lunes, 9 de mayo de 2022

Populus II


Estábamos en que había dos populus: uno con O breve ("pueblo"), y otro con O larga ("chopo").  Y aquí hay un hecho de lo más interesante.  Mientras que la evolución del primer populus al castellano pueblo es totalmente regular (la O breve diptonga, la P intervocálica sonoriza, la breve postónica se pierde), es, por el contrario, bastante extravagante la evolución de populus (con O larga) a chopo: hay que suponer una síncopa (verosímil) hacia *poplus y luego una metátesis de L (algo más rarilla) que daría un *plopus, al que aún le falta una geminación de esa P en *ploppus (puesto que no sonoriza en B, como hace toda P intervocálica bien educada): y sólo así se explica el castellano chopo.

Por extravagantes que parezcan las alteraciones arriba señaladas, la forma *ploppus es, sin embargo, bastante segura, puesto que la presuponen no sólo el castellano chopo, sino también el italiano pioppo y el rumano plop.  Uno puede ser casualidad, tres hacen categoría.

Pero no acaban aquí las excentricidades de populus.  En castellano tenemos también la forma pobo, registrada en innumerables variantes por la toponimia y la onomástica (pobar, pobeda, povedo, povedano &c) y que podría tomarse por galaicoportuguesa (área donde cae la L intervocálica) si no fuera porque las voces citadas son antiguas en área castellana, y no, en cambio, en la lusa.

La forma catalana poll también entra en el campo de lo irregular, pues supone una base *poculu (en lugar de *populu), aparte de que las formas derivadas (pollanc, pollancle, pollàncol, pollancre &c) parecen contener un sufijo -anko- o -anko-lo- ajeno al latín.

Cuando sobre una palabra (en este caso el latín populus) se acumula tanta rareza, la causa se busca en, por ejemplo, el ámbito de uso, aquí rural o agrícola: o más accesible que el urbano a las deformaciones, o sometido a otras que aquél.  Sin duda en la terminología agrícola o botánica el sustrato céltico tuvo mayor peso respecto de la urbana: el latín, al fin y al cabo, se expande con éxito y velocidad porque su área principal de avance la ocupan las lenguas célticas, extendidas por toda Europa, de las que el idioma romano es hermano de leche.  Pero basta de teorías.

En toponimia el chopo, en su forma corriente castellana, apenas ha dejado rastro: El Chopo, Chopillo, Choperal, como nombres de población, son más escasos que el árbol mismo.  (Sí abunda, en cambio, en microtopónimos, desde la fuente del chopo hasta la colina de los chopos --donde se erigió la Residencia de Estudiantes; en francés me ocurre la isla des Peupliers, en Ermenonville, primer descanso del iluminado Rousseau.)  Tampoco abundan en toponimia los Pobos, Pobedas, &c.

Pero por una curiosa casualidad el chopo ha dado nombre a los monasterios más significativos de la historia catalana: pues hay consenso en considerar Ripoll (el medieval coenobium Rivipullense) resultado de *rivu populu (o más probablemente *poculu, por lo dicho arriba: "arroyo de chopos"), y pocas dudas caben de que el étimo de Poblet es populetum "chopera".  El sufijo -etum sí es latino, específico para grupos de árboles, como en arboleda, nebreda, pineda y, ya que estamos con chopos, alameda.  En castellano populetum habría resultado en Pobledo, más usual como apellido.

Ahora me cuelgo la estola para hablar devotamente de la Virgen: porque ésta tiene una advocación, como virgen del Pópolo, relativamente frecuente (aparte de la muy conocida de Roma, tengo aquí al lado, en San Martín de Unx, una iglesia de ese título).  Este nombre se atribuye de modo mecánico (me atrevo a decir) al "pueblo": la excelente guía de Roma del Touring Club cuenta incluso una historia, poco creíble en mi opinión, fabricada ad hoc, para justificar esta extraña dedicación.

