viernes, 9 de noviembre de 2018

Grande IIII


Al poner el título me acuerdo de mi padre, que me reñía: ¡cuatro en latín se escribe IV!  Sí, así nos lo enseñaban en el colegio; pero en el colegio, como es natural, no enseñan todo; sólo alguna cosa, para ir empezando: se enceta la ciencia y, a partir de ahí, todo se complica.  La grafía antigua de "cuatro" era unas veces así: IV, y otras asá: IIII, según el escriba; el Renacimiento reglamentó la posición de resta (la I ante la V, la X ante la L &c), pero aún los relojes de esfera (esa antigualla) suelen usar los cuatro palos (IIII).

Pero volvamos a la idea de lo grande en la cosa herbaria.  Me falta (aunque no pretendo agotar el tema) la forma del superlativo.  El superlativo de magnus es maximus (maximus maxima maximum en el recitado escolar).  El superlativo escapa a la estricta dualidad del comparativo, así que maximus significa "el grande, de varios", esto es, "el más grande (de más de dos)" o "muy grande" o "grandísimo".

¿Qué generos grandísimos tenemos?  Hay Androsace maxima /an-dró-sa-ke/ (aunque es planta de tamaño modesto; la de la foto), Bromus maximus, Carex maxima, Equisetum maximum, Hylotelephium maximum, Leucanthemum maximum /leu-cán-te-mum/ (sinónimo, Chrysanthemum maximum /kry-sán-te-mum/)...  Como se ve, si el nombre genérico es masculino el específico toma la forma masculina (maximus); si no lo es, la femenina (maxima) o la neutra (maximum).  Así pues, por no repetir, otros "máximos" son Arundo (hoy Arundo donax), Orchis, Cucurbita, Tordylium, Corylus, Citrus (el pomelo, me parece), y creo que bastante más.

Para concluir, examinemos los calificativos que enfatizarían las dimensiones extraordinarias, algo así como descomunal o despampanante.  No encuentro enormis ni immanis ni ingentis, pero sí hay algún gigas "gigante" o giganteus "gigantesco".  Gigas es palabra tomada del griego Γίγας /gí-gas/ (siempre con G de gato), que originariamente designaba unos seres fabulosos, monstruosamente grandes, tanto que se atrevieron a apilar montañas con el fin de escalar el Olimpo y dar para el pelo a los dioses.  (No lo consiguieron.)

Observo que, quitada la Festuca gigantea (que está en los Pirineos), los taxónomos han concedido el título de gigantescas a plantas más bien exóticas: la Entada gigas (el "haba de mar" de los documentales de Attenborough), la Byblis gigantea, y, claro está, el Sequoiadendron giganteum, árbol de razonable gigantismo.

Antes de abandonar este tema del tamaño grande, dejo constancia de que no he encontrado etimología convincente de majorana. epíteto de un Origanum, a primera vista derivado de major "mayor", étimo que dan por bueno varias páginas de internet.  Ahora bien: A) la semántica no lo apoya --al contrario, por ejemplo, de Majorica "Mallorca", que se opone a Minorica "Menorca" (derivada de minor "menor") según la dualidad del comparativo--; B) no explica muchas variantes de la palabra (Corominas da una lista de ellas en la voz almoraduj, el hermoso nombre griego-arábigo-castellano de la mejorana).  En todo caso, en latín medieval la mejorana se llamó majorana.

Los comparativos y superlativos griegos de "grande" (μείζων "mayor" y μέγιστος "grandísimo") no los encuentro en la terminología botánica.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Grande III


Al igual que en latín grandis concurre con magnus, en griego μακρός concurre con μέγας /mé-gas/ o μεγάλη /megálee/ "grande".  ¿Qué diferencia hay entre μακρός y μέγας?  El sentido primario de μακρός parece haber sido "largo" o "alargado", mientras que μέγας contiene la primitiva idea de grandeza (es lejano pariente del latín magnus y del sánscrito maha que vemos en marajá o maharaja "gran rey"): μέγας abunda en la onomástica y en los títulos reales (Alejandro el Grande, Magnus en latín, es ὁ μέγας ᾿Αλέξανδρος, pues ὁ μακρὸς ᾿Αλέξανδρος habría sonado, creo, a "Alejandro el Larguirucho").

