domingo, 27 de junio de 2021

De Atenas a Madeira con tortilla de cenojo

Mes boedromión (fines de verano), año 490 antes de la Era.  En los llanos de Maratón, en la costa del Ática, el ejército ciudadano derrota, contra pronóstico, a Darío el Grande, rey de reyes.  Envían a un hemeródromo, un tal Fidípides, que lleve la nueva a Atenas: corre cuanto puede, da la noticia, y muere.  Esto último no lo cuenta Heródoto, padre de la Historia, que tantos detalles ofrece de esa batalla.  Si los atenienses la hubieran perdido, adiós Heródoto, adiós historia y adiós maratones.

El solo nombre de Μαραθῶν /ma-ra-zóon/ enorgullecía sin tasa a los atenientes.  "Yo estuve en la batalla".  No había que decir más.  Ésquilo olvidó al parecer, redactando su epitafio, el casi centenar de tragedias que constituyen su gloria, y sólo dice: "pueden atestiguar su valentía el santo suelo de Maratón y, por experiencia, el persa melenudo".

Pero, además de nombrar un lugar, Μαραθῶν tiene un preciso significado: "hinojar", terreno donde crece el hinojo.  Esta hierba se llama en griego μάραθον o μάραθρον, y de ahí que se llame μαραθῶνες o μαραθρῶνες a los hinojares (o hinojales).  De modo que "hinojar" sería la traducción exacta de Μαραθῶν.

Me llama la atención el éxito de este simple en la toponimia.  ¿Tantas virtudes tiene el Foeniculum vulgare?  En nuestro ámbito peninsular e idiomático, aparte del marqués de Santillana con su vaquera de la Finojosa, y limitándonos a núcleos poblados, tenemos Hinojal, Hinojar, Hinojares, Hinojosa (de Duero, del Campo, de Jarque), Hinojosas, Hinojales, Hinojoso (de la Orden, del Marquesado), Los Hinojosos...

Cierto que en torno al Queiles se aprecia mucho el cenojo como condimento de una tortilla de temporada, elaborada con los primeros brotes de esta planta.  Pero parece que las virtudes del hinojo se reducen a ser un buen carminativo (no puedo escribir esta palabra sin reír, con el recuerdo de Crome Yellow de Huxley); como decía la máxima salernitana, en elegante hexámetro leonino (lo cita Font Quer), la semilla del hinojo alivia de pedos:

                          Semen foeniculi pellit spiracula culi.

Tanto hinojo como fenojo (o su variante cenojo, por confusión de aspiradas, igual que a Felipe lo llaman Celipe) son resultado fonético del latín fenuculum, variante vulgar del clásico feniculum /fee-ní-cu-lum/, con E larga.  La grafía feniculum es la clásica, pero se encuentran las variantes faeniculum y foeniculum, ésta última la adoptada por la tradición botánica.

No cabe dudar que feniculum es el diminutivo de fenum "heno".  En cuanto a fenum (con E larga) todo indica que es un derivado de la importante raíz indoeuropea *dhee- "mamar" (pongo dos E para indicar la base larga), la misma que da en griego θηλή "ubre" y θηλύς "femenino", y en latín felix, fecundus..., uber (con tratamiento distinto de -dh-) y felare y felatio, cuya versión omito por el horario infantil.  De modo que el significado primigenio de fenum sería "provecho (del prado)", y sería hermano mellizo de fenus, que en latín clásico designa el "rédito del capital".  Pues de ese fenum vendría feniculum, cuyo sentido primitivo sería "henito" (o "provechito").

(Dicho sea de paso, hinojo es también resultado fonético de geniculum o genuculum "rodilla", que en esta colisión fonética ha sido desplazada del castellano por nuestra umbelífera, y ya sólo como arcaísmo podemos ponernos "de hinojos".)

De feniculum resulta fenouil, nombre francés del hinojo.  También Francia tiene sus topónimos derivados: Fenouillete, Fenouillères etc.  En italiano feniculum da finocchio, y de esta voz creía yo que no encontraría topónimos en Italia, pero veo que me equivoco: hay varios Finocchio, al menos un Finocchito y hasta un Finocchieto (entre Rieti y Narni).  Pensé que faltaría porque finocchio tiene el sentido añadido de "afeminado", "marica" (mi diccionario no lo confirma, pero sí el cine italiano, por ejemplo Il sorpasso de Dino Risi).

En catalán feniculum da fenoll, con la variante fonoll.  De ahí derivan un buen golpe de topónimos (y apellidos), como Fenollar, Fenollosa, Fonollosa, Fonolleres, &c.  El bable al hinojo lo llama cenoyu, pero hay una Fenolleda en Asturias.

Como el gallego-portugués tiene la costumbre de comerse la N intervocálica (a la luna le dicen lua, y a nosotros boas tardes) lo esperable de feniculum sería fiolho (que es la forma portuguesa), aunque en gallego prefieren ahora fiuncho, que en Portugal tiene la variante funcho.  Sea como fuere, "hinojal" tiene también lugar en la toponimia galaicoportuguesa: Fiolhal, Fiolheda, Fiolhedo, &c.  Añadamos la capital de las Islas Madeira, esto es, Funchal.

Si en Madeira se hubiera ganado una épica contienda, por ejemplo contra el invasor almogávar bajo el brillante capitán Carod-Rovira (alias Aquí-Y-En-La-China-Popular), quizá un corredor de resistencia podría tener hoy en su haber doce funchales y veintitrés medias funchales.

