martes, 30 de junio de 2020

Rojo



Me sugiere P.A., conocedor de mis pequeños vicios, un repaso de los nombres de color en botánica.  ¿Qué hacer, más que darse al placer, cuando coinciden el propio y el ajeno?  Pero aunque hace tiempo me ronda este deseo, me aparta la magnitud de la tarea: abruma pensar en la mole de datos que valorar y ordenar, para obtener un resultado aceptable.  Así que, bien, vamos a ello, pero a mi modo: superficial y despreocupado.

¿Por qué color comenzar, sino por el color por antonomasia, llamado por ello, en castellano, colorado?  Si quitamos los protocolores, blanco y negro (esto es, en principio, "luz" y "sombra": sobre los que eterna y vanamente se discute si son colores o no), el primer color en la conciencia es el rojo; no ya en la conciencia individual, sino en esa forma de conciencia colectiva que son los idiomas, como lo mostraron en 1969 Berlin y Kay, en su estudio sobre los nombres de color en 98 lenguas (cito por Luciano Meccacci, "Radiografia del cerebro"):  "Los nombres fundamentales... [son] blanco, negro, rojo, verde, amarillo, azul, marrón, púrpura, rosa, naranja, gris.  El hecho más sorprendente fue que esos colores tenían una progresión fija: si en una lengua existía un nombre específico, por ejemplo para el verde o para el amarillo, entonces también existían nombres específicos para los colores rojo, negro y blanco".

En aquel juego consistente en pedir respuesta rápida a la pregunta por un color, una profesión, una fruta, la mayoría favorecía claramente a rojo, carpintero, manzana.  Si se repasa la lista de "colores fundamentales" de Berlin y Kay se verá que, de los once, predomina el rojo en nada menos que cinco (rojo, marrón, púrpura, rosa, naranja): cuesta entender en qué sentido hablan de "fundamentales".  Última observación: es probable que sea al color rojo al que más nombres y matices se le atribuyan.

Empecemos por el rojo, pues.  O por la gama de los rojos, para ser más preciso.  Y nótese que aquí no buscamos analizar los nombres de color en general, ni los nombres de color derivados de fitónimo (que son muchos: rosa, naranja, malva, violeta, pistacho, fucsia --el favorito de cierto ex alumno), sino sólo los nombres de color en la jerga lineana, en la nomenclatura botánica.  O al menos a esto trataré de ceñirme.

Otra aclaración creo necesaria.  Los colores naturales raramente son fijos y uniformes, si es que alguna vez lo son.  Fijas son, en cambio, las palabras que los nombran.  De ese hecho simple derivan infinitas distorsiones.  A menudo es posible comprobar cuán variadas imágenes de color se forman distintos individuos a partir de una palabra.  En los idiomas es muy notable: el inglés llama "púrpura" a lo que el castellano más bien llama "morado" (al menos el castellano de mi pueblo), cuando en castellano el "púrpura" va del magenta al carmín, como puede verse en un pase de modelos cardenalicio.  El propio nombre "morado" a unos les evoca el tono oscuro de los penitentes pascuales (que es el color de algunas violetas, pero nadie llama "violeta" a ese color) y a otros un tono más claro, que tira hacia el burdeos.  ¿Y estos mismos matices, "burdeos", "turquesa", cuántas disensiones no propician?  (Una de ellas es muy típica: ¿el turquesa es verde o es azul?  Discusión tan vana como la que persigue "la auténtica paella" o "la auténtica tortilla de patatas".)

Añádase que no todo el mundo tiene buen ojo para los matices de color, o idea cabal de los colores que integran un color compuesto: lo que se comprueba, por ejemplo, leyendo las definiciones de color contenidas en los diccionarios.  Uno de ellos describe el githagineus como una mezcla de rojo y verde, lo que constituye la definición menos definiente del mundo, ya que cualquier color, excepto los puros, cae debajo de ella (pregunten, si no, a cualquier impresor en cuatricromía).  En otro, el escarlata es un "rojo ligeramente teñido de amarillo", mientras que el cinabrio es un rojo "que tiende ligeramente al naranja".  ¿Y qué es el naranja, más que el rojo teñido de amarillo?

Si quitamos profesionales como los pintores o los decoradores, la mayoría considerará rojo puro el color de la amapola que ilustra esta página (he hecho la prueba); sin embargo ese color, como el de las flores del granado, no es un rojo puro, pues contiene una buena porción de amarillo.  ¿Lo llamaremos escarlata?  ¿Cinabrio?  ¿Rojo vivo?  ¿Rojo fuego?

En fin, basta de preámbulo.  Vayamos al color rojo, el primero y principal de los colores.  Pero ya en otra página.


lunes, 25 de mayo de 2020

Serondo

Acabo de descubrir que en los últimos días (si interpreto bien los datos que aquí veo bajo el epígrafe de "estadísticas") ha crecido el breve pero respetadísimo número de lectrices y lectores de estas páginas... ¡en los Estados Unidos!  Sobre todo me hace mucha gracia (y perdonen la risa, que no es mala voluntad sino eutrapelia) ver pintado de verde fuerte, en medio del Pacífico (que pareciera indicio de copiosa lectura), el archipiélago que Cook bautizó en honor de lord Sandwich y ahora lleva el nombre, más indígena, de Hawai.

