lunes, 16 de marzo de 2026

De cabeza

 De cabeza, como de costumbre, nos tiramos por nombres botánicos relacionados con ella, en espera de que abunden.  Pues, en efecto, las ideas de "cabeza", "mano", "pie", "boca" y demás partes importantes del propio cuerpo albergan siempre una nutrida serie de acepciones metafóricas debido (como habré escrito ya una docena de veces, y ruego me disculpen por ello) al hábito de proyectar sobre el mundo la imagen propia.  Gracias a la proyección del microcosmos sobre el macrocosmos, el mundo posee ombligo, y arriba, y abajo.  Y, por supuesto, aquello que no entendemos no tiene ni pies ni cabeza.

Pues bien, para "cabeza" el antiguo griego dice κεφαλή /ke-fa-leé/.  Es una voz trisílaba muy reconocible, creo, y supongo que muchos la identifican en cefalópodo, por ejemplo (a los pulpos los ha bautizado la ciencia como "cabezapiés"), o en acéfalo "sin cabeza".  Como en cualquier otro idioma, en griego abundan los derivados, y hubo montes que se llamaron Cinoscéfalos "cabezas de perro", y pueblo denominado cefalótomo o "cortacabezas" (en el Cáucaso: lo cuenta Plinio).

De los binomios comienzo por Cephalanthera, el primero que me ha venido al magín, pues por alguno hay que empezar.  Este género de orquídeas combina nuestra palabra con el latín botánico anthera "antera".  Parece ser que anthera es a su vez el femenino del adjetivo griego ἀνθηρός /an-zee-rós/ "florido", sustantivado por los botánicos para designar la parte del estambre, generalmente globosa, donde se alberga el polen, debido a que esa parte se vuelve del todo visible en plena floración.  La Cephalanthera debería su nombre a unas anteras voluminosas.

Otro género cabezudo es Cephalaria, una caprifoliácea.  Entre ellas he visto la C leucantha, y al parecer tiene éxito en jardinería la C gigantea.  En el nombre de este género parece haberse añadido a la voz griega el sufijo latino -arius (salarius, solitarius, summarius) correspondiente al castellano -ero (salero, soltero, somero).  Cephalaria significaría, pues, algo así como "cabecera".

El nombre de la Cephalaria lo toma, no sé si en vano, una llamada "cabezuela", la Centaurea escabiosa también llamada Centaurea cephalariifolia o cephalariaefolia (de ambas formas he encontrado el nombre): supongo que sus hojas tienen parecido con las de la Cephalaria.

Añado aquí una carnívora australiana, Cephalotus follicularis, porque da nombre a todo el género, que ella sola compone: las cefalotáceas.  ¿Se combina aquí la voz "cabeza" con el griego οὖς τός /úus oo-tós/ "oreja", como he leído en una página de internet?  No lo tengo claro.

Ya que "cabeza" tiende a designar cualquier remate esférico, y hay plantas que se llaman "cabecera" o "cabezuela", recuerdo ahora que orillas del Ebro se producen excelentes alcachofas, y de sus exuberantes matas se cocina no sólo el capullo floral, sino también las pencas.  Por eso en las tiendas de por aquí no se llamaban "alcachofas" sino "cabezas".  La primera vez que oí "¿no te quedan cabezas?" me sorprendí tanto como cuando cierta mujer, tras una ojeada al mostrador del carnicero, declaró pesarosa:  "Ya veo que no te queda carne"... ¡y había allí de todo, lomos de cerdo, grandes magros de ternera, conejo, pollos!  Ah, pero en este pueblo, en el milenio pasado, carne, carne era sólo la de cordero.  Ahora es agua pasada, y difícil será oír tales expresiones, si no es a algún viejo.

Y ya que me despeño por la vía de la digresión, y ha salido la palabra difícil, un último comentario antes de abandonar esta página que ya se alarga.  ¿Ha notado la amable lectriz, el avisado lector, cómo de un tiempo a esta parte desaparece ese adjetivo del panorama teleñol?  Ahora está mal visto, al parecer, declarar nada difícil: todo es complicado.  Apostaré que el eufemismo viene del inglés (el galán de la peli californiana, con dificultades para explicar su ruptura con la moza: "es complicado").  En la tele patria han cogido tal tirria al adjetivo difícil que rozan lo ridículo:  "La noche ha sido complicada".  (La noche había sido dura o difícil, pero ¿complicada? ¡Si la cosa era sencillísima: no paraba de llover!)  Ay, qué ganas de hablar largo y oscuro.

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