¡Estos griegos!  Con su habilidad de colocarse al comienzo de la historia, nos han quitado a otras naciones muchas oportunidades con la épica y con la etimología...

jueves, 24 de junio de 2021

Aphaca



Hoy hace más o menos un año (la conversación giraba en torno a las cigarras) se me ocurrió afirmar que no había chicharras en mi comarca, la zona de Moncayo.  El amigo J. V. me miró con tal estupor que de inmediato supe que había metido la pata, y traté de arreglarlo:  "Quiero decir que no hay de ésas que atruenan los mediodías de la Costa Azul, y chirrían sin pausa en los pinos de la vía Domicia."

No, es cierto que de esa cigarra (el "flautista plebeyo" de Scopoli, que eso significa Tibicen plebejus) no creo que haya por los alrededores de Moncayo.  Ahora bien, de ahí a decir que no las hay en absoluto...  Qué atrevida es la ignorancia.  De entonces acá he puesto más atención a estos animalitos, y voy conociendo alguna especie de por aquí (incluidas esas que llaman "espumosas" por las burbujillas).  Todavía no reconozco su canto.

Tengo una relación ambigua con la ignorancia.  Desde luego sé que todos albergamos una enciclopédica, y que hasta el que más sabe sólo alcanza una virutilla despreciable del saber posible.  Y que el error por antonomasia es precisamente el espejismo de saber.  La ignorancia no ocupa lugar, no se toca, no se huele, no se ve; es imposible hacerse una idea, ni aproximada, de lo que ignoramos.  Y sin embargo me mortifica horriblemente meter la pata.

¡Qué rápido se caza, en cambio, la ignorancia ajena!  Ahora que pierdo ratos por ahí, en grupos de internet, ¡qué peloteras, qué agresividad, qué insultos!  Me recuerdan al hombre motorizado de Fernández Flórez:  "Insulte usted, por favor, por su ventanilla, que ya insulto yo por la mía."  La agresividad en la red recuerda, sí, a la del automovilista clásico.  Casualmente leía ayer en un artículo de prensa lo que sigue:  "Se puede ser ignorante, pero sin petulancia.  Se puede desconocer que dos y dos suman cuatro, pero teniendo cuidado de no exhibir ese desconocimiento con demasiada pedantería.  Y si la ignorancia es cosa de siempre, la pedantería de la ignorancia, en cambio, es un fenómeno único y exclusivo de esta época tan agradable que nos ha tocado vivir".  Esto escribía Julio Camba... en noviembre, ¡ay!, del año 1934.  Si usted llegara a conocer, don Julio, lo que es Twitter...

Por otra parte, ¿no es una suerte ignorar?  Si no fuera por nuestra santa inopia, ¿dónde estaría el placer de investigar, de averiguar, de aprender?  El dios de Tomás de Aquino (pensaba yo impíamente en mis épocas más pías) debe de sufrir de un tedio cósmico, más que el oceánico de D'Ors.

El amigo J. A. me llevó el otro día a ver un batallón de Serapias lingua (no crecen más que en un corro, pero en abundancia increíble), y mostró otras especies más o menos raras.  Entre ellas había un Lathyrus aphaca, que me encantó porque me pareció inconfundible.  De estas leguminosas me fascina la variedad de rojos que exhiben sus estandartes, pero he dedicado muy poco esfuerzo a distinguirlas: me da la impresión de que se parecen mucho entre sí y que hay que fijarse en las formas de las brácteas, de los zarcillos... justo lo que incomoda a un impaciente como este servidor.

En cambio el Lathyrus aphaca tiene unas hojas inconfundibles (del primer vistazo me pareció una aristoloquia).  Luego, en casa, he leído que todas las hojas de esta planta se han convertido en zarcillos: lo que tomé por hojas eran las estípulas, crecientes en tamaño de abajo arriba.  Eso proporciona a la hierba su aspecto peculiar.

El nombre específico, con esa PH, tenía pinta de venir del griego, y ahí lo busqué, con éxito.  La voz ἀφάκη /a-fá-kee/ está ya en Aristóteles y Teofrasto y, como suele pasar, hay diversidad de opiniones sobre su significado.  Según unos, designa al Lathyrus cicera L (gesse chiche en la traducción francesa de Teofrasto).  Según otros, tras el nombre ἀφάκη se oculta la Vicia cracca L, o quizá la Vicia sativa L.  Chi lo sa?

Ya que tenía abierto el diccionario griego, miré σεραπιάς /se-ra-pi-ás/, con su variante σαραπιάς, que tampoco se sabe a ciencia cierta qué orquídea designa, aunque se sospecha que su nombre tiene relación con el dios greco-egipcio Serapis (o Sarapis: el del modio en la divina testa).  Plinio parece considerarla una variante de orchis, y dice de ella (26 62), que es "admirable": mirabilis est orchis herba sive serapias "con hojas de puerro, tallo de un palmo, flor purpúrea, y doble raíz que semeja testículos, de modo que el mayor o, como algunos dicen, más tierno (tenuior) en infusión excita la libido, mientras que el menor o más blando, en leche de cabra, la inhibe".

No aprendemos gran cosa, pero nos vamos entreteniendo...


domingo, 30 de mayo de 2021

Almizcles II

 A ver si remato esto de los almizcles; de lo planeado me falta, por lo menos, enumerar los términos botánicos relacionados con ese aceite asiático.

El adjetivo moschatus lo encuentro en su forma masculina solamente en el Nardus moschatus, sinónimo de N alpestris; en femenino está por lo menos en una Cucurbita, una Malva, una Rosa y una Saxifraga, todas ellas moschatae; y en neutro, por último, tengo aquí registrados el Allium moschatum L y el Erodium moschatum (L) L'Héritier, este último la "almizclera" definida por la RAE.

