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jueves, 23 de enero de 2020

Griego en latín IV

En cuanto a vocales, la transcripción de las griegas al latín no presenta gran dificultad, en general, si exceptuamos que la escritura latina no distingue vocales largas y breves (lo que sí hace la griega, al menos en los timbres O y E).  La única vocal griega para la que faltaba letra en latín es la ípsilon o Y griega, que los romanos añadieron al final del alfabeto, junto con la Z, como ya quedó dicho.

La ípsilon (υ; en mayúscula Υ) tiene ciertas incomodidades.  Sobre todo ésta: suena como la U francesa o la Ü alemana siempre que vaya aislada; en cambio, en diptongo con otra vocal suena igual que la U castellana corriente y moliente.  Por esa razón υ se transcribe Y únicamente cuando está aislada.  De ahí que se escriba Hypochoeris o Lycoperdum (la Y aislada), pero Anchusa (ἄγχουσα) o Leucanthemum (λευκάνθεμον), donde la υ va unida a la O o la E.

Hay en latín usos abusivos de la Y.  El latín botánico, por ejemplo, usa Y en Pyrus o sylvestris, voces que nada tienen que ver con el griego (la escritura clásica es pirus para "peral", silvestris para "boscoso").  Pero quitando unos pocos casos, en la Y de un texto latino reconoceremos la υ griega.  A propósito recuerdo un error muy frecuente, que implica confusión entre ípsilon y iota: más de una vez he oído que la palabra hipopótamo viene del griego ὑπό /hy-pó/ "debajo" y ποταμός /po-ta-mós/ "río".  La cosa parece lógica: ¿no viven los hipopótamos bajo aguas fluviales?  Sólo que el nombre de este animal no es en latín *hypopotamus (como sería si viniera de la preposición ὑπό "debajo") sino hippopotamus, con iota y P geminada, porque viene de de ἵππος /híp-pos/ "caballo" (ἱπποποταμός y su sinónimo ἵππος ποτάμιος significan, en efecto, "caballo de río").

Recuérdese, pues: va mucha diferencia de hypo- "debajo" a hippo- "caballo".  En botánica tenemos por ejemplo hypogeson (Aeonium arboreum) cuyo nombre griego (ὑπόγεισον) significa "bajo el alero" (γεῖσον "alero"); frente a Hippocrepis, voz cuyοs componentes griegos significan "herradura" (ἵππος "caballo", κρηπίς /kree-pís/ "zapato").

A menudo se encuentra que el final de algunas palabras latinas vacila entre -US y -OS, o entre -ON y -UM.  El hecho es que ciertas palabras (las llamadas "temáticas") que en griego terminan en -ος (/os/; si son neutras, en -ον /on/) corresponden a las latinas terminadas en -us (si son neutras, en -um): eso explica las dobles lecturas rhamnos (a la griega) y rhamnus (más latinizada) o, que los compuestos con -anthemon (a la griega) suelan aparecer con la forma -anthemum (a la latina).  No son más que variantes perfectamente admisibles (desde el punto de vista filológico: otra cosa es lo que mande la comisión de nomenclatura).

Del mismo modo las palabras de tema en -a pueden aparecer en griego acabadas en -η /-ee/ lo que explica las vacilaciones entre formas como anemona y anemone u otras similares (por cierto que las mencionadas formas llevan siempre el acento en la O, que es ómega en griego: tanto el latín anemone como el griego ἀνεμώνη lo avalan).  En ocasiones la nomenclatura botánica opta por la /e/ original, como en Agave /a-gáu-ee/ o, si se quiere, /a-gáa-vee/ (en todo caso, no esdrújula: ni el griego ἀγαυή /a-gau-eé/ ni el latín autorizan esa acentuación); lo mismo sucede con Cardamine (καρδαμίνη /kar-da-mií-nee/), que por el mismo precio podría haber sido Cardamina.  En otros géneros, en cambio, se ha elegido la /a/ connatural con la forma latina: así en Calamintha (griego καλαμίνθη /ka-la-mín-zee/) o Chondrilla (griego χονδρίλλη, aunque también encuentro χονδρίλη y χόνδρυλλα --que se transcribiría chondrylla).

martes, 31 de diciembre de 2019

Griego en latín III

Resumo aquí lo escrito sobre el griego, porque me he extendido insensatamente --y porque me prometí nullus mensis sine pagina.  Al fin y al cabo, lo que quería decir era muy breve.

