jueves, 27 de enero de 2022

De perros

Hace muchos milenios que convivimos humanos y chuchos, no sin desacuerdos, no en perfecta armonía, pero en larga interdependencia basada en el interés mutuo.  Caben en ella lazos muy distintos, pero a menudo de gran intensidad afectiva, como los que unen a mi vecina L.A. con su gozquejuelo (siempre engalanado con telas escocesas) o los que conocí entre Felipe T. (lejano primo mío) y su lebrel de caza, al que con gran amargura sacrificó de un tiro.

Así que no es extraño que hayamos hasta subido perros a los cielos, donde al menos dos acompañan a Oríon, el cazador celeste: el Can Mayor (al que pertenece la estrella Sirio, la más brillante del firmamento), y el Can Menor, en cuyo corazón resplandece la estrella Procion.  (Los mesetarios, cómo no, solemos decir Orión y Proción, como ese muchacho que siempre escribía llegarón y dijerón.)  Pero el honor celeste es excepción en el trato dado por el humano al perro, cuyo nombre, como veremos, sirve más bien para desdén y escarnio.

'Perro' en griego se nombra κύων /ký-oon/, palabra bastante rarilla cuyo genitivo es κυνός /ky-nós/.  La forma κυνός explica la mayoría de derivados (cínico, cinamomo, cinocéfalo &c), mientras que el nominativo κύων explica el nombre de la mencionada Procion, en latín Procyon /pró-ky-oon/.  Ya en griego προκύων significó, parece, 'perro delantero'.  En Homero κύων es, por cierto, la estrella Sirio (α Canis maioris), y parece ser que, si su diminutivo latino canicula "perrilla" designa hoy en castellano el bochorno veraniego, se debe a que el orto helíaco de Sirio coincidía en la antigüedad (según dicen) con el inicio del mes de agosto.

Κύνες "perros" y κυνικοί "perrunos" llamaron, con intención torva, a aquellos filósofos que, según era fama, cagaban y follaban en la vía pública, como los propios perros.  Yo sospecho que ningún cínico hizo tal cosa, pero así entendieron los necios la afirmación cínica de que lo natural no debería avergonzarnos (los cínicos venían a ser los jipis del mundo antiguo); no quiero extenderme en esto.

Cynosura "cola de la perra" identifica cierto lugar del Ática, cercano a Maratón.  Los griegos llamaron también Κυνόσουρα a la Osa menor.  En mis apuntes encuentro un género de gramíneas llamado Cynosurus /ky-no-súu-rus/, con su subtribu Cynosurinae (y también hay una mariposa a la que llaman Callicore cynosura).

Sin salir de las poáceas, el nombre del género Cynodon /ký-no-don/ significa "diente de perro", y también es perruno uno de los nombres españoles del C dactylon, "grama canina".  (Quizás habría sido más correcto llamarlo cynodus. pero se creó una voz en -on como en los Iguanodon, Mastodon y Toxodon, derivados todos ellos de ὀδούς ὀδόντος "diente"; κυνόδους, literalmente "diente de perro", en griego significa "colmillo", como nuestra voz canino, no menos perruna).

Borraginácea o boraginácea, en cambio, es el Cynoglossum, cuyo nombre, "lengua de perro", lo hace pariente de los glotólogos y los poliglotas (que en castellano solemos llamar 'políglotas', esdrujulando la voz pese a la O bien gorda que ostenta el griego γλῶσσα "lengua").

Por último, un par de géneros con advocación canina, de los que ya he escrito algo aquí: Cynanchum y Cynomorium.  El veneno está entre las formas crueles inventadas para matar perros (sólo pensar en las zarazas me horroriza), y el Cynanchum acutum pareció adecuado para el canicidio, pues ἄγχω /án-joo/, el verbo que compone κύναγχον, significa "oprimir", "sofocar" (de su misma raíz tenemos en latín angor "inflamación de anginas", y a nadie le extrañará que esa raíz sea la de anginas y angustias).  En su libro IV Dioscórides dice (sigo la traducción de Laguna) que "amasadas con enjundia [grasa] las hojas de aquesta planta, y dadas a comer a los perros, a las panteras, a los lobos, y a los raposos, los matan, y súbito los derriengan".

Ya Dioscórides llama al matacán κύναγχον /ký-nan-jon/ o ἀπόκυνον /a-pó-ky-non/, ambas voces perrunas.  En su traducción, el doctor Laguna llama a esta planta Apocyno (no sabemos dónde pondría el segoviano el acento, pero lo correcto sería leer esdrújula: apócino, pues la Y de κυνός es breve), siguiendo el griego ἀπόκυνον, que podríamos traducir "alejaperros": de esta voz deriva también el nombre de familia Apocynaceae o apocináceas.  Por supuesto, en romance el C acutum se llama mataperros, matacán, ahogaperros, matacà, matagós &c.

