sábado, 25 de abril de 2026

De pies II

 


Vamos, pues, al otro idioma botánico, o al principal según se mire: en latín "pie" se dice pes (genitivo pedis) y encontramos esta palabra, acompañada del genitivo de la voz capra "cabra", en la Oxalis pes-caprae.  De esta oxálide pie de cabra casualmente tomé hace pocos días la foto de esta entrada.

No tengo más registros en nomenclatura moderna, pero pes debió de ser muy frecuente en terminología prelineana, pues hallo el nombre de pes cati o "pie de gato" para la Antennaria dioica, el de pes corvi o "pie de cuervo" para el Ranunculus bulbosus, y el de pes corvinus o "pie corvino" para el Plantago coronopus (el último, traducción evidente del nombre griego).  Sin duda habrá muchos más, de unos y otros.

En posición final, encuentro pes determinado por adjetivos.  Con uno de ellos, laevis "pulido" (de él escribí en una página titulada Levigatus), encuentro la Cruciata laevipes y la Draba laevipes (D dubia ssp laevipes): entiendo que el específico significa "de pie pulido" (o quizá "de pedúnculo liso" &c).  Otro adjetivo, crassus "grueso", lo lleva la Eichhornia crassipes (el invasivo camalote o jacinto de agua): crasípede valdrá "de pie grueso", supongo que en alusión al engrosado pedúnculo foliar "con tejido aerenquimatoso" (dixit wiki).

Hay un "pie de elefante": la Dioscorea elephantipes, planta que llaman "pan hotentote" y que, según veo en la red, es apreciada como ornamental.

Contiene la voz pes un gentilicio que aparece en la nomenclatura, pedemontanus, pero aquí el pes pedis no alude a tallo, pedúnculo o pedicelo alguno, sino a lo que en mi tierra llamamos somontano, esto es, la inmediata proximidad del monte.  El "pie de monte" dio nombre a un estado alpino, el Piamonte o Pedemontis (como se latinizó su nombre): región italiana de donde proceden o donde se describieron la Artemisia pedemontana, la Cruciata pedemontana y supongo que muchas especies más.

De pedicelo, pedúnculo &c ya se trató en la página de diminutivos latinos.

Contra mi costumbre de desentenderme de los nombres llamados (a menudo con notable fantasía e inexactitud) vernáculos o populares, enumeraré a continuación los pies que, al recoger material para esta página, me han aparecido en botánica castellana.  Verá la docta lectriz, el ingenioso lector, que a menudo el presunto nombre vulgar no es sino la traducción del nombre botánico.

Así pues: pie de pájaro (Ornithopus compressus), pie de oca o pata de ganso (Chenopodium bonus-henricus), pie de corneja (Plantago coronopus, que ya vimos como pes corvinus en el herbario de Christian Egenolff), pie de liebre (Plantago lagopus), pie de gato (Antennaria dioica, que ya en latín botánico fue pes cati), pie de becerro (Arum italicum), pie de caballo o pata de mula (Tussilago farfara, llamada en francés pas d'âne), pie de paloma (Geranium columbinum o G sanguineum), pie de gallo (Lamium amplexicaule), pata de gallo (Potentilla reptans), pata de vaca (Cercis siliquastrum).  Seguro que hay muchísimos más.

Y basta de patas por hoy.

miércoles, 22 de abril de 2026

De pies

 De banda a banda, según costumbre: de la cabeza al pie.  Y para empezar, el pie griego, que es πούς /puús/ (genitivo ποδός /po-dós/).  No bien emprendo la búsqueda de pies en griego, me encuentro con que ya he publicado aquí más de uno.  Da igual.  Recapitularé, aunque me repita.

Comienzo con los nombres que llevan πούς al final, y el primero en aparecer es Coronopus (C squamatus, C didymus).  Coronópode significa "pie de corneja", pues corneja es en griego κορνη /co-roó-nee/.  Coronópode es también específico en el Plantago coronopus, llantén que ya en la antigüedad griega llevaba este nombre, κορωνόπους /ko-roo-nó-puus/ (en latín se acentúa corónopus).

Están también los géneros Micropus ("pie pequeño", si no me equivoco, una pequeña asterácea algodonosa según la wikipedia), Ornithopus ("pata de pájaro" o "pata de gallina", una fabácea), y Streptopus ("pie girado", al que dediqué unas líneas no hace mucho).