Ahora bien, todo el mundo sabe que es inveterada costumbre de la Virgen subirse a especies botánicas para sus milagrosas apariciones (de donde la virgen de la Encina, la virgen del Pino, la virgen de Atocha y un larguísimo etcétera de vírgenes arbóreas o arbustivas).  Sospecho que aquí la señora ministra volvió a confundirse de pópulus: la virgen del Pópolo, si no yerro, no es la "virgen del pueblo", sino más bien la "virgen del Chopo" (que también tiene por ahí alguna ermita con ese nombre, si la red no miente).

En nomenclatura botánica, aparte del género Populus, he encontrado pocos términos derivados.  En latín el adjetivo correspondiente es popúleus con sus variantes popúlneus y popúlnus (pongo tildes por abreviar, pero usted ya sabe que en latín no se escriben), pero sólo tengo registrado el Brachychiton populnea, que llaman "árbol botella" y he visto en Olivenza y en los jardines del alcázar sevillano.  Sus hojas, desde luego, recuerdan las del chopo.  También lo hacen (aunque bastante menos, en mi opinión) las del Cistus populifolius.  Venga, hombre, esfuércese un poco y pronuncie a lo clásico: bra-ký-ki-ton po-púl-ne-a, kís-tus po-pu-li-fó-li-us.

Y ya que lo tengo a mano, mencionaré, para terminar, que en zoología hay un escarabajo de las hojas llamado Chrysomela populi L, y también una mariposilla, Laothoe populi (populi es el genitivo, esto es, la forma de decir en latín "del chopo").

¡Larga vida al chopo, o al menos, si no larga, buena y verde vida!

martes, 26 de abril de 2022

Populus


Se abren los chopos a la primavera, y traen un olor de infancia.  Qué árbol modesto, el chopo, con qué escasa presunción adorna las riberas.  Y qué humildes los trabajos en madera de chopo: no bargueños nobles, no pesados reposteros (que se confían al nogal, al roble), sino sillitas de anea en que las abuelas hilaban, en tiempos pasados, a la puerta de casa (en el milenio pasado: yo lo he visto).

Aunque también ha propiciado el chopo obras maestras.  Alguna célebre tabla se pintó sobre chopo; intento en vano recordar cuál.  Ahora sólo me viene a la memoria el templo de la Intercesión que los ortodoxos levantaron en Kizhi, o Kijí, en el lago Ónega, hecho únicamente de chopo y sin clavos (digo lo que me contaron; sólo he encontrado confirmación parcial en la wiki francesa, que especifica tremble, Populus tremula).

Con lo dicho, ya se ve la relativa ambigüedad de la palabra chopo: ciertamente a los mesetarios nos evoca ante todo el Populus nigra, pero no es aquélla una denominación inequívoca, pues no pocas veces la precisa un adjetivo: chopo negro.  También he oído la expresión álamo negro, si bien la voz álamo tiende a significar en especial el Populus alba, llamado también álamo blanco y, en alguna ocasión, peralejo (en la guía de árboles de Incafo).

Al Populus nigra lo llaman en catalán poll, pollanc y pollancre.  Al álamo, arbre blanc; éste es en gallego lamagueiro, y en vasco, creo, zumarra.  Entre nosotros yo diría que al Populus tremula se lo llama temblón, y álamo temblón, y en algún lugar he oído tremolín; en catalán trèmol; en vasco he recogido lerchuna y zuzun (supuesto origen del apellido Zunzunegui, "chopera" en su sentido primitivo).

Ya que me estoy metiendo (con mi inconsciencia habitual) en terrenos de la romanidad, y aun más allá, quiero mencionar aquí la palabra chopa, oída a menudo en el valle del Ebro.  Yo la creía simple variante de chopo, pero (al menos en algunos lugares del valle) designa precisamente los chopos mutilados cada cierto tiempo de sus ramas caudales, esto es, los chopos desmochados o trasmochos, frecuentes en los alrededores de los pueblos.

En resumidas cuentas, lo que quiero decir es que, en el habla familiar, principalmente la de los urbanitas que apenas distinguimos un pino de una lechuga, la voz chopo es ambigua y solemos llamar "chopos" a cualquiera de las populi hasta aquí citadas.