En los nombres específicos encuentro una Aethusa cynapium (con forma castellana también perruna: "apio de perro", que supongo traduce cynapium, aunque ἄπιον en griego es más bien "pera" que "apio").  También hay una Asperula cynanchica (cuyo nombre deriva de cynanchum, no me preguntéis por qué), y encuentro una Thelygonum cynocrambe, una rubiácea que florece por estas fechas invernales y crece (al menos) en el sur de Italia, y cuyo nombre genérico proviene de θηλύς y γίγνομαι (¿"engendrahembras"?), mientras que el específico combina al perro con κράμβη /crám-bee/ "col" (¿"col de perro"?).  (Κυνοκράμβη está entre los nombres del matacán en el manual médico de Dioscórides.)

Aún me queda algo de cuerda (perruna); dejémoslo para otro rato.

Sirrio

El amigo M.B. acaba de construir un verdadero palacete para sus gallinas, y hace poco nos informaba por carta de haber recibido un magnífico sirrio desmenuzado, al que define como "barritas energéticas" para su huerto.  Jamás había oído esa palabra: sirrio.  Iba a preguntar a Manuel, pero ¿dónde quedaba mi prestigio de filólogo, ya escaso después de estas páginas?  Así que he tratado de hallar su significado por mis propios medios, y he dado así con una encantadora familia de palabras.

No me ha extrañado que sirrio faltara del diccionario académico (utilísimo siempre para saber lo que dice el diccionario académico), pero es que tampoco lo registra María Moliner, que con tanto primor recogiera el léxico usual de su tiempo y región.  Ahora bien, uno y otro sí traen, en cambio, sirria y sirle. y por este cabo he podido sacar un ovillo que donde mejor he visto desenredado es en el Diccionario Etimológico de Corominas y Pascual.

En este diccionario se puede leer, bajo la entrada sirle, sirria y chirle, la definición siguiente: "'excremento del ganado lanar y cabrío', en catalán xerri (serri, sirro), voz prerromana representada actualmente por el vasco zirri y su diminutivo txirri.  Primera documentación: sirria, 1621".

¡Admirable!  "Representada actualmente por el vasco zirri".  ¡Qué gracioso!  ¿Y no por el castellano chirle?  ¿No por el catalán xerri?  La frase entrecomillada es una prueba de que hasta el más sabio (y yo tengo por tal, quede bien claro, al simpático y ya difunto Joan Corominas) puede decir una solemne tontería.  Y la frase entrecomillada al comienzo de este párrafo lo es, tanto como la afirmación que corre como moneda corriente, y no suele ponerse en duda, de que el vasco es la más antigua de las lenguas peninsulares.

No, el vasco es tan antiguo como el castellano, el bable y el chino mandarin: todas los idiomas actuales tienen exactamente la misma edad.  Cada una de las lenguas (que están en constante mutación) es hija de su madre, y ésta de su abuela, y así hasta el primer balbuceo del primate.  Que no tengamos documentación de la madre y la abuela del vascuence no la convierte en más antigua que el valenciano y el portugués, ni es más joven el castellano o el catalán por el hecho de que conservemos una copiosa literatura latina.

Si usted, amable lectriz o lector, no me está comprendiendo, no se esfuerce; quizá no merece la pena.  Yo he tratado de explicarlo a gente con cierta formación, y en vano.  Uno de nuestros problemas es que cada vez hay menos filólogos que sepan algo de historia, y menos historiadores que tengan nociones de filología.  Pero, en resumen, afirmo que sirrio, xerri o chirle son representantes tan vivos y legítimos de una presunta voz prerromana (presunta nada más) como pueda ser el el vascuence zirri.  (Ya lo he dicho más de una vez, creo, "prerromano" no es ningún idioma: es sólo una braquilogía de "no tengo ni idea del origen y juraría que no es latino ni griego ni fenicio ni...".)

Pero volvamos al sirrio.  Las definiciones leídas, junto con la fotografía que acompañaba la carta de M.B., disipan cualquier duda sobre el significado excrementicio de sirrio: caca de ovejas.  Por cierto que la palabra se documenta por primera vez en el texto de un aragonés, Jaime Gil, en estas frases:  "También es mala la sirria del ganado para asiento de colmenas" y "es malo estar las nasas en sirriales de ganados".  (Corominas toma su cita de otro aragonés, el sabio zaragozano-tudelano Julio Cejador, un temible erudito poliglota convencido de que la vasca era la lengua madre de todas las demás.)

