domingo, 6 de enero de 2019

Nomenclatura prelineana

"Lo mejor es enemigo de lo bueno"; es máxima que no se le caía de la boca al amigo Eloy.  Yo sospechaba entonces que ése era el modo de justificar su afición a las chapuzas.  Hoy me parece casi un resumen de la historia, incluida la natural, y aplicable al menos a las lenguas, y a la jerga científica en particular: hay que nombrar los hechos, aunque no los entendamos del todo, incluso aunque no entendamos nada.  El iris (el arco iris) recibió el nombre de la diosa Iris, mensajera de los dioses, antes de que Newton hiciera sus experimentos con los prismas; ahora, por fortuna, lo seguimos llamando iris y no, pongamos, refractorbe o cosa parecida.

Como a todo, a las plantas las bautizamos, pongamos alhelí, para entendernos: justifica el nombre tal forma de la flor, tal aroma; lo que sea.  Luego viene distinguir entre alhelíes, y ahí son útiles los adjetivos: alhelí blanco, alhelí africano, alhelí falso.  Eso, que es cierto para la lengua común, no lo es menos para el lenguaje científico: aunque establece ciertos nombres (Erysimum, Matthiola, etc.) con vocación de permanencia, la reorganización de géneros y familias no se detiene: este Erysimum se traslada al género Matthiola, aquella hierba emigra de la familia de las Dioscoreáceas, ésta ingresa en las Potamogetonáceas... Qué se yo.

El problema (insoluble) es el siguiente: el nombre nombra, pero también describe y ordena.  Un nombre definitivo presupone un conocimiento definitivo, es decir, el reposo (que no es de este mundo) y la omnisciencia, sólo al alcance de los dioses.  La ciencia busca la omnisciencia, pero siempre se queda corta, por lo menos cinco letras corta.

Encuentro todo esto maravillosamente ilustrado en la historia de la terminología botánica que, por lo poco que conozco, se parece a la historia de cualquier terminología (con excepción, quizá, de la matemática, que, como todo el mundo sabe, es el lenguaje de la divinidad).  El año pasado, leyendo las cartas botánicas de Rousseau, di con el siguiente párrafo:  "Mientras esta ciencia natural no caiga en el olvido, los nombres de Jean y Gaspard Bauhin vivirán en la memoria de los hombres... [que] emprendieron una historia universal de las plantas..."  Me hizo gracia, porque ni siquiera de nombre recordaba a los Bauhin.  Pero lo interesante viene a continuación:  "La nomenclatura de Bauhin estaba formada únicamente por los títulos de sus capítulos, y estos títulos comprendían ordinariamente varias palabras.  De ahí procede la costumbre de emplear para los nombres de las plantas frases oscuras bastante largas."

¡Frases oscuras bastante largas!  Eso sí que es impresionante: se comprende el éxito que había de conseguir Lineo, un siglo después, al cortar el nudo gordiano y reducir a dos palabritas como máximo (lo que no se ha cumplido a rajatabla) el nombre de cada ser vivo.

Pues, por lo visto, las frases de Bauhin pronto se mostraron insuficientes, y se les fue añadiendo precisiones por medio de oraciones de relativo, según describía el mismo Rousseau:  "Se introdujo el uso bárbaro de unir los nombres nuevos a los antiguos mediante un qui quae quod contradictorio, de suerte que una misma planta pertenecía a dos géneros totalmente distintos: Dens leonis qui Pilosella folio minus villoso, o Doria quae Jacobaea orientalis limonii folio o Titanokeratophyton quod Lithophyton marinum albicans".  Traduzco las frases citadas por Rousseau, añadiendo en cursiva el sentido que yo le veo:  "una especie de diente de león que viene a ser una pelosilla de hoja menos peluda";  "doria que parece una jacobea oriental con hoja de limonio"; "titanoceratófito que semeja un litófito marino que blanquea".  Nombres poco prácticos, desde luego.