¿De dónde, pues, les venía a los romanos la dificultad de escribir en latín las palabras griegas?  O, dicho de otro modo, ¿qué sonidos hay en griego que faltan en latín?

De los consonánticos (a los que me limito por ahora), sobre todo al latín le faltan tres sonidos que sí tenemos en español y que nosotros escribimos con las letras F, J y Z.  Son sonidos llamados aspirados o fricativos porque el aire frota, con un ruido semejante al de un neumático pinchado.  Son sonidos algo peculiares, pues tienden a ser confusos (en todos los idiomas), y a intercambiarse de modo caprichoso, sobre todo Z y F.  (¿A cuántos Felipes no les llaman Celipe?  Y los Theodoros, Athanasios, Thoma griegos --pues TH se pronuncia Z, como en el inglés theater-- se convirtieron en Rusia en Fiodor, Afanasi, Foma.)

Esos sonidos jjj..., zzz..., fff..., ¿faltaban, pues, en latín?  Veámolos por partes.

El más característico, el sonido jjj, se representa en griego con la letra ji (Χ en mayúscula, χ en minúscula; si a alguien le recuerda la letra equis, motivos hay: es exactamente la misma letra, usada con distinto valor fonético).  El latín carece de grafía para ese sonido (precisamente usaba la X para el sonido ks), así que hicieron lo siguiente: como jjj es más o menos una K a la que se le escapa el aire, representaron el sonido de la ji con una C (que en latín, recuérdese, representa siempre /k/) añadiendo el signo de aspiración (o escape de aire, si queréis), esto es, la H: ¿qué cosa más lógica?  (Los ingleses hicieron lo mismo para representar el sonido jjj, pero ellos usan KH en vez de CH: así escribieron Khorassan para decir Jorasán.)

CH es, pues, en latín la transcripción de la Χ griega, y en principio tenía como misión ser leída con sonido jjj.  Ahora bien, muy pronto se prescindió de la aspiración, y se pronunció sólo la oclusiva, la K (como vemos en machina).  En la época clásica, se consideraba amanerada la pronunciación a la griega --lo que implica que no faltaba quien siguiera pronunciando /j/.

La grafía CH, desde su creación para transcribir la Χ griega, ha sido fuente de toda suerte de confusiones.  Los propios latinos extendieron ese dígrafo a palabras puramente latinas, que jamás habían tenido H, como pulcher (que no tiene nada de griega): son ortografías abusivas.  Como muchas lenguas emplean ese dígrafo para sonidos semejantes al de nuestra che, la confusión no ha hecho más que aumentar y se ha trasladado a las lenguas modernas: en francés, por ejemplo, CH se lee ora /k/ (por ejemplo en chiromance, chloroforme, chor), ora más o menos como en español (por ejemplo en chimère o en chimique).

En cuanto al sonido zzz lo escribían en griego con la zeta (Θ en mayúscula, en minúscula θ; aquí también hay un bonito lío de nombres, en que no voy a entrar, pero explica por qué habitualmente a esta letra, cuyo nombre suena /zeta/, se la llama habitualmente theta, con escritura ajena al castellano).

Para representar el sonido de nuestra zeta (o theta griega, como la llaman) los romanos usaban el mismo truco que con la ji: al fin y al cabo, para pronunciar zzz basta poner la lengua como para una T y dejar que escape el aire: eso se expresó con el dígrafo TH.  Y, lo mismo que pasó con CH, rápidamente se omitió la aspiración, ajena a las costumbres latinas, y se pronunció simplemente /t/.

También se ha abusado de la escritura TH.  A algún Antonio romano le gustaba pensar que su nombre venía de la palabra griega ἄνθος "flor", y escribía bonitamente a su juicio (y abusivamente al mío) Anthonius.  Las confusiones con la escritura TH no son tan graves y generalizadas como las de la CH, pero también las ha habido.  Hoy día, por poner un ejemplo, los ingleses escriben author para una palabra auténticamente latina que nunca tuvo H en latín (el étimo es auctor cuyo significado originario es "garante" o "autorizador"); en cambio sí la tiene authenticus (es la voz griega αὐθεντικός).