El griego clásico, si hemos de fiarnos del diccionario, parece distinguir entre λεύκη /léu-kee/ (Populus alba; literalmente "blanca"); αἴγειρος /ái-gei-ros/ (Populus nigra); y κερκίς /ker-kís/ (Populus tremula).  Pero no son voces unívocas, ni mucho menos.

Κερκίς en particular tiene significados variadísimos, quizá el más antiguo "lanzadera" de telar, y además "tibia", "radio" (hablando de huesos) y un largo etcétera.  Con κερκίς, en efecto, Teofrasto designa al temblón, pero también al árbol que se ha quedado con la palabra griega, el Cercis siliquastrum: las guías llaman a éste, quizá porque sus flores tienen el color de la novela rosa, "árbol del amor", y también "árbol de Judas", probable error de traducción de arbre de Judée (pues la especie viene del Mediterráneo oriental).

Tampoco en latín es inequívoca la denominación del chopo, pero además en ese idioma existe aún otra causa de equívoco más grave, sobre todo para quienes desconocen los elementos de la lengua de Roma (o sea, para el público en general, incluyendo, me permito apostarlo, a la ministra de educación y al conjunto de la población china).

¿Dónde está la ambigüedad de la palabra populus?  Pues en el hecho de que hay dos palabras que se escriben igual, sin que nada tengan que ver la una con la otra.  Más de una vez hemos señalado aquí la importancia de la cantidad vocálica en latín.  Hay en latín dos malus, sin más relación entre sí que el parecido: ma-lus (con la A breve, y masculino, dicho sea de paso) es "malvado", mientras que maa-lus (con la A larga, y femenino para más señas) es "manzano".  Se escriben igual, pero son palabras enteramente distintas.

Del mismo modo hay en latín dos populus que nada tienen que ver entre sí: pó-pu-lus (todas las vocales breves, y, qué casualidad, masculino) es "pueblo", mientras que póo-pu-lus (con la O larga, y femenino, como la mayoría de nombres de árbol en latín) es "chopo".

Ahora imagine usted a uno que se saltó la lección de las vocales, y que ve cómo "pueblo" y "chopo" se dicen igual (a su escaso entender) en latín: ¿qué brillantes ideas no pueden ocurrírsele?  Así resulta que en varias páginas de internet se lee la absurda noción de que el chopo se llama populus en latín porque es muy abundante, muy popular y simpática al pueblo llano.  Ay, señor.

Pero nos estamos alargando.  Seguiremos otro rato.

jueves, 3 de marzo de 2022

Glándulas


El archimandrita de mi cenobio me pregunta por el significado de Chiliadenus, y así me da ocasión de interesarme por la herencia botánica de esa palabrita griega, ἀδήν /a-deén/ "bellota" y, en su acepción anatómica, "glándula" (como creo haber dicho aquí, la voz latina glandula no es más que el diminutivo de glans glandis "bellota" y, en su acepción anatómica, "glande").

[Tendría que haber apagado la radio.  Es la tercera vez que hoy, a cuento de la invasión de Ucrania por el chalado homicida de Moscú, oigo hablar del estatu cúo.  ¿"Estatu cúo" (cinco sílabas)?  ¿Qué es eso?  ¿No querrán decir statu quo (tres sílabas), donde, como sabrán los lectores de estas páginas, hace falta ser muy bárbaro para acentuar esa U de quo, que ni siquiera es U?  (cf. en este dietario "sobre la QU", diciembre de 2018).  ¿De dónde sacan esa acentuación absurda?  Pase la E que añadimos los mesetarios, incapaces con la S líquida, pero ¿tan difícil es pronunciar cuó (en una sola sílaba) como se ha hecho siempre?  Hoy los prevaricadores del lenguaje parecen ser mayoría, y disfrutan diciendo adecúa (cuatro sílabas) en lugar del simple (y correcto) adecua (tres sílabas): ¡siempre la neolengua buscando decir menos y hablar más!  Acabarán pidiendo agúa para la yegúa. y se podrán meter yegúa, agúa y adecúa por el mismísimo cúo.  Pero no nos excitemos, apaguemos la radio y las glándulas, y regresemos a la filología...]

