Era Andrómeda una princesa etíope, hija del rey Cefeo. La mamá, Casiopea, presumía de mona: soy más guapa (se le escapó decir) que cualquier nereida. Las nereidas, ya sabe usted, eran ninfas del agua, protegidas de Poseidón; y a él se quejaron de la injuria de Casiopea. Poseidón, por otro nombre Neptuno, envió en venganza (qué vida tan horriblemente estúpida llevaban dioses y semidioses) un monstruo para devastar Etiopía. Crisis política: ¿invasor, migrante? El oráculo de Amón (residente en Egipto) aconseja ceder al apetito del monstruo la princesa Andrómeda, como chivo expiatorio. Los papás se disgustan, cabe imaginarlo, pero aceptan la propuesta.
Anotación marginal. ¿Por qué la mayoría de representaciones de Andrómeda la pintan atacada en el litoral por un monstruo marino, cuando Etiopía es país que más continental no cabe? Muchas respuestas son posibles. Quizá la más sensata es que todo el mito se trasladó en algún momento (nada más fácil para un mito que hacer turismo) a Fenicia, en la costa mediterránea.
Otra observación. ¿Por qué Andrómeda, en la gran mayoría de imágenes, aparece encadenada a una roca tal como su madre la trajo al mundo, esto es, desnuda? Ah, picaruelas y picaruelos, pero esto ya sabéis vosotros por qué. Para dar al cliente la fruta pelada.
Llegamos, pues, a la escena capital del cuento: volando llega Perseo, cabeza de Medusa en mano, petrifica con ella al endriago y libera a la chica, luego se casan y colorín colorado (de momento).
Este relato parece un tanto periférico en la mitología griega, pero debió de ocupar un lugar más central en otro contexto, porque todos sus personajes, incluida la bestia marina, han tenido el honor del catasterismo, esto es, volverse constelación y ocupar un lugar en la bóveda estrellada. ¡Y qué lugar! Ahí están, nada menos que rodeando el círculo polar boreal, Cefeo y Casiopea (ésta es una bien visible W, o Σ, o M, o 3, según se nos presente); poco más abajo anda Perseo, cabeza de Medusa en mano (la brillante estrella que representa a Medusa se llama Algol, "el diablo" en árabe, prueba de que en esa transmisión se deformó un poco la historia); poco más allá comparece la virgen sacrificada, y no falta, para cerrar el círculo, el monstruo marino, esto es, Cetus, la ballena estelar.
Por cierto que en la constelación de Andrómeda está la célebre nebulosa de Andrómeda, el objeto 31 de Messier, la única cosa visible al ojo humano desnudo que no forma parte de nuestra galaxia: todo lo demás que vemos en el cielo, es decir, todas las estrellas, cometas, nebulosas, &c visibles a ojo desnudo son objetos de nuestra galaxia, esto es, de la Vía Láctea. Lo único exterior asequible a nuestra vista es la más cercana galaxia: la galaxia de Andrómeda, que está ahí, nada, a un paso, un par de millones y medio de años luz. Que era un objeto extragaláctico no lo supimos con certeza hasta que lo demostró Edwin Hubble en 1925, por cierto con las cefeidas, un tipo de estrellas variables que reciben su nombre de la constelación de Cefeo, donde primero se identificaron.
El caso es que, por azar, como ocurre todo en la vida, me topé hace poco con la Andromeda polifolia, descrita, dibujada y bautizada por Lineo en su viaje a Laponia de 1732, y con ese motivo releí con nuevo interés la biografía de Lineo que escribió Wilfrid Blunt. Me regalaron este librito el 29 de mayo de 1997 (lo sé por la dedicatoria): quiero decir su edición española, titulada El naturalista.
(Es un hecho comprobado que cada lectura de una obra cambia, porque también el lector se muda. La crítica francesa se apoderó de esa constatación banal, asequible a cualquier relector, y la expresó con empaque académico en centenares de ensayos de ardua lectura e interés menguado, si no es como elucubración subyacente a algún cuento de Borges.)
Pues bien, releyendo El naturalista presto atención, o más atención, a ciertos pasos en su momento quizá inadvertidos. Ahora que, por culpa de estas páginas, me estoy convirtiendo en fitofilólogo, me ocurre abrir más los ojos ante la narración del bautizo de la Andromeda polifolia, nombre que en su día anoté sólo porque me pareció rara la I del específico: ésta hubiera debido ser Y si proviniera de πολύς πολλή πολύ "mucho", en cuyo caso polifolia estaría mal escrito y significaría "de muchas hojas".
Por supuesto, por el que yo llamo "efecto eleagnus", ahora me salen por todas partes derivados del griego πολιός /po-li-ós/ "gris". Miro en la red fotografías de la citada Andromeda y en muchas de ellas constato el color ceniciento de las hojas: ese tono cenizo explica perfectamente el específico en cuestión. De manera que polifolia no significa "muchas hojas", sino "hojas grises", y está, como cabía esperar, muy correctamente escrito.
En cuanto al bautizo de la Andromeda, lo dejo para otra página.