lunes, 24 de febrero de 2020

Diminutivos latinos II

Repaso, pues, algunos diminutivos del léxico botánico (dejando para otro momento los nombres de géneros); tomo sólo unos pocos, los primeros que me salen al paso: hay muchos más, alguno ya mencionado (carpelo, por ejemplo).

Acus "aguja" tiene dos diminutivos: acucula (étimo de aguja) y acicula, que ya para Marcelo Empírico significa "acícula de pino".  Dicho sea de paso, la raíz de acus también lo es de, entre otras, aculeus "aguijón" (acúleo en castellano) y acuminatus "puntiagudo" (no rara en nombres específicos).

De calyx "copa" sale el diminutivo calículo, como de caput "cabeza" sale capítulo (capitulum, literalmente "cabecita") o de cauda "cola" sale caudícula (literalmente "colita").

De cornu "cuerno" viene cornículo: no me consta en botánica, pero sí al menos en la forma corniculatus "con cuernecillos", del Glaucium corniculatum.  (Por cierto que entre los hongos está el cornezuelo, fabricante de LSD: también cornezuelo es diminutivo de cuerno, y doblete, en cierto modo, de cornículo.)

De spica "espiga" el diminutivo es espícula (spicula "espiguilla").

Para las flores simples que integran las compuestas usamos el término flósculo (flosculus es diminutivo de flos, sustantivo masculino en latín, al contrario que flor, su resultado castellano).

El sentido primitivo de folículo es "fuellecito" (follis "fuelle"), de funículo es "cuerdecilla" (funis "soga"), de núcula es "nuececita" (nux "nuez" o "núcleo").

En cuanto a la palabra panícula (su sinónimo panoja presupone la variante vulgar panucula o, con síncopa ya antigua, panucla), se la supone diminutivo de panus "espiga del mijo" según unos, "mazorca de hilo" según otros, y nada tendría que ver con panículo (la lámina grasa que tenemos bajo la piel) que dependería de pannus "paño".  Pero ambas etimologías son para mí oscuras.

Diminutivo de pes "pie" es pediculus, de donde nuestra voz pedículo.  Puesto que la proyección del propio cuerpo es una de las más vivas fuentes de metáfora, no es de extrañar que ideas como "cabeza" y "pie" estén muy presentes en la imagen que nos formamos del mundo; y he aquí que los diminutivos de "pie" abundan en botánica: además de pedículo y el ha poco aludido podio, tenemos también pecíolo (petiolus), pedúnculo, pedicelo y, diminutivos de diminutivo, podíolo y peciólulo (que es el pecíolo de un folíolo, éste diminutivo de folium).

Quiero aclarar que pediculus "piececito" tiene E breve, y no debe confundirse con pediculus "piojo", que tiene E larga y es diminutivo de pedis "piojo", tambien con E larga (la propia palabra castellana piojo deriva de una variante vulgar del diminutivo: peduculus).  De este pediculus "piojo" saca su nombre el género Pedicularis: le viene, según unos (la wikipedia inglesa, por ejemplo), de que la ingesta de Pedicularis causa la infestación del ganado con piojos, y según otros (Font Quer entre ellos) de que la planta produce un antídoto de esa plaga.

De siliqua (acentuado /sí-li-cua/, al menos en latín) sale el diminutivo silícula.

Y de tuber "bulto" o "trufa" viene el diminutivo tuberculum (el sentido etimológico de tubérculo es "bultito", "hinchazón", palabra emparentada con tumor, túmulo &c).

Pero paso ya a los géneros botánicos que son, o al menos parecen, diminutivos.  Será en otra página.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Diminutivos latinos

Ya que he repasado algunos diminutivos griegos, por no cojear me meto con los latinos.  También por encima y en breve.

Menciono un par de los más vetustos, poco evidentes como tales diminutivos.  Se admite en general que arbustum "arbusto" lo es de arbor (sin relación alguna con arbutus, en mi opinión).  Y bellus "lindo" es un viejo diminutivo de bonus que muestra hasta qué punto la confusión entre bondad y belleza, que por hábito atribuimos a los griegos, es general (en español hemos creado, en exacto paralelo, bonito, que no es, una vez más, sino diminutivo de bueno).