Rousseau se encarga de poner el ejemplo extremo:  "La nomenclatura se sobrecargó.  Los nombres de las plantas se convirtieron no solamente en frases, sino en períodos.  Citaré uno solo de Plukenet que probará que no exagero: Gramen myloicophorum carolinianum seu gramen altissimum, panicula maxima speciosa, e spicis majoribus compressiusculis utrinque pinnatis blattam molendariam quodam modo referentibus composita, foliis convolutus mucronatis pungentibus".  O sea, que esta planta se llamaba "grama miloicófora caroliniana o grama altísima, de hermosa y muy gran panícula, compuesta de espigas mayores algo aplastadas, pinnadas por ambos lados, que recuerdan en cierto modo a una muela de molino, el envoltorio con hojas puntiagudas, que pinchan".  Debo de estar traduciendo mal, porque no consigo imaginarme la planta.

En este estado de cosas llegó Lineo con su sistema y comenzó a rebautizar plantas y animales sin conocimiento (como dicen en mi pueblo de lo que se hace aprisa y sin mesura: defecto en que caemos sin remedio los humanos, dado nuestro velocísimo paso por este mundo en exceso grande y lento).  Así que hoy es fácil identificar no pocas barbaridades en la terminología lineana (y no lineana).  Ahora bien, el sistema binomial fue una revolución positiva, que separaba nombre y descripción, y así la valoraba Juan Jacobo, quien, como se ve, todavía las confundía:

"Lineo se ocupó de hacer buenas y breves definiciones que, extraídas de los verdaderos caracteres de las plantas, eliminaban rigurosamente todo lo que fuera extraño.  Hizo falta dotar a la botánica de una nueva lengua que ahorraba todo ese largo circuito de palabras que se observaba en las antiguas descripciones.  Se quejaban de que las palabras de ese lenguaje no estaban todas incluidas en Cicerón, pero esa queja habría tenido sentido razonable si Cicerón hubiera hecho un tratado completo de botánica."

En lo que se refiere al purismo, no puedo estar más de acuerdo con el ginebrino.

Ahora, con lo del ADN, se podría pensar que estamos llegando a una meta, pero sospecho que será una ilusión más, y que seguiremos reclasificando y renombrando las cosas igual que siempre: sin conocimiento.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Sobre la QU

En relación con la pronunciación de Quercus mencioné de pasada, creo, que la U de la QU latina no era exactamente una U.  Ahora quiero precisar esto, a causa de una conversación de botánicos a la que he asistido hace no mucho.

Todos en esa conversación se esforzaban (o eso me pareció) en pronunciar con nitidez la U de la QU, con un resultado agradablemente clásico.  Pero en un momento dado salió a colación el Narcissus requienii, donde ese grupo -quie- resulta algo enfadoso de pronunciar en la forma /re-kui-e-nii/, debido a la triple vocal, y la incomodidad era tanto mayor cuanto se habló un rato del dichoso Narcissus y se oyó una y otra vez ese requienii con distintas voces, incluida la del amigo Guido, que marcaba perfectamente el diptongo -ui- con su fonética francesa.

El caso es que no he podido evitar cierto sentimiento de culpa: ¿la exactitud articulatoria de estos amigos se vería agudizada por la proximidad de un dómine latino?  Sea como fuere, la anécdota me empuja a aclarar esa afirmación, que tan alegremente hacemos los latinistas de ahora:  "En el grupo QU, la U siempre se pronuncia".

Sí, se pronuncia siempre, sólo que no es exactamente una U.  En realidad, lo que los romanos escribían QU es un fonema, un solo fonema.  (Fonema es el sonido capaz de establecer distinciones significativas: un romano, por ejemplo, no confundiría nunca cantus "canto" y quantus "qué grande", al menos un romano normal y en condiciones normales: pues hay sospecha de que las leyes fonéticas cambian con la ingesta copiosa de vino de Falerno.)  Al pronunciar nosotros un que- latino, decimos cué-, pero no deja de ser una modesta corruptela.  La QU latina exigiría, por lo que sabemos, una articulación simultánea gutural y labial, muy parecida a la de la QU alemana de Quelle o bequem: es un solo sonido, y no los dos sonidos que hacemos nosotros al pronunciar, con un poquito de trampa, cué-.