Y la gramínea Sphenopus (las mejores fotografías las encuentro en el blog  Flores silvestres de Aragón de Jesús Ruz y María Fustero), cuyo nombre viene de σφν /sfeén/ "cuña" y alude al engrosamiento de los pedicelos.  Que pedicelo deriva de pes "pie" ya quedó dicho, tratando de diminutivos.  Hay un equiseto fósil Sphenophyllum, en la nariz tenemos el hueso con forma de cuña: el esfenoides; y a un pingüinito lo han bautizado "cuñita", Spheniscus.

Entre los nombres específicos, al llantén arriba mencionado habrá que añadir el Plantago lagopus ("pata de liebre").

Ya salió aquí πόδιον /pó-di-on/ "piececito", pero olvidé indicar qué géneros contienen ese diminutivo de πούς.  Son muchos: Brachypodium ("patita corta", de βραχς /bra-jýs/ "corto", como en braquicéfalo; por aquí abunda en el encinar el B retusum), Chenopodium ("patita de ganso" --χήν /jeén/ "ganso", y con él toda la familia de quenopodiáceas), Clinopodium ("patita de cama" --κλίνη /klií-nee/ "cama"; ya en Dioscórides figura κλινοπδιον /klii-no-pó-di-on/ como nombre, en la tradición, del C vulgare o Satureja vulgaris), Conopodium ("piececito de piña" --κῶνος /kóo-nos/ "piña"; alude el nombre, parece, al particular tallo de esta umbelífera), Leontopodium ("patita de león" --λέων /lé-oon/, genitivo λέοντος /lé-on-tos/: ¿recuerda una pata de león la flor de nieve?), Pachypodium (παχύς /pa-jýs/ "grueso", como en paquidermo; en alusión al grueso tronco de estas apocináceas tropicales), Polypodium ("muchos pies", y éste es helecho).

Helecho creía yo que era el Lycopodium ("patita de lobo" --λύκος /lý-kos/), pero tiene al parecer grupo privado, Lycopodiophyta.  Y entre estos licopodiófitos existe todo un orden de Lycopodiales, con la familia Lycopodiaceae y, además de los géneros Huperzia y Lycopodium, uno diminuto al que han bautizado en oportuno diminutivo: Lycopodiella.

Entre las compuestas hay un género Podospermum que De Candolle bautizó así porque "la cipsela [...] tiene un notable pedicelo en su parte inferior".  Existe una Centaurea podospermifolia cuyas hojas, imagino, recordarán las del género anterior.

Por apurar los géneros que por una u otra razón tengo anotados, mencionaré el Podocarpus falcatus (ilustre representante de toda una familia, las Podocarpaceae), ahora rebautizado como Afrocarpus falcatus.  El fruto de esta familia sureña, o al menos el de algún Podocarpus, ha de tener pies por fuerza.

miércoles, 1 de abril de 2026

De cabeza IIII

 Vamos, pues, por la breve nomenclatura botánica formada con caput.

Por de pronto, la palabra misma está en el Taeniatherum caput-medusae (L) Nevski, nombre de lo más sugestivo, ya por la alusión a la cabeza de Medusa (la gorgona cuya mirada paralizaba, recuerden el mito de Perseo, y cuyos cabellos eran culebras sibilantes), ya por ese prestigioso apellido Nevski.  Por la red me entero de que en 1938 Sergio Arsénievich Nevski "se malogró" (así dice la wikipedia) sin llegar a cumplir los 30 años: la fecha es tan ominosa que he tratado de averiguar más de ese malogro, sin éxito.  Taeniatherum es una poácea cuyas ondulantes aristas hicieron pensar a Nevski, al parecer, en las culebras de la gorgona, cuando otra gorgona con bigote reinaba en Moscú.

