El otro día, escribiendo del verbo στρέφω "girar" (a propósito de Streptopus) comprobé con sorpresa que su correspondiente latino, verto, no había caído aún por estas páginas. Eso me pareció deplorable por cuanto ese verbo, importante por sí, provee destacadas voces fitológicas, y no digamos del castellano común, desde verter y sus derivados (advertir, convertir, divertir &c), con muchos cultismos (diverso, inverso, vértice, vórtice, vértebra &c), y buena porción de palabras patrimoniales (divieso, doblete de diverso; envés, doblete de inverso; revés, doblete de reverso; través y travieso, dobletes de transverso &c).
La fronda de palabras derivadas de verto (infinitivo vértere) abarca todos los ámbitos de la lengua, lo agrícola y lo lírico, lo material y lo espiritual. Creo que ya tuve ocasión de aludir a versus, participio de vértere, y luego sustantivo en -U trasladado de su sentido originario, material ("vuelta", "giro", en particular del arado en la huebra), al progresivamente abstracto de "línea de escritura" y "verso". No es un caso aislado en esta familia. Y encima los angloparlantes aún le han sacado otra utilidad a versus, y lo han convertido, sin culpa alguna de los romanos, en la preposición "contra" (Minerva los perdone).
De vértere sale vertex o vortex "remolino" (variantes morfológicas, en principio sinónimas, aunque no lo son sus hijuelas vértice y vórtice): designaron además el punto donde los cabellos giran (propter flexum capillorum, dice Quintiliano). De ahí el vértice de la cabeza y, por extensión, el de cualquier objeto, singularmente una montaña. Yo sospecho que en el significado de "cima" o "punta" ha debido de influir el pico de la peonza, pico al que cuadraría bien el nombre de vértice.
Vertex genera el adjetivo verticalis: su significado abstracto ya se encuentra en el latín de la antigüedad y yo lo creo derivado (hay otras explicaciones, pero no me convencen) de una necesidad física bien conocida por quien instala puertas, cuyo funcionamiento exige perfecta verticalidad. Las bisagras de la puerta se llaman verticulae y también verticulum (el griego llama al gozne στροφεύς, de στρέφω).
No menos gira nuestra cabeza sobre las vertebrae (palabra interesante para la biología, pues el marchamo de vertebrata abraza una entera rama de seres vivos, y los demás se describieron por su ausencia: evertebrata o "desvertebrados"). Hay razones para pensar que vertebra (que también significó "bisagra") primero designó, en anatomía, a las vértebras próximas al cráneo, las que dan giro a la cabeza a diestra y siniestra; y que luego el término se extendió al resto de ellas, cervicales o no (y también giran el cuerpo, pero menos).
Hablando de girar, un giro se llama vertigo en latín (pronúnciese ver-tí-go), y también una cabriola, y asimismo el hecho de que la cabeza nos dé vueltas. En castellano nos hemos quedado con el último significado mondo; pero ¿de dónde nos hemos sacado la esdrújula? Ni se sabe. Es un latinismo mal construido, un nominativo mal leído: la misma prevaricación infligimos al impétigo y el vitíligo. (La forma culta de vertigo sería vertígine, y la patrimonial podría haber sido vertigen --como origen.)
Y con el sufijo -ago (muy frecuente en plantas: Plantago, Plumbago, Solidago), tenemos el vertilago, nombre que tuvo el Eryngium campestre o cardo corredor, conocido especialista en dar vueltas.
El diccionario de Gaffiot informa de que vertipedium es nombre latino de la verveine, y yo supongo que se refiere a la Verbena officinalis, y no a la Lippia triphylla, originaria, según la red, de América del Sur (y ahora llamada, al parecer, Aloysia citrodora, esto es, "Luisa de olor a limón").
La familia de verto (o vorto) es amplísima y muy entretenida de transitar, pero esto se alarga demasiado y trataré de limitarme a los usos botánicos. Ahora bien, ¿no será mejor dejarlo aquí de momento?
Sí, lo dejo y, hablando de girar, ya que un año más ha completado su giro, aprovecho la ocasión de expresar mis buenos deseos para el incauto lector, la benévola lectriz, en el nuevo giro que comienza, encomendando su cuidado al viejo dios Vertumno (hace dos mil años Vertumnus o Vortumnus), divinidad protectora de los giros y revueltas estacionales.
Hoy 3 de enero son los días de Marco Tulio, el célebre orador, Cicerón si así lo prefiere, nacido en Arpino, Italia, hace dos mil ciento treinta y dos añitos.