¿Adónde voy a parar?  A que ese diptongo  (o ) que usamos para pronunciar quercus (o equisetum) resulta algo excesivo (y molesto) si mantenemos nuestro hábito articulatorio cuando tras la QU hay otro diptongo, por ejemplo en quietus o requienii.  Basta, en estos casos, pronunciar ki-é-tus o re-ki-é-nii, sin hacer esfuerzos excesivos.  No perdamos de vista que la pronunciación restituida es una aproximación, la mejor que podemos lograr, pero una aproximación al fin y al cabo.

Recuerde el lector o la lectriz (si se lo permiten la edad y la memoria) cómo pronunciaban los curas el requiescat in pace, el RIP, el "descanse en paz" del funeral católico: re-ki-és-cat.  Cierto es que más bien decían re-kiés-cat, haciendo un diptongo enmedio (que no existe en latín); y que de vez en cuando se oía a algún prelado pronunciar muy finamente ré-cui-em en el responso Requiem aeternam; pero esto no dejaba de ser un exceso de finura, una ultracorrección en definitiva.

Vamos, que por la presente autorizo a pronunciar /re-ki-é-nii/ a cuantos lectores quieran arriesgar su reputación siguiendo los consejos de esta página.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Pequeño II


Y en griego, "pequeño" es μικρός μικρά μικρόν, el adjetivo que facilita microbios y microprocesadores.  Como su contrario μακρός, lo encuentro sólo en compuestos y, con diferencia, el que predomina es micranthus (con ἄνθος /án-zos/ "flor", al igual que su contrario macranthus), aunque sólo lo veo en femenino (Centaurea micrantha, Fumaria densiflora o micrantha, Genista micrantha, Linaria micrantha, Nonea micrantha, Potentilla micrantha) y en neutro en el Sedum micranthum (nombre que De Candolle atribuyó al S album).

También está μικρός combinado con καρπός /cαr-pós/ "fruto" en Adonis microcarpa, Asphodelus aestivus o A microcarpus, Camelina microcarpa, Clypeola jonthlaspi ssp microcarpa, Scandix auxtralis ssp microcarpa; y con φύλλον /phýl-lon/ "hoja" en Epipactis microphylla, Festuca nigrescens ssp microphylla, Polygala microphylla, Vaccinium microphyllum.

Otras compuestos con menos rendimiento contienen κεφαλή /ke-fa-leé/ "cabeza" (sólo encuentro el Claviceps microcephala, el célebre cornezuelo de centeno si no me equivoco, y la Armeria bigerrensis ssp microcephala) y con πόρος /pó-ros/ "poro" en el alga Coelastrum microporum.

Casualmente en un texto me sale al paso el género Micropus /mí-cro-puus/ "pie pequeño" que no conozco; busco en la red, y encuentro que es un liquen descrito en 1753 por Lineo (y también el apellido de un par de ratones americanos, Neotoma y Loxodontomys, y de un rat penat caribeño, Chilonatalus).

El radical indoeuropeo pau- parece significar lo pequeño o escaso, y de ahí paucus, paulus, pauxillus &c.  Paulus "chiquito" fue apodo de Saulo, luego apóstol Paulo (Pablo en su forma más común española; el femenino Paula conserva mejor su forma original, aquí preferida a Pabla) y, si quisiéramos, podríamos aquí añadir el Erodium paularense y demás hierbas paularenses; pero creo que el monasterio de El Paular nada tiene que ver con Pablo sino con palus "pantano".  En cambio sí debe de venir de Paulus (el nombre del apóstol calvo y con espada) la Saintpaulia jonantha, más conocida por nosotros con el nombre de "violeta africana", por el apellido del que descubrió la planta, en Tanzania, a fines del XIX.