Recoge Corominas multitud de variantes, sirria y sirrio en Aragón, en la Litera serri, xèrria en Valencia y en el Maestrazgo eixerri, cirria en Santander...  Y, claro está, las formas extendidas sirle y chirle.

De todas las voces mencionadas, chirle es la única que para mí era familiar, y sólo en la forma aguachirle, a la que yo atribuía el significado (el corriente en casa) de "bebedizo aguado, insípido y flojo".  Hemos oído variantes de esta significación (por ejemplo, en Zaragoza a menudo suena aguachirri), aunque de lo leído recuerdo sobre todo el soneto con que Góngora zahiere a Lope de Vega y a sus seguidores, tachando su falta de nervio, su platitud.  Dice su primer cuarteto:

                                  Patos de la aguachirle castellana
                                  que de su rudo origen fácil riega
                                  y tal vez dulce inunda nuestra vega,
                                  con razón vega, por lo siempre llana...

Pero el aguachirle no es ahí, como yo pensaba, una bebida insípida.  El canónigo cordobés, según Corominas, "piensa en algo más inmundo que un vino sin gusto, en el cual no podrían nadar patos".  Ciertamente, a la luz de sirrio y de esta observación, y conocida la querencia escatológica del Góngora satírico, se ilumina, valga la antífrasis, el "rudo origen" al que alude el soneto.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el latín y la botánica?  Mucho, mucho.  Por de pronto, ¿cómo han de crecer bien las plantas, sin buena dosis de sirrio?  Y en segundo lugar, ¿no está todo esto escrito en latín?  Claro que sí: el castellano no es más que latín algo movido por el tiempo.  No nos dejemos engañar por las palabras, que no son más que eso, aire agitado, si bien inducen a forjar cosas, aun las inexistentes.  Ahí tienen a Camuñas, la Croquemitaine, el Entroido, la ómicron, la furona...  Uy, qué miedo.

martes, 30 de noviembre de 2021

Avetimología

En el escaparate de la librería Gaudí (una de mis favoritas en Madrid) me llama la atención un libro de pájaros: con el formato y aspecto de las guías de campo de Omega, adornan su cubierta varias aves (un camachuelo, un martín pescador, un albatros) y lleva por título el de esta página, con el siguiente subtítulo:  "El origen de los nombres de las aves de Europa".

Es un libro bien editado, con buena fotografía y textos claros y amenos, una edición curiosa, que parece llegada del futuro (puesto que el pie de edición lleva la fecha 2022, o al menos los derechos de texto y fotografías).

Andaba yo en busca de otras cosas (algunas de las cuales encontraría) y no tenía intención de hacerme con una nueva guía de pájaros (estas guías de Omega son caras, si no las vas a llevar de paseo, porque están muy bien encuadernadas, para durar en los recorridos por esas trochas hispanas), así que me conformé con ojear unas cuantas etimologías de aves, al azar de las páginas.

El azar, pues, me lleva para empezar a las alondras, donde aprendo que eran aves reverenciadas por los galos y cuyo nombre galo es alauda; de modo que el latín alauda es, por lo visto, un préstamo del céltico (y el prestatario fue Plinio el Viejo, según nuestro autor).  Da el origen del alemán Lerche, de la voz calandria (del griego κάλανδρος "calandria"); y en el párrafo dedicado a la alondra ricotí explica que Chersophilus alude a su afición al terreno seco o estepario (del griego chersos "seco", y philos: "amiga de lo seco").  Ciertamente χέρσος o χέρρος significó "seco", y como sustantivo "la tierra firme"; de ahí que χερσόνησος o χερρόνησος signifique "península" (es nuestra voz Quersoneso: de νησός "isla", χερσόνησος viene a ser "isla seca" o "isla a la que se llega por lo seco", o, más probablemente, "isla-continente", esto es, "isla unida al continente").

En otra página leo que el nombre del arao es onomatopéyico (porque grita ar-arr!), y que su nombre científico (Uria aalge) proviene del griego en cuanto al género, pues Uria transcribe el griego οὐρία "buceador".  No recuerdo esa palabra, οὐρία, pero sí que "buceador" se dice en latín urinator, similar a aquella voz griega.  En cuanto al específico, aalge, afirma que es la palabra danesa aalge "arao", proveniente a su vez del antiguo nórdico alka, origen del lineano Alca y, de ahí, del castellano alca.

Para terminar, busco el origen del decaocto, específico de la tórtola turca.  Varias veces he tratado de averiguar el misterioso origen de ese raro decaocto (δεκαοκτώ es el griego "dieciocho", que en latín se puede decir octodecim, octo et decem o, quizá más frecuentemente, duodeviginti).  Según algunas páginas de internet, parece derivar de ciertas leyendas supuestamente clásicas, aunque trascienden a modernas.  Veo ahora que esta Avetimología aporta un par de cuentos más de la misma ralea, nada definitivo, pues, para mi gusto.