¿No es encantador este mundo en que vivimos, en que podemos ignorar tranquilamente las muertas de Tijuana o los muertitos, muertas, muertos de Gaza, y a la vez ser leídos por los antípodes?  Ojalá de todo esto salgan menos muertos, o, mejor aún, salgamos menos imbéciles: la estupidez es más mortífera que cualquier microbio.

Pero el descubrimiento que me ha entusiasmado, hasta el punto de consignarlo aquí, para escándalo de los amantes de la botánica (así aprenderéis cuán locos estamos los aficionados a la filología), ha sido el de la palabra que titula estos párrafos, hallazgo casual mientras hojeaba un ensayo... leído hace mucho tiempo: esto lo sé bien, debido al hábito, condenable pero a menudo útil, de anotar a lápiz el margen de las páginas.  Entonces esa palabra, como el alma, pasó sin ser notada...

Esto demuestra de paso (y una vez más) cómo puede uno no enterarse de lo que lee, y saltarse alegremente las cosas, hasta que un ameno azar permite que éstas coincidan por un momento con el interés, siempre fugitivo, del observador...

Pues eso me pasó esta mañana: la vista cayó sobre el sintagma "fruta seronda o inverniza", y quedé fascinado.  ¡Seronda!  (Ahora estaba mi alma dispuesta a recibir la inspiración.)  ¡Eso no puede ser más que el latín serotina!  Cielos.  Disfruté tanto como la primera vez que vi un gladiolo silvestre...

Corominas confirma la etimología, por lo demás evidente (basta aplicar un par de reglas fonéticas).  La sorpresa me la encontré al anotar mi descubrimiento: resulta que ya había oído esta palabra en la radio, a Joaquín Araujo, en la forma seruenda (que también acepta el DRAE): oído, y olvidado.

Existe en latín un adjetivo, serus sera serum en su enunciado escolar, que significa "tardío".  De él deriva regularmente el adverbio sero "tarde", y el sustantivo serum "la tarde" (probablemente braquilogía de serum diem), palabras que más o menos conserva el francés (soir, soirée) o el italiano (sera, serata).  De serus viene también el adjetivo serotinus (acentuado en la O, pues la I es breve) que alude a gente tardona (Séneca), o a frutos o a frutales tardanos (Plinio).

En castellano existe serótino, que es sin duda un latinismo, esto es, un préstamo del latín o, dicho de otro modo, una adaptación al castellano de la palabra latina, obra (lo más probable) de algún botánico ladino (esto es: conocedor del latín).

Pero frente al cultismo serótino existe el vulgarismo serondo, doblete del anterior.  "Vulgarismo" no alude al registro léxico, a que sea vulgar o rústico o poco fino el que usa la palabra; en historia de la lengua se llama "vulgar" o "vulgarismo" a la forma que ha sido usual en todo tiempo y lugar y, por ende, ha sufrido la transformación fonética que el tiempo o la pereza (ley universal) causa regularmente en las palabras.  Como he aludido a "un par de reglas fonéticas", puesto que mi fama no tiene ya nada que perder, y habida cuenta de que me apetece, me dispongo a explicarlas.  Sáltese lo que sigue, amiga botánica, que probablemente (también) le importe un pito.

Una T latina entre vocales tiene todas las bazas para convertirse en una D castellana.  Nata da nada, como vita da vida, o totum da todo (la primera T de totum no está entre vocales) o, en fin, latinum da ladino.  Así que de serotinu (la final sería ya borrosa en el latín tardío) es de esperar ºserodinu.

Pero es que, además, toda palabra esdrújula latina se convierte en una palabra llana castellana, por el sencillo procedimiento de perder la vocal breve de enmedio: calidum da caldo, como humerum da hombro o viridem da verde.  Si usted reconoce en calidum y en humerum las palabras "cálido" y "húmero", se debe a que éstas (como en general todas las esdrújulas de origen latino, serótino incluida) son cultismos, esto es, préstamos, esto es, meras adaptaciones al castellano de palabras latinas.

(Dicho sea de paso, los cultismos suelen conservar el sentido del original: "cálido" significa casi lo mismo que calidus, "húmero" casi lo mismo que humerus, y "serótino" lo mismo que serotinus.  Compare, sin embargo, "nada" con nata "nacida" --la culpa del cambio de significado la tienen expresiones como, imaginemos, "no se ve cosa nacida".)

De modo que en vez de ºserodinu tenemos ºserodnu.  ¿A que se pronuncia mal, esa DN de serodnu?  No hay problema, cambiamos el orden de las consonantes, y ya tenemos serondu o, lo que es lo mismo, el castellano serondo.

La forma diptongada seruendo es difícil de explicar, pues parece que la O de serotinus es larga; Corominas supone un cruce con otro término.  Es posible.  Tampoco es del todo imposible que una O larga diptongue, dígalo el huevo que viene de ovum, con una O larga como día sin pan.

Me he tomado la libertad de añadir estas notas de historia fonética por...  No deseo desvelar ahora por qué, pero créanme que tengo mis razones.

Para terminar, sospecho (aunque no estoy seguro) que serotinus en botánica significa aproximadamente "otoñal"; sería la misma idea que produce el catalán tardor.