Puestos a rizar el rizo (que es lo que son estos últimos párrafos), encontré por la zona de mis ancestros un árbol desconocido que, tras ciertas averiguaciones, resultó ser la Paulownia tomentosa, vegetal de oriente bautizado en honor de Ana Pávlowna, hija del zar Pablo I.  ¿Qué hace esta planta en el viejo reino de León?  Parece que se cultiva ahora para aprovechar la madera; eso me dijeron.  En todo caso, un árbol bien hermoso, con hojas que recuerdan a la catalpa, como puede verse en la fotografía; muy señorito él, con familia propia, las paulowniáceas; en Japón lo llaman kiri y parece que, al igual que el crisántemo al emperador, éste simboliza al jefe de gobierno.  Qué cosas.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Pequeño


Puesto que hemos repasado la idea de "grande", la simetría pide examinar lo "pequeño".  En latín "pequeño" es parvus, esto es, parvus parva parvum enunciando los tres géneros en su orden tradicional.  (Sería mucho más lógico, desde varios puntos de vista, decir parva parvus parvum, preponiendo el femenino, pero la modestia masculina nunca lo quiso así.)

Aunque parvo sólo se conserva en castellano como raro cultismo, aún a fines del pasado milenio usábamos en España a diario la palabra párvulos (parvulus es el diminutivo de parvus) para designar a los chiquitines de la escuela (y a su sección la llamábamos parvulario).  Aparece ese diminutivo latino precisamente como nombre específico de un par de géneros (Viola parvula, Arabis parvula), aunque el positivo sólo lo encuentro como sinónimo prelineano del Cucumis melo L: a esta sabrosa planta se la llama Melo rotundus parvus (en francés, melon sucré) en la lámina 357 del tomo VII del llamado Florilège du prince Eugène de Savoie, espléndido manuscrito miniado en París, sobre pergamino, a fines del siglo XVII, y ahora en la Biblioteca Nacional de Austria.

(Hablando de sinónimos, he intentado buscar ese en internet; yo que me había escandalizado de ver más de cien sinónimos de la Erophila verna, no he tenido paciencia de contar los que aparecen en wikipedia de Cucumis melo; un horror.)

Por el contrario, parvus da buen rendimiento en los nombres compuestos, en especial (como magnus) con la palabra flor.  Así tenemos parviflora, contrario de grandiflora:  Agave parviflora, Alyssum parviflora (A simplex), Carex parviflora, Digitalis parviflora, Epilobium parviflorum, Epipactis parviflorum, Fumaria parviflora, Linaria parviflora (sinónimo de L simplex), Malva parviflora, Ranunculus parviflorus, Serapias parviflora, Stipa parviflora, Trichoceros parviflorus (una orquídea andina, cuyo nombre genérico parece significar "pelicuerno"), Ulex parviflorus, Vicia parviflora.

Sólo encuentro un caso en que lo pequeño es la hoja: en oposición a macrophylla tenemos como parvifolia una Specularia que ahora se llama más bien, creo, Legousia hybrida.

Además de parvus hay un epíteto expresivo de lo pequeño: pusillus es propiamente el diminutivo de pusus "niño", "muchacho" y, como todos los diminutivos (expresión por sí de lo pequeño) tiene cierto carácter afectivo.  Entre los binomios lineanos encuentro Androsace pusilla, Campanula pusilla (C cochlearifolia), Galium pusillum, Geranium pusillum, Malva pusilla, Ononis pusilla, Silene pusilla.

