martes, 13 de enero de 2026

De vértebras y verticilos II

 Continúo, pues, con las voces botánicas que vienen de vértere/vórtere, sin ánimo de agotar el asunto.

Ya queda escrito envés, o parte inferior de la hoja, voz que viene de la latina inversum.  Es algo cómico, pero ese mismo inversum da (a través del francés envers) nuestro anverso, que significa justo lo contrario (anteversus suena a creación ad hoc).  Quizá para evitar confusiones, para el anverso de la hoja el botánico ha preferido usar la palabra latina "cara", esto es, facies, de donde viene nuestra haz (y nuestra faz).  Por cierto que Font Quer aconseja evitar la expresión el haz (que las reglas piden para esta haz, femenina como facies) a fin de rehuir la confusión con el haz masculino (que viene de fascis "manojo").

Veo que reverso y reversión también tienen acepción botánica, pues son acogidos en el diccionario de Font Quer; allá puede consultarlos quien lo desee.  Yo lo omito aquí porque estoy cogiendo un poco de manía al verbo revertir, latiguillo hoy en los medios, al menos en los peninsulares, que lo emplean a troche y moche, casi siempre con el significado de "invertir".  Apuesto a que lo sacan del inglés.

También es botánica la expresión vertiente centrífuga, para designar la capacidad de algunos árboles (abedules, chopos, fresnos, tilos) de expulsar el agua de lluvia a la periferia, mientras que los de vertiente centrípeta la orientan hacia el tronco, así tejos o plátanos: éstos, al contrario que los centrífugos, facilitan el establecimiento de epífitos.  Creo que nunca había oído o leído esas vertientes, pero se explican muy bien desde el moderno significado de verter.

En divértere (permítaseme el abusivo acento; en principio este verbo significa "tirar cada cual por su lado") está, en efecto, la idea de apartarse, de distanciarse: nos divertimos, en el hodierno sentido, cuando nos apartamos del camino trillado, abandonamos la vía rutinaria para entrar en la amena posada (en latín llamada, por cierto, deversorium).  Los romanos llamaban divortium a la divisoria de aguas; en nuestro divorcio no son las aguas las que se apartan.

Me parece que entre devértere y divértere, verbos en principio distintos, ha debido de haber más de una confusión.  De hecho, lo que llamamos en castellano divertículo alterna ya en latín entre las formas deverticulum y diverticulum, con el significado de "digresión", "vía secundaria", "posada" &c.  Los divertículos se han puesto de moda en la clínica: antes nadie tenía, ahora salen donde menos te lo esperas.  Pero también en botánica hay divertículos, véase, si no, cómo los define el diccionario de Font Quer: "tubo ciego o apéndice sacciforme que se origina en una cavidad de mayor importancia".

De ese diccionario falta vorticela, como es natural, pues cae fuera de la botánica.  He tratado de averiguar bajo qué etiqueta andan ahora las vorticelas, y he dado con una clasificación que debe de ser buena porque no he entendido nada.  Me consuela pensar que al menos entiendo porqué Lineo bautizó así a la Vorticella (si es que el nombre lo puso el sabio sueco): el animalito, digo el alveoladito, se alimenta gracias al pequeño vórtice, o torbellino, que provocan los cilios de su copa.  Habrá que añadir Vorticella al ya nutrido grupo de diminutivos latinos en biología.

Entrando, pues, en los binomios botánicos, encuentro que vértere triunfa sobre todo en los específicos.  Ahí, por ejemplo, el verbo divértere cede su participio diversus para indicar la variedad de formas (interpreto yo), frente a varius o variegatus referido más bien al color.  Espero que me den la razón, por ejemplo, un Phaselus diversifolius, una Viola diversifolia y, según tengo aquí apuntado, el Lepidium perfoliatum bautizado por alguien Crucifera diversifolia.  También hay diversicolor y diversiformis, aunque no conozco ejemplos (saco este dato del Botanical latin de Stearn).

Uso parecido ha recibido el participio versus en la Bellardia trixago, llamada también Bartsia versicolor, supongo que debido al impredecible tono de sus flores, amarillas en unos pies, blanquirrosas en otros.  Y me consta también una Myosotis versicolor (también llamada M discolor).

Termino este repaso vertiginoso con el término verticilo, concepto de enjundia, según el diccionario de Font Quer: ahí se afirma que procede "del latín verticillus, rodaja".  Yo hubiera dicho que verticillus (diminutivo de vertex, como Vorticella lo es de vortex) designaba más bien el peso con que se aumenta la inercia de giro en el huso, durante la operación de hilado; aunque quizá ese peson de fuseau (como lo llama Gaffiot) sea una rodaja de metal o de piedra.

De los muchos específicos que contienen verticillus (siempre bajo la forma del pseudoparticipio verticillatus) elijo, casi al azar, un ejemplo femenino, la Malva verticillata, otro masculino, el Scleranthus verticillatus, y como neutro el Galium verticillatum.