No deja de sorprenderme el hecho, que consigno aquí por lo que valga, de que en mis ojeadas a la guía no he encontrado ninguna afirmación audaz, ninguna hipótesis extravagante, en resumidas cuentas, ninguna tontería notoria.  Esto, en un libro de etimología, es más raro de lo que parece.

Iba ya a desechar la compra, cuando veo que al final de su justificación liminar afirma el autor, José Manuel Zamorano, que su obra parte de la conjunción de un par de aficiones, y que su persona no tiene "ninguna formación en ornitología, en biología, en lingüística ni en etimología".  Esta confesión me enterneció: otro aficionado.  Por lo visto (según la guarda posterior) estudió química y trabaja en publicidad.  Ya había sospechado yo que el autor no era filólogo (ese título tan raro, mezcla de castellano y griego, lo delata).

En fin, que me compré el libro.  Sobre todo porque sabía que, si no lo hacía, habría de arrepentirme.  Y porque, ahora que los legisladores parecen decididos a destruir definitivamente el sistema educativo (¡y con una ministra aragonesa, qué vergüenza!), me consuela pensar que los editores, Omega en este caso, tienen la esperanza de que siga habiendo lectores interesados por la historia de las palabras.

domingo, 31 de octubre de 2021

De tallos y rabitos

Me piden que escriba algo sobre los términos tallo y cormo, y me pongo a ello, si no con acierto y competencia, al menos con obediencia perruna.  (También es cierto que me falta inspiración para rematar las varias entradas iniciadas.)

Tallo es una palabra tan común que apenas piensa uno en ella; ahora que lo hago descubro que es un helenismo de esos que habitualmente no consideramos.  En efecto, se acuerda uno del griego con palabras como democracia, parábola o hipercloridia, voces bicompuestas donde al menos uno de los elementos es bien conocido; en cambio, solemos olvidar que también son griego hecho y derecho aire, cara, cristal, disco, eco, giro, hora, pasta, roncar, tío, zumo, voces que entresaco al azar de entre muchas otras que entresacar cabría.

Pues bien, de ésas que no parecen griego pero lo son, tallo es una.  Verdad que como helenismo es una birria, fruto de una lectura errónea: la LL, como saben mis pacientes lectrices y lectores, es en griego, como en latín, una auténtica ele geminada, y no nuestra elle mesetaria, razón por la que decimos mesofilo y no *mesofillo, cola de pegar y no *colla, Apolo y no *Apollo.  Por el contrario, es mejor helenismo la voz talo, que hace, junto con aquélla, el papel de digno doblete.

Talo y tallo continúan el latino thallus, préstamo a su vez del griego θαλλός /zal-lós/, que designaba en origen a un ramo verde, a una ramilla, con sus hojas y todo, a un renuevo de la planta.  Θαλλός tiene la raíz del verbo θάλλω, que significa "florecer" y también "estar en pleno vigor".  Esa raíz la conservan, además de otras formas griegas (θαλερὸς παρακοίτης, "floreciente esposo" en la traducción de Segalá, llama Andrómaca a Héctor en el sexto canto de la Ilíada), también el nombre del talio (justificado al parecer por la línea verde que muestra ese elemento en su espectro luminoso) y quizá el de la diosa Talía, una de las nueve musas, cuyo nombre viene a significar "Frondosa" (θαλλία llama Teofrasto a la fronde, a la verdura; si bien la musa se dice en griego Θαλία).

Todo lo que digamos del griego θαλλός nada tiene que ver, claro es, con el valor, arbitrario como es de cajón, que ahora damos a la palabra tallo (al que mentalmente quitamos las hojas y demás), ni menos al término botánico talo, que no me atrevo a definir aquí: mejor vayan al benemérito diccionario de Font Quer, que ahí explica nuestro sabio, para quien sea capaz de entenderlo, qué es talo y qué son talófitos.

Por cierto que, como el propio don Pío señala, "en castellano se da la peregrina circunstancia de que por vía erudita el término latino tallus nos ha dado una voz que si morfológicamente se parece a 'tallo', por su significado es opuesta a él".  Circunstancia peregrina, quizá, pero no infrecuente.  Por lo demás, no se puede decir que tallo venga por vía popular (como afirma sub voce), sino más bien por senda semiculta, como ya hemos indicado: la naturalizó en nuestro idioma alguien que leía; mal, pero leía.  Talo, en cambio, si podría haber venido por vía vulgar; lo que no afirmo.  Pero conviene distinguir entre el registro de uso de una voz y la historia de esa voz.