(Pensé que serotonina quizá tuviera que ver con el adverbio sero "tarde", pero no: parece que viene de serum --con E breve-- "suero de la leche" en latín clásico, en lenguaje científico también "suero de la sangre".  Fue bautizada así porque constreñía los capilares, aumentando el tonus o presión sanguínea.)

sábado, 16 de mayo de 2020

Más de phys

En la página anterior acopié formas derivadas de la raíz indoeuropea que significa "brotar" (bhuu escribía yo, con notable falta de ética filológica).  De ahí el verbo griego φύομαι "brotar" y las palabras φῦμα (fima, rinofima, quilofima &c), φύσις (hipófisis, física, fisiología, &c), φυτόν (criptófito, fanerófito, gaméfito, &c, y por delante fitografía, fitognomonía &c).

De φυτόν "planta" surge a su vez una larga serie de términos en griego clásico, principalmente el verbo φυτεύω /fy-téu-oo/ "plantar", φυτεία /fy-téi-a/ "plantación", φυτουργός /fy-tuur-gós/ "jardinero" (fiturgo se forma con ἔργον "trabajo", igual que demiurgo, dramaturgo o taumaturgo).  De φυτεύω deriva a su vez otra porción de términos botánicos: φυτευτήριον /fy-teu-teé-ri-on/ "semillero", φύτευμα /fý-teu-ma/ "lo plantado", φύτευσις /fý-teu-sis/ "acto de plantar" &c (el contrato de enfiteusis autorizaba a plantar...).  Φύτευμα significa también "semillero", y asimismo designa, al parecer, la reseda cuyo nombre latino conserva el antiguo griego (Reseda phyteuma).

Es posible, creo, que de φυτόν derive el género Phytolacca. Me parece que es voz híbrida, medio griega (φυτόν) medio latina (lacca es en Apuleyo el nombre de una hierba, vete a saber cuál; en la red dicen que es el nombre de un colorante rojo, pero eso, sospecho, será en latín medieval, como traducción de la voz, persa si no me equivoco, que ha dado en castellano laca y lacre).

Otro término no muy botánico, pero usual en biología, derivado de bhuu, es φῦλον /fýy-lon/: esta voz griega significa "raza", "tribu", "especie" (en latín transcrito phylum, plural phyla).  Muchos términos griegos vienen de ahí, como ἄφυλος "sin tribu", ὁμόφυλος "de la misma especie", &c, pero se conserva en biología como categoría inferior a la de "reino".  De φῦλον viene filogenia, helenismo con que Darwin podría haber titulado su obra magna, puesto que significa "generación de las razas" u "origen de las especies".  No me resisto a consignar aquí la definición de filogenia que da el sabio jesuita Rufo Mendizábal: "evolución de las especies inferiores en superiores, según el transformismo erróneo".  Que quede claro.

También proviene de φῦλον alofilo ("de otra raza"), monofilético o monofilógeno ("rama con un solo antepasado común", a diferencia de polifilético, que viene a ser el ramal con varios candidatos a trasabuelo, cosa que al parecer disgusta a los filogenistas, erróneos o no; a los grupos polifiléticos  Tudge los llama "grupos informales").  Por último, sin agotar la familia, pero por puro gusto, mencionaré el nombre de la antigua Panfilia (Παμφυλία), región de Asia Menor llamada así por su población variada, "de todas las razas".

Por cierto que el arriba mencionado Mendizábal atribuye a φῦλον la palabra hemofilia con el significado de "sangre hereditaria"; en eso contradice la opinión general, para la que ahí no estaría φῦλον (que se escribiría con Y), sino la φιλία griega (con el sentido de "tendencia", especifica Corominas); ésta se escribe en latín con I, letra que encontramos en todo idioma que conserve la diferencia Y/I en sus transcripciones: haemophilia en inglés (hemophilia en Estados Unidos), hémophilie en francés, &c.

Es fácil equivocarse, en efecto; no todo lo que parece viene de la raíz que hemos llamado bhuu.  Por poner un ejemplo, palafito es palabra puramente latina y ahí no hay φυτόν que valga: ese -fito es pariente de Piedrafita y Piedrahíta, y viene del participio fictus "clavado" (concurrente con fixus, origen de nuestra palabra fijo); además, y suponiendo, aunque es mucho suponer, que estuviera bien acentuado, si viniera de φυτόν debería sonar *paláfito.  Conocer de dónde viene una palabra incluye (aunque no siempre se diga) tener alguna información sobre su historia, y no mera constatación de parecido sonoro.  Recuerdo la inquina con que un alumno me miraba (se había mencionado la palabra cinis cineris "ceniza") por rechazar su propuesta, a saber, que cinismo provenía de cinis.

Hasta aquí las formas derivadas de la raíz indoeuropea bhuu "brotar".

No contiene esa raíz, aunque lo parezca (y siempre en opinión de quienes más saben), la palabra φύλλον /fýl-lon/ "hoja", por más que empiece por phy- y sea muy botánica (¿qué más botánico que la hoja?).  Φύλλον, al parecer (los sabios no están del todo acordes en este punto), proviene más bien de la raíz bhel "hinchar", que también significa "florecer" (según otros, son raíces distintas).