Por último, el sonido fff lo representa en griego la fi (Φ en mayúscula, φ en minúscula).  Ahora bien, ¿acaso no hay letra F en latín?  La hay, pero el sonido no era el mismo: la F latina es interdental, mientras que la Φ griega es bilabial (como nuestra P).  Eso explica que los romanos inventaran (siguiendo el modelo de las otras aspiradas dichas) el dígrafo PH.  También en este caso se tendió a prescindir de la aspiración, pero lo que ocurrió con más frecuencia fue que se pronunció en realidad no una fi griega, sino una efe romana.  La prueba está en las muchas ocasiones en que se escribía PH por F, o F por PH: las faltas ortográficas son un buen indicio para ciertos detalles de pronunciación.

Quedan dos sonidos que no existen en latín, y exigieron tomar prestadas dos letras del alfabeto griego: Y y Z: por eso están, y no es casualidad, al final del alfabeto latino.  El sonido de la ýpsilon o Υ (justamente llamada y griega) es vocálico y ya hemos hablado de él (corresponde a la U francesa o Ü alemana).  En cuanto a la Ζ griega (de donde viene nuestra letra Z y la palabra zeta, de ahí el lío con la theta), sonaba algo así como /ds/.  Pero dejemos eso para otro día.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Griego en latín

A quien esto lea quizá le sorprenda ver tanto griego en estas entradas.  ¿No quedamos en que era un blog de latín y botánica?  ¿A qué viene tanta letra rara?  Esto me recuerda que muchos alumnos llegan al aula con la idea (equivocada) de que el latín proviene del griego.  Y puesto que una costumbre añeja me invita a ello, dedico unos ratos a este tema.

También a mí me sorprende cuánto griego hay en la nomenclatura botánica.  Yo había comprobado su omnipresencia en la jerga médica, nada raro, ya que la medicina europea continúa la griega y reconoce a Hipócrates y a Galeno (por no hablar de Esculapio) como sus ancestros ilustres (conocidos).  De haber sido más avispado, me habría dado cuenta de que con la botánica no podía ser otro el caso, ya que también son griegos nuestros antecedentes (conocidos) en el estudio de las plantas (Aristóteles, Teofrasto, Dioscórides) y, además, la botánica ha sido principalmente asunto de médicos (Lineo, Laguna, Fuchs, por citar algunos a voleo).

No, el latín no viene del griego: la lengua latina no es, digamos, hija de la griega, ni siquiera hermana; son más bien primas, quizá no muy lejanas.  Ahora bien, para cuando los romanos entraron en la historia, los griegos llevaban ya varios siglos desarrollando brillantes estudios en muy variados campos (medicina, historia, filosofía) y, claro, también en la botánica.  Ante la cultura griega, Roma quedó boquiabierta de admiración; no sólo eso: aún sigue (seguimos) sin cerrar la boca.  Me encantaría desarrollar este interesante aspecto (es prodigioso el grado en que nuestras vidas están determinadas por lo que hicieron cadáveres de más de dos mil años), si no nos alejara demasiado de nuestro tema.

Como el griego era el idioma comercial del Mediterráneo, muchas voces entraron así en Roma y se convirtieron allí en palabras de uso corriente.  Igual que ahora decimos airbag o aifon, entró en el Lacio, ejemplo típico, la palabra μηχανή /mee-ja-neé/ "máquina" (de ahí vienen nuestra "mecánica", "mecanismo" &c) en la forma dialectal μαχανά /maa-ja-naá/ y fue evolucionando según los hábitos del latín, que tiende (como el castellano) a debilitar la vocal de enmedio de las palabras esdrújulas: así resultó la forma (vulgar) machina que hemos heredado (por vía culta: de otro modo no se explican ni el acento castellano ni la pronunciación de la CH).  Igual que la nuestra voz máquina ejemplifica la vía culta latín-castellano, la voz latina machina ejemplifica en cambio la vía vulgar griego-latín: como parte de un léxico instrumental difuso en la lengua del comercio o la tecnología.