Ya que estamos, ¿qué significa Taeniatherum?  El primer elemento con seguridad es ταινα /tai-ní-a/ "cinta" (en latín taenia, nombre también del parasito intestinal que llamamos tenia).  En cuanto al segundo elemento, es común, todo lo indica, con Arrhenatherum, Achnatherum, Piptatherum: entre gramíneas anda el juego.  Se trata, pues, de ἀθήρ /a-zeér/ "arista" o "espiga".  Si el primer género indica forma de cinta ("alude a la lema con aristas de base plana", afirma la wiki), en la segunda precede ρρην /ár-reen/ "viril", en la tercera χνη /áj-nee/ "gluma".  De la última se afirma que viene del verbo ππτω /píp-too/ "caer" y de therum "gluma": pero therum ni en griego ni en latín existe, que yo sepa (θήρ "fiera" aquí no pega ni con cola), y en mi opinión ahí está el mismo ἀθήρ que en Taeniatherum y los otros dos.

Que capitulum es diminutivo de caput, ya lo escribimos: en castellano tenemos el cultismo capítulo, de abundante uso en botánica.  Su doblete vulgar es cabildo, sin empleo en fitología, si no me equivoco.  Busco en el diccionario para asegurarme, y ahí veo cabillo que, como diminutivo de cabo, tiene legítimo lugar en esta página; y aun cabillejo, diminutivo doble.

¿Viene de caput la voz capullo, como se lee en alguna página?  El parecido, y acaso el sentido botánico, lo sugieren, pero es bien improbable.  Seguramente el étimo es el medieval cappellus, palabra relacionada con cappa y no con caput.  Cappellus da mejor cuenta de las varias acepciones de capullo ("capucha", "prepucio", "capullo").  En cualquier caso, hay complicaciones que no son de este lugar.

He encontrado en el diccionario que también las plantas, o sus órganos, tienen bíceps, esto es, dos cabezas: Font Quer no sólo indica la variante bicípite (para mi gusto preferible) sino que señala la sinonimia con bicéfalo, voz que tendría que habérseme acordado dos páginas antes.

Y luego están los -ceps: hay una Armeria multiceps Wallr. 1844 mencionada por Fabre como endemismo corso (con el nombre francés de herbe des mouflons y corso de erba muvrone) y según la red sinónimo de A leucocephala Salzm, a saber, "de cabeza blanca".  No conozco la planta, pero multicípite o policéfala era la hidra, y también la cabeza de Medusa (si contamos las de las culebras).

En su documental sobre plantas David Attenborough mencionaba la Saussurea laniceps, de grandes virtudes médicas al parecer, y basta echarle el ojo a esta planta del Himalaya para comprender que el específico describe su "cabeza lanuda".  (Por cierto que también hay por el Tíbet una espléndida Saussurea medusa, de lo que cabe deducir que la impresión de Nevski no era cosa aislada, y las referencias clásicas eran comunes, entonces, entre los científicos.)

Y ya no encuentro más caput en antófitos, porque hongo es el Claviceps microcephala, o Claviceps purpurea, mencionado hace poco.  En Claviceps el primer elemento es clava, nombre latino del basto, la maza, el garrote, la tranca, y en particular de la enarbolada por la heroica manaza de Hércules.

Menciono para terminar el Cordyceps militaris, cuyo étimo, para cierta página de la red, oscila entre κορδλη "maza" y κορδλος "renacuajo".  Ninguna de las dos palabras me resulta familiar, pero considerando que Lineo llamó a este hongo Clavaria militaris, yo diría que más bien el étimo es κορδλη /kor-dú-lee/, que si no me equivoco no significa "maza" sino "joroba" o "tumor", aunque el autor del nombre probablemente pensaba en crear un sinónimo de Claviceps.  Suponiendo que esto sea así, el neologismo me parece mediocremente formado, si parte de κορδλη.

Como estos hongos son cabeza de familia, habrá que incluir aquí las clavicipitáceas y las cordicipitáceas.  La atenta lectora se acordará sin duda de precipitar y de bicípite, y hallará fácilmente la cabeza que se oculta bajo esos palabros sesquipedales.

sábado, 28 de marzo de 2026

De cabeza III

 En latín a κεφαλή corresponde caput, y ambas voces tienen parecida serie de significados metafóricos: "extremo", "cima", "mando", un etcétera muy largo.  Cierto que el castellano cabeza no viene directamente de caput, sino de un derivado popular que sonaba algo así como *capitia.  Y sin embargo caput nos ha llegado como voz patrimonial, aunque casi siempre con sentido traslaticio.

