jueves, 10 de octubre de 2019

Frutos II


Entro ahora a la faena de capa con los nombres genéricos derivados de καρπός.  Sólo me ocuparé, salvo error, de algunas plantas "superiores", "vasculares", traqueófitos o Tracheophyta para los más finos.  No tengo anotadas más que un par de algas y el Rhizocarpon, ese liquen llamado "fruto-raíz".

Adenocarpus es un género de fabácea cuyo A hispanicus es el cambroño.  Tengo esperanza de que corresponda a la foto de arriba, porque yo la he dado por cambroño legítimo, quizá como Alonso Quijano dio su artefacto por finísima celada de encaje.  En Adenocarpus tenemos ἀδήν /a-deén/ "glándula": significaría, pues, de "fruto glanduloso".  Glándulas en la foto no faltan.

Artocarpus altilis es el célebre árbol del pan que el capitán Bligh trató de llevarse de Polinesia en la Bounty, y ya sabemos cómo acabó.  En griego ἄρτος /ár-tos/ designa precisamente al pan, y en particular al buen pan de trigo.  El adjetivo altilis, por su parte (áltilis, esdrújulo, como agilis, facilis y habilis), significa "nutritivo" y deriva del verbo alo "alimentar"; puesto que altus es el participio de ese verbo (significa a la vez "alimentado" y "alto"), podrá pensarse que ya los romanos conocían la relación entre la dieta y la estatura; pero nótese que en latín clásico (contra lo que sugieren erróneamente tantos manuales escolares) un hombre alto no es altus sino longus.

El Artocarpus pertenece a la familia Artocarpaceae.  Veo que también hay unas Podocarpaceae (supongo que derivarán de πούς /puús/ "pie", genitivo ποδός /po-dós/); al parecer son unas coníferas australianas.  ¿Tendrán pies sus frutos?  ¿O tendrán un pie de largo?

El Carpobrotus (literalmente "fruto comestible") lo vimos hace poco.  Vayamos, pues, con el Condylocarpus apulus Hoffm (Tordylium apulum L), cuyo específico lo declara de la Apulia (o Puglia, región del sur de Italia), mientras que el genérico deriva de κόνδυλος /kón-dy-los/, palabra de origen obscuro que designa el bulto de una articulación, sobre todo el codo o los artejos de la mano (en medicina al "codo de tenista" lo llaman, creo, condilitis o epicondilitis).  Así que me inclino a pensar que alguna articulación o codo tiene el fruto de esa yerba.

El fruto del Gymnocarpium (que es un helecho) debería, por el nombre, estar en pelotas, que es como se ponían los antiguos para hacer gimnasia (γυμνός /gym-nós/ --la G siempre suave-- quiere decir "desnudo"; en cambio las Gymnospermae tienen en pelotas la semilla o σπέρμα).

Aunque es una gesneriácea tropical, quiero mencionar el Streptocarpus, porque στρεπτός /strep-tós/ "girado", "torneado", "tejido" es adjetivo verbal del importante στρέφω /stré-foo/ "girar", "volver" (cf estrofa, estróbilo y muchas otras).  Στρεπτός en biología toma a menudo una concreta acepción: "en cadena" (τὰ στρεπτά designa cierto collar de anillos): de ahí los estreptococos o "cocos en cadena" (a diferencia de los estafilococos o "cocos en racimo").  En Streptocarpus, sin embargo, está con el mismo valor que en estróbilo y significa "fruto helicoidal".

Trachycarpus fortunei parece ser una de las palmeras más solicitadas en jardinería.  El fruto debe de ser áspero, rugoso, pues eso quiere decir el adjetivo τραχύς τραχεῖα τραχύ: recito las formas masculina, femenina y neutra (como hacemos en la escuela) porque la forma femenina se aplicó a la τραχεῖα ἀρτηρία o "vaso rugoso", que simplificado en τραχεῖα da en latín trachea o trachia, y en castellano tráquea.  El latín botánico tomó esa voz, trachea, para designar los vasos vegetales; entre ellos están las traqueidas (con el sufijo -eido "con aspecto de") características de las plantas vasculares o Tracheophyta que arriba citábamos.