He aquí la descripción que Bubani ofrece de la Rosa moschata:  "Las flores son grandes, notables aun de lejos, y muy aromáticas; y como son numerosísimas, ofrecen al viandante un espectáculo agradable.  Desfontaines afirma que los tunecinos extraen de sus pétalos un aceite de la mejor fragancia".  Yo imagino (aunque de cierto no lo sé, dada la vaguedad de las definiciones académicas) que la Rosa moschata es el rosal que el DRAE define bajo la voz mosqueta, cuyo origen atribuye al catalán mosqueta (derivado a su vez del anticuado mosquet "almizcle", según Corominas).  [Pero véanse los comentarios al pie.]

Seguramente pertenecen también a la familia de muscus las palabras mosqueruela y mosquerola, y también la expresión "pera mosqueruela", que designan una variedad de esta fruta particularmente "aromática", en la definición del DRAE.

La zoología, claro está, contempla muchas especies moschatae.  Quizá la más conspicua, aunque no lleve el adjetivo sino su primitivo, sea el Moschus moschiferus, una de las siete de ciervos almizcleros que al parecer alberga, sobre todo, el continente asiático.  Imagino que ese ciervo es el proveedor del apreciado almizcle que Europa importaba: su género, Moschus (transcripcion de μοσχός; en un diccionario italiano leo que lo llaman mòsco), da nombre también a la familia Moschidae o mosquidas.

No quiero mencionar aquí todos los animales moschati que he encontrado, pero hago excepción con la Aromia moschata L sp ambrosiaca, un hermoso coleóptero peninsular que fue usado (esta noticia, que cuenta en su artículo Romà Rigol, me parece estupenda) para aromatizar el tabaco, colocando en su bolsa, como en otros casos mondas de manzana, al difunto bicho, aromático aun en el más allá.

La nuez moscada es otro producto importado para el que se usó aquel adjetivo: la planta recibe en diversos herbarios el nombre de arbor nucis moschatae y hoy se llama (creo) Myristica fragrans (el nombre específico, participio de fragrare, significa "aromático"; para ese verbo los castellanos pensamos que con una R le bastaba, y así decimos fragancia).  ¿Tiene nombre ese árbol en nuestro idioma?  En francés se llama muscadier, y en portugués moscadeira.  En cuanto al fruto, el término latino nux moschata da origen a los modernos, desde nuestra nuez moscada hasta el Muskatnuss alemán.

Otra palabra castellana derivada del persa musk es la voz moscatel.  De niño yo la creía denominación de cierto vino dulce que me dejaban probar en ocasiones contadas; recuerdo la sorpresa que me produjo leer (creo que fue en el Platero de Juan Ramón Jiménez) la juntura uvas moscateles.  La palabra está documentada desde 1503 en castellano, y podría derivar del catalán moscatell (como opina Corominas) o del italiano moscatello (con las variantes moscadello y muscatelo), allí definido como "vitigno... di uve di tavola e da vino dall'aroma di muschio" (todavía hoy el italiano moscato se refiere a la uva o al vino; en cambio el francés muscadet, palabra que algunos consideran derivada del occitano, parece designar sólo al "vin muscat").

Por último, dentro de la familia del almizcle hay que incluir el Muscari, cuyo origen hay que atribuir a Clusius (apellido latinizado de Charles de l'Écluse), quien alude también al nombre tibcadi con que el botánico paduano Cortuso conocía a la planta; todo ello (junto con la pronunciación llana muscári, a falta de más datos) muy bien puntualizado en la correspondiente descripción de Flora Iberica.  Yo me pregunto si ese nombre de tibcadi no es el que luego veremos aparecer en la forma Dipcadi; pero eso quede para otra ocasión.  Sea como fuere, tanto Muscari como tibcadi parecen haber designado al M racemosum, una variedad de jardinería que exportó Constantinopla, y cuyo aroma hace más verosímil aún la relación entre Muscari y el almizcle (amb olor de mesc, especifica Viquipèdia).

Pues bien, ahora que ya nos hemos aprendido el nombre del Muscari, van y lo cambian a Leopoldia.  ¡Ay, señor, qué trabajos!

Como el perfume, desde los tiempos más remotos, arrastra consigo la sospecha de falsía ("no huele bien quien siempre huele bien", decía el poeta Marcial), no sorprende que los derivados de moschus hayan adquirido con cierta frecuencia sentidos peyorativos.  En francés, por ejemplo, el adjetivo musqué suena a veces muy parecido a "rebuscado" y a "ficticio"; también en italiano moscardino significa "petimetre", "pisaverde":

                     Posthume, non bene olet qui bene semper olet.

De este grupo de palabras hay que separar algunas de origen distinto, aunque su parecido las ha debido de poner en trance de mutua confusión.  El nombre de la Amanita muscaria, en concreto, no tiene que ver con el almizcle sino con la palabra latina musca "mosca".  No recuerdo dónde oí o leí que el mejor matamoscas es una muscaria (muscarine, en francés) troceada en un platillo de leche; no he hecho la prueba.  Pero la hominimia, como digo, invita a la confusión, y más de una vez los derivados de muscus se han atribuido a las moscas (por ejemplo, la palabra moscatel en el sentido de "pesado" o "moscón").


viernes, 30 de abril de 2021

Almizcles

La lectura siempre estimulante de un artículo de Romà Rigol me incita a buscar por mi cuenta origen y parentescos al adjetivo moschatus y frecuentar una encantadora familia de palabras a la que nunca había prestado atención.  No he encontrado nada que el artículo de Romà no explique mejor, pero publicaré aquí mis resultados, a riesgo de pasar por plagiario; entretenido con otras tareas, no quiero que acabe el mes sin dejar aunque sea esta mediocre contribución.

