viernes, 18 de agosto de 2017

Lirio II

El botánico busca la constancia de la cosa (el género, la especie, la variedad); los demás nos conformamos con la constancia de la palabras, que jibarizan el mundo para que quepa en nuestras cabecitas.  Nadie duda de que lirio es lis y es lys y es lliri y es lilium y es λείριον.  Pero ¿qué entes se designan con esas diversas palabras, que son a un tiempo la misma?

Para no fiarme de mi oído, consulto una pequeña enciclopedia de jardinería, y encuentro que la voz "lirio", sin adjetivos, designa sucesivamente iris, jacintos, tulipanes y azucenas.  Con determinaciones, la gama se amplía, pues el lirio del valle es el muguete, el lirio de agua la cala (Zantedeschia aethiopica), etcétera.

La cosa se complica entrando en la heráldica; pensaba yo, iluso, que la flor de lis (en francés escriben lis o lys indistintamente) era flor de veras, pero ya veo que es de fantasía: ahora es esta flor, ahora aquella, por veces una agrupación de tres.  No pidamos realismo al blasón: la flor de lis francesa es dorada; la florentina, en cambio, más colorida, es ya roja, ya amarilla, ya azul.

Ya en griego λείριον /léirion/ es palabra ambigua: valía por el Lilium candidum (en Teofrasto, por ejemplo) pero también por "narciso" (no sé cuál: ¡y en el mismo Teofrasto!).  Dice Chantraine que la palabra es préstamo de alguna lengua oriental, y Meillet lo confirma por lo que hace al latín lilium, idioma donde la palabra tiende a reducir su campo al significado de "azucena".  Así en Virgilio (Eneida 6 707 y ss) ya tenemos la juntura lineana:

          Ac veluti in pratis ubi apes aestate serena
          floribus insidunt variis et candida circum
          lilia funduntur...

"Y como las abejas, cuando en los prados, los claros días de verano, se posan en las flores y se derraman sobre los blancos lirios..."

Los poetas, aunque apegados a las palabras más que el resto de los mortales, son gente seria: a cada rasgo, como decía Quevedo, le asignan su verdura: a los labios la fresa, a las mejillas la rosa... Con loable perseverancia, un lirio será una azucena para el poeta, y símbolo de la blancura ideal en las tiernas carnes de su ninfa.  Así canta Salicio con arrobo petrarquista:

          por ti la verde hierba, el fresco viento,
          el blanco lirio y colorada rosa
          y dulce primavera deseaba.

Góngora echa mano del mismo vegetal para describir a su Galatea ("Lechosa"), pero hablando medio latín, como le gusta al canónigo cordobés:

          Purpúreas rosas sobre Galatea
          la Alba entre lilios cándidos deshoja:
          duda el Amor cuál más su color sea,
          o púrpura nevada o nieve roja.

Ay, Galatea, lo que te has perdido.  Polifemo era feo, sí.  Pero ¡qué voz tan dulce!

miércoles, 16 de agosto de 2017

Lirio

¿Por qué los diccionarios definen tan vagamente los nombres de las plantas?  ¿No han oído hablar de Lineo?

Buscaba el otro día el significado de almorta y me encontré con esto en el de la RAE: "planta anual de la familia de las Papilionáceas, con tallo herbáceo y ramoso, hojas lanceoladas con pedúnculo..."; y así durante cinco mortales líneas, que rematan de esta manera: "florece por junio y es indígena de España".  No sabe uno si está en un diccionario de la lengua o en una enciclopedia.  Mejor lo hace María Moliner, que, sobre una breve definición, acostumbra dar un nombre lineano, y con sólo ver Lathyrus sativus estás al cabo de la calle.