En bellus comparece ya el sufijo -lo-, el más productivo para la expresión diminutiva en latín, con frecuentes alargamientos o combinaciones, en particular -colo- (terminación en -culus) y los muchos -ellus e -illus que, en origen resultado fonético (como en bellus), se han extendido luego como sufijos propios.

Muchos diminutivos latinos han pasado al castellano, ya por la vía oral (esto es, acumulando a lo largo de siglos las pequeñas alteraciones que luego se describen como "leyes de evolución fonética"), ya por la vía letrada, como préstamos tomados directamente del latín (escrito).  Tomemos como ejemplo articulus "miembrecillo", que por vía vulgar da en castellano artejo, frente al latinismo artículo, usado en gramática: artejo y artículo son un doblete, esto es, un par de palabras de origen idéntico.

Sabido es que las lenguas romances están llenas de diminutivos latinos; entre otras cosas, por simplicidad para el hablante de latín como lengua extranjera (los diminutivos suelen ser, en cualquier idioma, formas regulares).  De ahí que oreja no venga del latín auris sino de auricula "orejita" (francés oreille), ni aguja de acus sino de acucula "agujita" (en cambio el italiano ago continúa acus); hay mil ejemplos.

Pero, además de las voces patrimoniales, la lengua contiene muchos latinismos que son diminutivos, y estos abundan en particular en las jergas científicas: así globus provee el diminutivo glóbulo (globulus, literalmente "globito"), canna da cánula (cannula "cañita"), glans da glándula (glandula "amígdala", pero literalmente "bellotita"), testis da testículo (testiculus, literalmente "testiguillo").

Una exacta descripción exige a veces echar mano a la vez del diminutivo latino y del griego, véase el ejemplo de ocelo (ocellus, diminutivo de oculus "ojo") frente a omatidio (diminutivo de ὄμμα "ojo"): aunque ambos significan, en origen, exactamente lo mismo: "ojito".  Y, como hemos mencionado bacterio como diminutivo griego, cumple recordar que tiene un equivalente en latín, ya que bacillum es el diminutivo de baculum "bastón" (todo queda en casa, porque los bacilos, tengo entendido, son una forma de bacterios o bacterias).

Para introducción, mucho me he alargado.  Ya me lo temía.  Continuaré en otra.

sábado, 15 de febrero de 2020

La amante de la primavera



Durante el paseo, uno de estos días cálidos de febrero, reconozco a mis pies el brillo familiar de millones de florecillas blancas: son Erophila verna.  ¡Y pensar que hace cuatro o cinco años no había ni oído hablar de esta planta, tan abundante!  La conocí cuando di en perseguir Hornungia petraea: entonces me arrodillaba a menudo y sacaba sin pereza mi reluciente lupa, algo abandonada ahora.  Estas plantas chiquitillas exigen humillar la cerviz, aproximar el hocico al suelo: el premio son joyas como la violeta de Kitaibel, las delicadas eufrasias, la erófila o amante del buen tiempo.

Se comprende que pueda pasar desapercibido un vegetal tan minúsculo, que se apresura a brotar y completar su ciclo en pocos días, como si la vida le fuera en pasar inadvertido para la mayoría de los mortales: así florece, sobre suelos escasos y pobres que otras plantas rechazan, apenas cuatro gotas y un poco de luz y calor se lo permiten: con premura, pues, fabrica su semilla, único estadio algo duradero de este ser fugaz, y desaparece.

Sin embargo, pese a su fugacidad y tamaño diminuto, es capaz de adornar, con la abundancia de sus insignificantes rosetas, con la blancura de sus pétalos, las gravas más áridas, las sendas más arenosas, las más secas arcillas, que por unos días, o tal vez sólo por unas horas, se revisten del fino plumón de estas plantitas.