Toda esa familia léxica gira en torno al almizcle.  A éste tuve ocasión de olfatearlo en una de estas exposiciones de olores que trajo la moda hace unos años; fui incapaz de reconocer olor alguno, no sé si por agotamiento del producto o, más probablemente, por incompetencia nasal (mi acompañante, más influenciable o con mejor nariz, dijo notar algo lejanamente dulzón).  Así que quizá es un aroma persistente, como dicen, pero no muy notorio (si bien algunas definiciones del almizcle lo describen como un "olor fuerte").  Parece ser algo exótico, en todo caso, históricamente de importación en las tierras ibéricas.

Tratando de precisar mis vagas ideas he ido a la wikipedia y encontrado más almizcles de los hubiera podido soñar, los suficientes para hacerme un bonito lío.  Yo creía que el almizcle venía de una especie de castor asiático, y encuentro ciervos, bueyes, ratas, escarabajos y hasta plantas almizcleras o almizcladas (una tal Erythranthe moschata o Mimulus moschatus).  En los animales las glándulas del almizcle tiran ora hacia las posaderas, ora hacia el culo, ora hacia los testículos, pero apuntan siempre al área emuntoria.  Parece que el almizcle tiene en biología una función de reclamo sexual, el buscando a Jack de los irracionales.

Pues bien, como en toda sustancia importada (gengibre, clavo, nardo), con el producto vino el nombre, y aquí hay acuerdo general en que la lengua de origen es el persa o "una lengua iraniana" (así dice con vaguedad un autor, quizá para no pillarse los dedos); otro etimólogo, más audaz, afirma que es una forma del pelhvi o pelví, esto es, el persa medieval o del imperio sasánida.

La forma más repetida del étimo es misk, con variantes en el vocalismo y la silbante (pero básicamente misk, mishk y musk).  La mayoría afirma que el étimo misk significaba "almizcle", aunque, según una cita de Cortelazzo, quería decir "testículo".

En Europa la forma más antigua derivada de misk o musk la encontramos en la forma griega postclásica μόσχος /mós-jos/ con la variante μύσχον /mýs-jon/ usada, al parecer, por Dioscórides (no he conseguido encontrar el paso correspondiente, si bien en 2 24 trata del testículo de castor y ahí reconozco el vago recuerdo del castor que se castraba para huir del cazador).  Ahora bien, si μόσχος o μύσχον dependen de "una lengua iraniana", supondrá alguna forma más antigua que el pelhvi, digo yo...  (Hay en griego otro μόσχος antiguo, que vale "retoño" y nada tiene que ver con el μόσχος "almizcle".)

En latín, la palabra "almizcle" es muscus, voz con la que nunca tuve trato y que dicen derivada de μόσχος.  (También hay en latín un muscus autóctono, documentado ya en Catón el viejo, que significa "musgo" y es su étimo.)  No me extraña no haber topado con muscus "almizcle", pues el primero que la usa con ese valor es el dálmata Jerónimo, a finales del siglo IV de la era.  El ilustre traductor de la Biblia al latín es uno de esos santos preocupadísimos no tanto por atajar el sexo propio como por amargárselo al prójimo, un preaviso de Bernardo de Claraval, gruñón y huraño, rodeado siempre de viudas, con preferencia adineradas.  Yo procuro leer a Jerónimo lo menos posible.

En su crítica de Joviniano (2, 8) Jerónimo nos recuerda que los pecados entran en el alma a través de los sentidos, quasi per quasdam fenestras, como por unas ventanas.  El alma cae bajo las seducciones (dice el faraute eremita) de la vista, del oído, del olfato...  Y, hablando de olfato, enumera (sin duda con gesto de asco) diversa thymiamata, et amomum, et cyphi, oenanthe, muscus et peregrini muris pellicula: ahí está, dicen, la primera aparición del almizcle en latín.  Me pregunto si esa "pielecilla de ratón extranjero" es distinto del muscus o bien lo glosa, en hendíadis (varios autores, por ejemplo Andrés Laguna en su libro primero, refieren que el almizcle se envasaba en las propias vejigas donde se producía).

De muscus deriva el adjetivo, o cuasi participio, moscatus, documentado en latín tardío (en las traducciones de Oribasio).  La forma que adopta ese adjetivo en biologia, moschatus, ¿denuncia su derivación de la forma griega, o bien una simple y caprichosa adopción de la grafía CH, como más finolis?  Tampoco esto sé, aunque el problema me preocupa bien poco, en comparación con este otro: ¿alude moschatus a un aroma específico (el del almizcle, por ejemplo) o tiene el sentido más general e impreciso de "perfumado"?  Yo sospecho lo segundo, al menos para no pocas de las manifestaciones botánicas de la palabra; pero no estoy en condiciones de asegurarlo.

Del muscus jeronimiano viene, como es natural, el musco del castellano viejo (documentado en Juan Manuel, con el significado de "almizcle"), y el adjetivo musco que la Academia define como "color pardo obscuro".  Ese adjetivo y su sinónimo amusco son relacionados por la RAE y por Corominas con el almizcle, aunque ignoro la razón (¿era el almizcle de color tostado?  También hay en Palencia un pueblo Amusco, con una hermosa sinagoga semienterrada: ¿venderían allí almizcle los hijos de Leví?).