Por cierto que tráquea es una de esas esdrújulas sin justificación: también los médicos cuecen habas.  Puesto que en latín trachea y trachia tienen la E y la I largas (como corresponde al diptongo griego εῖ), sobre esas vocales ha de caer el acento en latín, y por ende en castellano la tráquea debería llamarse más bien traquea: la acentuación francesa (trachée) es más etimológica.  Digresión inútil, dirás; sí, lo reconozco; pero ¿qué sería de mí sin digresiones inútiles?

lunes, 7 de octubre de 2019

Frutos


Me pide el amigo D. información sobre términos como lasiocarpa o dasycarpa, así que dedico unos ratos al griego καρπός /kar-pós/ "fruto", palabra de la misma raíz indoeuropea que el verbo latino cárpere (cuyo imperativo da el carpe diem "cosecha tu día" de Horacio) y el nombre alemán del otoño (Herbst: el tiempo de los frutos).

Καρπός es voz muy productiva en botánica, al contrario de la equivalente latina (fructus) que se limita a proveer fruto, fructificación, infructescencia y pocos derivados más (lo que, como ya vimos, ocurría con radix frente a ῥίζα; y adviértase, de paso, que fruticosus o suffruticosus nada tienen que ver con fructus "fruto", sino con frutex "arbusto": son voces de origen distinto).  En cambio καρπός es fecundo incluso en biología en general: carpófago es el bicho que come frutos, y toda una rama de botánica es la carpología o "ciencia del fruto".

De καρπός tenemos en latín botánico carpellum, con una curiosidad: es diminutivo latino de una palabra griega.  Como castellum de castrum "baluarte", cribellum de cribrum "zaranda", o labellum de labrum "labio", carpellum es diminutivo... de καρπός, y aunque signifique "carpelo", literalmente vale "frutillo".  Tengo aquí registrado el adjetivo bicarpelar, que supongo alude a dos carpelos; busco en la red los hipotéticos tricarpelar, tetracarpelar, pentacarpelar..., y encuentro hasta decacarpelar ("de diez carpelos") pero el ocho falta, parece (octocarpelar).

Quizá convenga advertir, antes de pasar adelante, que no contienen καρπός, que yo sepa, palabras como carpatica (que vendrá de los montes Cárpatos), o carpetanus (de nuestros montes de Toledo), ni el carpe o, en latín, carpinus: estas voces, como el nombre del legendario Bernardo del Carpio, provienen, dice alguno, de una raíz prerromana que significaría "piedra".  (¡Qué socorridos son los prerromanos!)

A καρπός se añade toda suerte de componentes, por ejemplo el frecuentísimo adjetivo πολύς /po-lýs/ "mucho": πολύκαρπος /po-lý-kar-pos/ es palabra ya homérica, de la Odisea, con el significado esperable: "de mucho fruto", "fructuoso", "fructífero".  En botánica encuento una Medicago polycarpa y un Scleranthus polycarpus (acento en -cár-).  También hallo en los altares un san Policarpo, distinto, sin duda, de san Fructuoso, por más que el nombre de ambos santos varones signifique lo mismo.

No menos frecuente, el adjetivo μόνος /mó-nos/ "único" da la voz monocarpo, que se define como el fruto surgido de una sola hoja carpelar; sin embargo, el adjetivo monocárpico, además de referirse al monocarpo, designa también (desde De Candolle, según Font Quer) a las plantas que mueren después de su primera y única fructificación; yo he oído llamar monocárpica a la Saxifraga longifolia.

Los frutos pegaditos entre sí son sincárpicos, los separados apocárpicos.  La diferencia estriba en esos dos prefijos antónimos, sin- y apo-, que tanto interesa conocer a quien maneje léxico científico.  La preposición griega σύν /sýn/ (recuerdo que la Υ griega se debe pronunciar como la U francesa) indica en general "unión", "compañía", como su sinónima latina cum (por eso sim-patía y com-pasión son etimológicamente idénticas).  En cambio, la preposición ἀπό /a-pó/ y su correspondiente en latín ab (o sus variantes a, abs) indican lo contrario: "separación", "alejamiento" (de ahí que el apogeo sea el punto de máxima lejanía de la tierra, y que esté ausente el que está lejos: ab-sentem en latín).

El fruto puede madurar al aire (griego ἀήρ /a-eér/), en cuyo caso es aerocarpo y tenemos aerocarpia, de donde el adjetivo aerocárpico; o bien en tierra (γῆ /gée/), de donde geocarpia y geocárpico; o bien de ambos modos (la preposición o adverbio ἀμφί /am-fí/, prima hermana del latín ambo, significa "por uno y otro lado"), en cuyo caso decretaremos anficarpia, y anficárpico.  Con este último adjetivo hay un Lathyrus amphicarpus y una Vicia amphicarpa (a la que Font Quer pone como ejemplo de anficarpia).