Como a nosotros no nos va la vida en ello, admitamos que φύλλον es pariente de folium (esto pocos lo dudarán), y también de follis "fuelle" y sus derivados (desollar, folgar, hollejo &c), así como de φάλλος /fál-los/ "falo", hinchado y en evidente relación con el follaje.  También contiene la raíz "hinchar", con mucha probabilidad, el latín bulla "burbuja" (y de ahí también bola, bula, ebullición &c), el germánico ball (de donde vienen las balas y los balones) y el alemán Blatt "hoja".

De esa raíz "soplar" o "hinchar" vendrían en griego voces como φυσάω "soplar" y φῦσα /fýy-saa/ "soplo" "fuelle" "vejiga" &c (étimo probable del género Physospermum), φυσαλίς o φυσαλλίς /fy-sal-lís/, que significaría "burbuja" y "vejiga", y también designa cierta planta (coquelicot según algunos, Physalis alkekengi según otros, que Font Quer llama entre otras cosas "vejiga de perro").  Claro es que φυσητήρ /fy-see-teér/ "cachalote" (literalmente "soplador") pertenece a este grupo.  Y también φυλλῖτις /fyl-líi-tis/ "filítide", cierto helecho, que es el nombre de nuestro género Phyllitis.

Imagino que Phyllodoce deriva también de φύλλον "hoja".  En la red he visto que es nombre dado por Salisbury a un género de ericáceas, y por Lamarck a otro de poliquetos: así que yerbas y gusanos comparten el nombre de la ninfa Filódoce.  He buscado la historia de ésta, con la sorpresa de no encontrar ninguna.  Su nombre, que tanto me sonaba, imagino que por Garcilaso, no lo he encontrado en griego, y sólo me aparece en esos versos de las Geórgicas (iv, 336), donde borda junto a la madre del depresivo Aristeo:

                                  Eam circum Milesia vellera nymphae
                       carpebant, hyali saturo fucata colore,
                       Drymoque Xanthoque Ligeaque Phyllodoceque...

Como Filódoce falta de las listas que tengo a mano de nereidas (divinidades marinas hijas de Nereo y Dóride), he de pensar que Filódoce existe sólo en ese paso virgiliano y que de ahí la tomó alquilada Garcilaso para ponerla a tejer orillas del Tajo, en su tercera égloga, la historia del tracio Orfeo:

                        Filódoce (que así de aquellas era
                        llamada la mayor) con diestra mano
                        tenía figurada la ribera
                        de Estrimón, de una parte el verde llano
                        y de otra el monte, de aspereza fiera,
                        pisado o tarde o nunca de pie humano,
                        donde el Amor movió con tanta gracia
                        la dolorosa lengua del de Tracia.

Filódoce sería en griego Φυλλοδόκη y significaría más o manos "acogedora de hojas" (de φύλλον y δέχομαι).  Puesto que el gusano Phyllodoce es marino, al menos ahí se justifica el nombre de nereida; para la ericácea, no tengo ni idea.

Menciono, para terminar, otra de las palabras que me propuso el padre prior: physarum.  Nada he encontrado sobre la palabra.  En cambio, me he entretenido mucho oyendo las aventuras del Physarum polycephalum, del que he dado con un enlace encantador.

Me despido, hermana, de esta clausura aliviada, con el saludo monjil que, según me contaron el milenio pasado en la cartuja de Miraflores, intercambiaban los precitos al cruzarse por los ánditos claustrales:  "Hermano, morir habemus"; decía uno; y el otro respondía:  "Ya lo sabemus".  Todo, y en especial ese sabemus, es un latín tan falso como, probablemente, la anécdota misma.  Y sin embargo me sigue haciendo gracia.

miércoles, 22 de abril de 2020

De phyla, physalis, physarum y otros phys

Ahora que estamos de clausura todos los monjes, me pregunta el padre abad por unas cuantas palabritas que empiezan por phy.  Con ese pretexto escribo esta página, que bien puede usted ahorrarse.  Pero, claro, algo hay que hacer mientras la autoridad eclesiástica nos impida abandonar la celda.  Oiga, es que ni salir al huerto nos deja.  Bendito sea Noé.

Me gusta mucho la raíz phy.  ¡Qué maja que es, qué productiva!  Claro que no tuvo en origen esa forma, sino más bien bhuu en indoeuropeo (simplificando, ya me entiende; indoeuropeo es un idioma supuesto, supuestamente en uso hace unos treinta siglos, del que vendrían el ruso, el persa, el inglés, el castellano y algunas lenguas más).  El significado originario de bhuu (en principio, con U larga) parece ser "brotar", "crecer", "desarrollarse", pero en las diversas épocas y lenguas ha evolucionado hasta sentidos muy variados.

Por ejemplo, en latín se asoció a sum "ser", ese verbo blandengue (fuerte, según otros), y le dio el tema de perfecto, que aún usamos ahora: así que cuando diga usted "qué lindo fue", sepa que en ese fu de la palabra fue vive la vieja raíz bhuu "brotar".  Y así como fui, fuisti y el resto del perfecto, también el raro participio futurus tiene esa raíz.  Sí, señor: el futuro.  Lo que ahora es semilla y luego crecerá.  El futuro tiene raíz botánica.