La palabra española almizcle denuncia a tiro de piedra su origen árabe (por la conocida aglutinación del artículo al-), como le pasa a las formas portuguesas (almíscar y almiscre) y a la vieja forma catalana almesc (moderno mesc).  En castellano se documenta almizque a comienzos del siglo XV, y el primero que lo usa en su forma almizcle (con repercusión de líquida, como en portugués almiscre) es el segoviano doctor Laguna, en su traducción de Dioscórides.

Pero veamos lo que del almizcle dice en su Tesoro Sebastián de Covarrubias:  "Es un cierto licor que se cría en las bolsas de una especie de cabras montesas, que llaman moscos y a cierto tiempo del año, quando andan en celo, les da tanta fatiga que se refriegan en los árboles y en las peñas, hasta que revientan las dichas bolsillas, adonde lo dexan pegado.  Los de la tierra donde se cría van a buscarlo y recogido lo curan, y da de sí un fragantíssimo olor.  Y toma el nombre del animal que lo cría, y assí los latinos le llamaron muscus y los arábigos misch, y con su artículo almisch, y corrompido el vocablo, almizcle".  Claro como la luz del día.  La información de Covarrubias parece tomada de Laguna; he preferido citar la del lexicógrafo por su brevedad.

¿Tomaron los hablantes árabes esta voz de su original persa o "iraniano"?  Es lo más probable.

De almizcle deriva, ya en nuestra tierra, el adjetivo almizclero, que sustantivado en almizclera significa "desmán" según la RAE, y según cierto grupo de botánicos (pero no la Academia) designa al Erodium moschatum.  También se usa almizcleño y almizclado con significados parecidos.

El desmán aludido es, si no me equivoco, el llamado "desmán de los Pirineos" o Galemys pyrenaicus, una especie de musarañita a la que la Guía de los mamíferos en libertad de España y Portugal (Castells, Mayo) llama en catalán almesquera (en gallego rato amisqueiro), distinto, claro es, de ese hermoso damero ambulante que es la gineta, citado en la guía mencionada (y en A lluc de cuc) como gat mesquer o "gato almizclero".

¿Lo he soñado, o me ha parecido ver que, según la Academia, la palabra desmán procede del sueco desman que significa "almizcle"?  No, deben de ser imaginaciones mías, que llevo mucho rato oliendo almizcle.  Por su parte, la palabra Galemys no deja de tener su gracia si, como parece, significa "ratón comadreja" (γαλῆ "comadreja", μῦς "ratón").

Decía Bernard Shaw a un corresponsal:  "Lamento haberle escrito una carta tan larga: no he tenido tiempo de hacerla más corta."  Lo mismo me pasa ahora.  Continuaré en otro momento. 

lunes, 22 de marzo de 2021

Amarillo III


Se admite sin discusión que el oro es amarillo; yo no llamaría "amarillo" a ese color verde sucio, pero no discutiré con Quevedo:  "Madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado, pues, de puro enamorado, de contino anda amarillo".  Para definir "amarillo", en el DRAE se lee:  "De color semejante al oro, a la retama, etc."; penosa definición, para mi gusto, aunque reconozco que no es fácil decir un color con palabras.  Pero podían haber aprendido algo de María Moliner, en cuyo artículo demuestra más sindéresis que los académicos: "el que está en tercer lugar en el espectro solar", escribió la filóloga aragonesa.

Para estilo inductivo, me cae mejor la definición de amarelo de don Cándido de Figueiredo: Que tem a cor do oiro, do enxofre, do açafrâo, do gengibre, da casca da limâo.  ¡Qué linda enumeración!  Y dale con que el oiro es amarelo.  Pero lo que más me llama la atención es que no he encontrado alusión alguna a la yema de huevo, a pesar de que en tantos idiomas "amarillo" y "yema" son sinónimos (luteum, jaune, etc.).  Mucho más amarilla es que el oro, creo yo.

En cualquier caso, hay que advertir que nuestro metal simboliza el valor o, si se quiere, el precio elevado.  Cuando se dice de algo que es de oro, no necesariamente se habla de color: el siglo de Quevedo se llama de oro, sin duda no por su cromatismo: asignar metales a las épocas viene ya de Hesíodo.  Si un vegetal es áureo, quizá lo es por su exquisitez, o por sus virtudes medicinales, y no por el color de sus raíces o de su fruto.

Por ejemplo, ¿por qué se bautizó malum aureum "manzana de oro" al fruto del Citrus aurantium, o naranjo amargo?  El nombre parece aludir al fruto del jardín de las Hespérides, y según Mendes Ferrâo (A aventura das plantas, 2005) así fueron consideradas las naranjas al principio, como los áureos frutos que el dragón vigila.  No encuentro confirmación de este hecho más que en el diccionario portugués, donde se llama hesperídeas a las plantas da laranjeiro, do limoeiro &c.

Sea que indique color, sea que implique valía, el adjetivo aureus "de oro" aparece en femenino en la Bidens aurea, en la Malabaila aurea (una umbelífera que según algunos es el σέσελι de Teofrasto), en la Matricaria aurea (a la que Font Quer llama "matricaria fina"), y en la Potentilla aurea.  La forma masculina está en el Hyoscyamus aureus L (el ἀκόνιτον de Teofrasto, según algunos) y en el Phaseolus aureus.  En neutro, por fin, encuentro el Chaerophyllum aureum, el Trifolium aureum, y el Teucrium polium ssp aureum.

Aureus se combina en la Festuca montis-aurea ("dorada de monte", si eso significa algo) y en la Solidago virga-aurea (o virgaurea: "vara dorada"; y aquí también hay una referencia mitológica cuyo locus classicus está en el libro VI de la Eneida y que sirvió para titular el célebre ensayo sobre mitología de Frazer The golden bough).