En las cartas de Rousseau salía el genepí (sic): tras buscarlo sin éxito en castellano, fui al francés, y bajo la voz génépi encontré esto: "plante sauvage des hautes montagnes (composées)".  Estamos buenos.  Menos mal que luego, por puro azar, oí a José Vicente F. explicar que el génépi era un género próximo, o quizá una variedad (no entendí bien) de Artemisia absynthium.  (En las Confesiones cuenta Rousseau que Anet, criado y amante de Mme. de Warens, murió de una pleuresía contraída mientras cosechaba génépi, planta indicadísima... contra la pleuresía.  Puesto que Anet parece significar "eneldo", de no saber que el personaje existió realmente, todo podría pasar por una broma pesada del fantasioso Jean-Jacques.)

Claro es que, en los ejemplos que acabo de proponer, se trata de especies muy concretas.  En una grandísima proporción de casos, los nombre vernáculos, objeto de definición, no aluden a una especie botánica, sino a un grupo incierto de plantas, identificadas sobre todo por su utilidad inmediata (caso de la maraballa gallega, que al parecer admite esta acepción estupefaciente: "toda hierba que se coge con el fin de dársela a los cerdos").  Se comprende, así, la resistencia de los lexicógrafos a precisar la especie aludida por algunos fitónimos, y por qué se limitan a indicar ciertos rasgos imprecisos: "planta olorosa que se cría espontáneamente en los ribazos", "enredadera de flores blancas", etcétera.

Una planta, o, mejor dicho, una palabra me tiene perplejo: el lirio.  ¿Qué es un lirio?  Es el arquetipo de las liliáceas, desde luego, lo que quiere decir que los botánicos tienen claro lo que es el Lilium; pero para los hablantes de castellano la cosa, encuentro yo, no es tan simple.  Por mi parte, siempre he oído llamar lirios a los iris y, por el contrario, en casa a los Lilia candida siempre los hemos llamado "azucenas", y nunca "lirios".  (Azucena es palabra de raigambre arábiga, al parecer de un hebreo sussanna que proporciona el nombre a muchas chicas: sí, Susana significa, dicen, "azucena".)

Pero veo que esto se alarga demasiado.  Lo dejo para otra entrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

Prenanthes

Subiendo al valle de La Larri (con José María S. me ha entrado el gusanillo geológico, y quería ver la famosa ventana tectónica), el sendero que trepa junto a las cascadas está lleno, pero lleno lleno a estas alturas del año, de Prenanthes purpurea, o al menos una planta que se le parece mucho, con sus hojitas oblongas, panduriformes.  Y al ver tantos ejemplares me he confirmado en la idea que en su día me formé sobre la etimología del nombre: en efecto, salvo los ejemplares pequeños, algo más erguidos, en general las varitas de Prenanthes se inclinan, y tanto más cuanto más crecidas y más floríferas, de modo que las flores, en sus racimillos terminales, van como humilladas y cabizbajas.

Supuse yo (y sigo suponiendo, porque de momento no pienso entrar en más averiguaciones) que prenanthes es palabra inventada (no aparece en mis diccionarios), forjada sobre el modelo de los adjetivos griegos διανθής /dianzeés/ "de flores variadas" o εὐανθής /euanzeés/ "bien florido": el elemento final, común a todas ellas, es la voz ἄνθος /ánzos/ "flor" (que conocemos del Centranthus) y que, como es natural, entra en muchísimos nombres botánicos.

Pero en prenanthes el elemento inicial no es διά /diá/ (preposición que puede indicar variedad) o εὖ /eu/ (el adverbio "bien"), sino el adjetivo πρηνής /preeneés/ que significa precisamente "inclinado hacia adelante".  Πρηνής es el correspondiente casi exacto del latino pronus, que más o menos todos hemos oído en la expresión médica decubito prono, esto es, "tumbado hacia adelante" o, como decía mi abuelo Antonio, "tumbado de barriga".  Así que, al ver las Prenanthes tan vencidas hacia el suelo, aquella suposición quedó, no demostrada, pero algo corroborada.