Si le parece raro que el significado "brotar" se transforme en "ser", ¿qué me dice de la transformación de "estar sentado" en "ser"?  Pues bien, la palabra castellana ser proviene, y se demuestra fácil, del infinitivo latino sedere /se-dée-re/ que ante todo significó "estar sentado" (nuestra monja Egeria o Eteria abre camino; en la edad media aún se decía seer, acentuado en la segunda E).

El griego es el idioma que mejor ha conservado el sentido concreto, material, físico, de la raíz bhuu.  Pues "crecer", "brotar", "desarrollarse" quiere decir el verbo griego φύομαι /fý-o-mai/ (ya sabe, lea y como la U francesa o la Ü alemana).  Φύομαι es el verbo estrella de la botánica, como se verá enseguida.  En su forma activa (φύω /fý-oo/) significa "hacer crecer", "producir", y en las formas perfectivas ("haber nacido") su significado se acerca mucho a "ser" ("ser por nacimiento" o "ser por naturaleza").

De hecho, así llamaban los griegos a la naturaleza: φύσις /fý-sis/ (que podríamos traducir aproximadamente por "el nacimiento de las cosas" "el crecer" "el brotar": es un sustantivo en -sis como crisis, dosis, sintaxis y otros mencionados páginas atrás).  "Naturaleza" es un concepto creado sin duda por los presocráticos, que investigaron "sobre la naturaleza", περὶ φύσεως (a Tales de Mileto lo llamaron ὁ φυσικώτατος, como si dijéramos "el naturalísimo").

En efecto, del sustantivo φύσις proviene el adjetivo φυσικός /fy-si-kós/ que significó, claro es, "natural", "innato".  Estamos aún un poco lejos del sentido que ahora damos al helenismo "físico".  La evolución fue larga.  Pero aunque τὰ φυσικά se suele traducir por "la física", su contenido es mucho más abarcador, enciclopédico, como corresponde al de "historia natural": la θεωρία φυσική era el estudio de la naturaleza en sentido amplio.  Lo que hoy llamamos física, esto es, la física matemática nacida con Galileo, fue antaño una parte pequeña de la historia natural.

En la edad media, por ejemplo, llamaban físico al médico (y todavía en el siglo XVI).  Y no se olvide que "médico" equivalía a "botánico".  El físico era un entendido en hierbas, y el boticario, el experto en hacer remedios a partir de ellas (en la officina, de ahí officinalis), pero no siempre se distinguían: citemos a don Juan Manuel, que dice escribir El conde Lucanor "a la manera que hacen los físicos, que cuando quieren fazer alguna melizina... mezclan açúcar o miel..."  Esto es, dorar la píldora.

Los romanos tradujeron φύσις con la voz natura (derivada de nascor "nacer"), frecuente en la expresión "por naturaleza" o "de nacimiento" (correspondiente a φύσει).  Para dar a natura un sentido más amplio se añadía rerum: así en el poema de Lucrecio De rerum natura o "Sobre la naturaleza" (equivalente al περὶ φύσεως de los filósofos jonios).  De natura salen, claro está, nuestras palabras natural y naturaleza.

De φύομαι deriva el típico sustantivo en -ma, φῦμα "excrecencia", "tumor" (con U larga).  De ahí, por ejemplo, rinofima, palabra que sólo he oído una vez, para describir la curiosa nariz del viejo, en el famoso retrato que Ghirlandaio hizo de abuelo y nieto, ahora en el Louvre.

En φύσις la raíz bhu se presenta en otro grado: con U breve; un isótopo, por así decir.  De ese estado se derivan muchas otras formas.  Entre ellas φυσιολόγος /fi-si-o-ló-gos/ que, aunque es nuestra voz fisiólogo, en griego clásico significaba "naturalista" o, si se quiere, "filósofo natural".  (En φυσιολόγος se combinan φύσις "naturaleza", y λόγος "estudio" o "razón".)  Del mismo modo, la φυσιολογία no era entonces la ciencia del doctor Negrín, sino, más ampliamente, el estudio de la naturaleza, la biología.

También a partir de φύσις se forma la φυσιογνωμία /fy-si-o-gnoo-mí-a/ o fisionomía, arte de comprender la naturaleza o carácter de la persona a partir de su semblante.  Aquí nos alejamos de la botánica, igual que con términos más tardíos, por ejemplo, fisiocracia (voz formada, como nostalgia, con voces griegas, pero en época moderna); o fisioterapia, término que implica "tratamiento natural" (esto es, "cura sin medicamentos": θεραπεύειν /ze-ra-péu-ein/ "curar").

En el mismo estado que en φύσις "naturaleza", encontramos la raíz bhu (con U breve) en el adjetivo φυτός /fy-tós/ "natural", y en el sustantivo φυτόν /fy-tón/ "lo que brota", esto es, "brote", "planta", "vegetal".  Aquí ya podemos explayarnos, pues ¿cuántos términos de botánica no contienen φυτόν?  Por ser breve la Y, los compuestos que acaben en -fito serán esdrújulos: acariófito, antófito, aquirófito, bacilariófito, briófito, caméfito...  ¿Cuántas van?  Y sólo hemos llegado a la C.

No hace falta enumerar todos.  Con cuatro palotes de griego que se conozcan, es fácil deducir el sentido de cada término; por ejemplo, si ἐπί significa "sobre", es natural que epífito designe la planta que crece sobre otra; de κρυπτός "escondido" sale criptófito, la planta que se esconde.  ¿Que no se esconde?  Ahí está el fanerófito. de φανερός "visible".