Tampoco podemos olvidar que al tomate se lo llamó pomum aureum "manzana de oro"; esta denominación hizo fortuna en italiano, que lo llama todavía pomodoro.

No podemos cerrar el capítulo áureo sin mencionar el Asplenium ceterach, al que se llama doradilla (y también en francés doradille).  Yo diría que es el color, en este caso, tan característico del helecho en su fase semiseca, lo que justifica ese nombre.


Paso ahora a gualda, una forma de decir "amarillo" que, aunque apenas se oía más que en castrenses alusiones a la bandera española, no se limita a ese empleo, como hemos visto en relación con el Acanthis flavirostris, cuyo específico se traduce literalmente piquigualdo.

La guía de Polunin (mi primera compañía en batidas botánicas) llama gualda a la Reseda luteola (luteola, esto es, "amarillita").  Pero yo tengo para mí que el nombre debió de designar en origen una crucífera, la isátide de teñir (Isatis tinctoria), que en francés llaman guède o pastel des teinturiers e hizo la fortuna de varias familias en el Midi (entre ellas la que construyó en Tolosa de Francia el hotel d'Assezat).  La palabra guède, en picardo waide, parece ser de origen germánico (en alemán moderno la isátide se llama Waid).  Ahora bien, el color que se extraía de la isátide era azul, mientras que de la reseda salía amarillo.


Dejo de examinar muchas variantes latinas de "amarillo" (buxeus, cerinus, helvus o helvius &c), de escaso rendimiento en nomenclatura científica, para terminar con el adjetivo galbus galba galbum que, como se verá, tiene un interés especial para las lenguas romances.

Hay un pájaro que bien podría servir, por lo menos el macho en sus buenos momentos, para definir el amarillo: la oropéndola.  Con ese nombre (que no tiene nada de vulgar en el sentido de la gramática histórica, baste notar la esdrújula) volvemos al oro, pues oropéndola significa "pluma de oro" (pennula es el diminutivo de penna "pluma", y da en español culto o semiculto péñola o péndola: por eso a los escribanos se los llama pendolistas).

Pues bien, en latín la oropéndola se dijo galbulus "amarillito" (diminutivo de galbus).  Marcial coloca la galbina ales "ave amarilla" entre los xenia (xiii, 68) como regalo aceptable para la buena sociedad romana:  Galbina decipitur calamis et retibus ales, / turget adhuc viridi cum rudis uva mero  "Se caza el ave amarilla con redes y cañas cuando aún la uva inmadura está hinchada de vino verde".

Luego en zoología fue llamada Oriolus galbulus, y ahora, creo, Oriolus oriolus.  ¿No es oriolus un nombre curioso?  Claro que no es latín clásico.  Como ya señalé para Merendera, sospecho que aquí el latín científico ha tomado una vez más una voz romance, quizá catalana u occitana, pues en esos idiomas oriol es resultado natural del adjetivo aureolus, diminutivo de aureus (de donde el antropónimo Oriol, variante de Auréolo, y quizá también el nombre de la peña Oroel, junto a Jaca).

Ahora, veamos, ¿cómo se llama la oropéndola en griego?  Pues ἴκτερος /ík-te-ros/, palabra que también significa "ictericia", y es étimo de la voz castellana.  Admirable: de nuevo se juntan el amarillo y la bilis.  (Ese nombre griego de la oropéndola ha venido bien a los ornitólogos para bautizar a un ave muy parecida de color, pero de género distinto, la Icterus galbula u oropéndola de Baltimore.)

De galbus proviene también, creo, el específico de la Ferula galbaniflua, que debe de significar lo mismo que xanthorrhoea, si bien a la latina (fluo "fluir"): ¿exuda esa férula algún líquido jalde?


Por último, de los derivados de galbus quiero fijarme en galbinus, el adjetivo que Marcial daba a la oropéndola.  El interés de galbinus radica en ser étimo de los "amarillos" francés e italiano (jaune y giallo respectivamente) y de ese jalde que he usado hace poco y es una forma legítima de decir en castellano "amarillo", aunque lo usemos ahora menos que nuestro sabio abuelo Alfonso X.

Pues bien, galbus y galbinus contienen, al decir de algunos entendidos, la raíz indoeuropea *ghel-, reconocible sin duda no sólo en el latín helvus y en el griego χλωρός, sino también (agárrese a la silla) en χολή "bilis" (nueva conexión entre lo amarillo y lo amargo).  Y la raíz *ghel- se da en general por origen del alemán gelb (el "amarillo" teutón) y en el inglés yellow (el "amarillo" británico).

¿Qué significó la raíz *ghel-?  Pues parece que albergó simultáneamente la idea de "brillante", y la de "bilis".  Con lo que hete aquí una vez más (que sea la última por hoy) unidos la secreción hepática y el color que estudiamos, igual que en el francés jaunisse o en la propia palabra amarillo.


Añado arriba una imagen del Scolymus hispanicus, un cardo cuya flor, si bien algo pálida en esa foto, tiene uno de los amarillos más hermosos que conozco.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Amarillo II



Fulvus fulva fulvum es otro adjetivo que puede pasar por "amarillo".  Cierto que el amarillo de fulvus tira hacia los colores tierra, y podría traducirse por "ocre" o "marrón"; como tal, le va muy bien, para mi gusto, al Gyps fulvus, que es el buitre que llamamos, también por su color si no me equivoco, "leonado", esto es, con los colores que caracterizan al gran gato.