Hablando de glándulas, comienzo por el Adenocarpus, género cuya especie A hispanicus (Lam.) DC creo haber fotografiado en Peñalara hace pocos años (y si no es la de la foto de arriba, háganmelo saber, porque yo la he reputado Adenocarpus hispanicus honrado y cabal).  Tenía también foto de los frutos, pero es más maja ésta de las flores, donde ya se ven venir las futuras legumbres, cuajadas de las glándulas que nombran a esta fabácea (si ἀδήν es el primer elemento del compuesto, el segundo, claro, es καρπός /kar-pós/ "fruto", ya aparecido, pienso, en estas páginas).

Asterácea es, en cambio, la que conocí (y conozco) con el nombre de Jasonia glutinosa (L) DC; también la llaman, al parecer, Chiliadenus glutinosus y C saxatilis (el nombre por el que preguntaba mi archimandrita), y también Erigeron glutinosus.  Lo de glutinosus está justificado por lo pegajoso de sus cabezuelas (gluten glutinis "engrudo", "pegamento").  En cuanto a chiliadenus yo lo interpreto como "muchas glándulas" o, si se prefiere, "mil glándulas" (χίλιοι /jí-li-oi/ es el cardinal "mil", que tenemos en quiliarca y quiliastas, y está en el origen de nuestras voces quilómetro, quilogramo &c: aunque éstas últimas han perdido una I en extrañas circunstancias, pues su forma debería ser quiliómetro, quiliogramo &c).

El Erodium foetidum ssp glandulosa se llamó, según tengo anotado, E macradenum.  Poco hay que añadir, sino que en este último nombre de especie se combina nuestro ἀδήν con el adjetivo μακρός "grande"; grandes han de ser, pues, las glándulas de este erodio.

Al género Gymnadenia se lo bautizó así, según leo en wikipedia, por lo expuesto de sus viscidios.  ¡Curiosa palabra ésta, viscidio!  Si he entendido bien, designa el extremo pegajoso por el que el polinio se adhiere al insecto, quien así transporta involuntariamente a otra flor los gametos masculinos de la orquídea.  Lo curioso de esta voz, en mi opinión, es que a un término puramente latino (viscum, bien conocido por los botánicos, y étimo de viscoso) se le aplica un sufijo griego de diminutivo (-ιδιον).  De nuevo el muérdago como antonomasia del pegamento, y de nuevo lo pegajoso se asocia a las glándulas.

En cualquier caso, en Gymnadenia parece evidente la presencia del adjetivo γυμνός /gym-nós/ "desnudo", junto al sustantivo ἀδήν que nos ocupa.

Por último, podría pertenecer al grupo que ahora consideramos la Anadenanthera peregrina (Vell.) Brenan (a la que Lineo llamó Piptadenia peregrina), una leguminosa sudamericana cuyas semillas molidas constituyen el rapé alucinógeno llamado yopo.  Yopo es también el nombre de la planta, conocida asimismo como cohiba, cohoba, niopo del Orinoco, guayo colorado de Nueva Granada &c.

La forma piptadenia no la entiendo.  Cierto que hay un verbo πίπτω "caer", pero la formación sería algo extravagante.  ¿Y el significado?  ¿Se le caen las glándulas a la Piptadenia?

En cuanto a anadenanthera, parece seguro el componente final, ἄνθος "flor", o si se prefiere ἀνθηρός "florido", y bastante seguro el central, ἀδήν "glándula".  Ahora bien, con el inicial tengo serias dudas, porque no conociendo la planta no sé si tenemos A) el prefijo negativo ἀ (afasia, áteo), en este caso en su variante ἀν (analfabeto, anarquía): entonces el nombre genérico aludiría a la carencia de glándulas en la flor o quizá la antera; o bien B) el prefijo ἀνά, que viene a ser nuestro prefijo re-, que indica vuelta atrás o repetición; claro que en este segundo caso el significado sería de nuevo un tanto extravagante: ¿glándulas repuestas en la flor?; ¿glándulas recuperadas en la antera?; ¿glándulas flexionadas hacia atrás?  Ni idea.

domingo, 27 de febrero de 2022

De perros II

¿Dónde habíamos dejado las perrerías?