Entreténgase el lector en repasar las varias acepciones de nuestra palabra cabo: y verá que todas responden, de cerca o de lejos, al concepto "cabeza": extremo de tierra que avanza sobre el mar; rango de quien manda un pelotón (o el ejército entero: en el medievo cabo significaba "general"); soga marinera (por frases como "tírame ese cabo", el extremo de la cuerda acabó designando a toda ella), y podríamos seguir un rato.  En efecto, cabo es el resultado castellano de caput (sonoriza la P intervocálica, U breve abre en O) y aún se nota su prístino sentido en modismos como "de cabo a rabo".

Lo mismo ocurre en otros idiomas: la P intervocálica de caput se mantiene sorda en italiano, pero todo el mundo sabe lo que es un capo de la mafia, y los que saben solfa conocen la expresión da capo "desde el comienzo".  La evolución peculiar de las consonantes francesas ha deformado bastante la palabra, pero chef aún vale "cabeza" en ciertos usos, y da el castellano jefe, doblete formal y semántico de cabo.  Y ahí está el cap catalán, con sus múltiples usos, todos derivados de su sentido original, "cabeza".

Pero todo esto, ¿qué tiene que ver con la botánica?  --Déjele usted, señora, déjele que se entretenga; que llore como palabrero lo que no alcanza como fitólogo.  --Pero es que se le va la olla.

La olla, ¿se fija usted?  El desgarro popular se sirve de maceta, crisma, cazuela, azotea, tiesto y mil formas más, todo por eludir la mención directa.  La tête francesa viene de testa, "maceta" precisamente.

Pero sí, debería dejarme de preámbulos y pasar a la nomenclatura botánica.  Si no lo hago, ni lo haré en esta página (avisada queda la paciente lectriz), es por un par de razones.  La primera, porque me apetece exprimir de caput un poco de jugo.  La segunda, porque en la búsqueda de terminología derivada apenas encuentro nada que echarme al blog.  Así que publicaré esto y me daré algún tiempo, por si tengo suerte.

Las vocales de caput son breves, y por esa razón se debilitan y convierten en I apenas abandonan el puesto privilegiado de comienzo o fin de palabra.  La U, pues, se hace I en los casos oblicuos (capitis capita capitum &c) y la misma apofonía sufre la A en los compuestos, por ejemplo en occiput "nuca".  Y ese fenómeno afecta a ambas vocales en, por ejemplo, praecipitare, literalmente "caer de cabeza".  ¿Quién reconocería caput en ese -cipit- de praecipitare?

Para acabar, pues, con las transformaciones de caput, quiero mencionar una última, la producida en los compuestos con numerales como biceps, triceps, quadriceps que significan "de dos cabezas", "de tres cabezas", "de cuatro cabezas": ahí se esconde caput en el -ceps final, más reconocible en los casos oblicuos: bicipitis, tricipitis &c.  Con escaso estilo, en castellano hemos naturalizado los nominativos latinos y decimos bíceps, tríceps, pero los italianos lo hacen mejor y hablan de músculos bicípite, tricípite y demás.

El adjetivo derivado de caput es capitalis y el lector reconocerá fácilmente ahí la palabra castellana capital: ante todo es un adjetivo que significa "de cabeza", y de ahí salen sus otros significados, incluido el de "importante" o "grave" (los crímenes o pecados con que te juegas la cabeza).  Pero es que además el resultado castellano de capitalis, muy fácil de obtener con las reglas (ya sabe, apoteca da bodega, y la pérdida de la débil postónica): resulta algo así como *cabidale > cabdale y con vocalización de la implosiva, caudal, hermoso adjetivo que se lee en Berceo y en Manrique (allí los ríos caudales, allí los otros medianos e más chicos) y que también gustaba a Antonio Machado, porque lo usa a menudo a pesar del arcaísmo (las águilas caudales de Campos de Castilla, esto es, el águila real o Aquila chrysaetos de Lineo).

martes, 17 de marzo de 2026

De cabeza II

 En los nombres específicos aparece κεφαλή sobre todo con determinaciones, como "grande" o "pequeña".  De la primera encuentro una Jurinea dolominea (o dolomiaea o dolomitica) que al parecer también se llama Dolomiaea macrocephala: la "jurinea del Himalaya", una especie de carlina asiática.  Parece que las cabezas pequeñas ganan en número, pues aquí tengo anotados, aparte de la Claviceps microcephala (el célebre cornezuelo de centeno si no me equivoco), la Armeria bigerrensis ssp microcephala, el "cardo santo" o Cnicus benedictus, también bautizado Cnicus microcephalus; y una Pilosella officinarum ssp microcephaloides.

