lunes, 24 de agosto de 2026

Iter almeriense


 Ahora que tantos incendios ponen en olvido la tierra quemada en Los Gallardos, en Almería, saludo a ese finisterre mediterráneo que tan gratamente nos acogió el pasado mes de abril, cuando unos pocos amigos nos instalamos en un discreto hostal, en el Parque Natural de Cabo de Gata, junto a unas colinas de lomos pelados, pero con palmitos, retamas, amarillas genistas y gandulas (como llaman a la Nicotiana glauca).

La aventura empezó con la visita de Rodalquilar, vieja mina de oro, porque allí está el jardín botánico El Albardinal, no mal aperitivo para la flora almeriense.  Tuvimos así (los que no la conocíamos) el primer contacto con la Whitania frutescens u oroval, una solanácea de la que aún llegamos a ver alguna flor y algún tomatito, envuelto en su hondo y estrellado cáliz.  Otra solanácea había al lado, el cambrón o Lycium intricatum, y no lejos el cornical o Periploca angustifolia.  Por no enumerar toda la flora, baste repetir que el jardín es una buena introducción a la vegetación local.

De Rodalquilar nos desplazamos a San José de Cabo de Gata, localidad de espíritu turístico (si eso es espíritu) a tiro de las mejores playas del parque.  En esas playas florecían la Cakile maritima de Scopoli, y la Medicago marina, llena de tomento blanco y con papillones amarillo limón.  También dos hermosas siemprevivas, el Limonium lobatum (o L thouinii), y el Limonium sinuatum, cuyas flores combinan el blanco y el azul con insuperable gracia.

En las lomas cercanas se veían matas de Periploca, Lycium intricatum y Launaea arborescens.  A contraluz brillaban como rubíes las flores del Gladiolus illyricus.  Desde la Punta Colorá, donde contemplamos congelada una chimenea de lava, se advierte el carácter volcánico de esta costa, con visibles prismas de basalto (o tal nos ha parecido).

De regreso vemos el Chamaerops humilis derramarse por las vaguadas, y compartir espacio con la Anthyllis cytisoides y otras genistas.  De los demás vegetales menciono solamente una espiga que abunda en estas laderas, el Taeniatherum caput-medusae, ya que hace no mucho aprendí algo sobre este fitónimo y su joven descriptor, Sergio Nevski.

Un denso pitacal (plantación propia, a base de infinitos propágulos, de Agave americana) nos conduce a la playa de Mónsul, de negras arenas.  Allí, al interesarnos por la vegetación de la duna, nos reprenden por pisar terreno vedado: con disgusto comprobamos que hay carteles, pero visibles para quien accede a la duna desde el aparcamiento, no para quien viene costeando desde el sur, como hacemos nosotros.

Repasamos en la habitación, tras la fatiga del día, los nombres botánicos de la jornada.  Me llama la atención principalmente Periploca, pues parece tratarse de la voz griega περιπλοκή /pe-ri-plo-keé/ "abrazo" (la raíz es la del verbo πλκω /plé-koo/ "tejer" y del adjetivo πλοκιμός /plo-ki-mós/ "trenzable").  ¿Cómo sugiere la planta ese abrazo?  ¿Quizá en los frutos maduros, que parecen abrirse como diciendo "¡a mis brazos, primo Basilio!"?  Lo ignoro.  Si yo hubiera de bautizar esa planta, buscaría algo que describiera esas estupendas flores.  En general han predominado los cuernos, y de ahí el apelativo de cornical.

Me pregunto también por Chamaerops: parece evidente que el primer elemento es χαμαί /ja-mái/ "en el suelo", que en biología se emplea a menudo para indicar lo de baja estatura, lo rastrero o humilde.  Así que el específico humilis es, una vez más, redundante.  Pero ¿cual es el segundo elemento?  La wikipedia cita como etimología χαμαί y la voz *ψ /roóps/ "matojo", a la que añadimos un asterisco porque la antigüedad sólo la documenta en plural.  Si así es, la O de Chamaerops /ka-máe-roops/ sería larga, y por tanto llevaría el acento en el resto de casos, por ejemplo en el plural chamaeropes /ka-mae-róo-pes/.

Lo curioso es que tengo anotada la palabra cameropes, como negocio pendiente, quizá resuelto ahora por azar, en unas rimas de Lope.  El poeta madrileño enumera en un romance una porción de leñosas y menciona entre ellas, si no yerro, los Chamaeropes humiles: pinastros, pérsicos, guindos, / cabrahigos trepadores, / manzanos, loros, cerezos, / tarayes y cameropes, / membrillos, endrinos, peros, / azufaifos, bergamotes, / algarrobas y madroños, / almeces, jarales torpes...  ¿Jarales torpes?  Pobres jarales, la rima los condenó.  Quandoque bonus dormitat Lupus.