Como creo haber comentado en estas páginas, tiene más nombres botánicos de los que yo hubiera creído posibles para una sola planta, no digamos para una hierbecilla mínima como ésta.  No voy a volver a contarlos, pero en la wikipedia castellana figuraban más de cien.  Quizá la abundancia de sinónimos le venga de la pluralidad de hallazgos (de la planta, digo, como nueva: en Flora Iberica se describe como polimorfa, lo que abunda en la idea).

En cualquier caso, uno esperaría diminutivos en sus diversos bautizos (ahora que estoy entretenido con esas formas gramaticales).  Lo cierto es que en 1753, si no me falla la información, Lineo la llamó, secamente, Draba verna.  De Candolle, luego, identificó varias especies, pues veo que bajo su autoridad corren varios nombres: Erophila vulgaris, E americana, E muscosa.  El único que recurrió al diminutivo, me parece, fue Bubani, enternecido sin duda por su modestia y pequeñez: Drabella vernaDrabella es, sin duda, diminutivo de Draba.

Ahora bien, ¿de dónde ese nombre, Draba?  No encuentro esa voz en latín clásico, aunque sí está δράβη /drá-bee/ en el griego de Dioscórides.  Nadie parece saber a qué planta exactamente se refiere el médico griego.

domingo, 2 de febrero de 2020

Diminutivos griegos II

El otro gran grupo de diminutivos griegos se forma con el sufijo -ιον /-i-on/.  De éstos ya hemos visto geranion "grullita" o pelargonion "cigüeñita".  Este sufijo (y sus diversos alargamientos, sobre todo -ίδιον /í-di-on/) tuvo éxito compitiendo con -ίσκος en la formación de diminutivos.  En nuestra lengua se conserva, por ejemplo en palabras tan comunes como demonio (δαιμώνιον /dai-moó-ni-on/ "duendecillo" es el diminutivo de δαίμων "genio") o podio (πόδιον /pó-di-on/ "piececito", de πούς /puús/ "pie"; el latín podium es origen de los mil topónimos tipo Puy, Puey, Pueyo &c; y a su vez podiolum, diminutivo del diminutivo, da Pujol y toda su parentela).

No pocas voces de la biología general son diminutivos.  Pongamos por caso ofidio, sinónimo de culebra, cuyo significado etimológico es "culebrilla": porque ὀφίδιον /o-fí-di-on/ es diminutivo de ὄφις "culebra" (étimo de Ophioglossum, voz que no encuentro ni en latín ni en griego clásicos, donde ὀφιογλώσσον significaría "lengua de serpiente", como compuesto de ὄφις y de γλώσσα /gloós-sa/ "lengua").

Otro término zoológico que me hace gracia es "culito": ¿quién habría llamado así, sin perder su crédito científico, al extremo abdomen de un insecto?  Ahora bien, lo dices en griego, pigidio, y tu prestigio no merma, antes al contrario; pero pigidio no deja de ser diminutivo de πυγή /py-geé/ "nalga", como las que exhibe aquella Venus que los académicos llaman (siempre en griego, por supuesto) Calipigia ("de bello culo").  Por lo demás, la anatomía de los insectos está llena de diminutivos.

Volvamos a la botánica.  El nombre de un gran sector de ella contiene un diminutivo, pues ἀγγεῖον /an-géi-on/ "vasito" lo es de ἄγγος /án-gos/ "vaso" (angiosperma, esporangio).  También lo es ascidio (ἀσκίδιον /as-kí-di-on/, de ἀσκός "odre": los ascomicetes son "hongos odres").  Y qué decir de bacterio (esta es la forma correcta, en mi opinión y en la de los traductores del manual de Strasburger): el nombre latino con que se bautizó a esos bichitos longilíneos fue justamente bacterium (βακτήριον /bac-teé-ri-on/ "bastoncillo" es diminutivo de βακτηρία "bastón"): los españoles hemos tomado el plural neutro, bacteria, por un singular femenino (como hacen a diario miles de estudiantes de latín en todo el mundo, y ya lo hacían muchos latiniparlantes en tiempos de Séneca y de Marco Aurelio).