Pero de fulvus sólo he encontrado en botánica la Hemerocallis fulva, a la que mi guía llama "azucena tabacal" (frente a la arriba citada "azucena amarilla"); son sinónimos H lilioasphodelus y H crocea.


Y he aquí, con esa Hemerocallis, otro sinónimo de "amarillo": croceus crocea croceum; voz de origen botánico, pues viene del nombre latino del azafrán, crocus.  Los consumidores de paella (arroz a la paella, para puristas) conocemos bien la relación entre el azafrán y el amarillo, y más los antiguos, que lo usaron también para teñir telas.

Dicen los sabios (yo no entiendo por qué) que crocus es un préstamo del griego κρόκος, y éste, a su vez, lo es de una lengua semítica.  No pienso discutir.  Es muy cierto que κρόκος es antiquísimo en griego y, hablando de teñir telas, ya Homero viste a la diosa Aurora con "azafranado peplo" (κροκόπεπλος).  En todo caso, el mismo croco da su color amarillo, apropiadamente, al catalán: groc.  (La sonorización de la K inicial no es regular, pero tampoco rara: la κιθάρα es nuestra guitarra, y κάμπη "curva" da, verosímilmente, gamba.)

Croceus (el "amarillo" derivado de crocus) lo he encontrado sólo en el Helianthemum croceum, pero el adjetivo forma parte de la Scorzonera crocifolia (el τραγοπώγων de Teofrasto, según Amigues), de hojas amarillas a juzgar por ese específico, compartido con el Tragopogon crocifolius (al que la guía de Polunin llama "salsifí de color", curiosamente, mientras al Tragopogon dubius lo llama "salsifí amarillo").  Supongo que también está croceus implicado en la Oenanthe crocata L, aunque el participio es de lo más raro (pero como en wikipedia dicen que significa "amarillo", lo daremos por bueno).


Otro amarillo proviene del color del limón, citrinus en latín, κίτρινος en griego.  Este ha dado pocos fitónimos, si no me equivoco.  Sólo tengo registrada la Sternbergia colchicifolia cuyo sinónimo es S citrina.  Alguno más hay en zoología, donde, por ejemplo, el verderón serrano fue bautizado como Serinus citrinella.


En griego "amarillo" es ξανθός /xan-zós/, epíteto del rubio Menelao.  Creo que ya dije que esa palabra (transcrita Janto) había servido para bautizar caballos y ríos.  En botánica lo encuentro, compuesto con ἄνθος "flor", en las poáceas del género Anthoxanthum (hay un A odoratum, que huele a vanilla, y un A aristatum que publicó Boissier en su Voyage botanique dans le midi de l'Espagne).

Combinando ξανθός con χλωρός /jloo-rós/ "verdiamarillo" (que se suele traducir por "verde", y por eso lo dejo para otro lugar) aparece la Alchemilla xanthochlora.  Hay un liquen Xanthoria, y un árbol hierba que debe de exudar un líquido amarillo, porque su nombre es Xanthorhoea (ῥέω "fluir").  Y he encontrado también una planta exótica, el Xanthochymus pictorius Roxb, una clusiácea asiática de cuya savia (χυμός) se extrae un pigmento amarillo, como lo señalan también los varios sinónimos: Garcinia xanthochymus Hook, Garcinia pictoria, G tinctoria.

Más próximo a nosotros tenemos el Xanthium, transcripción al latín de la voz griega ξάνθιον, referida por Dioscórides (4 136) al Xanthium strumarium, según Font Quer.  En la traducción de Laguna se lee que su fruto, "cogido antes que venga perfectamente a secarse, y después majado y guardado en un vaso de tierra, tiene virtud de hacer los cabellos rubios si, deshecha dél con agua tibia la cuantidad de un acetábulo, se aplica a la cabeza después de la haber fregado con nitro".  Con esta información, es difícil sustraerse a la impresión primera, esto es, que ξάνθιον "amarillito" es el diminutivo de ξανθός.

Aunque fuera de la botánica, quiero mencionar en este apartado la mariposa Xanthopan (que quizá quiso significar "toda amarilla") por lo extraordinario de su historia, aun consabida.  En Madagascar se halló la orquídea Angraecum sesquipedale, cuyo larguísimo espolón hacía inalcanzable su néctar a cualquier insecto conocido (sesquipedalis significa, literalmente, "de un pie y medio de largo", y suele aplicarse a cualquier cosa de longitud excesiva).  En su ensayo de 1862 sobre la fecundación cruzada de las orquídeas, Darwin sostuvo que habría en Madagascar una mariposa con espiritrompa de longitud adecuada para libar el Angraecum.  La afirmación de Darwin fue discutida y apoyada por igual: un artículo de Russell Wallace de 1867 la defendía, y señalaba la existencia de un esfíngido africano de trompa larguísima, la Macrosila morgani, que hubiera podido cumplir aquel papel, de encontrarse en Madagascar; y animaba, en consecuencia, a buscar en esa isla el lepidóptero en cuestión, con la misma confianza (este argumento del señor Wallace me gusta mucho) con que se buscó Neptuno a partir de los cálculos de Le Verrier.  En 1903, cuarenta y un años después de la propuesta de Darwin, Rothschild y Jordan describieron en Madagascar la Xanthopan morganii praedictapraedicta, esto es, "predicha" o, si se quiere, "profetizada".  La Xanthopan morganii, parece, no es otra que la Macrosila morgani (sic, para las íes de más o de menos).