¿Frutos iguales?  Homocarpos.  Me acabo de inventar esta palabra, pues yo tengo anotada heterocarpia (y heterocárpico); pero si hay ἕτερος /hé-te-ros/ "diferente", ¿por qué no va a haber ὁμός /ho-mós/ "igual"?  El diccionario me da la razón: gracias, muy amable.  (De ὁμός viene en latín el prefijo homo-; la variante homoeo- /ho-móe-o-/ se debe a que ὁμός tiene un sinónimo ὁμοῖος /ho-mói-os/; de ahí la homeotermia y demás.)

Opecarpo se llama el fruto capsular que abre por un agujerito: ὀπή /o-peé/ "agujero" es palabra pariente de oculus "ojo" (que dice lo mismo en castellano, véase "el ojo de la aguja").  En cuanto al fruto tardío, se lo llama opsicarpo.  Yo hubiera metido la pata y pensado en ὄψις /óp-sis/ "apariencia" (de la misma raíz que ὀπή y oculus); pero gracias al diccionario de Font Quer veo que viene del adverbio ὀψέ /op-sé/ "tarde", que en botánica, por lo visto, se usa como prefijo.  Así que si un término empieza por opsi- será tardío (sinónimo de serotinus), pero si acaba por -opsis tenemos "con apariencia de".

Las partes del fruto se bautizan a partir de καρπός: el exterior o pericarpo (περί /pe-rí/ "alrededor"), el interior o endocarpo (ἔνδον /én-don/ "dentro"), y en medio el mesocarpo (μέσος /mé-sos/ "medio").  Veo que la lista se hace interminable, con términos como epicarpo, esquizocarpo, mericarpo, etcétera.  De momento aquí me detengo, y dejo los binomios con carpo para otro rato.  Pongo ahí arriba unas naranjicas, sólo por gusto.  ¡Son de Sevilla!

sábado, 28 de septiembre de 2019

De raíces y estirpes

Es curioso que radix /rá-dix/ (la palabra latina para "raíz") tenga tan poca presencia en la nomenclatura botánica; al menos yo encuentro muy pocas formas derivadas, y aunque fueran el doble aún serían escasas en comparación con las que vienen de la correspondiente voz griega, que luego expondré.  Da la impresión de que radix haya agotado su virtud en palabras de significado figurado, pues ha producido muchos términos del lenguaje filosófico, político, matemático, etc.: erradicar, radical, radicación y demás.

Es fácil buscar en el diccionario las palabras que entran por radic-: vemos ahí que radical tiene en botánica exactamente el significado material ("de la raíz") del latín radicalis; que radicación no es aquí una operación aritmética sino "la disposición de las raíces"; radicar no es tener sede o domicilio, sino mero sinónimo de "arraigar"...  Aparte de esa docena de palabras, pocas más hallo entre los binomios lineanos: hay un Papaver radicatum (una amapola norteña, al parecer), y una Hypochoeris radicata de la que, creo, me ocupé hace días.  ¿Qué sentido tiene ahí el adjetivo radicatus, que significa, que yo sepa, "arraigado"?  ¿Acaso carecen de raíz las otras amapolas?  ¿O las tienen más flojas?

La otra voz latina para "raíz", stirps (que da en castellano, por vía culta, "estirpe"; exstirpare es el equivalente exacto de erradicare "arrancar de raíz"), es aún menos productiva que radix: no encuentro ningún binomio derivado de stirps, si bien el latín botánico ha tendido a usar esta voz como sinónimo de "planta" o, quizá más exactamente, "especie botánica", y en esta acepción abunda en los títulos de los ensayos florísticos.  Mencionaré por ejemplo, ya que estamos en Aragón, la Synopsis stirpium indigenarum Aragoniae o "Panorama de las plantas autóctonas de Aragón" que Ignacio de Asso publicó en Marsella en 1779.

Cosa distinta sucede con el griego ῥίζα /rí-dsa/, que produce una buena porción de palabras en biología, entre ellas, por ejemplo, rhizophagus (ἔφαγον "yo comí"): rizófago es el animal en cuyo menú predominan o son exclusivas las raíces.  Búsquese en el diccionario por rizo- y se encontrarán.  En botánica toda una familia recibe el nombre de Rhizophoraceae o rizoforáceas: son los mangles o paletuvios, debido, supongo, a que estos arbustos se sostienen (φορέω "llevar") sobre las raíces como los sampedranos sobre los zancos.

