domingo, 15 de agosto de 2021

Arctium

Paseando por las proximidades de Gormaz damos con una enorme planta vellosa, casi blanca con la abundante borra de sus hojas, grandes como paellas.  El amigo A. me pregunta cuál es, y ésta, por fortuna, la conozco: garrapitos la llaman en el pueblo de mis abuelos por la habilidad con que sus frutos se agarran a las lanas del ganado o al humano vestido.  Debo esta información a mi difunto tío Vicente.  El nombre botánico de la planta es ahora, si no me lo han cambiado, Arctium minus.

Como el pulgar de la princesa del cuento, sin duda la profesión causa deformidades.  Escribir estas páginas no es que sea una profesión, pero tanto girar mes a mes sobre el asunto, me vuelvo maniático de las etimologías botánicas.  Al decir el nombre lineano del lampazo caigo en la cuenta de que arctium no es más que la latinización del griego ἄρκτιον /árc-ti-on/ "osito", diminutivo de ἄρκτος /árc-tos/ "oso".  Si es así, habrá que añadir esta forma a los diminutivos griegos.

Ya en casa, consulto los calepinos y compruebo que arctium puede responder tanto al sustantivo ἄρκτιον como al adjetivo ἄρκτιος ἄρκτιον "ursino" o "de oso": cualquiera de los dos valdría para explicar el nombre genérico Arctium.  Ahora bien, el sustantivo ἄρκτιον ya tiene en griego significado botánico y así lo incluye Dioscórides en su obra (iv 104).  Esto se lee en la traducción de Laguna (iv 107):  "El Arctio, llamado Arcturo de algunos, también es semejante al Verbasco [φλόμος] en las hojas, aunque las hace más vellosas y más redondas; su raíz es tierna, dulce y blanca: el tallo luengo y blando; y la simiente, como el pequeño comino".

¿Qué planta era el ἄρκτιον dioscorideo?  Los diccionarios dicen que el Arctium lappa, al que Font Quer llama "lampazo mayor" (y los franceses traducen por bardane).  Los editores del Dioscórides de Salamanca que ahora manejo (Universidad de Salamanca, 2006) han debido de sufrir una grave confusión, pues dicen que el ἄρκτιον es la Celsia orientalis (sinónimo de Verbascum orientale según la wikipedia), cuyas hojas, por las imágenes que veo en la red, difieren radicalmente de la descripción de Dioscórides.

Por lo demás, sospecho que más de una vez se han confundido Verbascum (gordolobo, molène o bouillon blanc) y Arctium (arcio o lampazo, francés bardane).  La ilustración correspondiente al ἄρκτιον en el Dioscórides de Viena (el hermoso ejemplar iluminado para la princesa Anicia) parece más bien de un gordolobo (y los modernos editores opinan que se trata del verbasco de marjal o Verbascum limnense).  En cambio, en la muy reconocible imagen del Neu Kreüterbuch de Fuchs se ve claramente un Arctium: Fuchs lo llama Gross Kletten: "su nombre latino es personatia y los boticarios lo llaman Lappam maiorem y Bardanam".

Inversamente, el hoy llamado en botánica Arctium recibe en Teofrasto el nombre, según Amigues, de ἀπαρίνη /a-pa-rí-nee/ (que ahora sirve de específico de un Galium).

El género Arctium recibía antes de Lineo el nombre de Lappa (el que, según Fuchs, le daban los farmacopolas) y está en la lista que Bubani compuso de los nombres genéricos arbitrariamente cambiados por el sueco.  Pero no sin razón, en este caso, Lineo restituyó al lampazo su nombre griego: "osito".

Como es sabido, los antiguos colocaron al ἄρκτος, al oso, o más bien a las osas, en la región del cielo a la que apunta el eje terrestre.  Nuestras Osas ya eran ἄρκτοι para los griegos, y esa es la razón de que llamemos árticas a las regiones próximas al polo norte (y anti-árticas o antárticas a las del polo sur).  La palabra griega para "oso" da nombre también a una estrella próxima a las Osas: ᾿Αρκτοῦρος /Arc-túu-ros/ o Arturo, hoy la más brillante de la constelación Bootes, pero que para los helenos era lo que dice su nombre, "la cola de la Osa" (οὖρος, "cola", como en urodelos y uróboros).

He aquí que nuestro lampazo conecta, por su nombre, con las estrellas circumpolares.

6 comentarios:

  1. Buscando información didáctica sobre la nutación terrestre - ligera oscilación periódica del eje de la Tierra causada por, entre otras, la atracción solar y lunar -, he encontrado por casualidad este magnífica serie de artículos, que estoy disfrutando a pesar de mi absoluta ignorancia en ambas materias, Lingüística y Botánica.
    Permítame agradecerle su generosa, enriquecedora y formativa contribución, que si no tiene inconveniente, reenviaré a aquellos - por desgracia, pocos - que también lo considerarán un soplo de aire fresco entre tanta inmundicia.
    Me ha hecho recordar al Sr. D. Lázaro Carreter, Fernando, y su excelente compilación de " El dardo en la palabra ".
    Cuán importante es la etimología de las palabras.

    Muchas gracias.

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  2. Brevemente: una amiga de Donosti a Arctium la llama, oportunamente, 'pegotes'. El grupo de frutos con ganchillos, cadillos, cadejos, ¿gafetes?, etc., merecería uno o varios textos, de su parte.
    Cordialmente
    Romà Rigol

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  3. Pues nada me gustaría más que estar a la altura, pero, aunque mi garrulería me lleva a menudo a pisar el terreno de las lenguas romances, procuro limitarme aquí al latín botánico. La razón es que las voces romances, los nombres a menudo llamados vernáculos (sobre los que algún día acabaré por dar alguna opinión) constituyen un cuerpo tan extenso e inextricable que me da mareo sólo de pensar en buscar un sentido en ese maremágnum. Casualmente en una de las redes que ahora frecuento publicó alguien una foto del lampazo, hace ahora más o menos un mes, y la gente dio en comentar los nombres que le daban en su pueblo. Tomé nota y son éstos, en orden alfabético: amores (Murcia), arrancamoños (Vasconia), bellucos (Aragón), cadillos (León), caíllos (Sevilla), cartuchos (Aragón), cerdones (Gualajara), garabitos (Andalucía), garrapitos (León; me agradó ver confirmado el nombre de mi tío, que era leonés), pegas (Medina del Campo), perritos (Andalucía), piejos (Vasconia), piojos (Andalucía), rascamoños (Vasconia), repegones (Madrid); y tres más que no pude localizar: amores, enredapelos, peguchos. Vaya hermosa colección, y sólo de los frutos del Arctium minus.

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  4. Una aportación adicional a los nombres vernáculos del lampazo. Soy de Astorga, donde pasé mi niñez en los años 50. Allí llamábamos a la planta, pero sobre todo a sus inflorescencias, respigones. Con ellos jugábamos a lanzarlos para que se engancharan en pelo y ropa. Veo que hay una variante madrileña del nombre que nosotros usábamos.
    Gracias por sus excelentes y documentados artículos, no faltos de humor.

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  5. ¡Astorga! Yo jugué alguna vez, junto a sus murallas, en una época en que ni sabía ni me importaban un pito los romanos y Gaudí. Mi madre comenzó en Astorga un bachillerato que la guerra de 1936 le impidió terminar, y siempre lamentó esa interrupción, que llegó a ser definitiva.

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