Al ser afectivos, los diminutivos tienden al pleonasmo, a la acumulación.  No nos conformamos con decir chico, decimos chiquito, y como nos parece poco, venga otro diminutivo, decimos chiquitín; y si el rorro nos hace mucha mucha gracia, decimos chiquirritín.  Algo parecido pasa con pusus, pusillus, perpusillus.  El último lo encontramos en el Ornithopus perpusillus, como quien dice "pie de pájaro chiquitín" (Ornithopus /or-níi-to-puus/ es pariente del corónopo o coronópode: tiene como segundo elemento πούς /puús/ "pie", aquí añadido al ὄρνιθος /ór-nii-zos/ "pájaro" o "gallina").

Del comparativo de parvus ya hemos comentado algo: tenemos, frente a sus correspondientes majores, la Astrantia minor, el Rhinanthus minor, la Vinca minor; y, sin correspondientes (que yo sepa), el Chaenorhinum minus y el Thalictrum minus (ambos de género neutro).

En cuanto al superlativo, "pequeñísimo" o "muy pequeño" se dice minimus (contrario de maximus), y con él tengo a mano Androsace minima, Euphrasia minima, Medicago minima, Logfia minima, Myosurus minimus, Primula minima, Arnoseris minima.  Ésta última la conocí en Guadarrama hace pocos años, y me ha alegrado mucho encontrarla, este verano, en Moncayo (la de la foto, salvo que algún alma caritativa me saque de error).

viernes, 9 de noviembre de 2018

Grande IIII


Al poner el título me acuerdo de mi padre, que me reñía: ¡cuatro en latín se escribe IV!  Sí, así nos lo enseñaban en el colegio; pero en el colegio, como es natural, no enseñan todo; sólo alguna cosa, para ir empezando: se enceta la ciencia y, a partir de ahí, todo se complica.  La grafía antigua de "cuatro" era unas veces así: IV, y otras asá: IIII, según el escriba; el Renacimiento reglamentó la posición de resta (la I ante la V, la X ante la L &c), pero aún los relojes de esfera (esa antigualla) suelen usar los cuatro palos (IIII).

Pero volvamos a la idea de lo grande en la cosa herbaria.  Me falta (aunque no pretendo agotar el tema) la forma del superlativo.  El superlativo de magnus es maximus (maximus maxima maximum en el recitado escolar).  El superlativo escapa a la estricta dualidad del comparativo, así que maximus significa "el grande, de varios", esto es, "el más grande (de más de dos)" o "muy grande" o "grandísimo".

¿Qué generos grandísimos tenemos?  Hay Androsace maxima /an-dró-sa-ke/ (aunque es planta de tamaño modesto; la de la foto), Bromus maximus, Carex maxima, Equisetum maximum, Hylotelephium maximum, Leucanthemum maximum /leu-cán-te-mum/ (sinónimo, Chrysanthemum maximum /kry-sán-te-mum/)...  Como se ve, si el nombre genérico es masculino el específico toma la forma masculina (maximus); si no lo es, la femenina (maxima) o la neutra (maximum).  Así pues, por no repetir, otros "máximos" son Arundo (hoy Arundo donax), Orchis, Cucurbita, Tordylium, Corylus, Citrus (el pomelo, me parece), y creo que bastante más.

Para concluir, examinemos los calificativos que enfatizarían las dimensiones extraordinarias, algo así como descomunal o despampanante.  No encuentro enormis ni immanis ni ingentis, pero sí hay algún gigas "gigante" o giganteus "gigantesco".  Gigas es palabra tomada del griego Γίγας /gí-gas/ (siempre con G de gato), que originariamente designaba unos seres fabulosos, monstruosamente grandes, tanto que se atrevieron a apilar montañas con el fin de escalar el Olimpo y dar para el pelo a los dioses.  (No lo consiguieron.)

Observo que, quitada la Festuca gigantea (que está en los Pirineos), los taxónomos han concedido el título de gigantescas a plantas más bien exóticas: la Entada gigas (el "haba de mar" de los documentales de Attenborough), la Byblis gigantea, y, claro está, el Sequoiadendron giganteum, árbol de razonable gigantismo.