En cuanto a nombres genéricos, también hay varios derivados de ῥίζα.  Empiezo por la Aetheorhiza bulbosa, la que más me inquieta, pues no he encontrado por ningún lado explicación del primer componente.  Se trata de una compuesta en cuyo sistema radical aparecen unas patatillas que explican su nombre común de "castañuela" o "avellana de tierra".  Teofrasto la llama περδίκιον, "perdicilla".

En mi indocta opinión, y puesto que AE latina presupone el diptongo ΑΙ griego, y TH la Θ, el elemento aetheo- no puede provenir más que del griego αἶθος /ái-zos/, genitivo αἴθους o αἴθεος, que significa "ardor", "fuego", "llama" y es pariente de αἰθήρ /ai-theér/ "éter", que en origen designó a esa sustancia hipotética, más caliente y ligera que el aire, próxima, si no idéntica, al fuego, que constituía la última esfera del universo tolemaico y cuyos grumos eran las estrellas.  (Ese quinto elemento ha traído de cabeza a la Física, hasta que no hace mucho, a fines del XIX, si no me equivoco, se demostró con finos experimentos su inexistencia.)

He visto en la red varias fotos de la Aetheorhiza, y en la mayoría presentan, tanto las raíces como los "bulbos", una coloración tostada o rojiza que podría justificar el nombre alusivo al fuego.  Hubiera sido más lógico, pienso yo, aethio- en vez de aetheo- (como en la voz αἰθίοψ /ai-zí-ops/ "etíope": los griegos llamaban a los etíopes literalmente "caras tostadas", de ὄψ "rostro"); o bien aetho- (de αἰθός /ai-zós/ adjetivo que justamente quiere decir "tostado"); pero allá van leyes do quieren reyes.

Género bien conocido es Glycyrrhiza /gly-ky-rrí-dsa/ que significa "raíz dulce" (de γλυκύς /gly-kýs/ "dulce"): de glycyrrhiza provienen el latín tardío liquiritia y los romances regaliz, francés réglisse, italiano liquoriza &c.  En español los palos que tanto nos gustaba roer de niños se han llamado también paloduz, evidentemente de "palo dulce" que casi es calco de glycyrrhiza (como el alemán Süssholz).  Advierto que en este y en géneros semejantes se pone a veces RR doble, a veces R simple, incluso (por descuido, diría yo) ambas grafías en el mismo texto: es difícil hacerse idea de qué es lo correcto en botánica.  Desde la filología, creo más ortodoxa la R simple (como en Aetheorhiza) pero en algún caso la RR viene ya del griego.  Alá provea.

Otros géneros con ῥίζα son Corallorhiza (la C trifida /trí-fi-da/ es una orquidácea cuyas raíces ostentan la figura arborescente del coral, corallum o corallium en latín, en griego κοράλλον o κωράλλιον); y otra orquidácea, la Dactylorhiza, a la que supongo raíces como dedos (δάκτυλος /dác-ty-los/ "dedo").  En todos estos géneros el acento va en la I de -rhiza debido al carácter doble de la letra Ζ.

En los nombres específicos encuentro el Caladium glycyrrhizum, un sinónimo de la Colocasia esculenta (que ha de tener raíz dulce, claro está), la Carex polyrrhiza (sinónimo de C umbrosa Host), que supongo tendrá muchas raíces (πολύς /po-lýs/ "mucho"); la Drosera erythrorrhiza /dró-se-ra e-ry-tro-rí-dsa/, a la que hay que suponer una raíz roja como el pecho del petirrojo (ἐρυθρός /e-ry-zrós/ "rojo").  Hay también un Lathyrus macrorrhizus o "de gran raíz" (μακρός "grande"), sinónimo de L linifolius, y, en el extremo opuesto, la planta sin raíz, la Wolffia arrhiza (otras veces leo Wolfia) o lenteja de agua: aquí está el prefijo negativo ἀ-, equivalente al latino in-, de modo que arrhiza (léase /a-rrí-dsa/) significa "sin raíz", como atheus "sin dios" o alalos "sin habla".

Dejo para el final el Galium cometerhizon: la primera vez que oí este nombre (fue no hace mucho, en una excursión a Urdiceto) yo pensé, viéndolo vegetar en esas áridas alturas, en "come-terrizo", como las opiladas del siglo de oro; pero por escrito ya se ve que el nombre específico habla de "raíz melenuda" (de κομήτης /co-meé-tees/ "melenudo", palabra que deriva de κόμη "cabellera" y da en español cometa --astro dotado, como es sabido, de cabellera).  De la palabra cometerhizon he encontrado las variantes cometerhizum (lo que no es grave, pues los neutros griegos en -on corresponden a los latinos en -um) y cometorhizon, con O, que me parece forma menos defendible.

