miércoles, 26 de agosto de 2026

Iter almeriense II


 Otro día nos lleva un buen amigo a visitar los yesos de Sorbas, donde este fenómeno (la potencia del estrato de yeso alcanza los cien metros) se junta con el río Aguas en un espacio natural digno de visita.  En un terreno ondulado y abarrancado, de suelo blanquecino y pobre, parcialmente cubierto de líquenes, prosperan grandes masas de Stipa tenacissima, con Thymelaea hirsuta, Ononis tridentata, Coris hispanica...  Abunda, y está en flor, la Fagonia cretica.  Por aquí y por allá se ven las onduladas hojas de la cebolla albarrana, Urginea maritima: los bulbos de algunas asoman a ver mundo.

En determinado paraje, los departamentos de ecología de Alicante y Granada han colocado unos extraños aparatitos de metacrilato para un curioso experimento de simulación de cambio climático.

Recorremos luego el río Aguas hasta su nacimiento por un sendero encantador, entre áloes y geranios, colonizado por melenudos eremitas.  En los ribazos se amontonan pedruscos ciclópeos, del tamaño de un edificio de pisos.  Son de yeso; de cerca brillan cristales bien formados.  Muchas plantas interesantes: Antirrhinum charidemi, Sedum gypsicola, una graciosa mata de Urtica pilulifera, con las bolitas llamativas.

Después de comer nos desplazamos a la costa.  De tarde recorremos un sendero que desde Las Negras nos conduce por el acantilado hasta la cala de San Pedro.  En la pista, al subir, encontramos Zygophyllum fabago, la cigofilácea que nos faltaba (los otras tres, Fagonia, Peganum, Tribulus, ya las tenemos vistas).  Al castillo de San Pedro, con torreón troncocónico bien conservado, se adosan chamizos bohemios, de parecida religión que los habitantes de Aguas, deseosos de apartadas orillas.

El jueves dedicamos gran parte del día al desierto de Tabernas.  El espíritu aquel turístico, fantasma quizá sería mejor llamarlo, decidió que de este lugar lo más importante es su frecuentación por estrellas de cine.  Quién sabe.  Estos barrancos son, en cualquier caso, prueba de una erosión salvaje que ha descarnado sus paredes y mostrado los pedruscos que albergan sus tripas. 

Dimos con el Limonium tabernense sin flor, pero rozagante con sus hojas lanceoladas, bien visibles aún los tallos secos de pasadas inflorescencias.  También con Limonium insigne, Tamarix africana, Launaea arborescens...  De una grieta pende una Launaea resedifolia.  Hay una encantadora espiguita norteafricana, el Lagurus ovatus, y poco más allá un compañero señala una diminuta Carrichtera annua, los pedúnculos de cuyos frutillos se retuercen contra el tallo.

En el barranco de Valdelecho nos llevamos la alegría de encontrar una pequeña asamblea de Cynomorium coccineum en bastante buen estado, y poco más allá una Centaurea diluta, con las lígulas agrupaditas.

Terminamos el día en la plana de las Amoladeras, donde por fin encontramos el deseado Zizyphus lotus y lo examinamos largamente.  Pero hay muchas otras maravillas en este pitacal: Aizoon hispanicum, Asteriscus hierichunticus y, qué hermosa sorpresa, Mesembryanthemum crystallinum con sus lunáticas flores.  Un poco más abajo alguien vio Euzomodendron bourgeanum.

De los nombres de las plantas, algunos son fáciles de averiguar: Lagourus significa "cola de liebre" y por su étimo es pariente del Plantago lagopus.  Muy otro es el caso de Zizyphus, nombre heredado del griego antiguo y de antecedentes ignorados (se supone préstamo de una lengua oriental).  En cambio, hierichunticus, parece que no hay duda, se debe de referir a Jericó; pero encuentro variantes hierochunticus y hierochuntica, que no entiendo bien.

Me llama la atención el nombre de la Carrichtera: resulta que honra la memoria de Bartolomé Carrichter von Rexingen, médico de cámara de los emperadores Fernando I (el hermano de Carlos V) y su hijo Maximiliano II.

También Fagonia es fitónimo honorario: lo creó Tournefort en recuerdo de Guido Crescencio Fagon, médico del rey sol.  Fagon estudió botánica en Montpellier con Pedro Magnol (el de la Magnolia).  Casualmente, los tres personajes nacieron el mismo año de 1638, Magnol y Fagon a menos de un mes de distancia, Luis XIV unos pocos más tarde.  El específico, cretica, alude a Creta, donde debió de adquirirla el suizo Bauhin quien (según wikipedia) la bautizó en 1620 como Trifolium spinosum Creticum).

Mucho me extiendo, pero no quiero olvidar el Euzomodendron porque esta crucífera, cuyas flores recuerdan a la rúcula, llevan el nombre griego de la Eruca vesicaria, que es precisamente εὔζωμον /éu-dsoo-mon/.  El elemento δένδρον subraya el carácter leñoso de la planta.  En cuanto al nombre griego de la rúcula, en εὔζωμον se combina el bien conocido adverbio εὖ /éu/ "bien" (o "buen") con el sustantivo ζωμός /dsoo-mós/ "jugo".  Así que la rúcula en griego es la hierba del buen caldo, de la buena sopa, del buen jugo.