También κεφαλή combina a menudo con σφαῖρα /sfái-raa/ "pelota": así en la Acacia sphaerocephala, en el "ajo de cigüeña" o Allium sphaerocephalon (o sphaerocephalum), en la Centaurea sphaerocephala, y en el Echinops sphaerocephalus ssp sphaerocephalus.

En el Carduus pycnocephalus está, en cambio, el adjetivo πυκνός /pyc-nós/ "espeso", quizá por la densa barrera de pinchos en torno a la cabezuela.  Hay por ahí un Picnomon acarna, género monotípico de las compuestas, que yo hubiera asegurado ajeno a ese adjetivo, pero lo sostiene una página de la red: ahora bien, si viene de πυκνός lo decente sería Pycnomon con Y griega, y no con I latina.

En algún lugar he visto que la Leuzea conifera se llamó también Centaurea pitycephala, cuyo específico (apenas cabe dudarlo, conociendo la planta) alude al aspecto de piña de la cabezuela madura.  En esta ocasión, a κεφαλή se antepone πτυς /pí-tys/ "pino", con lo que pitycephala se traduce "cabeza de pino", esto es, "piña".  ¿Ignoraba, quizá, quien tal nombre específico excogitara, que para "piña" ya poseía el griego la palabra κῶνος /kóo-nos/?  De hecho, ese κῶνος (que en abstracción geométrica es nuestro cono) está precisamente en el específico conifera, designación además de un notorio taxón vegetal con muy varios nombres, ConiferaePinopsida, Strobilophyta, Taxopsida...

Ceratocephala es una ranunculácea exótica, y he visto en la red su típico fruto de ranúnculo, aunque de más largas puntas: eso explica el primer elemento del nombre genérico, que es sin duda κέρας "cuerno" (genitivo κέρατος /ké-ra-tos/).

Alejandro Magno, el fundador de Alejandría de Egipto y destructor del imperio persa, bautizó a su caballo con el nombre de Bucéfalo, esto es, "cabeza de buey".  ¿Por su sólida testa, por su terquedad?  En una célebre anécdota, el macedonio logró domar a su caballo al advertir que se asustaba de su propia sombra: Aristóteles, sin duda, había estimulado la capacidad de observación del joven príncipe.  ¿Está el nombre del histórico penco en el Rumex bucephalophorus?  ¿O hemos de entender ese "porta cabezas de buey" referido, como dice alguna página de la red, a la forma de sus flores?  Yo he tratado de convencerme, con la lupa y con fotos detalladas en la red, pero en vano.

Basta echar un ojo al Teucrium eriocephalum para comprender que aquí la "cabeza" va precedida del griego ἔριον /é-ri-on/ "lana", que ya conocemos del Eriophorum.

En cuanto al Eucalyptus gomphocephala (gomphocephalus en otros autores, si bien el femenino parece más adecuado a un nombre latino de árbol) el específico parece aludir a la forma como se solapa el opérculo en el fruto: del griego γόμφος /góm-fos/ "clavija" o "traviesa".  Esa voz está también en una apocinácea, Asclepias physocarpa, que ahora llaman Gomphocarpus physocarpus: los específicos contienen el verbo φυσάω /fyy-sá-oo/ "soplar", como en Physospermum y en el cachalote, que, por cierto, se llama Physeter macrocephalus.

Más fácil que en botánica sería hallar parientes de κεφαλή en zoología, pues abunda en los binómina lineanos de insectos, pájaros y demás.  A los ya mencionados añado, a modo de ejemplo un tanto caprichoso, el Euphagus cyanocephalusturpial ojiclaro o zanate de Brewer, porque acabo de oír su nombre en boca de una señora con boina en Los pájaros, esa célebre película de Hitchcock.