Hay un llantén llamado Plantago cynops: cynops parece significar "con aspecto de perro"; el segundo elemento (ὤψ /oóps/ "rostro" "apariencia") lo comparten muchas voces, entre las botánicas, si no me equivoco, Aegilops, Echinops y varios géneros más; algunos tienen forma griega (αἰγίλωψ, por ejemplo, designa en Teofrasto tanto la Aegilops ovata como, al parecer, la Quercus pedunculifolia), pero otros no tienen correspondencia moderna (por ejemplo el achynops de Plinio, ἀχύνωψ en Teofrasto, que designa una gramínea o un llantén, según opiniones).

He dejado para el final las voces cynorrhodon y cynacantha.  La primera, en griego κυνόροδον /ky-nó-ro-don/ designa en Teofrasto la flor del rosal silvestre (según Bailly), o el églantier entero, la Rosa canina (Amigues): así que ese binomio botánico sería simple traducción de κυνόροδον, "rosa de perro".  (El nombre griego se encuentra también ortografiado κυνόρροδον y con variantes aún más exóticas.)  Hoy el término cinorrodon (la mejor adaptación a nuestro idioma sería cinórrodo) designa, si yo me he enterado bien, y mis rodólogos favoritos no me han tomado el pelo, el falso fruto del rosal bravo, que empieza siendo el hipanto (o "bajos de la flor") y termina madurando en el cinórrodo o úrnula (diminutivo, éste, de urna, que no recuerdo si consigné ya entre los latinos).

En cuanto a la forma κυνάκανθα /ky-ná-kan-za/ (con la variante κυνακάνθη), de ella usa Aristóteles para designar la misma especie botánica, Rosa canina; sólo que el significado de cynacantha sería "espina de perro" o (en traducción probablemente más exacta) "zarza de perro" (ἄκανθα significa primariamente "espina", pero también "cardo", "raspa de pescado", e incluso, como el castellano espina, "columna vertebral").  Si lo castellanizamos, saldría la forma cinacanta.

Con esto termina mi ciencia sobre los nombres botánicos derivados de la forma κύων, que, por lo demás, da mucho juego en biología: la zoología conoce al menos una mosca Cynomyia "mosca de perro", y un coleóptero Cynegetis impunctata "cazadora sin puntos" (esto lo he deducido yo solito, de ver en las fotos que a estas mariquitas les faltan, en su mayoría, los típicos topillos de familia), por no hablar de los monos cinocéfalos y demás parientes; y habrá mucho más, supongo.


En cambio, como suele ocurrir, canis, la forma latina para "perro", da menos juego que la griega en la nomenclatura vegetal.  Aún así, se incluye en el nombre del Erythronium: dens canis "diente de perro" (como es preceptivo, las dos palabras se unen con guión para formar el nombre específico) es la versión latina del arriba mentado Cynodon.  (La forma canis corresponde al nominativo, pero también al genitivo, esto es, el caso para decir "de perro".)

Caninus, canina (el adjetivo derivado de canis) lo encontramos en el Elymus caninus (también llamado Agropyron caninum, Triticum caninum &c), en la Scrophularia canina y, por último, en la Viola canina.

A esas formas se limitan los restos de canis que hallo en la terminología botánica.  Tampoco en zoología he encontrado mucho: sólo una pulga, la Ctenocephalides canina, o Ctenocephalides canis L. (también aquí canis es el genitivo): la pulga del perro, claro está.


He aprovechado para repasar los nombres vernáculos (o que pasan por vernáculos) donde se usa la palabra castellana perro.

Perro no deja de tener su miga: es voz única entre las denominaciones romances del chucho, que en general continúan el canis latino (así francés chien, portugués câo, italiano cane &c).  El origen de la voz perro se ignora.  Lapesa, si no recuerdo mal, la da por prerromana (esto es: "vete tú a saber"), mientras que Corominas la considera voz onomatopéyica, originada en la llamada al perro con los sonidos prrr, prrr... 