El griego posee otros adjetivos para "amarillo", como ξουθός (del que no he encontrado restos en los fitónimos) o θάψινος: este viene de θάψος, que no sé si es pariente de θαψία /za-psí-a/ (la Thapsia garganica de Teofrasto, para Amigues).  También hay un κιρρός, que designa el amarillo anaranjado, esto es, tendente al naranja o al rojo; pero las palabras que parecían venir de ahí creo que están más bien relacionadas con el latín cirrus "guedeja".


Tenemos, por último, el adjetivo ὠχρός /oo-jrós/ "pálido", "amarillo pálido", "amarillo".  Relacionado con él (supongo) está el sustantivo ὦχρος, que designa en Teofrasto el Lathyrus ochrus, según la editora monspesulana.  En cuanto al adjetivo de color, lo he encontrado únicamente en combinación λευκός "blanco", en la forma ochroleucus (que subraya, imagino, el aspecto "pálido" o "blanquecino" del color): así tenemos una gramínea, la Festuca ochroleuca, a la que hay que añadir un alga, la Laminaria ochroleuca; en neutro, ochroleucum, un Allium, un Erysimum y un Trifolium.


Por adornar un poco esto, añado esos iris amarillos que se bañan en el río Duratón, junto a la hermosa localidad segoviana de Fuentidueña.

martes, 9 de marzo de 2021

Amarillo



Para el repasillo de colores en botánica, veamos el amarillo.  Antes de pasar adelante, hay que recordar lo impreciso del campo semántico de cada nombre de color, y que aquí tomamos "amarillo" en un sentido muy amplio, que invade lo naranja, por un lado, y por el otro lo verde.  Así ha de ser, ocupándose de palabras, más que de cosas.

Es interesante la etimología de esta palabra, amarillo, exclusiva del castellano y el portugués (amarelo).  Es, verosímilmente, el diminutivo de amarus "amargo": de lo amargo de la bilis se pasa a lo amarillo de la ictericia, pues ésta, es sabido, amarillea la piel del paciente.  Como se verá, no faltan razones para mencionar esta etimología.



La palabra latina más común para "amarillo" es el adjetivo luteus lutea luteum (en su enunciado escolar, masculino, femenino y neutro).  También encontramos la palabra como sustantivo neutro: luteum es, en efecto, "lo amarillo" del huevo, esto es, la yema o vitelo.

En botánica aparece este adjetivo, en la forma femenina, en la Asphodeline lutea Rchb. (equivalente, creo, al Asphodelus luteus L), y también en la Digitalis lutea, Gagea lutea, Gentiana lutea, Ophrys lutea, Pinguicula lutea, Reseda lutea, Sternbergia lutea, Vicia lutea.  Supongo que habrá muchas más, pero me limito a las plantas que por alguna razón figuran en mis papeles.  En masculino sólo he encontrado (aparte del Asphodelus dicho) el Odontites luteus.  En neutro, el Galeobdolon luteum Huds., igual al Galium galeobdolon (L) Crantz.

Del género de la Nuphar lutea (L) Sm no sé que pensar, pues son sinónimos Nuphar luteum (L) Sibthorp & Sm (donde nuphar es neutro: y esto parece más propio de esa palabra), Nymphaea lutea L (el basiónimo) y otros cuantos más, por ejemplo Nymphozanthus luteus (L) Fernald.

Luteus aparece combinado con albus, como "amarillo-blanco", en el Helichrysum luteoalbum (L) Rchb. (sinónimos: Gnaphalium luteum-album, Pseudognaphalium luteoalbum).  En diminutivo lo hallamos en la Euphorbia luteola (igual a E nicaeensis) o euforbia "amarillita".  En cambio "amarillean" la Filago lutescens y el Iris lutescens (lutescens es participio activo, algo así como "amarilleante").

Hasta aquí luteus en botánica.  Claro es que hay más en otras ramas de la biología; mencionaré para ejemplo la Xanthogaleruca luteola o escarabajo del olmo, que supongo que será notablemente amarillo, según combina en su nombre el amarillo latino (luteus) y el griego (ξανθός).

Antes de dejar luteus: los especímenes son bautizados como lutetianus en honor de París (la Lutetia antigua); esto es, por si a alguien ha dado en sospechar de su color: son parisinos, no amarillos.



Otro adjetivo que pasa por "amarillo" es flavus, si bien éste transita hacia los rojos.  Aunque flavus se traduce correctamente por "rubio" (y la expresión flava arva por "mieses doradas"), también valdría verter "colorado" (y la juntura flavus pudor significa, no cabe duda, "sonrojo").  Un amarillo que tira al dorado y al rojo, pues.  (Como sustantivo, flavum significó en algún momento "pieza de oro".)

Flavus es específico de la Carex flava y la Hemerocallis flava L o "azucena amarilla" (que también se llamó Asphodelus luteus latifolius); en neutro se añade al Allium flavum o "ajo amarillo", al Glaucium flavum y al Thalictrum flavum.

En forma de participio del verbo "amarillear" lo encontramos en el Trisetum flavescens y en la Luzula flavescens (o L luzulina): ambos son "amarilleantes".  Combinado con coma "cabellera", en la Euphorbia flavicoma ("de cabellera rubia").  En superlativo, en la Pedicularis flavissima Gand. (sinónimo de P tuberosa).

Por mencionar algún pájaro, hay una Motacilla flava o lavandera boyera (distinguible de la blanca por sus tonos amarillos), y un Acanthis flavirostris o pardillo piquigualdo.

Pero gualdo ya se verá otro día.  Pensaba que todo lo amarillo entraría en una paginilla y ya veo que no.  Pongo ahí arriba uno de esas hermosas amapolas amarillas del monte, porque de los narcisillos, que ahora tachonan de amarillo los montes próximos, no encuentro una fotografía que me guste.