Por su parte, bourgeanum es homenaje que Cosson tributó al viajero y botánico Eugenio Bourgeau, quien herborizó esta especie en Almería, donde es endémica, en el año 1851.

lunes, 24 de agosto de 2026

Iter almeriense


 Ahora que tantos incendios ponen en olvido la tierra quemada en Los Gallardos, en Almería, saludo a ese finisterre mediterráneo que tan gratamente nos acogió el pasado mes de abril, cuando unos pocos amigos nos instalamos en un discreto hostal, en el Parque Natural de Cabo de Gata, junto a unas colinas de lomos pelados, pero con palmitos, retamas, amarillas genistas y gandulas (como llaman a la Nicotiana glauca).

La aventura empezó con la visita de Rodalquilar, vieja mina de oro, porque allí está el jardín botánico El Albardinal, no mal aperitivo para la flora almeriense.  Tuvimos así (los que no la conocíamos) el primer contacto con la Whitania frutescens u oroval, una solanácea de la que aún llegamos a ver alguna flor y algún tomatito, envuelto en su hondo y estrellado cáliz.  Otra solanácea había al lado, el cambrón o Lycium intricatum, y no lejos el cornical o Periploca angustifolia.  Por no enumerar toda la flora, baste repetir que el jardín es una buena introducción a la vegetación local.

De Rodalquilar nos desplazamos a San José de Cabo de Gata, localidad de espíritu turístico (si eso es espíritu) a tiro de las mejores playas del parque.  En esas playas florecían la Cakile maritima de Scopoli, y la Medicago marina, llena de tomento blanco y con papillones amarillo limón.  También dos hermosas siemprevivas, el Limonium lobatum (o L thouinii), y el Limonium sinuatum, cuyas flores combinan el blanco y el azul con insuperable gracia.

En las lomas cercanas se veían matas de Periploca, Lycium intricatum y Launaea arborescens.  A contraluz brillaban como rubíes las flores del Gladiolus illyricus.  Desde la Punta Colorá, donde contemplamos congelada una chimenea de lava, se advierte el carácter volcánico de esta costa, con visibles prismas de basalto (o tal nos ha parecido).

De regreso vemos el Chamaerops humilis derramarse por las vaguadas, y compartir espacio con la Anthyllis cytisoides y otras genistas.  De los demás vegetales menciono solamente una espiga que abunda en estas laderas, el Taeniatherum caput-medusae, ya que hace no mucho aprendí algo sobre este fitónimo y su joven descriptor, Sergio Nevski.

Un denso pitacal (plantación propia, a base de infinitos propágulos, de Agave americana) nos conduce a la playa de Mónsul, de negras arenas.  Allí, al interesarnos por la vegetación de la duna, nos reprenden por pisar terreno vedado: con disgusto comprobamos que hay carteles, pero visibles para quien accede a la duna desde el aparcamiento, no para quien viene costeando desde el sur, como hacemos nosotros.

Repasamos en la habitación, tras la fatiga del día, los nombres botánicos de la jornada.  Me llama la atención principalmente Periploca, pues parece tratarse de la voz griega περιπλοκή /pe-ri-plo-keé/ "abrazo" (la raíz es la del verbo πλέκω /plé-koo/ "tejer" y del adjetivo πλοκιμός /plo-ki-mós/ "trenzable").  ¿Cómo sugiere la planta ese abrazo?  ¿Quizá en los frutos maduros, que parecen abrirse como diciendo "¡a mis brazos, primo Basilio!"?  Lo ignoro.  Si yo hubiera de bautizar esa planta, buscaría algo que describiera esas estupendas flores.  En general han predominado los cuernos, y de ahí el apelativo de cornical.

Me pregunto también por Chamaerops: parece evidente que el primer elemento es χαμαί /ja-mái/ "en el suelo", que en biología se emplea a menudo para indicar lo de baja estatura, lo rastrero o humilde.  Así que el específico humilis es, una vez más, redundante.  Pero ¿cual es el segundo elemento?  La wikipedia cita como etimología χαμαί y la voz *ῥώψ /roóps/ "matojo", a la que añadimos un asterisco porque la antigüedad sólo la documenta en plural.  Si así es, la O de Chamaerops /ka-máe-roops/ sería larga, y por tanto llevaría el acento en el resto de casos, por ejemplo en el plural chamaeropes /ka-mae-róo-pes/.

Lo curioso es que tengo anotada la palabra cameropes, como negocio pendiente, quizá resuelto ahora por azar, en unas rimas de Lope.  El poeta madrileño enumera en un romance una porción de leñosas y menciona entre ellas, si no yerro, los Chamaeropes humiles: pinastros, pérsicos, guindos, / cabrahigos trepadores, / manzanos, loros, cerezos, / tarayes y cameropes, / membrillos, endrinos, peros, / azufaifos, bergamotes, / algarrobas y madroños, / almeces, jarales torpes...  ¿Jarales torpes?  Pobres jarales, la rima los condenó.  Quandoque bonus dormitat Lupus.