El adjetivo μέγας se prodiga en zoología, sobre todo para grandes criaturas prehistóricas (megalodonte, megalosauro, megaterio), pero también en entomología (hay una abeja Megachyle, una chinche Megalonotus, escarabajos Megatoma y Megaloxantha); y el ruiseñor es Luscinia megarrhynchos (ῥύγχος /ryn-jos/ es "hocico" o "morro", o "pico" de pájaro).

En cambio, apenas encuentro μέγας en los binomina botánicos; quizá he buscado mal.  Sólo me sale un Lathyrus megalanthos (nuevo sinónimo de grandiflorus o macranthus), ahora llamado L latifolius ("de hoja ancha").  Fuera de los nombres lineanos, están los términos megaforbia "planta herbácea vivaz de gran porte" y megaforbio "pasto de grandes plantas herbáceas" (así los define el Diccionario de botánica de Font Quer), ambos derivados φόρβιον /fór-bi-on/ o φορβή "pasto", con la misma raíz que φέρβω /fér-boo/ "apacentar" o φέρβομαι /fér-bo-mai/ "pacer".

Además de las formas positivas de los adjetivos, están las comparativas y superlativas.  El comparativo de magnus es major (majus en neutro).  Sobre el comparativo latino conviene decir que, en su uso estricto, implica el número dos: esto es, major viene a significar, "de los dos, el grande", esto es, "mayor (de dos)" o "el más grande (de dos)"; en ese sentido, se opone justamente a minor (minus en neutro).  Quiero decir que, siempre hablando en sentido estricto, a una planta que se apellidara major habría de oponerse otra que se apellidara minor.

Lo dicho se cumple, ciertamente, a veces, y entre los nombres que tengo anotados veo una Astrantia major frente a una Astrantia minor, un Rhinanthus major frente a otro minor, una Vinca major y una Vinca minor.  Pero no hay que pedir mucho rigor, pues a menudo los comparativos no tienen término opuesto; y en botánica veo Emerus major, Cerinthe major, Pimpinella major, Plantago major, Ephedra major, y unas cuantas más.  En la forma neutra tenemos el Antirhinum majus, el Arctium majus (opuesto, como lo pide la lógica de la lengua, al Arctium minus), y el Tropaeolum majus, la hermosa capuchina, cuyas hojas me encantan (la de la foto, si no estoy equivocado).

Aquí he uniformado la grafía de major o majus, que a menudo encuentro escritos maior y maius.  No estoy seguro de haber obrado bien: el asunto me parece espinoso en este caso concreto.  En latín clásico, no sé si lo he dicho, no existía la J, que no es más que una I alargada para indicar su valor consonántico.  En cualquier caso, uno debería respetar la grafía adoptada; pero me he descuidado.

martes, 6 de noviembre de 2018

Grande II

Por qué será que un hipermercado parece más grande que un supermercado: el prestigio del griego, sin duda, idioma que ha dado mucha cuerda al lenguaje científico.  Fabre conocía las lenguas clásicas, pero prefería escribir en francés llano y deploraba palabras como ooteca (literalmente "caja de huevos"): si decimos "nido de pinzón" (argumentaba) ¿por qué no decir, con sencillez, "nido de mantis"?  Es lo que pasa en la tele: la gente no se muere de frío, sino de hipotermia (te mueres igual, pero en griego).

El griego μακρός /macrós/ "grande" ha tenido más éxito en botánica que magnus.  Dejando de lado los términos generales de biología, como macroblasto, macrofanerófito, macromolécula y demás, veamos el empleo de μακρός en los binomios botánicos.

Sólo dos géneros (que yo sepa) contienen μακρός: el Macrosyringium longiflorus (ahora Odontites l), y la Macrochloa tenacissima (Stipa tenacissima).  En el primero está el griego σύριγγα /sý-rin-ga/ "caña" o "tubo", que describe bien la flor de la odontítide longiflora (el latino odontitis es femenino y parece haberse masculinizado en botánica; me sorprende no encontrar esta palabra en griego, pues sin duda viene de ὀδόντα /o-dón-ta/ "diente": según Plinio, la odontítide --cualquiera que fuera esa planta-- curaba la odontalgia y libraba así del odontólogo).  En Macrochloa parece estar la voz χλοή /jlo-eé/, que designa la verdura, la fronda.