Para terminar con las voces en -fito mencionaré un término que no es botánico, pero se le aproxima mucho.  Se trata de νεόφυτον /ne-ó-fy-ton/ "nuevo brote" "renuevo" "nueva planta", que hoy usamos en un campo semántico distinto al vegetal.  Con esta vieja voz griega, y la correspondiente latina, neophyton, muy usada en los primeros siglos de la era, señalábamos al nuevo brote, al capullo, por así decir, que se integra en una secta.

Ahora bien, φυτόν puede no ser el segundo, sino el primer elemento del compuesto.  También aquí abundan las voces: fitófago (comedor de plantas), fitografía (descripción de las plantas), fitología (cuasi sinónimo de botánica); incluso existe el término fitofítico, donde φυτόν redunda, para referirse, creo (por oposición a zoofítico), a las simbiosis entre plantas.

Por gusto particular, no olvidaré aquí la fitognomónica, o arte de averiguar las virtudes de las plantas a partir de su aspecto.  Si usted no conoce esa ciencia, no se preocupe, porque está muy desacreditada, aunque tiene todavía muchos cultivadores.  Su principal representante, que yo sepa, fue el italiano Juan Bautista della Porta, muy aficionado a la criptografía (en ese siglo de Alciato y Horapolo, donde en todo ser natural se adivinaba la escritura secreta de dios).  Ya había publicado Della Porta un tratado de criptografía, y su famosa Magia naturalis (que le dio no pocos problemas con la inquisición italiana), cuando editó en Nápoles su Phytognomonica (1583) de quien cito un par de frases para hacernos una idea:  "Las plantas maculosas que imitan la piel de los animales con pintas poseen sus mismas virtudes; por ejemplo... las plantas con escamas como las culebras tienen virtudes contra los reptiles"...  La naturaleza es un escondite: dios oculta los simples, pero da pistas.

Se compartan o no estas ideas, lo cierto es que muchos nombres de plantas derivan de sus virtudes o, al menos, de las que los fitognomónicos imaginaron a partir de las formas y colores del vegetal.  Las hojas de la hepática, por ejemplo, tienen forma de hígado (griego ἧπαρ ἥπατος /heé-pa-tos/), pero quizá carecen de la virtud depurativa que de esa semejanza se dedujo.  Las semillas del Echion vulgare parecen cabezuelas de viborilla (ἔχιον /é-ji-on/), pero yo no trataría de sanar una picadura de ese ofidio moliéndolas sobre la herida.

Basta por ahora.  Otro día más.

jueves, 2 de abril de 2020

Diminutivos latinos IV



Muchos nombres genéricos son diminutivos, o lo parecen.  Yo diría que lo son, si bien no conozco con certeza el punto de partida, Crucianella, Filaginella, Galatella, Gentianella, Nitella, Parentucella, Trigonella, Rhodiola...  Los enumero porque no encuentro ahora el humor para analizarlos en detalle, más allá de la apariencia (Galatea era ninfa de láctea belleza; Gentianella vendrá de Gentiana; trigonum es "triángulo", etc.).  Y luego faltarían los diminutivos de los nombres específicos, como rigidula "rigidita", truncatula "tronzadilla" y demás; cuento de nunca acabar.  Hay tal cantidad de material (para lo que pensaba al principio sobre este diminuto tema) que casi me arrepiento de haber comenzado.  Me quedaré, pues, con los últimos cinco o seis.

El nombre genérico del Dracunculus vulgaris Schott 1832, "dragoncillo vulgar" o dragontea es, claro, el diminutivo de la palabra latina draco "dragón"; ya en griego se llamó a esta planta δρακόντιον /dra-cón-ti-on/, diminutivo, a su vez, de δράκων "dragón".  Lineo lo llamó Arum dracunculus ("aro dragoncito") y otro luego prefirió la forma, más a la griega, Aron dracunculum.

Hablando de dragones, acabo de encontrar una breve pero muy gustosa noticia de Eduardo Barba sobre las plantas del gran tríptico madrileño del Bosco, con información sobre el drago canario o Dracaena draco.  El nombre científico del drago, que explica el amigo Eduardo, combina la palabra griega δράκαινα /drá-cai-na/ "dragona" o "hembra de dragón" (transcrita dracaena en latín) con la latina draco "dragón".  (Dracaena se castellaniza dracena, pues el diptongo AE impide la acentuación drácena que he leído en algún sitio, arrastrada quizá por dársena u otra palabra similar.)

Que gladíolo continúa la palabra latina gladiolus, diminutivo de gladius "espada", ya quedó dicho; faltó decir que gladiolus es a su vez un calco del griego, donde esta planta se denominó ya ξιφίον /xi-fí-on/ "espadita" (diminutivo de ξίφος "espada"): ya para Teofrasto y Dioscórides ξιφίον significa "gladíolo" o "gladiolo".

Globularia implica el diminutivo globulus (de globus), que conservamos en el latinismo glóbulo.  Sin duda el nombre debe de ser una descripción de la inflorescencia.