Antes de dejar esta página citaré la Abies cephalonica o abeto de Cefalonia: ¿está κεφαλή en ese específico, o no está?  Dicho de otro modo: ¿la isla de Cefalonia deriva su nombre de la palabra κεφαλή "cabeza"?  Es muy verosímil, pero a ciencia cierta no lo sé.


lunes, 16 de marzo de 2026

De cabeza

 De cabeza, como de costumbre, nos tiramos por nombres botánicos relacionados con ella, en espera de que abunden.  Pues, en efecto, las ideas de "cabeza", "mano", "pie", "boca" y demás partes importantes del propio cuerpo albergan siempre una nutrida serie de acepciones metafóricas debido (como habré escrito ya una docena de veces, y ruego me disculpen por ello) al hábito de proyectar sobre el mundo la imagen propia.  Gracias a la proyección del microcosmos sobre el macrocosmos, el mundo posee ombligo, y arriba, y abajo.  Y, por supuesto, aquello que no entendemos no tiene ni pies ni cabeza.

Pues bien, para "cabeza" el antiguo griego dice κεφαλή /ke-fa-leé/.  Es una voz trisílaba muy reconocible, creo, y supongo que muchos la identifican en cefalópodo, por ejemplo (a los pulpos los ha bautizado la ciencia como "cabezapiés"), o en acéfalo "sin cabeza".  Como en cualquier otro idioma, en griego abundan los derivados, y hubo montes que se llamaron Cinoscéfalos "cabezas de perro", y pueblo denominado cefalótomo o "cortacabezas" (en el Cáucaso: lo cuenta Plinio).

De los binomios comienzo por Cephalanthera, el primero que me ha venido al magín, pues por alguno hay que empezar.  Este género de orquídeas combina nuestra palabra con el latín botánico anthera "antera": este femenino del adjetivo griego ἀνθηρός /an-zee-rós/ "florido" ya se encuentra en Plinio para significar cierto remedio floral; pero Lineo lo divulgó para indicar la parte del estambre, generalmente globosa, donde se alberga el polen, debido a que esa parte se vuelve del todo visible en plena floración.  La Cephalanthera debería su nombre a unas anteras voluminosas.

Otro género cabezudo es Cephalaria, una caprifoliácea.  Entre ellas he visto la C leucantha, y al parecer tiene éxito en jardinería la C gigantea.  En el nombre de este género parece haberse añadido a la voz griega el sufijo latino -arius (salarius, solitarius, summarius) correspondiente al castellano -ero (salero, soltero, somero).  Cephalaria significaría, pues, algo así como "cabecera".

El nombre de la Cephalaria lo toma, no sé si en vano, una llamada "cabezuela", la Centaurea escabiosa también llamada Centaurea cephalariifolia o cephalariaefolia (de ambas formas he encontrado el nombre): supongo que sus hojas tienen parecido con las de la Cephalaria.

Añado aquí una carnívora australiana, Cephalotus follicularis, porque da nombre a todo el género, que ella sola compone: las cefalotáceas.  ¿Se combina aquí la voz "cabeza" con el griego οὖς τός /úus oo-tós/ "oreja", como he leído en una página de internet?  No lo tengo claro.

Ya que "cabeza" tiende a designar cualquier remate esférico, y hay plantas que se llaman "cabecera" o "cabezuela", recuerdo ahora que orillas del Ebro se producen excelentes alcachofas, y de sus exuberantes matas se cocina no sólo el capullo floral, sino también las pencas.  Por eso en las tiendas de por aquí no se llamaban "alcachofas" sino "cabezas".  La primera vez que oí "¿no te quedan cabezas?" me sorprendí tanto como cuando cierta mujer, tras una ojeada al mostrador del carnicero, declaró pesarosa:  "Ya veo que no te queda carne"... ¡y había allí de todo, lomos de cerdo, grandes magros de ternera, conejo, pollos!  Ah, pero en este pueblo, en el milenio pasado, carne, carne era sólo la de cordero.  Ahora es agua pasada, y difícil será oír tales expresiones, si no es a algún viejo.