En los nombres específicos, en cambio, μακρός es más frecuente.  Del Cytinus hypocistis veo un subgénero macranthus, y macrantha es también una Koeleria, y una Drosera /drósera/.  En macranthus está sin duda ἄνθος /án-zos/ "flor", así que macrantha corresponde exactamente a grandiflora o "de flor grande".

Bromus macrostachys es sinónimo de B lanceolatus, y también hay una Salicornia macrostachya (o Arthrocnemum macrostachyum), y una subespecie del orégano también es macrostachyum, "de espiga grande", del griego σταχύς /sta-jýs/ "espiga".  (En Arthrocnemum están ἄρθρον /ár-zron/ "articulación" o "artejo" --como en los artrópodos y en la artrosis-- y κνημίς /knee-mís/ "pierna": "pierna articulada" parece que significa.)

Si juntamos macro- con κάρπον /cár-pon/ "fruto", tenemos el adjetivo que significa "de fruto grande": Avena macrocarpa, Thalictrum macrocarpum.  Otras veces lo grande es la hoja (φύλλον /fýl-lon/) y "de hoja grande" o macrophylla son por lo menos la Hydrangea (la hortensia, creo) y una Drosera.

¿Qué tiene grande el Lathyrus macrorhizus?  Sin duda la raíz (ῥίζα /rií-dsa/).  ¿Y la Carex macrostyla?  Por el nombre, el estilo (στῦλoς /stýy-los/ "columna" o "puntal", redefinido en botánica).  La subespecie glandulosa del Erodium foetidum tiene un sinónimo macradenum que ha de venir de ἀδήν /a-deén/ o ἀδένα /a-dé-na/ "glándula".  De ἀδήν vienen adenoma, adenitis y demás términos médicos y, en flora, el género Adenostyles, que para hacer honor a su nombre deberá tener un estilo glanduloso.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Grande

Por variar, se me ocurre averiguar la expresión de ciertas ideas (por ejemplo, color, tamaño etc.) en el vocabulario botánico.  Recordando lo rentable de conocer ciertos contrarios como grande-pequeño o bueno-malo, y a falta de mejor idea, por ahí empiezo: de momento, por lo grande.

Primero, un breve repaso: en latín "grande-pequeño" se dice magnus-parvus (como adjetivos que son, tienen forma masculina, femenina y neutra: magnus magna magnum y parvus parva parvum).  El equivalente griego es μακρός-μικρός /macrós-micrós/ (es decir μακρός μακρά μακρόν etc.)  Empiezo, pues, por magnus.

Busco, antes de nada, el origen de Magnolia.  Yo pensaba (con ese pensar que no es pensar, ese pensar en que la lengua, con sus asociaciones, piensa por uno: el origen de la etimología popular) que magnolia tendría que ver con magnus y acaso con oleum "aceite".  Pues no: por lo visto Mangolia es palabra creada en 1703 por el botánico Charles Plumier para honrar al botánico Pierre Magnol (1638-1715); de manera que el nombre no dice nada (al menos directamente) ni del aceite ni del tamaño de sus flores (bien grandes, por cierto: y polinizadas por escarabajos, ya que Magnolia es género antiquísimo, de hace noventa millones de años, dicen).

Magnol era nacido en Montpellier, fue catedrático y director del botánico.  Plumier era, además de botánico, fraile francisco, y como experto en flora tropical bautizó magnolios, fucsias, lobelias, dioscoreas...  En 1704, cuando se iba a embarcar para las Indias, murió el pobre de pleuresía junto a Cádiz, en el Puerto de Santa María.

Pocos nombres botánicos encuentro con magnus.  Decaída la baza de Magnolia, sólo hallo la Pimpinella magna de Lineo (ahora Pimpinella maior Huds.).  Parece que los botánicos, para expresar el gran tamaño, han preferido grandis, adjetivo que vale casi lo mismo que magnus, pero es más expresivo y popular (el castellano lo ha preferido a magnus).  Ahí encuentro un par de ellos: la Begonia grandis y el Rhododendron grande (grande es la forma neutra del adjetivo).