Concluyo.  ¿Cómo se dice "herborista" o, si queréis, "botánico" en griego?  Se dice ῥιζοτόμος /ri-dso-tó-mos/ que literalmente (de τέμνω "cortar") significa "cortarraíces".  Rizótomo, si lo castellanizamos.

lunes, 16 de septiembre de 2019

De Teucro y otras yerbas

El mito griego registra la existencia de dos Teucros, ambos del ciclo troyano, uno el ancestro, el otro el vástago lejano.  Como ocurre con tantos héroes homéricos, el nombre Τεῦκρος tiene poco aspecto griego.

El Teucro más antiguo era hijo del río Escamandro (el río de Troya) y una ninfa del monte Ida (el monte de la Tróade); aunque otras tradiciones lo dan por inmigrante de Creta, y no faltan atenienses que lo reputan hijo de Atenas.  Si vino de Creta con su padre Escamandro, el motivo fue un oráculo que les ordenó establecerse allí donde fueran atacados por los "hijos del suelo".  Y hete aquí que, vivaqueando en lo que luego sería Ilión, amanecieron los cueros de sus armas roídos todos de ratones.  Comprendiendo que el oráculo se había cumplido, erigieron un templo a Apolo Esminteo o Apolo Ratonil (de σμίνθος "ratón" o, más bien, "rata": a este Apolo invoca el padre de Criseida en el primer canto de la Ilíada: Σμινθεῦ).

Este primer Teucro es el progenitor de la familia real troyana.  Virgilio, para referirse a Troya y a los troyanos, siente preferencia por las voces Teucria y Teucri.

El otro Teucro era sobrino de Príamo (el rey de Troya cuando ésta fue destruida por los Atridas), como hijo de su hermana Hesíone, unida al rey de Salamina, Telamón: así que Teucro es también hermano del gran Áyax o Ayante Telamonio (el remoto antecedente de don Quijote, pues perdió la chaveta y se puso a alancear ovejas: la vergüenza por su mísera hazaña hizo que se suicidara al recuperar la lucidez).

Aunque Teucro era sobrino del rey troyano, participa con su hermano Ayante del ejército griego, el sitiador.  Teucro era un muchacho valiente y envió a los infiernos, en buena lid, a un buen fajo de troyanos.  Cuando lo del caballo de Troya, fue uno de los elegidos para ocupar sus entrañas.  Sin embargo, tuvo mala suerte: de regreso a casa, su padre Telamón lo repudió por no haber ayudado más al primogénito.  Teucro, desterrado, va a Chipre y allí funda la Salamina chipriota.

¿A cuál de los dos Teucros homenajea la hierba llamada τεύκριον /téu-cri-on/?  Sin duda al segundo: la mayoría de nombres botánicos parecen referirse a esa generación broncínea: Heracleum (heracleon), Achillea, Centaurea.

Escribe Plinio (Naturalis historia 25 45): Invenit et Teucer eadem aetate teucrion, quam quidem hemionion vocant, spargentem iuncos tenues, folia parva, asperis locis, austero sapore; numquam florem neque semen gignunt "Por la misma época [Plinio acaba de aludir a Aquiles y la aquilea] también Teucro descubrió el teucrio, al que llaman hemionio, que esparce unos juncos delgados, hojas pequeñas, en lugares escarpados, de sabor acre.  No produce flor ni simiente".

Hemionium deriva del griego ἡμίονος /he-mí-o-nos/ "mula" (un compuesto de ἡμί-, el equivalente del latín semi-, y ὄνος "burro": "mula" se dice en griego "semiburro").  Parece ser que el nombre le viene de las propiedades de la hierba para provocar esterilidad en la mujer.  En efecto, del ἡμίονος habla Teofrasto (9 18 7) en estos términos:  "La hoja del hemíono es para las mujeres una manera de no concebir; se mezcla, dicen, con un poco de pezuña de mula y de su piel".

Ahora bien, ¿qué vegetal es el hemíono o hemionio o el teucrio de Plinio?  No hay unanimidad entre los autores, antiguos o modernos.  En Dioscórides el hemíono parece ser un helecho, según Bailly; la editora de Teofrasto dice que es el Ceterach officinarum.  El τεύκριον de Dioscórides es, según los diccionarios, el Teucrium lucidum; Font Quer afirma que es el Teucrium flavum.