Más diminutivos botánicos.  βασίδιον /ba-sí-di-on/ lo es de βάσις "base", y étimo de los basidiomicetes.  En cistidio tenemos el griego κυστίδιον /kys-tí-di-on/ "vejiguilla" (de κύστις "vejiga" causa de nuestras cistitis).  La palabra filodio tiene su interés: es un diminutivo griego creado en latín, pues se documenta phyllodium en latín científico, pero no (que yo sepa, al menos) el griego φυλλόδιον /fyl-ló-di-on/ que sería el diminutivo de φύλλον "hoja" (Dioscórides para "hojita" dice φυλλάριον /fyl-lá-ri-on/).

Déjenme añadir tres más: oídio es ὠΐδιον /oo-í-di-on/ "huevecito" (de ᾠόν /oo-ón/ "huevo", que está, por ejemplo, en ooteca).  Y el zumo de la adormidera, el opio, es ὄπιον /ó-pi-on/ "zumito" (de ὀπός "zumo", la palabra con que Teofrasto designa la savia).  Acabo con pixidio, nombre de ciertos frutos capsulares como el del beleño, que continúa πυξίδιον "cajita de boj", diminutivo de πυξίς (derivado a su vez del nombre del boj en griego, πύξος /pýk-sos/, pariente sin duda de buxus).

Añadiré los nombres de algunos géneros botánicos que son en origen diminutivos.  Empiezo por Absinthium: ἀψίνθιον /ap-sín-zi-on/ es diminutivo de ἄψινθον /áp-sin-zon/ (de igual significado).  También Echium: ἔχιον /é-ji-on/ "viborilla" designó ya en griego, al parecer, al Echium rubrum (y es diminutivo de ἔχις "víbora").  Al igual que Eryngium ἠρύγγιον /ee-rýn-gi-on/ lo es de ἤρυγγος (misma planta).

Hieracium ἱεράκιον /hi-e-rá-ki-on/ significaría literalmente "halconcillo" (o, si prefieren, "falconete": fue nombre, dicen, de la Pilosella officinarum --también ésta con nombre diminutivo: pilosella "pelosilla"): es diminutivo de ἱέραξ "halcón" (de nuevo un ornitónimo en el origen de un nombre de planta).

Termino con Lepidium: "escamita" significa λεπίδιον /le-pí-di-on/, derivado de λεπίς "escama" (cf lepidóptero).  Pteridium, por último, es latinización de πτερίδιον /pte-rí-di-on/ "helecho", diminutivo de πτερίς que también significa "helecho".

sábado, 25 de enero de 2020

Griego en latín V

Por rematar la cuestión de las vocales, veamos algo respecto a diptongos; como el asunto es medio complejo, me limito a cuatro notas generales.

En latín, se dice, hay tres diptongos, escritos AE, AU y OE.  En palabras de origen griego es muy frecuente también el diptongo EU (por ejemplo en Leucanthemum o en ochroleucon).

De estos diptongos, AU no da la lata, pues su transcripcion del griego es fácil: κενταυρία /ken-tau-rí-a/ se transcribe centauria y καυλός /cau-lós/ "tallo" lo encontramos en caulophyllon (y en español AU produce una O: maurum da moro, como taurum da toro, &c).

AE y OE sonarían parecido a /ay/, /oy/ en época clásica; pero con el tiempo acabarían en una /e/ más o menos indiferenciada, lo que explica por qué a partir de la edad media se confunden alegremente uno y otro diptongo, y ambos con cualquier otra E.  Así las grafías clásicas caelum "cielo", fenum "rédito", coemeterium "cementerio" se mudan en coelum, faenum, caemeterium (y cosas peores, para poner los pelos de punta a los puristas).  He ahí, pues, la explicación de las variantes hypochoeris o hypochaeris, caeruleus o coeruleus que a menudo se ven.

A continuación, un par de notas sobre la transcripción de los diptongos griegos, por su frecuencia en la terminología.

El diptongo griego ΟΙ siempre se transcribe correctamente en latín ΟΕ, por lo que una forma que contiene "cerdo" (griego χοῖρος) será correctamente escrita por OE; así Hypochoeris, como creo haber dicho, es más correcto que Hypochaeris; y así ῥοιάς /roi-ás/ "amapola" se transcribe rhoeas (pronunciado más o menos /róe-as/).