Antes de abandonar este tema del tamaño grande, dejo constancia de que no he encontrado etimología convincente de majorana. epíteto de un Origanum, a primera vista derivado de major "mayor", étimo que dan por bueno varias páginas de internet.  Ahora bien: A) la semántica no lo apoya --al contrario, por ejemplo, de Majorica "Mallorca", que se opone a Minorica "Menorca" (derivada de minor "menor") según la dualidad del comparativo--; B) no explica muchas variantes de la palabra (Corominas da una lista de ellas en la voz almoraduj, el hermoso nombre griego-arábigo-castellano de la mejorana).  En todo caso, en latín medieval la mejorana se llamó majorana.

Los comparativos y superlativos griegos de "grande" (μείζων "mayor" y μέγιστος "grandísimo") no los encuentro en la terminología botánica.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Grande III


Al igual que en latín grandis concurre con magnus, en griego μακρός concurre con μέγας /mé-gas/ o μεγάλη /megálee/ "grande".  ¿Qué diferencia hay entre μακρός y μέγας?  El sentido primario de μακρός parece haber sido "largo" o "alargado", mientras que μέγας contiene la primitiva idea de grandeza (es lejano pariente del latín magnus y del sánscrito maha que vemos en marajá o maharaja "gran rey"): μέγας abunda en la onomástica y en los títulos reales (Alejandro el Grande, Magnus en latín, es ὁ μέγας ᾿Αλέξανδρος, pues ὁ μακρὸς ᾿Αλέξανδρος habría sonado, creo, a "Alejandro el Larguirucho").

El adjetivo μέγας se prodiga en zoología, sobre todo para grandes criaturas prehistóricas (megalodonte, megalosauro, megaterio), pero también en entomología (hay una abeja Megachyle, una chinche Megalonotus, escarabajos Megatoma y Megaloxantha); y el ruiseñor es Luscinia megarrhynchos (ῥύγχος /ryn-jos/ es "hocico" o "morro", o "pico" de pájaro).

En cambio, apenas encuentro μέγας en los binomina botánicos; quizá he buscado mal.  Sólo me sale un Lathyrus megalanthos (nuevo sinónimo de grandiflorus o macranthus), ahora llamado L latifolius ("de hoja ancha").  Fuera de los nombres lineanos, están los términos megaforbia "planta herbácea vivaz de gran porte" y megaforbio "pasto de grandes plantas herbáceas" (así los define el Diccionario de botánica de Font Quer), ambos derivados φόρβιον /fór-bi-on/ o φορβή "pasto", con la misma raíz que φέρβω /fér-boo/ "apacentar" o φέρβομαι /fér-bo-mai/ "pacer".

Además de las formas positivas de los adjetivos, están las comparativas y superlativas.  El comparativo de magnus es major (majus en neutro).  Sobre el comparativo latino conviene decir que, en su uso estricto, implica el número dos: esto es, major viene a significar, "de los dos, el grande", esto es, "mayor (de dos)" o "el más grande (de dos)"; en ese sentido, se opone justamente a minor (minus en neutro).  Quiero decir que, siempre hablando en sentido estricto, a una planta que se apellidara major habría de oponerse otra que se apellidara minor.

Lo dicho se cumple, ciertamente, a veces, y entre los nombres que tengo anotados veo una Astrantia major frente a una Astrantia minor, un Rhinanthus major frente a otro minor, una Vinca major y una Vinca minor.  Pero no hay que pedir mucho rigor, pues a menudo los comparativos no tienen término opuesto; y en botánica veo Emerus major, Cerinthe major, Pimpinella major, Plantago major, Ephedra major, y unas cuantas más.  En la forma neutra tenemos el Antirhinum majus, el Arctium majus (opuesto, como lo pide la lógica de la lengua, al Arctium minus), y el Tropaeolum majus, la hermosa capuchina, cuyas hojas me encantan (la de la foto, si no estoy equivocado).