Pero donde la nomenclatura saca rendimiento de grandis es en la combinación con flos "flor", en la forma grandiflora o grandiflorum.  Grandifloros o "de flor grande" son una Calamintha, un Doronicum, una Prunella, una Potentilla, una Arenaria, una Pinguicula, una Vicia, un Sempervivum...  Muchos, sin duda.  Ningún magniflorum. en cambio, o magniflora (ni grandiflora ni magniflora existen en latín clásico).

domingo, 21 de octubre de 2018

Nardo


El primer nardo que recuerdo no lo vi, sino que lo olí: cierto misacantano, amigo de la familia, recibió como regalo de la suya un perfume de nardos, que me dio a oler (tenía yo seis o siete años).  Me pareció un aroma tan delicioso que aún ahora, un milenio después, creo que lo reconocería; pero no lo he vuelto a oler más.  Tampoco he visto un nardo en mi vida, aunque lo he procurado.  Así que, de momento, el nardo es para mí una planta mítica, como el loto de los lotófagos y el hermético moly.

En los años 80 un grupo de biólogos de Barcelona, de visita por el Moncayo, nos permitieron acompañarles.  La experiencia fue entretenidísima, porque venían varios entendidos en esto y en aquello, y allí donde los demás no veíamos nada, éste hallaba nidos de araña, aquél hifas de ascomicetos, el otro huellas de tejones.  Lo recuerdo ahora porque en la cumbre de Moncayo oí por vez primera hablar del Nardus stricta: corrí entusiasmado a olerlo y resultó ser una gramínea de lo más inodora.  ¡Eso no podía ser el nardo del padre Calle!

En 2005 encontré en un vivero unas patatillas con el marbete de "nardo"; las planté y salió lo de la foto.  Al parecer es una planta originaria de México y América del Sur, que en náhuatl se llama omixochitl y los botánicos han bautizado Polianthes tuberosa.  Las flores huelen bien, pero tampoco es aquello...

La palabra polianthes es para mí un enigma.  ¿Qué significa?  En griego hay un adjetivo πολυανθής /po-ly-an-zés/ que vale "florido" o, si se quiere, "muy florido" (de πολύς /po-lýs/ "mucho"; el segundo elemento, el mismo que en Prenanthes), pero en latín debería llevar Y griega: así, con I latina, sólo puede venir de πόλις /pó-lis/ "ciudad", y querría decir "urbanifloro" o algún sinsentido semejante.  Al menos yo no le encuentro el sentido.

Quizá es que la diosa de la ortografía maldijo la palabra polianthes, porque entre mis notas encuentro ésta, tomada del prólogo de la Flora Pirenaica, de un pasaje donde Bubani se queja de los absurdos en que incurre la nomenclatura botánica: eo dementiae perventum est ut retinerentur nomina ab errore typographico exorta: conferatur Erythrina poianthes, quae polianthes fuerat in mente auctoris: "La sinrazón ha llegado al extremo de autorizar nombres fruto de una errata tipográfica: véase la Erythrina poianthes, que en la intención del autor era polianthes".  (Esa Erythrina es una fabácea brasileña cuyas flores tienen un llamativo colorado, como era previsible: griego ἐρυθρός /e-ry-zrós/ "rojo".)

Las palabras, está claro, viven su propia vida, al margen, a menudo, o incluso en contra de la historia natural.  Νάρδος o νάρδον /nár-dos, nár-don/ ya en griego designa, más que una planta, un perfume.  Tanto la voz como el perfume venían de oriente (Chantraine sugiere que aquélla pudo tomarse del hebreo); en Dioscórides se alude al ναρδόσταχυς /nar-dós-ta-jys/, vegetal de la India que es, según todos los indicios, la fuente del perfume, bautizado en botánica Nardostachys jatamansi: veo que lo llaman espicanardo (y, por error de lectura, espinacardo) y también "nardo de Nepal" y de otros modos.  Es una valerianácea, pero ahora ha cambiado de cajón, según Wikipedia, y entrado en las caprifoliáceas.  El caso es que de su raíz se extrae desde tiempos antiguos, al parecer, un apreciado perfume.

Un perfume es, desde luego, el nardus en la oda en que Horacio advierte a Virgilio que el vino se lo ganará sólo si lleva a la cena un pequeño ungüentario (parvus onyx) de nardo: nardo vina merebere "con nardo te ganarás el vino".  (Es la oda 4 12, que cierra el célebre gliconio: Dulce est desipere in loco "grato es tontear, cuando toca".)

Con el mismo perfume regó María, la hermana de Lázaro (o María de Magdala, en la versión de Lucas), los divinos pinreles: Μαρία λαβοῦσα λίτραν μύρου νάρδου πιστικῆς, πολυτύμου "tomando María una libra de nardo puro, carísimo" (nardi puri, pretiosi dice la versión moderna de Juan, 12 3; Jerónimo tradujo nardi pistici, pretiosi), untó los pies de Jesús...  Apostaría que este paso evangélico está en la base del aromático regalo al misacantano...