Encuentro entre mis papeles bastantes nombres de géneros con formación similar:  Cheilanthes, Cloanthes, Doryantes, Helianthes, Menyanthes, Spiranthes; imagino que la mayoría son neologismos botánicos, pues la única que encuentro en el Bailly es χλοανθής /jloanzeés/ "de flores verdosas", cuya transcripción correcta al latín sería Chloanthes y no Cloanthes (la letra χ se llama "ji", suena como nuestra jota y se transcribe al latín CH).

En el caso de Spiranthes, se trata de una orquídea que está en Aragón, pero sólo la he visto en foto: en el librito de Orquídeas de Aragón de Conchita Muñoz se puede admirar el hermoso racimo floral, retorcido; eso me hace pensar que el primer elemento es la palabra latina spira "espiral", con lo que spiranthes sería una de esas voces híbridas de latín y griego (algo que no gusta nada a los puristas).  Yo no soy purista, así que me limito a constatar que la especie Spiranthes spiralis tiene un nombre un poquitín redundante.

sábado, 5 de agosto de 2017

Merendera

El nombre de esta planta suena tanto a castellano derecho, que me resulta difícil pensar que es latín.  En latín existe, desde luego, la palabra merenda con el mismo significado que su resultado fonético "merienda" (la E breve acentuada latina diptonga en ié castellano), pero no existe, que yo sepa (he mirado un poco por ahí, y creo que lo puedo confirmar) la palabra latina merendera, si no es en el neolatín de la botánica.  ¿De dónde la ha sacado éste?  Yo creo que del castellano, o al menos de algún idioma español.

La razón por que lo creo es que el sufijo -ero/-era es muy castellano y nada latino.  De merenda en latín podría salir la palabra *merendaria (el asterisco indica que me he inventado la palabra) pero nunca merendera.  En efecto, el sufijo que adjetiva nombres es en latín -arius: de arma viene armarius, de primus procede primarius y la sal conduce al salarius.

De paso, ahí tiene usted tres bonitos dobletes: "armero", "primero" y "salero" son palabras patrimoniales (castellano fetén, digamos), mientras que "armario", "primario" y "salario" (que son exactamente las mismas palabras, pero con vía culta de entrada al castellano --así se forma la mayoría de dobletes) son préstamos, son latinismos, de los que los romances están llenos (y lo que no son romances, por ejemplo el inglés).

Ahora bien, siendo la merendera un endemismo hispánico, ¿no parece natural que quien la bautizara (me parece que fue Lineo, o quizá Ramond) usase el nombre vernáculo?  Cierto que no encuentro la voz "merendera" ni en el diccionario de María Moliner ni en el académico (como pontifico en los días de mal humor, el diccionario de la RAE sólo sirve para saber lo que dice el diccionario de la RAE).  Por desgracia el Dioscórides de Font Quer (que me parece muy fiable para nombres populares) no recoge esta planta, pero si, por ejemplo, Flora Ibérica, que acoge merendera como voz castellana, y el etimológico de Corominas la explica como tal: "así llamado seguramente" (dice don Joan con prudencia) "porque esta planta aparece en otoño, cuando el campesino deja de merendar, por oscurecer más temprano y anticiparse la cena".

Por cierto que Corominas piensa que la merendera no es la Merendera montana sino el Colchicum autumnale, y en esto le sigue la meteoróloga (en teleñol, metereóloga: apuesto a que pronto lo admitirá la RAE) Mónica López, que el otoño pasado afirmó en un telediario que "la merendera en realidad se llama trencaberenas"; pues sí que estamos bien.  Ni en mi diccionario catalán ni en el GDLC de la red encuentro merendera ni trencaberenas.

La merendera es una flor que reconozco (o eso creo) desde niño, cuando alguien la señaló en un prado, cerca de Burgos, con el nombre de "quitameriendas".  Yo la vigilaba mientras comía el pan con chocolate; pero no pasó nada.