Hablando de talófitos, uno no puede dejar de pensar en cormófitos, y por ende en el étimo griego, κορμός /kor-mós/, sustantivo que designa al tronco pelado, sin ramas ni hojas, y en particular al tarugo, al leño que se echa al hogar.  Este significado es el esperable, dado que en κορμός está en su grado normal el radical de κείρω "cortar", "esquilar", también "arrasar".  En este sentido, κορμός se aproxima mucho al significado del latín truncus (étimo de nuestra voz "tronco"), cuyo valor propio parece ser "talado" y "mutilado", y designa también al tarugo, no sólo en el sentido derecho, sino también en el figurado, sinónimo, en éste, de quercus:  Lutetiae beta sapit et quercus contionatur, decia Erasmo, burlándose de los pedantillos de la Sorbona;  "En París la acelga sabe (el bobo sabe), y el necio sube al púlpito (el alcornoque perora)".


No me atrevo a meterme con otros términos técnicos para la idea de "tallo" o "rabito".  De la voz pedúnculo y otras derivadas de pes "pie" creo que ya escribí algo.  Pedúnculo llama cierto libro al tallito que sostiene la inflorescencia del llantén (acabo de abrirlo para asegurarme), pero otro (que ocupa un lugar próximo en la estantería) prohíbe llamar a eso pedúnculo y exige se lo llame escapo.  En cambio escapo, según otros, ha de reservarse para vástagos que salgan de los bulbos.  Qué se yo.  Recuerdo que también alguien prohibía llamar tronco al de los plataneros, porque son plantas herbáceas; busco entre mis papeles, pero todos lo llaman tronco.

Me limitaré a mencionar que en latín scapus es un término técnico que designa, a partir de Varrón, cualquier vástago, fuste, montante, &c.  Su origen es desconocido.  Una glosa lo relaciona con el griego σκᾶπος, pero ¿sabe usted qué es σκᾶπος?  Ni mis diccionarios ni yo tenemos ni idea.


En latín "tallo" se indica con la voz caulis, que también designó a la col (ya en Catón el Viejo encontramos colis como variante de caulis, y esta palabra ha llegado a apellidar un presidente de gobierno en Alemania, el señor Kohl).  Meillet, y en general los comparatistas, creen que "tallo" es el valor original de caulis, y que sólo secundariamente significó "col", algo que sucedió de modo semejante a la correspondiente καυλός /kau-lós/.  Para entender el paso de "tallo" a "col" no hay más que traer a la imaginación esas berzas gallegas que se van deshojando hasta dejar el tallo pelado, con un tufo en la sumidad.

Es opinión extendida que caulis es helenismo tomado de καυλός, pero hay quien lo niega.  Yo confieso que no encuentro razón para afirmarlo, y más bien opino que sólo son palabras emparentadas (esto nadie lo duda).  Καυλός en griego designa el tallo, sobre todo el de las herbáceas (por oposición a στέλεχος /sté-le-jos/ "tronco de árbol"), y también nombra el fuste de algunos objetos, el raquis de las plumas, y el pene.

Como al pedúnculo de una hoja lo solemos llamar rabito, me pregunto si la palabra "rabo" latina, esto es, cauda o coda, puede designar aquél; encuentro que no.  Hallo, sin embargo, una curiosa simetría en el hecho de que nuestra palabra rabo, si no se engañan Corominas y unos cuantos sabios más, provenga del latín rapum, que (junto con napus) designa al rábano.  Ya lo ven, podemos coger el napum por el rapum.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Belesa y gordolobo


La averiguación sobre el lampazo me ha llevado a buscar el origen de la palabra verbascum y su correspondiente castellana gordolobo y, aunque aquí es mi intención limitarme a los términos lineanos, voy a recoger lo acarreado sobre una y otra voz.

El engañoso vocablo castellano parece significar "lobo gordo" o algo así, pero como esto es notoriamente absurdo, se han buscado otras explicaciones.  Se ha supuesto, por ejemplo, un étimo guardalobos (esta forma está entre las muchas variantes del nombre; véase el Dioscórides de Font Quer) y aducido que la planta se usó para alejar con hogueras al enemigo de las ovejas; pero ni ese étimo explica la mayoría de las variantes, ni parece verosímil, sino más bien una construcción ad hoc, esa exótica tradición de quemar gordolobos.