"El teucrio cura el bazo", continúa informando Plinio: "y consta que su hallazgo fue así: habiendo tirado encima las vísceras de un sacrificio, el teucrio se adhirió al bazo y lo vació.  Por eso algunos lo llaman splenion".  En griego "bazo" se dice σπλήν, de donde el spleen inglés, que designa la que nosotros llamamos también pajarilla y melsa.  Siempre ha tenido este órgano relación con el humor: a Baudelaire se lo ofuscaba; y nuestro dicho "alegrársele a uno las pajarillas" es, dicen, una alusión directa al bazo.

"Cuentan que los cerdos que comen la raíz del teucrio aparecen luego sin bazo".  Este Plinio...  Ahora que lo pienso, le pasa lo que a mí: le cuesta no soltar todas las notas que ha tomado.

sábado, 24 de agosto de 2019

De Aquiles y aquileas

Aquiles es de los personajes de relieve en el panteón griego.  No es un dios, pero se acerca bastante: sabido es que lo fue su madre, Tetis, diosa marina a quien un oráculo (el mito griego está lleno de amenazas oraculares, motor de la tragedia; oráculos y amenazas que, por lo demás, nadie sabe de dónde salen) pronosticó: si engendras un hijo divino, derrocará a Zeus, como hizo éste con su padre Cronos.  He aquí por qué Zeus obligó a Tetis a solemne boda con un mortal, Peleo, rey de Tesalia: así no engendraría más que hijos mortales.  (Los griegos creían, con un candor que Aristóteles puede compartir con cualquier subsecretario de Hacienda, que la semilla era del papá, y mamá era el tiesto.)

Tetis no se resigna a que su hijo muera y prueba con él todos los remedios que conoce o inventa para hacerlo inmortal: incluso quema su cuerpo para que lo mortal del nene se haga humo y quede sólo sustancia divina (algún mitógrafo asegura que el Aquiles que luchó en Troya era el enésimo hijo de Tetis y Peleo: los anteriores habían perecido chamuscados).

Por último, Tetis empapa al churumbel con las negras aguas del Éstige, el río infernal, que, como todo el mundo sabe, hacen invulnerable la piel que tocan (sólo falta encontrar el río, cosa hacedera para una diosa marina).  Así Aquiles, si no eterno, se vuelve durillo de piel, salvo, ¡ay!, la parte por la que su madre lo sujetaba, para no ser arrastrado por la corriente estigia.

La juventud de Aquiles bajo tutela del centauro Quirón (el de la centáurea), la detección por el astuto Ulises del joven vestido de doncella, la opción por éste de una muerte gloriosa antes que una vejez oscura, su marcha a Troya, el robo de Briseida, la cólera, el llanto, Patroclo, Héctor, su muerte, en fin, por la flecha que Paris acertó a clavar en el mismísimo talón de Aquiles...; la Ilíada, en suma, ya lo conocen ustedes, o, si no, pueden leer a Homero, autor de provecho en verano, y aun en entretiempo.

A este héroe homérico está consagrada la aquilea o milenrama (este es el nombre que le da Font Quer), quizá porque las virtudes vulnerarias de la hierba cuadraban a su condición guerrera.  El Dioscórides renovado da una receta de infusión aguada para lavar heridas y que encueren.

Achillea o "aquilea" es en principio un adjetivo derivado del nombre de Aquiles.  La milenrama se llamó en griego ᾿Αχίλλειος /a-jíl-lei-os/, o bien ᾿Αχιλλεία /a-jil-léi-a/, "la aquilea" o "la de Aquiles"; término que no encuentro en Teofrasto pero sí en Dioscórides.  Sólo que este médico parece hablar de una planta acuática también llamada στρατιώτης ὁ ποτάμιος /stra-ti-oó-tees ho po-tá-mi-os/ "soldado fluvial", que no sé si es la misma llamada στρατιώτης χιλιόφυλλος /stra-ti-oó-tees ji-li-ó-fyl-los/ "el soldado milhojas"; ahora no lo consigo precisar y, a decir verdad, no sé si merece la pena.

También aparece en Dioscórides (y en Galeno de Pérgamo) una planta llamada μυριόφυλλον /my-ri-ó-fyl-lon/ "diez mil hojas" (μύριοι no significa en realidad "diez mil", sino más bien "infinitos", "innumerables": hasta el Arenario de Arquímedes nadie se preocupó de manejar cifras que se consideraban inalcanzables; es gracioso que también los chinos, si no mienten los sinólogos, se refirieron al universo como "los diez mil seres").