Busco en la red imágenes de Sarita Montiel, por su costumbre de pasear por la calle de Alcalá... con los nardos apoyaos en la cadera..., y encuentro que en varias de las fotos lleva en la mano (si no veo mal) Polianthes tuberosa.  Y ahora que me acuerdo Machado cantó aquello de

                            tengo el alma de nardo del árabe español;

Pero vamos a ver, don Manuel: ¿de qué tiene usté el alma exactamente?  ¿De Nardostachys jatamansi?  ¿De Polianthes tuberosa?  ¿O de qué?

lunes, 8 de octubre de 2018

Madroño II

Decía que era mi intención argumentar por qué la etimología de Varrón, Plinio y Laguna es defectuosa.  Me limitaré a un par de razones que me parecen fáciles de explicar.

Primera: si unedo viniera de unum edo, sería una extrema rareza como nombre compuesto: éstos, y más los compuestos oracionales (que suponen una frase, como abrelatas, cuentagotas, tapaculos) no emplean jamás la primera persona del verbo, tan marcada.  En español sólo encuentro metomentodo; pues lavabo es latín (lavabo "yo lavaré"), sustantivado como primera palabra del rito de lavamanos en la misa (así ocurre con el credo "creo" o con las avemarías o los padrenuestros; y en argot financiero pagaré y cargareme).  En botánica hay nomeolvides, con un "tú" imperativo bien curioso.  En francés hubo una moda del jaccusisme (tras el título que Clemenceau impuso al artículo de Zola), como también la moda (indumentaria) trajo el suivez-moi-jeune-homme.  Pero en cualquier idioma es improbable, si no yerro, que una primera persona invada el campo nominal.

En latín unedo sería caso único.  Vademecum (literalmente "ven conmigo") no cuenta, porque es latín escolástico.  Al gorrón lo llamaban en Roma laudicenus ("que alaba la cena") como a "las que se depilan" strictivellae (los diccionarios menos pudibundos especifican la zona depilada).  El elemento verbal (laudo, stringo) jamás aparece en primera o segunda persona.  Por poner ejemplos botánicos, ahí está, de frango "romper" y saxum "roca", la saxifraga de la que ya hemos hablado.  De pario "parir" tenemos oviparus y viviparus (u ovipara, vivipara).  En francés tenemos pissenlit o "meacama" (por la virtud diurética del Taraxacum officinale), y en griego κυνάγχον /kynánjon/ o "ahogaperro" (en latín cynanchum /kynáncum/).

Segundo argumento.  Unus en latín comienza con U larga, la U de unedo es breve.  Esto bastaría por sí solo para invalidar la supuesta etimología.  Todos los compuestos latinos de unus llevan U larga: unanimus "de un solo espíritu", undecim "once" (literalmente "uno diez"), unicornius "de un solo cuerno", universus "vuelto a la unidad" --al revés que diversus--, es decir, "tomado en su conjunto"; en botánica tenemos unicaulis "de un solo tronco".  Hay muchos, todos con la U inicial larga (tampoco cuentan aquí las licencias métricas).

He encontrado alguna discrepancia sobre la cantidad vocálica de unedo en los diccionarios; en particular el de Meillet creo que tiene errata (no corregida en la fe); pero todos dan breve la U inicial.  No se tenga en cuenta la transcripción al griego (οὐνέδων) porque, aunque ου siempre es largo en ese idioma, ese dígrafo es el único modo que tienen los griegos para expresar nuestro sonido U (véase, si no, cómo transcriben Vulturnus: ᾿Ουουλτούρνος, donde ninguna de las U son en origen largas).

Mientras me paseaba por las muchísimas variantes del nombre del madroño en distintos idiomas, he acabado convencido de que este arbusto debió de tener, o en algún momento se le dio, gran importancia.  Al fruto se lo distingue con un nombre privativo: en latín se llamó arbutus /árbutus/ y unedo /únedo/ a la planta, y arbutum y unedo al fruto (en francés arbousier y arbouse respectivamente, como en catalán arboç y cirera d'arboç); en griego κόμαρος /kómaros/ y κόμαρον /kómaron/, etcétera.