El diptongo ΑΙ se transcribe correctamente en latín AE, por lo que Aegilops es la buena forma latina del griego αἰγίλωψ /ai-gí-loops/ (la G siempre suave, como en gato), y lo es aethiopicus, como derivado de αἰθίοψ /ai-zí-ops/ "etíope" (literalmente "caraquemada").

En cuanto al llamado diptongo griego ΟΥ (que suena /uu/, y debió de ser diptongo cuando Agamenón moceaba), en latín se transcribe con U, como hemos visto con Anchusa, o se ve en Struthium (griego στρούθιον /struú-zi-on/).  Según eso, ningún grupo OU del latín botánico sería de origen griego (como, en efecto, no lo son Bougainvillea o Legousia, por ejemplo).  Ahora bien, nunca faltan excepciones en la lengua.  Acabo de reparar en Hypecoum, que se explica por lo dicho en el anterior artículo sobre la vacilación en finales -UM/-ON: el griego ὑπήκοον /hy-peé-co-on/ se podría transcribir correctamente a la griega (Hypecoon) o latinizando su terminación (como hace la botánica con Hypecoum), dando por resultado un aparente diptongo, pero sólo aparente: /hy-pée-co-um/.

Cierro esto con una observación sobre el uso de la diéresis (¨) en latín; uso, que yo sepa, moderno, o como mucho medieval (la palabra diéresis es antigua, pero se refiere a la pronunciación en hiato, no al signo gráfico).

Para entender lo que sigue, quizá lo más práctico sea observar la diferencia entre estas dos palabras: aes "bronce" y aer "aire": mientras que aes es monosílaba (AE es diptongo: es latín fetén), aer es bisílaba (transcribe el griego ἀήρ, donde AE no es diptongo).  Dicho de otro modo: la escritura latina no distingue AE diptongo de AE hiato.  Hacer visible esa diferencia es la misión de la diéresis, y por eso algunos (sobre todo los franceses, en mi experiencia) usan escribir aër, y otros äer.  (En el nominativo parece innecesario, pero aes y aer se confunden, por ejemplo, en ablativo, y ahí importaría más distinguir aere "en bronce" de aëre "en el aire".)

Lo mismo ocurriría con un OE no diptongo.  Así, por ejemplo Hypochoeris continúa el griego ὑποχοιρίς (OE diptongo, equivalente al griego ΟΙ).  En cambio Aloe es trisílaba /á-lo-ee/, pues continúa el griego ἀλόη /a-ló-ee/ (y ahí OE no es diptongo).  Para los defensores del uso de la diéresis, sería oportuno escribir aloë.

Eso vale también para ἰσοετές /i-so-e-tés/, neutro del adjetivo ἰσοετής que unos traducen por "igual durante todo el año" y otros "de duración igual a un año" (compuesto en cualquier caso por ἴσος "igual" y ἔτος "año").  Es Plinio (25 160) quien menciona este nombre, isoetes, como uno de los muchos dados al aizoum o Sempervivum arboreum.  La edición que poseo de la Historia Natural, una edición de Turín del año 1985, lo escribe con diéresis: isoëtes.

jueves, 23 de enero de 2020

Griego en latín IV

En cuanto a vocales, la transcripción de las griegas al latín no presenta gran dificultad, en general, si exceptuamos que la escritura latina no distingue vocales largas y breves (lo que sí hace la griega, al menos en los timbres O y E).  La única vocal griega para la que faltaba letra en latín es la ípsilon o Y griega, que los romanos añadieron al final del alfabeto, junto con la Z, como ya quedó dicho.

La ípsilon (υ; en mayúscula Υ) tiene ciertas incomodidades.  Sobre todo ésta: suena como la U francesa o la Ü alemana siempre que vaya aislada; en cambio, en diptongo con otra vocal suena igual que la U castellana corriente y moliente.  Por esa razón υ se transcribe Y únicamente cuando está aislada.  De ahí que se escriba Hypochoeris o Lycoperdum (la Y aislada), pero Anchusa (ἄγχουσα) o Leucanthemum (λευκάνθεμον), donde la υ va unida a la O o la E.