Pero es que, además de los vocablos instrumentales, los admirados latinos se lanzaron a incorporar voces griegas a su idioma como señas de distinción y alta cultura, más o menos como hace ahora con el inglés el alegre locutor televisivo que, originario tal vez de la Mancha o de Galicia, por horario dice taimin y por chafar el final dice hacer espóiler. palabras que no ha traído de Albacete o de Pontevedra, sino de un lugar mucho más prestigioso, gobernado por un caballero de elegante cabellera rubia.

El prestigio de la lengua griega explica la abundancia de helenismos en los lenguajes científicos como la filología, la matemática, la física y, claro está, la medicina y la botánica.  Entre aquellos, siento debilidad por la palabra nostalgia, proveniente (esto lo saben muchos) de νόστος /nós-tos/ "el regreso (a casa)" y ἄλγος /ál-gos/ "dolor", por lo que originariamente vendría a significar "dolor de (no poder) regresar (a casa)".  Ahora bien, lo que no sabe tanta gente (lo he comprobado con más de un helenista) es que es inútil buscar nostalgia en diccionarios de griego clásico: no existe.  Porque esa palabra griega no es homérica, ni ateniense, ni siquiera bizantina.  La inventó un médico de Basilea en el siglo XVII, que escribió una tesis sobre la morriña, saudade o añoranza que debilitaba a los jóvenes suizos forzados a dejar las montañas alpinas para ganar su vida a sueldo en las planicies europeas; el médico llamaba a eso con su nombre alemán, Heimweh; ahora bien, ¿un nombre alemán para una tesis de medicina?  ¡Qué vergüenza!  Así que el doctor Hofer publicó en elegante latín, como mandaba la academia, su Dissertatio curioso-medica de nostalgia (Basilea, junio de 1678), nombrando en griego la enfermedad estudiada, si bien se vio obligado a añadir, para hacerse entender, el nombre vernáculo: vulgo Heimwehe oder Heimsehnsucht.

Pues bien, el petimetre de la Subura hacía lo mismo: metía en la conversación toda palabra griega que le cabía.  Ahora bien, a la hora de escribir esas palabras hay un problema: al latín le faltan ciertas letras o, por decirlo mejor, al latín le faltan ciertos sonidos del griego.  Es lo que ocurre cuando escribes en español palabras inglesas: uno duda si escribir whisky, como los de Loch Lohmond, o güisqui, como recomendaban los académicos de Madrid.  Pero a los romanos se les añadía el problema de que usaban distinto alfabeto que los griegos.

domingo, 21 de octubre de 2018

Nardo


El primer nardo que recuerdo no lo vi, sino que lo olí: cierto misacantano, amigo de la familia, recibió como regalo de la suya un perfume de nardos, que me dio a oler (tenía yo seis o siete años).  Me pareció un aroma tan delicioso que aún ahora, un milenio después, creo que lo reconocería; pero no lo he vuelto a oler más.  Tampoco he visto un nardo en mi vida, aunque lo he procurado.  Así que, de momento, el nardo es para mí una planta mítica, como el loto de los lotófagos y el hermético moly.

En los años 80 un grupo de biólogos de Barcelona, de visita por el Moncayo, nos permitieron acompañarles.  La experiencia fue entretenidísima, porque venían varios entendidos en esto y en aquello, y allí donde los demás no veíamos nada, éste hallaba nidos de araña, aquél hifas de ascomicetos, el otro huellas de tejones.  Lo recuerdo ahora porque en la cumbre de Moncayo oí por vez primera hablar del Nardus stricta: corrí entusiasmado a olerlo y resultó ser una gramínea de lo más inodora.  ¡Eso no podía ser el nardo del padre Calle!

En 2005 encontré en un vivero unas patatillas con el marbete de "nardo"; las planté y salió lo de la foto.  Al parecer es una planta originaria de México y América del Sur, que en náhuatl se llama omixochitl y los botánicos han bautizado Polianthes tuberosa.  Las flores huelen bien, pero tampoco es aquello...