(La lengua catalana parece ofrecer solución semejante a la castellana, ya que frente al antiguo ca, derivado de canis y ahora relegado a usos locales, se ha impuesto la forma gos, nacida también, según autorizadas opiniones, de la onomatopeya cus, cus usada para llamar al animal.)

Por cierto que no siempre son negativas las connotaciones de la voz: en mi pueblo perro es sinónimo de "astuto", "taimado", e incluso el erudito local Manuel Gargallo recoge la expresión "ser más perro que calaverín" (no sé si calaverín no será el mote de algún Sísifo pueblerino, y convendrá escribirlo con mayúsculas).

Pues bien, esto he cosechado: a la Paeonía se la llama perruna; uva de perro es el honrado nombre que recibe la Smilax aspera; el alquequenje (Physalis alkekengi) tiene el sinónimo de vejiga de perro; guadalperro se ha llamado a la Digitalis purpurea, y meaperros al Helichrysum stoechas.  A ojo, yo diría que el catálogo se queda corto y que perrunos debe de haber muchos más entre los nombres populares.

jueves, 27 de enero de 2022

De perros

Hace muchos milenios que convivimos humanos y chuchos, no sin desacuerdos, no en perfecta armonía, pero en larga interdependencia basada en el interés mutuo.  Caben en ella lazos muy distintos, pero a menudo de gran intensidad afectiva, como los que unen a mi vecina L.A. con su gozquejuelo (siempre engalanado con telas escocesas) o los que conocí entre Felipe T. (lejano primo mío) y su lebrel de caza, al que con gran amargura sacrificó de un tiro.

Así que no es extraño que hayamos hasta subido perros a los cielos, donde al menos dos acompañan a Oríon, el cazador celeste: el Can Mayor (al que pertenece la estrella Sirio, la más brillante del firmamento), y el Can Menor, en cuyo corazón resplandece la estrella Procion.  (Los mesetarios, cómo no, solemos decir Orión y Proción, como ese muchacho que siempre escribía llegarón y dijerón.)  Pero el honor celeste es excepción en el trato dado por el humano al perro, cuyo nombre, como veremos, sirve más bien para desdén y escarnio.

'Perro' en griego se nombra κύων /ký-oon/, palabra bastante rarilla cuyo genitivo es κυνός /ky-nós/.  La forma κυνός explica la mayoría de derivados (cínico, cinamomo, cinocéfalo &c), mientras que el nominativo κύων explica el nombre de la mencionada Procion, en latín Procyon /pró-ky-oon/.  Ya en griego προκύων significó, parece, 'perro delantero'.  En Homero κύων es, por cierto, la estrella Sirio (α Canis maioris), y parece ser que, si su diminutivo latino canicula "perrilla" designa hoy en castellano el bochorno veraniego, se debe a que el orto helíaco de Sirio coincidía en la antigüedad (según dicen) con el inicio del mes de agosto.

Κύνες "perros" y κυνικοί "perrunos" llamaron, con intención torva, a aquellos filósofos que, según era fama, cagaban y follaban en la vía pública, como los propios perros.  Yo sospecho que ningún cínico hizo tal cosa, pero así entendieron los necios la afirmación cínica de que lo natural no debería avergonzarnos (los cínicos venían a ser los jipis del mundo antiguo); no quiero extenderme en esto.

Cynosura "cola de la perra" identifica cierto lugar del Ática, cercano a Maratón.  Los griegos llamaron también Κυνόσουρα a la Osa menor.  En mis apuntes encuentro un género de gramíneas llamado Cynosurus /ky-no-súu-rus/, con su subtribu Cynosurinae (y también hay una mariposa a la que llaman Callicore cynosura).

Sin salir de las poáceas, el nombre del género Cynodon /ký-no-don/ significa "diente de perro", y también es perruno uno de los nombres españoles del C dactylon, "grama canina".  (Quizás habría sido más correcto llamarlo cynodus. pero se creó una voz en -on como en los Iguanodon, Mastodon y Toxodon, derivados todos ellos de ὀδούς ὀδόντος "diente"; κυνόδους, literalmente "diente de perro", en griego significa "colmillo", como nuestra voz canino, no menos perruna.)