Visto el panorama, a mí me parece indudable que gordolobo proviene de la expresión latina (documentada) cauda lupi "cola de lobo", o de su versión vulgar coda lupo, de donde saldría un ºgodalobo corregido por etimología popular en gordolobo.  Lo corrobora que la planta figure en glosas latinas con el nombre de lupicuda (por lupi cauda), y en viejo francés se la llame coue de loup, así como en occitano couo de lou, y en árabe danab as-sáb "cola de alimaña".

Leo en cierto lugar que la forma del gordolobo recuerda, en efecto, a la cola de uno de esos canidas.  No estoy familiarizado con los apéndices lobunos, pero sospecho que la alusión al lobo hay que tomarla, como otros apodos de vegetales ("de burro", "de zorro" &c), por indicación del carácter bravío de la planta, y quizá de su eficacia para pescar peces, como enseguida diré.

En cuanto a la palabra latina, verbascum (que ya usa Plinio en su Naturalis historia), su origen es de lo más oscuro, como ocurre a menudo con los nombres botánicos.  El docto Meillet rechaza algunas etimologías conjeturales y absurdas (verpa "falo", verbum "palabra") y propone una hipótesis que ni siquiera merece la pena consignar aquí, pues, aunque verosímil, nada añade a nuestro conocimiento o (en este caso) desconocimiento.

De la palabra verbasco proviene embarbascar, que yo oí por vez primera mucho antes que aquella, de boca del mismo tío Vicente, el de los garrapitos, un día en que lo acompañé a regar y me contaba luego, comiendo junto al Eria, cómo de niños machacaban la raíz del gordolobo y la echaban a una poza del río: así embarbascaban el agua y los peces, "borrachos", salían a flote, presa fácil de los rapaces.  Más tarde supe que los diccionarios registraban la palabra, y un día vi por la tele un reportaje sobre similar técnica de pesca en cierta tribu amazónica.

Corominas escribe embarvascar y lo asocia con la forma catalana barbasclar "emborrachar peces", y con el adjetivo o participio embarbesclat al que Raimundo Lulio en su Amic e amat da el significado de "lleno de confusión".  No por casualidad hallamos en el añejo portugués embarbascado "atontado", forma documentada en Gil Vicente y alterada hoy en embasbacado; de ésta deriva sin duda el moderno basbaque "pasmado" (Figueiredo define: "individuo que se pasma de tudo; pateta, parvo").

Claro es que todas las formas mencionadas provienen de barbasco, forma popular de la voz verbasco (ya está documentado barbascum en glosarios latinos), restituida por influencia de la voz clásica.  La evolución semántica de embarvascar, señala Corominas, es paralela a la de embelesar (dependiente de belesa).

Ha querido la casualidad que en una reciente excursión por el sur haya dado por primera vez con la planta de la imagen (esa es la foto que me salió mejor, juzgue la lectora cuáles serán las otras).  No llevaba conmigo literatura botánica, pero creo que se trata de Plumbago europaea, a la que Font Quer llama "belesa".  (Sé que debe de estar por Moncayo, pero no la he visto nunca; mira que tener que ir al Torcal a encontrar la belesa...)

De la palabra belesa poco hay que decir, pues está solitaria en castellano y sólo parece emparentada con el occitano belsa (una planta tóxica no bien identificada) y el alemán Bilsenkraut (ya Fuchs llama así al beleño negro): eso deja abierta la puerta a toda especulación: ¿palabra celta?; ¿palabra gótica?, &c.  (Por lo demás, parece existir una cierta confusión entre el beleño y la belesa, más allá de la paronomasia; pero quede esto para otra ocasión.)

En cuanto a plumbago, no cabe duda de que es voz relacionada con plumbum "plomo", pues designa, además de nuestra planta, la galena y al mineral de plomo.  He tratado de averiguar qué relaciona a la belesa con el plomo, pero en vano.  Sólo he encontrado la afirmación (no confirmada por lo demás, aunque repetida en algunas páginas de la red, y atribuida a un tal A. Huxley) de que el nombre se justificaría por el color plomizo en las flores de algunas especies, o por la virtud de éstas contra el saturnismo.  Dos explicaciones son demasiada explicación, así que sospecho que es mera hipótesis.

La relación, en cualquier caso, entre belesa y plomo se efectuó ya en época helénica, pues plumbago parece traducción de μολύβδαινα /mo-lýb-dai-na/, con los mismos significados (μόλυβδος /mó-lyb-dos/ es el nombre del plomo en griego; ahora bien, μολύβδαινα, que en Homero designa también el plomo, en su acepción botánica está documentada sólo en latín, que yo sepa, en la obra de Plinio el viejo).  La palabra latina molybdaena nombra asimismo a la galena y a la belesa.