Cerca, pero fuera de la botánica, encuentro hongos del género Verticillium, causantes de dolencias llamadas verticilosis.  La diosa Flora nos libre de ellas.

sábado, 3 de enero de 2026

De vértebras y verticilos

 El otro día, escribiendo del verbo στρέφω "girar" (a propósito de Streptopus) comprobé con sorpresa que su correspondiente latino, verto, no había caído aún por estas páginas.  Eso me pareció deplorable por cuanto ese verbo, importante por sí, provee destacadas voces fitológicas, y no digamos del castellano común, desde verter y sus derivados (advertir, convertir, divertir &c), con muchos cultismos (diverso, inverso, vértice, vórtice, vértebra &c), y buena porción de palabras patrimoniales (divieso, doblete de diverso; envés, doblete de inverso; revés, doblete de reverso; través y travieso, dobletes de transverso &c).

La fronda de palabras derivadas de verto (infinitivo vértere) abarca todos los ámbitos de la lengua, lo agrícola y lo lírico, lo material y lo espiritual.  Creo que ya tuve ocasión de aludir a versus, participio de vértere, y luego sustantivo en -U trasladado de su sentido originario, material ("vuelta", "giro", en particular del arado en la huebra), al progresivamente abstracto de "línea de escritura" y "verso".  No es un caso aislado en esta familia.  Y encima los angloparlantes aún le han sacado otra utilidad a versus, y lo han convertido, sin culpa alguna de los romanos, en la preposición "contra" (Minerva los perdone).

De vértere sale vertex o vortex "remolino" (variantes morfológicas, en principio sinónimas, aunque no lo son sus hijuelas vértice y vórtice): designaron además el punto donde los cabellos giran (propter flexum capillorum, dice Quintiliano).  De ahí el vértice de la cabeza y, por extensión, el de cualquier objeto, singularmente una montaña.  Yo sospecho que en el significado de "cima" o "punta" ha debido de influir el pico de la peonza, pico al que cuadraría bien el nombre de vértice.

Vertex genera el adjetivo verticalis: su significado abstracto ya se encuentra en el latín de la antigüedad y yo lo creo derivado (hay otras explicaciones, pero no me convencen) de una necesidad física bien conocida por quien instala puertas, cuyo funcionamiento exige perfecta verticalidad.  Las bisagras de la puerta se llaman verticulae y también verticulum (el griego llama al gozne στροφες, de στρέφω).

No menos gira nuestra cabeza sobre las vertebrae (palabra interesante para la biología, pues el marchamo de vertebrata abraza una entera rama de seres vivos, y los demás se describieron por su ausencia: evertebrata o "desvertebrados").  Hay razones para pensar que vertebra (que también significó "bisagra") primero designó, en anatomía, a las vértebras próximas al cráneo, las que dan giro a la cabeza a diestra y siniestra; y que luego el término se extendió al resto de ellas, cervicales o no (y también giran el cuerpo, pero menos).

Hablando de girar, un giro se llama vertigo en latín (pronúnciese ver-tí-go), y también una cabriola, y asimismo el hecho de que la cabeza nos dé vueltas.  En castellano nos hemos quedado con el último significado mondo; pero ¿de dónde nos hemos sacado la esdrújula?  Ni se sabe.  Es un latinismo mal construido, un nominativo mal leído: la misma prevaricación infligimos al impétigo y el vitíligo.  (La forma culta de vertigo sería vertígine, y la patrimonial podría haber sido vertigen --como origen.

Y con el sufijo -ago (muy frecuente en plantas: Plantago, Plumbago, Solidago), tenemos el vertilago, nombre que tuvo el Eryngium campestre o cardo corredor, conocido especialista en dar vueltas.

El diccionario de Gaffiot informa de que vertipedium es nombre latino de la verveine, y yo supongo que se refiere a la Verbena officinalis, y no a la Lippia triphylla, originaria, según la red, de América del Sur (y ahora llamada, al parecer, Aloysia citrodora, esto es, "Luisa de olor a limón").

La familia de verto (o vorto) es amplísima y muy entretenida de transitar, pero esto se alarga demasiado y trataré de limitarme a los usos botánicos.  Ahora bien, ¿no será mejor dejarlo aquí de momento?

Sí, lo dejo y, hablando de girar, ya que un año más ha completado su giro, aprovecho la ocasión de expresar mis buenos deseos para el incauto lector, la benévola lectriz, en el nuevo giro que comienza, encomendando su cuidado al viejo dios Vertumno (hace dos mil años Vertumnus o Vortumnus), divinidad protectora de los giros y revueltas estacionales.

Hoy 3 de enero son los días de Marco Tulio, el célebre orador, Cicerón si así lo prefiere, nacido en Arpino, Italia, hace dos mil ciento treinta y dos añitos.