La palabra Polianthes es para mí un enigma.  ¿Qué significa?  En griego hay un adjetivo πολυανθής /po-ly-an-zés/ que vale "florido" o, si se quiere, "muy florido" (de πολύς /po-lýs/ "mucho"; el segundo elemento, el mismo que en Prenanthes), pero en latín debería llevar Y griega: así, con I latina, sólo puede venir de πόλις /pó-lis/ "ciudad", y querría decir "urbanifloro" o algún sinsentido semejante.  Al menos yo no le encuentro el sentido.

Quizá es que la diosa de la ortografía maldijo la palabra polianthes, porque entre mis notas encuentro ésta, tomada del prólogo de la Flora Pirenaica, de un pasaje donde Bubani se queja de los absurdos en que incurre la nomenclatura botánica: eo dementiae perventum est ut retinerentur nomina ab errore typographico exorta: conferatur Erythrina poianthes, quae polianthes fuerat in mente auctoris: "La sinrazón ha llegado al extremo de autorizar nombres fruto de una errata tipográfica: véase la Erythrina poianthes, que en la intención del autor era polianthes".  (Esa Erythrina es una fabácea brasileña cuyas flores tienen un llamativo colorado, como era previsible: griego ἐρυθρός /e-ry-zrós/ "rojo".)

Las palabras, está claro, viven su propia vida, al margen, a menudo, o incluso en contra de la historia natural.  Νάρδος o νάρδον /nár-dos, nár-don/ ya en griego designa, más que una planta, un perfume.  Tanto la voz como el perfume venían de oriente (Chantraine sugiere que aquélla pudo tomarse del hebreo); en Dioscórides se alude al ναρδόσταχυς /nar-dós-ta-jys/, vegetal de la India que es, según todos los indicios, la fuente del perfume, bautizado en botánica Nardostachys jatamansi: veo que lo llaman espicanardo (y, por error de lectura, espinacardo) y también "nardo de Nepal" y de otros modos.  Es una valerianácea, pero ahora ha cambiado de cajón, según wikipedia, y entrado en las caprifoliáceas.  El caso es que de su raíz se extrae desde tiempos antiguos, al parecer, un apreciado perfume.

Un perfume es, desde luego, el nardus en la oda en que Horacio advierte a Virgilio que el vino se lo ganará sólo si lleva a la cena un pequeño ungüentario (parvus onyx) de nardo: nardo vina merebere "con nardo te ganarás el vino".  (Es la oda 4 12, que cierra el célebre gliconio: Dulce est desipere in loco "grato es tontear, cuando toca".)

Con el mismo perfume regó María, la hermana de Lázaro (o María de Magdala, en la versión de Lucas), los divinos pinreles: Μαρία λαβοῦσα λίτραν μύρου νάρδου πιστικῆς, πολυτύμου "tomando María una libra de nardo puro, carísimo" (nardi puri, pretiosi dice la versión moderna de Juan, 12 3; Jerónimo tradujo nardi pistici, pretiosi), untó los pies de Jesús...  Apostaría que este paso evangélico está en la base del aromático regalo al misacantano...

Busco en la red imágenes de Sarita Montiel, por su costumbre de pasear por la calle de Alcalá... con los nardos apoyaos en la cadera..., y encuentro que en varias de las fotos lleva en la mano (si no veo mal) Polianthes tuberosa.  Y ahora que me acuerdo Machado cantó aquello de

                            tengo el alma de nardo del árabe español;

Pero vamos a ver, don Manuel: ¿de qué tiene usté el alma exactamente?  ¿De Nardostachys jatamansi?  ¿De Polianthes tuberosa?  ¿O de qué?

jueves, 9 de noviembre de 2017

De la letra K

El otro día, en amable sobremesa, el amigo Guido (que sabe más latín que yo) me preguntó si en latín clásico se usaba la letra K.  Como perrito al que lanzan la pelota, babeando de felicidad me precipité a una copiosa explicación sobre la letra K.

No (respondí), en latín clásico la K se emplea para muy escasos y tasados usos: para abreviar kalendae (las calendas, nombre que tenía el día 1 del mes, y de donde viene nuestra palabra "calendario"), en Kaeso o Cesón (un nombre de persona algo rarito) y poco más.