Lavandula también parece un diminutivo, pero ¿de qué?  Lavanda es en latín un mero participio de "lavar" sin sentido botánico, que yo sepa.  Sospecho que la acepción "espliego" la adquirió la voz italiana lavanda, que designó un agua de lavamanos aromatizada, y de ahí saltó a la planta que proporcionaba el perfume (el uso botánico se documenta por vez primera en italiano, si mis datos son buenos, en el siglo XVI, en los comentarios de Mattioli al libro de simples de Dioscórides Anazarbeo).  El diminutivo del género supongo que es cosa de Lineo; de momento no he encontrado mayor antigüedad.

Pimpinella también tiene pinta de diminutivo, pero su origen es incierto.  Todas las variantes de esta palabra (pimprenelle, pipernella, pimpernel &c) parecen derivar de la forma latina pipinella, documentada en un Antidotarium de tiempos de Carlomagno.  ¿De dónde proviene pipinella?  Ahí comienza el desconcierto: quién la relaciona con piper "pimienta" (por el aroma de la umbelífera), quién con pepo "sandía" (por la forma de sus frutos).  En resumen, poco seguro todo.

Voy a terminar con Ranunculus, nombre genérico que creo haber por fin desentrañado (para mi gusto, al menos).  Encontraba yo poco razonable considerarlo diminutivo del latín rana "rana", de donde se esperaría ranula "ranita": el latín llama ránula a una rana pequeña o simpática, y también a la ranilla del caballo, esa zona blanda bajo la pezuña (pars tenerrima in media ungula equorum en la definición de Vegecio) de tanta importancia (según mi amigo José Cebollada) para la buena marcha del animal porque contribuye a bombear la sangre equina.

Además (razonaba yo) el diminutivo, en cualquier caso, no sería ranunculus sino más bien ranucula: esta es precisamente la forma del latín tardío que los gramáticos suponen como étimo del francés grenouille.

Ah, pero fatigando diccionarios he aprendido que ya Hipócrates y Dioscórides llamaban al ranúnculo βατράχιον /ba-trá-ji-on/ o sea, "ranita".  Y βατράχιον es, una vez más, diminutivo de βάτραχος "rana".  De modo que al llamar "batracios" a los anuros nos servimos de un diminutivo léxico, como cuando llamamos "ofidios" a las serpientes.  El que ya en griego el ranúnculo fuera designado con un diminutivo léxico remueve mis dudas sobre la etimología de ranunculus y me doy: será, como dicen los que saben, diminutivo de rana.  (Para mejor confirmación, el griego βατράχιον designa también la ranilla del caballo.)

Hablando de ranas y ranitas, por cierto, el diminutivo francés rainette "ranita" (antes de que raine fuera desplazado por grenouille) lo hemos heredado en el nombre de nuestras manzanas reinetas, que nada tienen que ver con majestades y soberanas, sino con el parecido entre la piel rugosa de estos pomos y el de los sapillos del campo.

Y, ya que estamos metidos en ranúnculos y en diminutivos, encuentro que mi diccionario de francés traduce renoncule por "francesilla".  ¡Francesilla!  El buscador de la red me enseña que se trata de un ranúnculo cultivado, especie R asiaticus, oriundo de la bisagra de Asia y Europa, a la que llaman también (qué mortificación) marimoñas.

A todo esto, ¿qué tienen que ver los ranúnculos con las ranas?  Ah, ahí difieren los doctos.  Unos se inclinan por la cuestión del hábitat: a las hierbas se las llamó así porque vivían como ranas, o donde las ranas.  Según otros, en cambio, el nombre viene del parecido entre las raíces del ranúnculo y el pie del anfibio.  Esto último ni lo sé, ni lo comprobaré, que no me gusta arrancar plantas.

[P.S. Añado, como la mejor ilustración de lo dicho sobre el hábitat del ranúnculo, esa hermosa imagen que Antonio Campo, botánico y fotógrafo, ha tenido la gentileza de enviarme, donde un batracio disfruta de la compañía del R gouanii.]

sábado, 14 de marzo de 2020

Diminutivos latinos III

Voy por los géneros expresados en diminutivo.

Asperula /as-pé-ru-la/ lo es, sin duda, de aspera "áspera" (femenino del adjetivo asper), de modo que su traducción literal sería "asperita".  También Crassula "gordita" de crassa, y Nigella "negrita" de nigra.

Campanula /cam-pá-nu-la/ es un diminutivo idéntico pero, sospecho yo, proviene del sustantivo campana en su acepción actual, y no del adjetivo campanus (que significó "natural de la Campania", la conocida región vesubiana que exportó, al parecer, buenos bronces, si no el uso de las campanas.  Digamos de paso que campanilla, diminutivo romance, es también el pendulillo de nuestras fauces cuyo nombre técnico es otro diminutivo latino, ya que úvula, literalmente "uvita", lo es de uva; y no salimos de la botánica si mencionamos que el bulto de la mejilla o pómulo es un diminutivo léxico de pomum "manzana").

De Calendula ya escribí, creo, lo poco que sé: si es un neologismo de Lineo, apoyaría a quienes tienen al sueco por latinista mediocre (yo lo dudo, pues simpatizo con los que usan el latín, con mejor o peor acierto).  También he mencionado Primula "primerita".

