Continúo, pues, con las voces botánicas que vienen de vértere/vórtere, sin ánimo de agotar el asunto.
Ya queda escrito envés, o parte inferior de la hoja, voz que viene de la latina inversum. Es algo cómico, pero ese mismo inversum da (a través del francés envers) nuestro anverso, que significa justo lo contrario (anteversus suena a creación ad hoc). Quizá para evitar confusiones, para el anverso de la hoja el botánico ha preferido usar la palabra latina "cara", esto es, facies, de donde viene nuestra haz (y nuestra faz). Por cierto que Font Quer aconseja evitar la expresión el haz (que las reglas piden para esta haz, femenina como facies) a fin de rehuir la confusión con el haz masculino (que viene de fascis "manojo").
Veo que reverso y reversión también tienen acepción botánica, pues son acogidos en el diccionario de Font Quer; allá puede consultarlos quien lo desee. Yo lo omito aquí porque estoy cogiendo un poco de manía al verbo revertir, latiguillo hoy en los medios, al menos en los peninsulares, que lo emplean a troche y moche, casi siempre con el significado de "invertir". Apuesto a que lo sacan del inglés.
También es botánica la expresión vertiente centrífuga, para designar la capacidad de algunos árboles (abedules, chopos, fresnos, tilos) de expulsar el agua de lluvia a la periferia, mientras que los de vertiente centrípeta la orientan hacia el tronco, así tejos o plátanos: éstos, al contrario que los centrífugos, facilitan el establecimiento de epífitos. Creo que nunca había oído o leído esas vertientes, pero se explican muy bien desde el moderno significado de verter.
En divértere (permítaseme el abusivo acento; en principio este verbo significa "tirar cada cual por su lado") está, en efecto, la idea de apartarse, de distanciarse: nos divertimos, en el hodierno sentido, cuando nos apartamos del camino trillado, abandonamos la vía rutinaria para entrar en la amena posada (en latín llamada, por cierto, deversorium). Los romanos llamaban divortium a la divisoria de aguas; en nuestro divorcio no son las aguas las que se apartan.
Me parece que entre devértere y divértere, verbos en principio distintos, ha debido de haber más de una confusión. De hecho, lo que llamamos en castellano divertículo alterna ya en latín entre las formas deverticulum y diverticulum, con el significado de "digresión", "vía secundaria", "posada" &c. Los divertículos se han puesto de moda en la clínica: antes nadie tenía, ahora salen donde menos te lo esperas. Pero también en botánica hay divertículos, véase, si no, cómo los define el diccionario de Font Quer: "tubo ciego o apéndice sacciforme que se origina en una cavidad de mayor importancia".
De ese diccionario falta vorticela, como es natural, pues cae fuera de la botánica. He tratado de averiguar bajo qué etiqueta andan ahora las vorticelas, y he dado con una clasificación que debe de ser buena porque no he entendido nada. Me consuela pensar que al menos entiendo porqué Lineo bautizó así a la Vorticella (si es que el nombre lo puso el sabio sueco): el animalito, digo el alveoladito, se alimenta gracias al pequeño vórtice, o torbellino, que provocan los cilios de su copa. Habrá que añadir Vorticella al ya nutrido grupo de diminutivos latinos en biología.
Entrando, pues, en los binomios botánicos, encuentro que vértere triunfa sobre todo en los específicos. Ahí, por ejemplo, el verbo divértere cede su participio diversus para indicar la variedad de formas (interpreto yo), frente a varius o variegatus referido más bien al color. Espero que me den la razón, por ejemplo, un Phaselus diversifolius, una Viola diversifolia y, según tengo aquí apuntado, el Lepidium perfoliatum bautizado por alguien Crucifera diversifolia. También hay diversicolor y diversiformis, aunque no conozco ejemplos (saco este dato del Botanical latin de Stearn).
Uso parecido ha recibido el participio versus en la Bellardia trixago, llamada también Bartsia versicolor, supongo que debido al impredecible tono de sus flores, amarillas en unos pies, blanquirrosas en otros. Y me consta también una Myosotis versicolor (también llamada M discolor).
Termino este repaso vertiginoso con el término verticilo, concepto de enjundia, según el diccionario de Font Quer: ahí se afirma que procede "del latín verticillus, rodaja". Yo hubiera dicho que verticillus (diminutivo de vertex, como Vorticella lo es de vortex) designaba más bien el peso con que se aumenta la inercia de giro en el huso, durante la operación de hilado; aunque quizá ese peson de fuseau (como lo llama Gaffiot) sea una rodaja de metal o de piedra.
Cerca, pero fuera de la botánica, encuentro hongos del género Verticillium, causantes de dolencias llamadas verticilosis. La diosa Flora nos libre de ellas.
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