En fin, esas palabras pasaron al latín como Achillea (pronunciado /a-kil-lée-a/: la E es larga, como corresponde al diptongo griego ει) y millefolium, que son transcripción y calco, respectivamente, de aquellas griegas.

En su Naturalis historia dice Plinio que la milenrama es hallazgo de Aquiles (25 42): Invenisse et Achilles discipulus Chironis qua volneribus mederetur, quae ob id Achilleos vocatur, et sanasse Telephum dicitur "también dicen que la descubrió Aquiles, el alumno de Quirón, para curar heridas, por lo que la llaman aquilea, y que con ella curó a Télefo".  Y algo más adelante: Aliqui et hanc panacem Heracliam, alii sideriten et apud nos milifoliam vocant, cubitali scapo, ramosam, minutioribus quam feniculi foliis vestitam ab imo "algunos también la llaman panacea de Hércules, otros siderite y entre nosotros milifolia, el tallo de un codo de altura, ramosa, vestida desde abajo con hojillas más pequeñas que las del hinojo".

Pero, añade, otros dicen veram Achilleon esse scapo caeruleo pedali, sine ramis, ex omni parte singulis foliis rotundis eleganter vestitam "que la verdadera aquilea tiene el tallo azulado, de la altura de un pie, sin ramas, y viste con elegancia hojas simples redondas".  ¿De qué planta habla aquí Plinio?  Ni idea.

martes, 6 de agosto de 2019

Flores del Puigmal II


Así, pues, la foto de la página anterior es de una Achillea ptarmica.  Ahora, para despistar, pongo aquí una foto de la Arnica montana.  Ya sé que es una tontería pero de las Achilleae yo sólo conocía la millefolium y me ha alegrado saber que tiene una prima trabajando en el Pirineo.  Me preguntó G. por el significado de ptarmica y no supe responderle y, como suelo en estos casos, llegado a casa intento llenar el vacío.

(Dicho sea de paso, a menudo anoto aquí las dudas que me surgen; pero a veces me encuentro sin saber por dónde tirar.  Como el propósito inicial de este cuaderno es ser útil, solicito, por la presente, de sus lectores la formulación de cuantas dudas les ocurran, por vía de comentario --o por la vía que quieran.  No lo he hecho antes porque encuentro pretencioso pontificar sobre nomenclatura botánica sin distinguir una cárex de una lechuga; pero el lector sabrá mejor, a estas alturas, a qué atenerse.  Yo, desde luego, responderé encantado lo que sepa y --ay, me temo-- también lo que no sepa.)

Pues bien, acorazado ya con mamotretos y calepinos, puedo decir ahora que ptarmica o, en castellano, ptármica, significa "estornutatoria", y continúa el adjetivo griego de igual significado πταρμικός /ptar-mi-cós/, femenino πταρμική /ptar-mi-keé/ (de ahí el latín ptarmica, esdrújula por ser la I breve).  Ese adjetivo es primo de la voz griega πταρμός /ptar-mós/ "estornudo" y del verbo πταίρω /ptái-roo/ que, ya lo habrá usted adivinado, significa "estornudar".

Lo que me resulta prodigioso es que, buscando luego la etimología de arnica (otra interesante pregunta de G., a quien doy las gracias: tampoco supe qué responder porque desconocía esa palabra latina), me encuentro con lo siguiente: arnica falta en los diccionarios de latín clásico.  Y el amigo Corominas afirma que la voz castellana "árnica" proviene "del latín moderno botánico arnica, que parece una deformación del griego πταρμικός..."; en apoyo de esta hipótesis invita a comparar "los nombres populares del árnica: estornudadera, tabaco de montaña", y su nombre starnutella usual en el norte de Italia.  Ahora bien, concluye el maestro Corominas, "no está explicada esta deformación".

El Dioscórides renovado de Font Quer confirma esos nombres vulgares, y agrega otros más; en cuanto a la etimología, añade don Pío una interesante información, en apoyo de aquella: la Flora española de Quer designa esta planta con la variante armica o ármica.  No obstante, reconoce que la etimología es incierta.