Pero lo que me ha decidido a incluir aquí a mi Plumbago europaea ha sido la voz embelesar, que, derivada de belesa, avisa del uso de la planta, similar al del gordolobo, como veneno contra los pescaditos: entre los nombres vernáculos de la belesa Font Quer registra el de matapeces.  Así que, ya lo sabe usted, cuando se emboba admirando los hoyuelos de su musa, ocurre con usted, metafóricamente, lo que con los peces que borrachos de verbasco o de belesa salen indefensos, panza arriba, a ser presa de la infantil canalla.  Se queda usted basbaque.

Si es que las mujeres son peligrosísimas.  Auténtico veneno.

domingo, 15 de agosto de 2021

Arctium

Paseando por las proximidades de Gormaz damos con una enorme planta vellosa, casi blanca con la abundante borra de sus hojas, grandes como paellas.  El amigo A. me pregunta cuál es, y ésta, por fortuna, la conozco: garrapitos la llaman en el pueblo de mis abuelos por la habilidad con que sus frutos se agarran a las lanas del ganado o al humano vestido.  Debo esta información a mi difunto tío Vicente.  El nombre botánico de la planta es ahora, si no me lo han cambiado, Arctium minus.

Como el pulgar de la princesa del cuento, sin duda la profesión causa deformidades.  Escribir estas páginas no es que sea una profesión, pero tanto girar mes a mes sobre el asunto, me vuelvo maniático de las etimologías botánicas.  Al decir el nombre lineano del lampazo caigo en la cuenta de que arctium no es más que la latinización del griego ἄρκτιον /árc-ti-on/ "osito", diminutivo de ἄρκτος /árc-tos/ "oso".  Si es así, habrá que añadir esta forma a los diminutivos griegos.

Ya en casa, consulto los calepinos y compruebo que arctium puede responder tanto al sustantivo ἄρκτιον como al adjetivo ἄρκτιος ἄρκτιον "ursino" o "de oso": cualquiera de los dos valdría para explicar el nombre genérico Arctium.  Ahora bien, el sustantivo ἄρκτιον ya tiene en griego significado botánico y así lo incluye Dioscórides en su obra (iv 104).  Esto se lee en la traducción de Laguna (iv 107):  "El Arctio, llamado Arcturo de algunos, también es semejante al Verbasco [φλόμος] en las hojas, aunque las hace más vellosas y más redondas; su raíz es tierna, dulce y blanca: el tallo luengo y blando; y la simiente, como el pequeño comino".

¿Qué planta era el ἄρκτιον dioscorideo?  Los diccionarios dicen que el Arctium lappa, al que Font Quer llama "lampazo mayor" (y los franceses traducen por bardane).  Los editores del Dioscórides de Salamanca que ahora manejo (Universidad de Salamanca, 2006) han debido de sufrir una grave confusión, pues dicen que el ἄρκτιον es la Celsia orientalis (sinónimo de Verbascum orientale según la wikipedia), cuyas hojas, por las imágenes que veo en la red, difieren radicalmente de la descripción de Dioscórides.

Por lo demás, sospecho que más de una vez se han confundido Verbascum (gordolobo, molène o bouillon blanc) y Arctium (arcio o lampazo, francés bardane).  La ilustración correspondiente al ἄρκτιον en el Dioscórides de Viena (el hermoso ejemplar iluminado para la princesa Anicia) parece más bien de un gordolobo (y los modernos editores opinan que se trata del verbasco de marjal o Verbascum limnense).  En cambio, en la muy reconocible imagen del Neu Kreüterbuch de Fuchs se ve claramente un Arctium: Fuchs lo llama Gross Kletten: "su nombre latino es personatia y los boticarios lo llaman Lappam maiorem y Bardanam".

Inversamente, el hoy llamado en botánica Arctium recibe en Teofrasto el nombre, según Amigues, de ἀπαρίνη /a-pa-rí-nee/ (que ahora sirve de específico de un Galium).

El género Arctium recibía antes de Lineo el nombre de Lappa (el que, según Fuchs, le daban los farmacopolas) y está en la lista que Bubani compuso de los nombres genéricos arbitrariamente cambiados por el sueco.  Pero no sin razón, en este caso, Lineo restituyó al lampazo su nombre griego: "osito".

Como es sabido, los antiguos colocaron al ἄρκτος, al oso, o más bien a las osas, en la región del cielo a la que apunta el eje terrestre.  Nuestras Osas ya eran ἄρκτοι para los griegos, y esa es la razón de que llamemos árticas a las regiones próximas al polo norte (y anti-árticas o antárticas a las del polo sur).  La palabra griega para "oso" da nombre también a una estrella próxima a las Osas: ᾿Αρκτοῦρος /Arc-túu-ros/ o Arturo, hoy la más brillante de la constelación Bootes, pero que para los helenos era lo que dice su nombre, "la cola de la Osa" (οὖρος, "cola", como en urodelos y uróboros).

