Estaba hasta hace un rato leyendo un librito de divulgación sobre microbiología. Un librito bastante mal escrito, por cierto: el autor parece creer de buen estilo el uso de palabras obsoletas y junturas insólitas. La voz insólita está bien, quizá, para despertar al lector, para llamar la atención sobre esto o aquello; pero por sistema aburre no poco. Pero, en fin, quizá soy el menos indicado para criticar esto porque, aparte mi debilidad por las palabrejas, siempre me pareció el famoso dicho de César ("evita como un escollo la palabra rara") más propio de políticos populistas que de quienes aspiran a durar más de un par de lustros.
¿Por dónde iba? Pues un librito sobre microbiología donde se mencionaba la poliomielitis, vulgo parálisis infantil, y aquí me ocurrió cavilar de dónde vendría esa larga palabra, poliomielitis (este blog me está agudizando el vicio etimológico; y no es queja).
En fin, levantarse, mirar aquí y allá... En resumen, la palabra nació a finales del siglo XIX; la información más fiable para mi gusto la da la wiki inglesa, que fecha la palabra en 1874 y la atribuye al médico alemán Adolfo Kussmaul; el idioma inglés la registra por primera vez en 1878. Poliomyelitis nombra una enfermedad contagiosa que daña la materia gris de la medula espinal, por lo que Kussmaul tomó las palabras griegas "medula", esto es, μυελός /my-e-lós/, y "gris", o sea, πολιός /po-li-ós/, a las que añadió el sufijo -itis usado por los médicos para indicar "inflamación".
Y ahora es cuando usted no me va a creer; pero le juro que, aunque miento algo, jamás lo hago cuando digo la verdad. Al ver el adjetivo πολιός (que confieso tenía olvidado por completo, si es que alguna vez pasó por mis ojos), ¿sabe usted qué me vino a la mente? Pues la Polianthes tuberosa, de la que escribí hace unos años, intranquilo porque no entendía yo ese nombre (hasta me inventé el absurdo adjetivo urbanifloro para expresar mi perplejidad).
¡Claro! De ahí viene Polianthes sin duda, de πολιός: porque la flor no es de un blanco deslumbrante, esa que justifica el uso de candidus, ni siquiera un blanco corrientito, albus; no, es un blanco algo sucio, eso que llaman blanco hueso, creo, y en moda ahora llaman blanco crudo (nombres todos ellos que no comprometen a nada): justamente lo que indica πολιός, descriptivo de lo que blanquea por perder color, en especial el pelo humano, que los años tienden a enjalbegar: αἱ πολιαί "las canas", ἡ πολιά "la vejez"...
De hecho, el nombre náhuatl de esa planta es omixochitl, que traducido significa, según dicen, "flor de hueso".
Ahora lo veo: me despistó el adjetivo πολυανθής, de donde sospeché un error de transcripción. No, no, mea culpa, metí la pata y ahora lo reconozco. Iba a cambiar lo escrito (en la entrada Nardo, de octubre de 2018; veo que ha sido visitada a menudo), pero prefiero dejar el error como está, y anotar aquí mi reciente descubrimiento. Me ha puesto de muy buen humor...
Voy a ver si hay novedades con la Polianthes tuberosa y, cáspita, ahora que creo haber despejado la incógnita de su género resulta que ya no se llama así, sino Agave amica: vaya disgusto. En fin, sic transit gloria mundi!
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