Borraginácea o boraginácea, en cambio, es el Cynoglossum, cuyo nombre, "lengua de perro", lo hace pariente de los glotólogos y los poliglotas (que en castellano solemos llamar 'políglotas', esdrujulando la voz pese a la O bien gorda que ostenta el griego γλῶσσα "lengua").

Por último, un par de géneros con advocación canina, de los que ya he escrito algo aquí: Cynanchum y Cynomorium.  El veneno está entre las formas crueles inventadas para matar perros (sólo pensar en las zarazas me horroriza), y el Cynanchum acutum pareció adecuado para el canicidio, pues ἄγχω /án-joo/, el verbo que compone κύναγχον, significa "oprimir", "sofocar" (de su misma raíz tenemos en latín angor "inflamación de anginas", y a nadie le extrañará que esa raíz sea la de anginas y angustias).  En su libro IV Dioscórides dice (sigo la traducción de Laguna) que "amasadas con enjundia [grasa] las hojas de aquesta planta, y dadas a comer a los perros, a las panteras, a los lobos, y a los raposos, los matan, y súbito los derriengan".

Ya Dioscórides llama al matacán κύναγχον /ký-nan-jon/ o ἀπόκυνον /a-pó-ky-non/, ambas voces perrunas.  En su traducción, el doctor Laguna llama a esta planta Apocyno (no sabemos dónde pondría el segoviano el acento, pero lo correcto sería leer esdrújula: apócino, pues la Y de κυνός es breve), siguiendo el griego ἀπόκυνον, que podríamos traducir "alejaperros": de esta voz deriva también el nombre de familia Apocynaceae o apocináceas.  Por supuesto, en romance el C acutum se llama mataperros, matacán, ahogaperros, matacà, matagós &c.

En los nombres específicos encuentro una Aethusa cynapium (con forma castellana también perruna: "apio de perro", que supongo traduce cynapium, aunque ἄπιον en griego es más bien "pera" que "apio").  También hay una Asperula cynanchica (cuyo nombre deriva de cynanchum, no me preguntéis por qué), y encuentro una Thelygonum cynocrambe, una rubiácea que florece por estas fechas invernales y crece (al menos) en el sur de Italia, y cuyo nombre genérico proviene de θηλύς y γίγνομαι (¿"engendrahembras"?), mientras que el específico combina al perro con κράμβη /crám-bee/ "col" (¿"col de perro"?).  (Κυνοκράμβη está entre los nombres del matacán en el manual médico de Dioscórides.)

Aún me queda algo de cuerda (perruna); dejémoslo para otro rato.

Sirrio

El amigo M.B. acaba de construir un verdadero palacete para sus gallinas, y hace poco nos informaba por carta de haber recibido un magnífico sirrio desmenuzado, al que define como "barritas energéticas" para su huerto.  Jamás había oído esa palabra: sirrio.  Iba a preguntar a Manuel, pero ¿dónde quedaba mi prestigio de filólogo, ya escaso después de estas páginas?  Así que he tratado de hallar su significado por mis propios medios, y he dado así con una encantadora familia de palabras.

No me ha extrañado que sirrio faltara del diccionario académico (utilísimo siempre para saber lo que dice el diccionario académico), pero es que tampoco lo registra María Moliner, que con tanto primor recogiera el léxico usual de su tiempo y región.  Ahora bien, uno y otro sí traen, en cambio, sirria y sirle. y por este cabo he podido sacar un ovillo que donde mejor he visto desenredado es en el Diccionario Etimológico de Corominas y Pascual.

En este diccionario se puede leer, bajo la entrada sirle, sirria y chirle, la definición siguiente: "'excremento del ganado lanar y cabrío', en catalán xerri (serri, sirro), voz prerromana representada actualmente por el vasco zirri y su diminutivo txirri.  Primera documentación: sirria, 1621".