Como en latín el sonido de la K lo representaba la C (letra que en latín clásico siempre se pronuncia /k/), para transcribir la kappa griega se emplea siempre esa letra C, como hemos visto en Centranthus /ken-trán-tus/ (de κέντρον /kén-tron/ "aguijón") o como se ve, por ejemplo, en Parthenocissus /par-te-no-kís-sus/ ("parra virgen", de κίσσος /kís-sos/ "hiedra").

Sólo siglos más tarde, cuando ya la C latina empieza a alterar su pronunciación ante E e I, los autores se ven obligados a usar la K si quieren reflejar sin ambigüedad la pronunciación griega (por ejemplo, Isidoro de Sevilla en el siglo VII, o yo mismo ahora, cuando quiero indicar la pronunciación clásica de la C).  Algo así debió de llevar a De Candolle a llamar Kentrophyllum lanatum al que hoy se llama, creo, Carthamus lanatus: mantuvo la kappa de κέντρον en lo que con transcripción más ortodoxa debió ser Centrophyllum /ken-tro-fíl-lum/ (que significará "hoja de aguijón" o pinchuda).

De modo que si encontramos la letra K en nombres botánicos, lo más probable es que esa K se deba a que se ha tomado la ortografía de un nombre vernáculo, o bien la escritura original de un nombre o apellido, si se trata de un fitónimo honorario, esto es, del nombre de planta creado para honrar, por ejemplo, a un rey, a un mecenas o a otro botánico.

A estas alturas de la exposición, Guido (el único que quedaba despierto) observó que, en su opinión, ese era el caso de la Festuca eskia, donde el nombre específico estaba tomado de una palabra local, pirenaica.

Por mi parte, nada más llegar a casa me puse a buscar la K en nombres botánicos y la he encontrado, en efecto, en nombres específicos claramente honorarios, como lamarcki, willkommii, kleinii, rostkoviana, donde fácilmente se reconoce el apellido originario; menos fácilmente en otros casos, pero sospechable en géneros como Bilderdykia, Kickxia, Krascheninnikovia...

He buscado algunos, y encuentro, por ejemplo, que la Kickxia fue bautizada por Bartolomé Carlos Dumortier en 1827 en honor del botánico belga Juan Kickx (1775-1831).  Qué ortografía tan rara gastan estos belgas.

De nombres vernáculos, supongo yo, deben de estar tomados términos como Ginkgo (¿no suena como chino?), Kalanchoe, alkekengi, pero no amo tanto la letra K como para buscarlos todos.  De la Salsola kali me atrevo a apostar que ese kali es árabe y que de esa palabra viene la castellana "álcali".

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sonchus y Deschampsia

Se planteó el otro día la pronunciación de la CH en latín.  ¿La CH de Sonchus se lee como en castellano o de otro modo?  Yo aquí defiendo la pronunciación clásica, esto es, pronunciar /sónkus/: la CH se lee /k/ en latín clásico.  Por si a alguien le interesa, me voy a permitir una digresión sobre este curioso dígrafo, la CH.  (Dígrafo = dos signos, un solo sonido.)

El áspero sonido de nuestra jota no existía en latín, pero sí en griego, donde lo escribían con la letra "ji" (minúscula χ, mayúscula Χ).  ¿Qué hacían los romanos para transcribir un sonido que no tenían?  Con muy buen criterio, usaron para ello la letra C (recuérdese que C en latín se pronuncia siempre /k/: y nuestra jota no es otra cosa que una K aspirada): así pues, añadieron a la C el signo de la aspiración, H.  Así nació el dígrafo CH, para escribir, por ejemplo chorus "coro", transcripción del griego χορός /jorós/ "coro".

Según eso, dirá con razón el lector, habrá que pronunciar /sónjus/ y no /sónkus/.  Sí, es lo más probable que así se pronunciara la CH en los helenismos, a poco de introducirse éstos en latín; pero, como digo, siendo el sonido de nuestra jota ajeno a esta lengua, es también lo más probable, y seguro en multitud de casos, que la CH se pronunciara /k/, es decir, como si no hubiera H.  (Hoy día, entre latinistas, hay quien defiende pronunciar la H como una aspiración, vg. en hamus, homo, aunque la mayoría, si no me equivoco, prescinde de ella.)