Encontramos Arnica montana al día siguiente, en un rincón fresco y rico adonde nos llevó J.V.  Ésa, la de la foto, es la auténtica árnica, la Arnica montana de Lineo (hojas caulinares opuestas).  Enumera Font Quer las muchas especies que han sido abusivamente llamadas árnica (Inula montana, Inula helenioides, Asteriscus spinosus...) y concluye:  "En fin, cualquier planta de esta familia, con tal que sus flores sean amarillas, puede pasar por árnica, y no sólo en nuestro país, sino en otros muchos países europeos.  Y a menudo la persuasión de las gentes es tan firme que se irritan cuando se niega veracidad a sus asertos y se les dice que su árnica no es árnica ni mucho menos".

domingo, 4 de agosto de 2019

Flores del Puigmal


Después de un tiempo en que, lo confieso, tenía a las hierbas abandonadas, no hay como un encuentro con los amigos botánicos para recuperar el entusiasmo.  Con esta tribu estupenda y sabia subimos al Puigmal en un día hermosísimo que deparó toda suerte de bellezas, desde ranitas y potrillos en los prados hasta los colores, ora ferruginosos ora nacarados, de los esquistos próximos a la cumbre.

Y las plantas, claro.  Eran para mí casi todas novedad, y apunté sus nombres, con esperanza de aprender alguno.  Ahora, de vuelta en casa, fatigo diccionarios con entusiasmo delegado, en la alegre inercia de un par de días deliciosos.

Una de la estrellas de la jornada fue, si no me equivoco, la Xatardia scabra (por ignorancia, yo había anotado Satardia), una umbelífera que prospera entre el pedregullo de la cuesta, de bien dibujadas hojas y grueso tallo, a menudo pastado por las bestias: el sabor de la hoja me recordó al hinojo.  Parece que crece sólo en esta zona del Pirineo, y más aún en suelo calcáreo.  En francés lo llaman persil d'isard y en catalán julivert d'isard, porque lo comen los sarrios, imagino.

De los artículos publicados en la red deduzco que hay cierta polémica sobre la pronunciación de la X inicial: quién decreta una X catalana (en lo que les apoya la etimología, claro está), quién una especie de CH francesa.  Yo seguiré mi costumbre y procuraré pronunciar /ks/ que es el uso latino con esa letra (y con la ξ griega).

No cuesta mucho averiguar que el nombre del género es un neologismo que honra a Bartomeu Xatart Boix (1774-1846), boticario y natural de Prats de Molló (el pueblo desde donde Maciá quiso invadir España en noviembre de 1926: eran los tiempos de la dictadura de Primo, y la gendarmería francesa nos salvó; en Vilanova han alzado a su ilustre hijo un monumento feísimo, para mi gusto).  También Xatart tuvo interés en la cosa pública, pues fue alcalde de Prats en tiempos de Pepe Botella (1808-1814), y más tarde miembro del consejo regional.

A la Xatardia (género monoespecífico) Lapeyrouse la bautizó Selinum scabrum (el basónimo); Petit luego Angelica scabra, y por último Gay la dedicó a Petit con el nombre de Petitia scabra; el término que honra al farmacéutico Xatart es de Meissner, 1838.  En opinión de Saenz de Rivas se debió llamar Xatartia y no Xatardia.  (Más tarde, Bubani usó el nombre de Xatardia pyrenaica.)

En lo que la mayoría coincide es en lo de scabra, femenino del adjetivo scaber: en mis apuntes botánicos sólo encuentro la forma scabra, y el neutro scabrum en el Selinum citado y en un trébol (el masculino sí lo veo en una cochinilla y en cierto pez rata).  Scaber (pronunciado scá-ber: los mesetarios tendemos a meter una sílaba de más y decir es-cá-ber) significa en latín clásico "áspero", "rugoso", y también "sucio", con diversos matices, incluidos los figurados.  La raíz es la misma del verbo scabo "rascar", "raspar", y de los sustantivos scobis "eccema" (nada que ver con el español escoba), y scabies que vale "suciedad" y también "sarna".  (Parece ser que las plantas llamadas scabiosae tuvieron virtud para curar la sarna.)  También es de la familia el adjetivo scabrosus que alude al terreno áspero y desigual, pero también tiene, desde Prudencio al menos, un sentido moral que aún hoy es corriente.

En la Xatardia el apelativo específico le viene al parecer de las escamas, resto de las vainas, que hacen áspero el tacto de las hojas basales, y de los radios de la umbela que son escábridos (adjetivo de igual origen que scabies y que significa, según el diccionario de Font Quer, "algo ásperos y rugosos").

Era mi intención referirme a la Achillea ptarmica, cuya foto he incluido arriba; pero me he alargado demasiado con la Xatardia y dejo para otro rato a la flor de Aquiles.