Hay en latín usos abusivos de la Y.  El latín botánico, por ejemplo, usa Y en Pyrus o sylvestris, voces que nada tienen que ver con el griego (la escritura clásica es pirus para "peral", silvestris para "boscoso").  Pero quitando unos pocos casos, en la Y de un texto latino reconoceremos la υ griega.  A propósito recuerdo un error muy frecuente, que implica confusión entre ípsilon y iota: más de una vez he oído que la palabra hipopótamo viene del griego ὑπό /hy-pó/ "debajo" y ποταμός /po-ta-mós/ "río".  La cosa parece lógica: ¿no viven los hipopótamos bajo aguas fluviales?  Sólo que el nombre de este animal no es en latín *hypopotamus (como sería si viniera de la preposición ὑπό "debajo") sino hippopotamus, con iota y P geminada, porque viene de de ἵππος /híp-pos/ "caballo" (ἱπποποταμός y su sinónimo ἵππος ποτάμιος significan, en efecto, "caballo de río").

Recuérdese, pues: va mucha diferencia de hypo- "debajo" a hippo- "caballo".  En botánica tenemos por ejemplo hypogeson (Aeonium arboreum) cuyo nombre griego (ὑπόγεισον) significa "bajo el alero" (γεῖσον "alero"); frente a Hippocrepis, voz cuyοs componentes griegos significan "herradura" (ἵππος "caballo", κρηπίς /kree-pís/ "zapato").

A menudo se encuentra que el final de algunas palabras latinas vacila entre -US y -OS, o entre -ON y -UM.  El hecho es que ciertas palabras (las llamadas "temáticas") que en griego terminan en -ος (/os/; si son neutras, en -ον /on/) corresponden a las latinas terminadas en -us (si son neutras, en -um): eso explica las dobles lecturas rhamnos (a la griega) y rhamnus (más latinizada) o, que los compuestos con -anthemon (a la griega) suelan aparecer con la forma -anthemum (a la latina).  No son más que variantes perfectamente admisibles (desde el punto de vista filológico: otra cosa es lo que mande la comisión de nomenclatura).

Del mismo modo las palabras de tema en -a pueden aparecer en griego acabadas en -η /-ee/ lo que explica las vacilaciones entre formas como anemona y anemone u otras similares (por cierto que las mencionadas formas llevan siempre el acento en la O, que es ómega en griego: tanto el latín anemone como el griego ἀνεμώνη lo avalan).  En ocasiones la nomenclatura botánica opta por la /e/ original, como en Agave /a-gáu-ee/ o, si se quiere, /a-gáa-vee/ (en todo caso, no esdrújula: ni el griego ἀγαυή /a-gau-eé/ ni el latín autorizan esa acentuación); lo mismo sucede con Cardamine (καρδαμίνη /kar-da-mií-nee/), que por el mismo precio podría haber sido Cardamina.  En otros géneros, en cambio, se ha elegido la /a/ connatural con la forma latina: así en Calamintha (griego καλαμίνθη /ka-la-mín-zee/) o Chondrilla (griego χονδρίλλη, aunque también encuentro χονδρίλη y χόνδρυλλα --que se transcribiría chondrylla).

lunes, 20 de enero de 2020

Diminutivos griegos

Ya sabrá el lector que diminutivo es esa palabra que, respecto de otra, expresa pequeñez o simpatía por medio de cierta especial terminación, como chiquillo respecto de chico, cancioncita de canción, o mocico de mozo.  El diminutivo es una rica fuente de creación léxica: a menudo se convierte en sustantivo nuevo, con significado nuevo, y se desprende de la palabra base, con la que llega a perder todo contacto significativo, como ocurre con los ya mencionados cerilla, botiquín o bombilla, que apenas nos recuerdan la cera, la botica o la bomba.