He aquí que nuestro lampazo conecta, por su nombre, con las estrellas circumpolares.

lunes, 26 de julio de 2021

Epipactis y eriophorum



Un par de paseos deliciosos por caminos de Huesca añaden dos plantas al escaso catálogo de las que uno conoce pero, por ello mismo, se encariña.  Ya que he dedicado un ratillo a averiguar sus nombres, pondré aquí mismo lo averiguado.

A orillas del río Guatizalema encontré hace un par de días la flor de la foto, con su bello aspecto de orquídea, y ayudado por amigos más conocedores la he identificado como Epipactis palustris.

La Epipactis palustris tiene como basiónimo Serapias helleborine (cuya variedad palustre definiera Lineo en 1753), y es llamada también Helleborine palustris (L) Schrank., y con otros nombres.  La voz ἐπιπακτίς (y su extraña variante ἐπικακτίς, la lectura de Plinio) derivaría según Chantraine del adjetivo (no documentado) ἐπιπάκτος "reforzado", "cerrado", y aludiría a las virtudes cicatrizantes de esa hierba (el nombre sería, pues, postverbal de ἐπιπήγνυμι o ἐπιπακτόω que valen "candar" o "remachar").

Ahora bien, parece fuera de toda duda que, mientras los actuales nombres botánicos (Epipactis, Helleborine) designan parientes de orquídeas como la de la foto, la epipáctide o heleborine de los griegos antiguos era más bien una cariofilácea, esto es, una prima de los claveles.  ᾿Επιπακτίς, en efecto, voz que hallamos en Teofrasto y Dioscórides, sinónima en estos autores de ἐλλεβορίνη /el-le-bo-rí-nee/, parece identificarse con la Herniaria de Lineo (la Herniaria glabra L, especifican los traductores de Dioscórides, y también los autores del artículo en Flora ibérica).

Cantan las virtudes de esta planta (admitamos que se trata de la Herniaria) Teofrasto y Dioscórides, y las repite Plinio en su Naturalis historia 27 76:  Epicactis ab aliis elleborine vocatur, parva herba, exiguis foliis, iocineris vitiis utilissima et contra venena pota "A la epicáctide la llaman otros eleborine: es yerba pequeña, de hojas diminutas, muy útil bebida para las dolencias hepáticas y contra los venenos".  Parva herba la llama aquí, aunque en el libro 13 (114) la había llamado "arbusto":  In Asia et Graecia nascuntur frutices epicactis, quem alii embolinen vocant "En Asia y Grecia crecen arbustos de epicáctide, que otros llaman emboline" (ese embolinen tiene todo el aspecto de ser un error de lectura por elleborinen).

El estatuto intermedio entre arbusto y yerba va bien con la herniaria, bianual, que lignifica pero poco.  Font Quer la da por buen diurético.

Cosa más ardua es averiguar el origen de hernia, de donde parece evidente que proviene herniaria: es palabra relativamente tardía (Celso, Marcial) y de origen desconocido ("hernia" en latín clásico se dice rames).


Algunos días antes habíamos visto Julia y yo en el valle de Aísa, en una zona plana y muy encharcada, una densa cubierta de lo que parecían juncos de blanquísima cabellera, tallos de medio metro en cuya sumidad brillaban algo así como flabelos semejantes a lana o nieve según reflejaran más o menos los rayos del sol.  Cuando vi que se trataba de Eriophorum (más precisamente Eriophorum latifolium), no dudé de lo acertado del nombre, ya que el adjetivo ἐριοφόρος /e-ri-o-fó-ros/ significa literalmente "que lleva lana" (de ἔριον /é-ri-on/ "lana", y el verbo φέρω o φορέω "llevar").

Al ser breve la O de la penúltima sílaba, en latín (a diferencia del griego) la palabra será esdrújula: erióphorum, pues, y no eriophórum (y, si se me permite, también en castellano erióforo y no erioforo).

Parece ser que en griego tardío ἐριοφόρος fue también sustantivo con el significado de cottonnier (algodonero) y dado por sinónimo de γναφάλιον.

La voz griega ἔριον (que tiene las variantes εἶρος, ἔρι y alguna más) es de origen algo obscuro, y no se le encuentran ancestros evidentes.  Por lo demás, creo que ya conté (a propósito de la Valerianella eriocarpa) cómo de la tierra y la lana, más la semilla de origen divino, nació Erictonio, adoptado por Atenea.  La voz Eriophorum es de la familia (lingüística) de ese muchacho, de Erictonio.