Aquí he uniformado la grafía de major o majus, que a menudo encuentro escritos maior y maius.  No estoy seguro de haber obrado bien: el asunto me parece espinoso en este caso concreto.  En latín clásico, no sé si lo he dicho, no existía la J, que no es más que una I alargada para indicar su valor consonántico.  En cualquier caso, uno debería respetar la grafía adoptada; pero me he descuidado.

martes, 6 de noviembre de 2018

Grande II

Por qué será que un hipermercado parece más grande que un supermercado: el prestigio del griego, sin duda, idioma que ha dado mucha cuerda al lenguaje científico.  Fabre conocía las lenguas clásicas, pero prefería escribir en francés llano y deploraba palabras como ooteca (literalmente "caja de huevos"): si decimos "nido de pinzón" (argumentaba) ¿por qué no decir, con sencillez, "nido de mantis"?  Es lo que pasa en la tele: la gente no se muere de frío, sino de hipotermia (te mueres igual, pero en griego).

El griego μακρός /macrós/ "grande" ha tenido más éxito en botánica que magnus.  Dejando de lado los términos generales de biología, como macroblasto, macrofanerófito, macromolécula y demás, veamos el empleo de μακρός en los binomios botánicos.

Sólo dos géneros (que yo sepa) contienen μακρός: el Macrosyringium longiflorus (ahora Odontites l), y la Macrochloa tenacissima (Stipa tenacissima).  En el primero está el griego σύριγγα /sý-rin-ga/ "caña" o "tubo", que describe bien la flor de la odontítide longiflora (el latino odontitis es femenino y parece haberse masculinizado en botánica; me sorprende no encontrar esta palabra en griego, pues sin duda viene de ὀδόντα /o-dón-ta/ "diente": según Plinio, la odontítide --cualquiera que fuera esa planta-- curaba la odontalgia y libraba así del odontólogo).  En Macrochloa parece estar la voz χλοή /jlo-eé/, que designa la verdura, la fronda.

En los nombres específicos, en cambio, μακρός es más frecuente.  Del Cytinus hypocistis veo un subgénero macranthus, y macrantha es también una Koeleria, y una Drosera /drósera/.  En macranthus está sin duda ἄνθος /án-zos/ "flor", así que macrantha corresponde exactamente a grandiflora o "de flor grande".

Bromus macrostachys es sinónimo de B lanceolatus, y también hay una Salicornia macrostachya (o Arthrocnemum macrostachyum), y una subespecie del orégano también es macrostachyum, "de espiga grande", del griego σταχύς /sta-jýs/ "espiga".  (En Arthrocnemum están ἄρθρον /ár-zron/ "articulación" o "artejo" --como en los artrópodos y en la artrosis-- y κνημίς /knee-mís/ "pierna": "pierna articulada" parece que significa.)

Si juntamos macro- con κάρπον /cár-pon/ "fruto", tenemos el adjetivo que significa "de fruto grande": Avena macrocarpa, Thalictrum macrocarpum.  Otras veces lo grande es la hoja (φύλλον /fýl-lon/) y "de hoja grande" o macrophylla son por lo menos la Hydrangea (la hortensia, creo) y una Drosera.

¿Qué tiene grande el Lathyrus macrorhizus?  Sin duda la raíz (ῥίζα /rií-dsa/).  ¿Y la Carex macrostyla?  Por el nombre, el estilo (στῦλoς /stýy-los/ "columna" o "puntal", redefinido en botánica).  La subespecie glandulosa del Erodium foetidum tiene un sinónimo macradenum que ha de venir de ἀδήν /a-deén/ o ἀδένα /a-dé-na/ "glándula".  De ἀδήν vienen adenoma, adenitis y demás términos médicos y, en flora, el género Adenostyles, que para hacer honor a su nombre deberá tener un estilo glanduloso.