Cada cual tiene sus manías.  A mí siempre me han caído simpáticos los diminutivos, así que dedico un rato a los botánicos.  Empiezo por los griegos, quizá más desconocidos.  Como de costumbre, no pretendo ser exhaustivo ni demasiado técnico.

Hay al menos dos terminaciones características de los diminutivos griegos.  La más reconocible es sin duda -ίσκος, que conservan bastantes palabras castellanas, como asterisco "estrellita" (de ἀστήρ /as-teér/ "estrella"), basilisco "reyecito" (de βασιλεύς /ba-si-léus/ "rey") o menisco "lunita" (de μήνη /meé-nee/ "luna", de la misma raíz que el latín mensis "mes" o "lunación" y el adjetivo menstruus "mensual": el menisco tiene forma de media luna y, para la filología, es pariente de menarquía, menopausia y demás).

Asteriscus es un género, precisamente, de las asteráceas, de modo que tenemos en botánica la forma base (Aster /ás-teer/ literalmente "estrella") y el diminutivo (Asteriscus, literalmente "estrellita").

En cuanto a βασιλίσκος /ba-si-lís-cos/ "reyecito" o "reyezuelo", ha designado a cierto monstruo de mirada petrificadora, a una simpática iguana, a un pajarito que en latín se llama regulus y en castellano reyezuelo (regulus es diminutivo de rex "rey", y nombró también a una de las estrellas más luminosas, Régulo, en la constelación del León).  He visto confundir βασιλίσκος "reyecito" con el adjetivo βασιλικός "real": de este viene el latín basilica (y nuestra basílica: en origen "sede regia": luego sirvió para la virgen del Pilar) y también basilico, el nombre italiano de la albahaca, donde se abrevia la expresión "planta regia" que honró a varios vegetales de virtud médica o aroma exquisito.

Hay más diminutivos en biología (Dytiscus significaría "bucito" si es, como creo, diminutivo de δύτης "buceador"; y Spheniscus, nombre de un pingüino, significa "cuñita"), pero en botánica hay dos o tres formas que parecen diminutivos y a continuación comento.

Lentiscus yo diría que no es voz griega, aunque, por el sufijo, Meillet lo relaciona con mariscus (cierto junco del que no encontraba información hasta hace un momento, en que la red me da un tal Cladius mariscus).  Serán, quizá, diminutivos, pero ¿de qué?  Lo ignoro.

También Anthriscus parece diminutivo; ahora bien, en griego la forma principal parece no ser ἀνθρίσκος /an-zrís-cos/ sino ἄνθρυσκον /án-zrys-con/ que no es un diminutivo: para Bailly el ἄνθρυσκον es cerfeuil sauvage; para Chantraine, el Scandix australis.  Hay más variantes que no señalo; otra es ἔνθρυσκον /en-zrys-con/, también Scandix australis según Chantraine, pero Anthriscus cerefolius según Amigues.  Hay, en fin, un ἀνθρισκίον /an-zris-kí-on/ (éste sí con forma de diminutivo) que según glosa Hesiquio es "una verdura con flor de ἄνηθον o de ἄνησσον".

Chantraine sospecha que todas esas formas están emparentadas con ἀθήρ /a-zeér/ "espiga", "punta de espada", "espina de pescado" (a diferencia de στάχυς que sólo significa "espiga"), y con ἀνθέριξ /an-zé-rix/ "espiga" y ἀνθέρικος /an-zé-ri-cos/ "vara de asfódelo".  Anthericus está entre los géneros recibidos.

Con Hibiscus, por último, estoy perplejo.  Por la forma, podría ser un diminutivo, pero ἴβις /i-bis/ "ibis" no tiene H (no tiene aspiración), que yo sepa.  Ahora bien, encuentro en griego tanto ἴβισκος (sin aspiración) como ἵβισκος (con ella), nombres ambos, al parecer, de la Althaea officinalis.  Es cierto que entre los nombres de plantas hay diminutivos de nombres de pájaros, como hemos visto con Geranium o Pelargonium.  Si Hibiscus fue diminutivo de Ibis, le sobra la H.  ¿Y qué parecido hay entre la altea y el pico curvo del ibis?