Sonchus es uno de estos helenismos, de las muchas palabras griegas introducidas en latín.  En griego σόγχος /sónjos/ (suene aquí con ganas nuestra jota) aparece ya en uno de los primeros manuales de botánica, la Historia plantarum de Teofrasto (el discípulo de Aristóteles, siglo IV antes de la era): allí describe el σόγχος de modo que reconocemos sin duda una compuesta (6 4 8):  "Carnosa y comestible es también la raíz del sónkhos, pero la cabezuela es alargada y no tiene aspecto de cardo... La flor de la cerraja (sónkhos), cuando envejece, se convierte en pelusilla como la del diente de león" (Díaz-Regañón traduce: aquí la kh es la forma de indicar la χ griega).

Prueba adicional de la pronunciación latina /k/ la tenemos en la forma en que escribe la palabra Plinio (22 88):  Estur et soncos... uterque, albus et niger; lactucae similes ambo, nisi spinosi essent, caule cubitali, anguloso, intus cavo "también el sonco se come..., igual el blanco que el negro, ambos parecidos a la lechuga, salvo que son espinosos, el tallo alto hasta un codo, anguloso, hueco por dentro".  Según los editores de Plinio en Einaudi, el erudito romano (que en botánica suele seguir muy de cerca a Teofrasto) alude con el soncus albus al S oleraceus y con el niger al S asper.

lunes, 7 de agosto de 2017

Prenanthes

Subiendo al valle de La Larri (con José María S. me ha entrado el gusanillo geológico, y quería ver la famosa ventana tectónica), el sendero que trepa junto a las cascadas está lleno, pero lleno lleno a estas alturas del año, de Prenanthes purpurea, o al menos una planta que se le parece mucho, con sus hojitas oblongas, panduriformes.  Y al ver tantos ejemplares me he confirmado en la idea que en su día me formé sobre la etimología del nombre: en efecto, salvo los ejemplares pequeños, algo más erguidos, en general las varitas de Prenanthes se inclinan, y tanto más cuanto más crecidas y más floríferas, de modo que las flores, en sus racimillos terminales, van como humilladas y cabizbajas.

Supuse yo (y sigo suponiendo, porque de momento no pienso entrar en más averiguaciones) que prenanthes es palabra inventada (no aparece en mis diccionarios), forjada sobre el modelo de los adjetivos griegos διανθής /dianzeés/ "de flores variadas" o εὐανθής /euanzeés/ "bien florido": el elemento final, común a todas ellas, es la voz ἄνθος /ánzos/ "flor" (que conocemos del Centranthus) y que, como es natural, entra en muchísimos nombres botánicos.

Pero en prenanthes el elemento inicial no es διά /diá/ (preposición que puede indicar variedad) o εὖ /eu/ (el adverbio "bien"), sino el adjetivo πρηνής /preeneés/ que significa precisamente "inclinado hacia adelante".  Πρηνής es el correspondiente casi exacto del latino pronus, que más o menos todos hemos oído en la expresión médica decubito prono, esto es, "tumbado hacia adelante" o, como decía mi abuelo Antonio, "tumbado de barriga".  Así que, al ver las Prenanthes tan vencidas hacia el suelo, aquella suposición quedó, no demostrada, pero algo corroborada.

Encuentro entre mis papeles bastantes nombres de géneros con formación similar:  Cheilanthes, Cloanthes, Doryantes, Helianthes, Menyanthes, Spiranthes; imagino que la mayoría son neologismos botánicos, pues la única que encuentro en el Bailly es χλοανθής /jloanzeés/ "de flores verdosas", cuya transcripción correcta al latín sería Chloanthes y no Cloanthes (la letra χ se llama "ji", suena como nuestra jota y se transcribe al latín CH).

En el caso de Spiranthes, se trata de una orquídea que está en Aragón, pero sólo la he visto en foto: en el librito de Orquídeas de Aragón de Conchita Muñoz se puede admirar el hermoso racimo floral, retorcido; eso me hace pensar que el primer elemento es la palabra latina spira "espiral", con lo que spiranthes sería una de esas voces híbridas de latín y griego (algo que no gusta nada a los puristas).  Yo no soy purista, así que me limito a constatar que la especie Spiranthes spiralis tiene un nombre un poquitín redundante.