Además, está muy presente en la toponimia.  Dejando aparte la heráldica madrileña (un experto sostiene que el oso se apoya en realidad en un almez), tenemos Madroños, Madroñeras, Madroñeros y Madroñales varios, y además los Erbebedos y Hervededos gallegos y bercianos (que continúan el latino arbutetum "madroñal") y otros similares.  Si alguno visita el penetense Arboç, no se extrañe de encontrar allí un facsímil de la Giralda: el dueño quiso mitigar con ella (eso cuentan) la nostalgia de su esposa andaluza.

Cito, para acabar, el verso en que Ovidio, como don Quijote de las bellotas, hace de los madroños la fruta paradisíaca, digo de la edad de oro, cuyos felices habitantes

                     arbuteos fetos montanaque fraga legebant,

esto es, "cosechaban los frutos del madroño y las fresas del monte".

domingo, 7 de octubre de 2018

Madroño


Qué mejor comienzo que las palabras de Andrés de Laguna, médico de Carlos Quinto, donde el doctor describe el fruto del madroño:  "Es por de fuera todo muy sarpollido y lleno de ciertos granos, los cuales, cuando se mascan, exasperan el paladar y la lengua.  Del resto, parécese el madroño a muchas cortesanas de Roma, las cuales, en lo exterior, diréis que son unas ninfas... empero si las especuláis debajo de aquellas ropas, hallaréis que son un verdadero retrato del mal francés.  Dígolo porque este fruto, defuera, se muestra hermoso en extremo y, comido, hinche de ventosidad el estómago y da gran dolor de cabeza; lo cual fue causa de que los latinos diesen el nombre de unedo, amonestando que nadie comiese dél más que uno".  Magnífica página (se encuentra en el Dioscórides de Font Quer): la doy por toda La lozana andaluza.

Me preguntaba D.G. el otro día por el nombre botánico del madroño, y ahora estoy medio desesperado, no porque me falte información, sino porque tengo mucha, pero insignificante.  En ocasiones así me avergüenzo de hablar en estas páginas, como si supiera, de cosas que no sé.

Esto pasa con la palabra castellana madroño: no se sabe de dónde proviene, como ocurre con tantos nombres de arbustos y yerbas: agavanza (o agabanza, que en mi pueblo designa al tapaculos), álamo, aliaga, árgoma, escaramujo, meruéndano, y una larga serie.  La mayoría de estos nombres son, se dice, prerromanos, esto es, anteriores a la llegada del latín a la península y de origen, por tanto, vaya usted a saber si celta, ibero, o qué.  (En realidad, prerromano es a menudo un eufemismo de ni idea.)

En cuanto al nombre botánico, Arbutus unedo, confieso que pronunciaba arbútus unédo hasta que (no hace mucho) caí en la cuenta, leyendo los arbuteos fetos de Ovidio (Met. I 105), de que la U era breve: no se acentúa arbútus, pues, sino árbutus.  Y lo mismo pasa con unedo: únedo es la pronunciación buena.

El doctor Laguna sugiere que unedo viene de la expresión unum edo "uno solo me como".  La idea de Laguna es una etimología popular más, si bien sostenida ya por autores clásicos, entre los que destaco a Plinio el enciclopedista, que dice (15 98): pomum inhonorum ut cui nomen ex argumento unum tantum edendi "el fruto es desdeñable, como lo sugiere el nombre, del consejo de no comer más de uno".  Me gustaría razonar por qué esta etimología no es aceptable, pero antes quiero señalar que varias veces he comido hasta ocho o diez madroños (fruta tolerable sólo cuando está bien madura) sin conseguir experimentar ni la borrachera ni los otros síntomas que amenazan los manuales: debo de ser inmune.

[Hoy domingo, 7 de octubre, releo estas líneas antes de publicarlas, cuando la radio (que tengo la mala costumbre de encender por las mañanas) informa de un nuevo terremoto en Haití, triste cosa, con la siguiente frase que me he apresurado a copiar, porque no daba crédito a mis oídos: "el epicentro se ha sentido a quince kilómetros de profundidad".  Paladeen, paladeen esta estupidez emitida por la radio pública, y díganme si por paranoia sospecho de una conjura para deteriorar el castellano, en cuya vanguardia milita Radiotelevisión Española.  Y encima todo nublado.  Dejémoslo para otro rato.]