Biscutella /bis-cu-tél-la/ sin duda se ha formado sobre scutella "cuenco", con el prefijo que significa "dos".  Scutella es diminutivo de la rara palabra scuta "cuenco", que no ha dejado trazas, creo, en los idiomas romances, donde en cambio sí ha quedado scutella (escudilla, écuelle &c).

Capsella /cap-sél-la/ es diminutivo de capsa, la palabra que ha dado en castellano caja.  En realidad el diminutivo de capsa es capsula "cajita", que conservamos como latinismo técnico; capsella es diminutivo de capsula, esto es, una vez más, diminutivo de un diminutivo (siendo el diminutivo forma expresiva, tiende, como ya dijimos, a gastarse: así la mamá llama a su niño "mi chiquirritín...").  El apellido de la Capsella es también simpático: bursa pastoris signifca "bolsa de pastor" (de bursa saben mucho los que tienen acciones bursátiles...).

Mencionaré aquí Convolvulus por la ocasión de indicar que no siempre el sufijo -lo- (o la típica combinación -co-lo-) señala un diminutivo.  En efecto, muchos sustantivos de raíz verbal tienen estos sufijos, pongamos por caso baculum "bastón" (de la raíz "caminar") o ferculum "camilla" (posverbal de fero "llevar"); en castellano tenemos receptáculo, tórculo &c.  En latín convolvulus es posverbal de convolvo "dar vueltas sobre sí mismo" y ya significaba quizá al Convolvulus arvensis, además de una plaga de la vid que en francés llaman ver-coquin y es, creo, la Eupoecilia ambiguella.

Acabo de oír al jefazo de la OMS decir que el epicentro del coronavairus está en Europa.  ¡Anda!  Así que lo de epicentro no se lo han inventado aquí, o aquí sólo, sino que ya circula (o circulaba) en el ánglico común...

Continuaré.

jueves, 5 de marzo de 2020

Conflicto y petición de auxilio

Paseando esta mañana (otra mañana de febrero espléndida, nada fría; se veían muy bien los Pirineos, al fondo, sobre la calina del Ebro) he sufrido una crisis de filólogo.  Por fortuna, las crisis de filólogo cursan sin fiebre, no presentan dolor articular, mareos ni náuseas, rara vez exigen medicación o guardar cama.  Esta de hoy ha sido ligera, y me permito anotarla aquí porque tiene estrecha relación con la botánica.

El caso es que, pensando en describir las florecillas del camino, lamios, fumarias, caléndulas, me asaltó la duda siguiente: en el caso de usar para la descripción los nombres botánicos, ¿cómo hacerlo?  ¿Sería oportuno decir, por ejemplo: "hay junto al camino muchas Fumariae, Lamia, Calendulae..."?  Pues como latinista modesto, pero peleón, tiendo a usar los nombres latinos en la forma que corresponde al contexto; por ejemplo, si hay un número plural de plantas, no diría Fumaria, singular, sino Fumariae, en plural; ni Lamium, singular, sino Lamia, plural &c.  Es más, si, pongamos por caso, echara yo mano del verbo ver, ¿debería escribir "veo muchas Fumarias officinales", usando el caso objetivo que corresponde?

Ciertamente los botánicos que han escrito en latín declinaron los nombres botánicos según las reglas de ese idioma, y mencionaban, por ejemplo, color echiorum "el color de las viboreras", o plantaginem coronopodem collegisse "que habían recogido llantén pata de corneja".  La cuestión, claro está, se plantea cuando el contexto es distinto del latín, por ejemplo ahora el castellano.  ¿Debo decir Fumaria nada más, o podemos permitirnos Fumariae, Fumarias &c?

Yo, por mí, me daría permiso para decirlo como me diera la gana, pero, claro está, si uno usa nomenclatura científica, ¿no habrá de atenerse a las normas de uso de esa nomenclatura?  Y entonces la cuestión es la siguiente: los binomios lineanos ¿han de ser considerados formas latinas, sometidas a las reglas de ese idioma, o más bien formas fósiles, que no admiten variación de número o de caso?  Si así fuera, no cabría decir "hay muchas Fumariae officinales", ni mucho menos "veo Fumarias officinales, Lamia amplexicaulia y purpurea, Calendulas arvenses", sino tomar los nombres en su forma establecida por el catálogo botánico (si, como me imagino, hay uno) y escribir, pongamos: "hay en el camino abundantes Fumaria officinalis, Lamium amplexicaule y purpureum, Calendula arvensis..."

Espero que algún lector de esta página tenga la amabilidad de sacarme de dudas.  ¿La autoridad botánica se pronuncia sobre eso?  ¿Hay un catálogo admitido?  ¿Dónde se consulta?  ¿Se especifica algo sobre el uso de los nombres científicos, en el sentido de lo arriba expresado?  ¿Hay una página accesible donde esto se decrete?

Por lo demás, ando un poco preocupado también por otro motivo.  Veo que casualmente las entradas han llegado a una cifra centenaria.  Estoy seguro de que he debido de meter la pata más de una vez.  ¿Qué haces, lectriz generosa, lector piadoso, que me dejas chapotear en el error?  Anda, sé buena, sé bueno, y corrige ¿qué te cuesta escribir un par de líneas y corregir lo equivocado?

Pero qué digo.  Si ni yo tengo tiempo de releerme.