"Casa": concepto importante para el humano, si ha abandonado el nomadeo. A todos los campos toca, y por ello tampoco falta en el registro botánico.
Empecemos por el griego, que llama a la casa οἶκος /ói-cos/. Los pijos imperiales tomaron prestada esta palabra para el living (como dicen al salón los pijos modernos) y Roma llamó oecus (transcripción de οἶκος) al cuarto de representación. Si a nuestra vez adoptáramos oecus tendríamos en castellano eco, voz de confusión incómoda con el nombre de la ninfa ésa que repite voces ajenas. Pero aunque no tenemos la palabra eco con el significado de "casa", sí la tenemos en ecología, ciencia que estudia la casa común que es la naturaleza. (También está la casa en economía, pero no en ecografía, donde resuena la ninfa repetidora.)
Si a οἶκος le añadimos el prefijo μόνος /mó-nos/ "único", tendremos moneco, nombre de los vegetales cuyos gérmenes masculinos y femeninos conviven en un único pie; en cambio aquellos donde cada sexo tiene su pie se llaman diecos. Sin duda es más frecuente oír dioico y monoico en lugar de dieco y moneco (formas que autoriza, con buen criterio, el diccionario de Font Quer), pero no por más corrientes son más correctas aquellas transcripciones, equivalentes a decir oicología, oiconomía u oinología en vez de ecología, economía o enología. De igual modo, frente a dioecia y monoecia habría que preferir (si al buen estilo de transcripción nos atenemos) diecia y monecia.
Y luego está la poliecia, como si dijéramos el arco iris sexual de los vegetales, o coexistencia en el seno de una misma especie de opciones sexuales diversas. El diccionario afirma que aquí está la voz οἰκία /oi-kí-a/, que también significa "casa"; yo no veo por qué no aceptar esta misma voz como componente de diecia y monecia.
Con el prefijo de compañía tenemos sineco, adjetivo aplicado a "plantas o inflorescencias donde coexisten flores femeninas y masculinas". Aquí también tenemos la variante sinoico y sinecio. Como sustantivo, Villar definió sinecio como una "cohabitación botánica individualizada", de donde la sineciología o "estudio fitogreográfico de las sinecias": Rufo Mendizábal recomienda sinecología en vez de sineciología, pero entonces habría conflicto porque al parecer sinecología pretende ser sinónimo de "fitosociología". No sé si me he aclarado con esto: tendré que repasar esta noche.
Al conjunto de órganos femeninos se ha llamado gineceo, que es pura transcripción de γυναικεῖον /gy-nai-kéi-on/, nombre que recibía la parte de la casa donde se encerraba a la mujer en aquellos tiempos machistas y patriarcales. En gynaeceum o gineceo no hay οἶκος que valga, pero sí en el sinónimo ginecio, formado con γυνή /gy-neé/ "mujer" y usado sobre todo, parece, en medios anglosajones: está tomado del latín botánico gynoecium. Si me hubieran preguntado mi opinión, yo hubiera preferido gynoecus esto es, gineco (como moneco, dieco, sineco y meteco).
La palabra androceum (androceo) se ha creado en latín botánico, si no me equivoco, sobre la falsilla de gynaeceum (porque en aquellos siglos tenebrosos de Pericles y Aspasia no había un lugar específico para los varones en la casa, sino que toda era de ellos. ¡Abusones! Pero, espera... No, no, me equivoco, había un lugar exclusivo para varones --y suripantas--, el andrón, que no sé por qué en Roma acabó significando cierto corredor; pero esa palabra no ha pasado a la botánica que yo sepa).
Antes de abandonar el griego (las formas latinas para "casa" las dejo para otro momento) quiero incluir aquí la voz domacio, que describe la estructura que el árbol mirmecófilo construye para albergar a las hormigas. El diccionario de Font Quer afirma que la palabra viene del latín domatium pero, con el debido respeto, quiero añadir que domatium no deriva de domus sino que es la latinización del griego δωμάτιον /doo-má-ti-on/ "casita", nuevo diminutivo para añadir a nuestra colección, en este caso de δῶμα /dóo-ma/ "casa".
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