Lineo recorrió Laponia en 1732 y registró en un diario sus hallazgos e impresiones. El diario, que cabe leer en red y cuyo manuscrito a plumilla se conserva, está redactado en sueco, con ocasionales dibujos, y numerosos comentarios y notas en latín. Lineo había acabado la enseñanza primaria con 15 años, pero la enseñanza primaria de entonces tenía más o menos el nivel de la actual universitaria, aunque difería en un particular aspecto: Lineo hablaba latín. Dicen que su fuerte no era la sintaxis latina; pero hablaba latín. Y además de ello, Lineo, el universitario, el médico, poseía una cultura general (perdida ahora en la enseñanza pública) con raíz en la antigüedad grecorromana: sin duda había visitado a Cicerón y a Ovidio en su original, y quizá también a Jenofonte y a Aristóteles en el suyo. En cualquier caso, manejaba la mitología clásica con soltura.
El diario lapón lo manifiesta. Menudean las referencias al mundo clásico y sus mitos y, no bien ha de describir un objeto, el viajero echa mano del latín. Por ejemplo, al cruzar un río, llama charon al barquero (alude al Caronte mitológico, que a las almas de los muertos hace pasar el río Leteo) y lo describe así: canus, calvus, torosus "canoso, calvo, musculoso". Desde la barca en que surca el río Umea, describe la corriente "libre del desasosiego provocado por las Náyades con sus avenidas y diluvios, o por el susurro de Eolo [...]; algunos abetos gigantescos [...] todavía desafiaban a Neptuno [...] pero él y su hermano Eolo se habían vengado en muchos de ellos, Neptuno devorándoles las raíces y Eolo derribando sus extremos" (traducción de Miguel Crespo). Los dioses griegos, no cabe duda, forman parte del bagaje del joven expedicionario.
Así que no extrañará su reacción al ver un arbusto florido de Andromeda polifolia (hasta entonces llamada Chamaedaphne) "en el punto álgido de su hermosura". He aquí los párrafos donde justifica el cambio de nombre y género:
"Observé que era de un color rojo sangre antes de la floración, pero nada más abrirse las flores, sus pétalos se volvían de un color carne. Dudo de que exista algún pintor capaz de emular semejantes encantos en el retrato de una joven, o de adornar sus mejillas con tanta belleza como hay aquí, y eso que ningún cosmético la ha auxiliado. Cuando la vi me recordó la Andrómeda encantada de los poetas, y cuanto más pensaba en ella mayor afinidad parecía tener con la planta. Si Ovidio se hubiera puesto a describir simbólicamente la planta, no habría hallado un símil mejor...
"Conserva su belleza lo que dura su virginidad (como les sucede a menudo a las mujeres), es decir, hasta que es fecundada, lo que no tardará en suceder pues es una novia. Está encadenada muy lejos en medio del agua, siempre sobre una pequeña prominencia del pantano, firmemente arraigada como si de un islote en medio del mar se tratara. El agua le llega a las rodillas, por encima de las raíces, y siempre está rodeada de bestias y dragones venenosos --ranas y sapos horribles, por ejemplo-- que la salpican con agua cuando se aparean en primavera. Permanece en pie, la cabeza reclinada con pesar. Entonces sus pequeños racimos de flores de sonrosadas mejillas se marchitan y palidecen más y más..."
Tal vez necesitemos esforzar la imaginación (ahora que millones de imágenes atiborran nuestro cerebro) para comprender ese mundo, donde una flor suscita el recuerdo de un paso literario; y un paso literario de la antigüedad (ahora que hemos de repartir nuestras horas entre Tartufo, Tintín y Tarás Bulba).
Pero Lineo, en este caso, no se conforma con la écfrasis en prosa: expresa el símil, además, con un dibujo de ambas andrómedas. El diseño es torpón, sobre todo en la doncella encadenada, pero, comparado con otros del mismo cuaderno, elaborado con detalle: la planta refleja en sus hojas la súplica, brazos en alto, de la víctima; al dragón mitológico corresponde una especie de salamandra.
Y un breve texto latino enfatiza la comparación: Andromeeda ficta & vera, mystica & genuina, figurata & depicta "Andrómeda imaginaria y real, mística y genuina, figurada y pintada". No sé si ha querido escribir Andromaeda o Andromeda. Claro es que la Andrómeda del mito es la ficta, mystica, figurata, mientras que la planta florida es la Andrómeda vera, genuina, depicta. Aquí depicta tiene, creo yo, este sentido: "sacada su imagen con un dibujo".
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