¡Admirable!  "Representada actualmente por el vasco zirri".  ¡Qué gracioso!  ¿Y no por el castellano chirle?  ¿No por el catalán xerri?  La frase entrecomillada es una prueba de que hasta el más sabio (y yo tengo por tal, quede bien claro, al simpático y ya difunto Joan Corominas) puede decir una solemne tontería.  Y la frase entrecomillada al comienzo de este párrafo lo es, tanto como la afirmación que corre como moneda corriente, y no suele ponerse en duda, de que el vasco es la más antigua de las lenguas peninsulares.

No, el vasco es tan antiguo como el castellano, el bable y el chino mandarin: todas los idiomas actuales tienen exactamente la misma edad.  Cada una de las lenguas (que están en constante mutación) es hija de su madre, y ésta de su abuela, y así hasta el primer balbuceo del primate.  Que no tengamos documentación de la madre y la abuela del vascuence no la convierte en más antigua que el valenciano y el portugués, ni es más joven el castellano o el catalán por el hecho de que conservemos una copiosa literatura latina.

Si usted, amable lectriz o lector, no me está comprendiendo, no se esfuerce; quizá no merece la pena.  Yo he tratado de explicarlo a gente con cierta formación, y en vano.  Uno de nuestros problemas es que cada vez hay menos filólogos que sepan algo de historia, y menos historiadores que tengan nociones de filología.  Pero, en resumen, afirmo que sirrio, xerri o chirle son representantes tan vivos y legítimos de una presunta voz prerromana (presunta nada más) como pueda ser el el vascuence zirri.  (Ya lo he dicho más de una vez, creo, "prerromano" no es ningún idioma: es sólo una braquilogía de "no tengo ni idea del origen y juraría que no es latino ni griego ni fenicio ni...".)

Pero volvamos al sirrio.  Las definiciones leídas, junto con la fotografía que acompañaba la carta de M.B., disipan cualquier duda sobre el significado excrementicio de sirrio: caca de ovejas.  Por cierto que la palabra se documenta por primera vez en el texto de un aragonés, Jaime Gil, en estas frases:  "También es mala la sirria del ganado para asiento de colmenas" y "es malo estar las nasas en sirriales de ganados".  (Corominas toma su cita de otro aragonés, el sabio zaragozano-tudelano Julio Cejador, un temible erudito poliglota convencido de que la vasca era la lengua madre de todas las demás.)

Recoge Corominas multitud de variantes, sirria y sirrio en Aragón, en la Litera serri, xèrria en Valencia y en el Maestrazgo eixerri, cirria en Santander...  Y, claro está, las formas extendidas sirle y chirle.

De todas las voces mencionadas, chirle es la única que para mí era familiar, y sólo en la forma aguachirle, a la que yo atribuía el significado (el corriente en casa) de "bebedizo aguado, insípido y flojo".  Hemos oído variantes de esta significación (por ejemplo, en Zaragoza a menudo suena aguachirri), aunque de lo leído recuerdo sobre todo el soneto con que Góngora zahiere a Lope de Vega y a sus seguidores, tachando su falta de nervio, su platitud.  Dice su primer cuarteto:

                                  Patos de la aguachirle castellana
                                  que de su rudo origen fácil riega
                                  y tal vez dulce inunda nuestra vega,
                                  con razón vega, por lo siempre llana...

Pero el aguachirle no es ahí, como yo pensaba, una bebida insípida.  El canónigo cordobés, según Corominas, "piensa en algo más inmundo que un vino sin gusto, en el cual no podrían nadar patos".  Ciertamente, a la luz de sirrio y de esta observación, y conocida la querencia escatológica del Góngora satírico, se ilumina, valga la antífrasis, el "rudo origen" al que alude el soneto.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el latín y la botánica?  Mucho, mucho.  Por de pronto, ¿cómo han de crecer bien las plantas, sin buena dosis de sirrio?  Y en segundo lugar, ¿no está todo esto escrito en latín?  Claro que sí: el castellano no es más que latín algo movido por el tiempo.  No nos dejemos engañar por las palabras, que no son más que eso, aire agitado, si bien inducen a forjar cosas, aun las inexistentes.  Ahí tienen a Camuñas, la Croquemitaine, el Entroido, la ómicron, la furona...  Uy, qué miedo.