Y ya que me despeño por la vía de la digresión, y ha salido la palabra difícil, un último comentario antes de abandonar esta página que ya se alarga.  ¿Ha notado la amable lectriz, el avisado lector, cómo de un tiempo a esta parte desaparece ese adjetivo del panorama teleñol?  Ahora está mal visto, al parecer, declarar nada difícil: todo es complicado.  Apostaré que el eufemismo viene del inglés (el galán de la peli californiana, con dificultades para explicar su ruptura con la moza: "es complicado").  En la tele patria han cogido tal tirria al adjetivo difícil que rozan lo ridículo:  "La noche ha sido complicada".  (La noche había sido dura o difícil, pero ¿complicada? ¡Si la cosa era sencillísima: no paraba de llover!)  Ay, qué ganas de hablar largo y oscuro.

jueves, 26 de febrero de 2026

En casa II

 En latín "casa" se dice domus, sobre todo en abstracto, como residencia u hogar (el edificio es aedes).  Por eso domus puede significar la casa, la familia, incluso la patria, y la misma extensión semántica puede adquirir su adjetivo domesticus: cuando se critica por anglicismo doméstico en sentido de "nacional", si bien es verosímil anglicismo, tampoco a la historia de la lengua repugna ese uso, ya viejo, en el mismo latín.

De domus deriva el nombre del amo de la casa: dominus, y de dominus sale el verbo dominare, y una larga porción de términos que no vamos a explorar aquí.  Pero encuentro en el diccionario de Font Quer el término dominancia, aplicado a la expresión de un gen frente a la del homólogo (la entrada es larga y detallada) y, en el mismo campo semántico, una palabra que nunca habíamos oído, dominigén.

También he encontrado por ahí una Typha domingensis bautizada por Persoon, supongo yo, pero no sé si porque la halló un domingo, o en la finca de un tal Domingo, o en la isla de Santo Domingo: todos esos domingos son resultado regular castellano de dominicus "del señor" (acentuado domínicus; en España hemos allanado esa esdrújula para nombrar a los dominicos, la orden de predicadores de santo Domingo de Guzmán).

Dicho sea de paso, dominus da dueño, y esta palabra está entre las primeras documentadas de nuestro idioma, pues se lee en las glosas de San Millán de la Cogolla en la forma duenno (aún no consolidada la letra Ñ, que resulta de poner una N sobre la otra): la diptongación de la O breve tónica, típica del castellano, no se produce cuando dominus es un proclítico de respeto: entonces queda mutilado en ese don que aún hoy ponemos a los caballeros respetables (dom para ciertos curas y frailes).  Lo mismo ocurre con dueña (resultado de domina), que es doña cuando es proclítica, esto es, átona.

He encontrado una curiosa acepción botánica del sustantivo doncel (derivado del dimimutivo dominicellus), pues figura en el diccionario botánico de Font Quer con el significado de "vegetal con ciertos caracteres de domesticidad" (aunque "domesticidad" no se define en el diccionario) por oposición a "bravo"; o también al que presenta sabores o colores suaves.

Pero el derivado de domus con más rendimiento en fitología es sin duda el adjetivo arriba mencionado domesticus, cuyo significado general, "casero", lo hace adecuado para toda planta que guarde relación estrecha con el domicilio humano.  Contra lo habitual, el equivalente griego οἰκεῖος /oi-keí-os/ apenas da juego en botánica; al menos yo no he dado con otro derivado que el raro vocablo eciófito, que encontré en el diccionario arriba citado con el significado de planta autóctona "cultivada deliberadamente por el hombre"; eso lo convierte, si no yerro, en sinónimo de "planta cultivada", porque no se me ocurre cómo puede haber cultivo sin deliberación o por descuido.  Si es así, eciófito no tiene sobre doméstico más ventaja que el exotismo.

Pero aún se puede leer en ese respetable léxico otra curiosa acepción de doméstico, de valor semántico restringido a "vegetal que no necesita la protección de un invernadero" debido a su capacidad para resistir nuestros inviernos.  Se me ocurre que esa acepción difícilmente podrá tener uso fuera del negocio de los viveros y la compraventa de plantas; no sé.

En binomios lineanos el domesticus lo encontramos en muchos vegetales, pero en particular en los frutales del huerto familiar: Malus domestica, Prunus domestica, Sorbus domestica.  Encuentro que también se ha llamado Iris domestica a la Iris germanica, y hay una variedad de Ficus carica caracterizada como domestica.  Claro es que también abunda en el campo de la zoología, para honrar (si ello es honra) a los animales que más estrechamente conviven con el humano: Passer domesticus, Gallus domesticus, Musca domestica &c.

El perro es tan de casa que ya, más que domesticus, es Canis familiaris: ha ingresado en la familia.  Larga es en el perro la vocación de perrijo.