domingo, 21 de octubre de 2018

Nardo


El primer nardo que recuerdo no lo vi, sino que lo olí: cierto misacantano, amigo de la familia, recibió como regalo de la suya un perfume de nardos, que me dio a oler (tenía yo seis o siete años).  Me pareció un aroma tan delicioso que aún ahora, un milenio después, creo que lo reconocería; pero no lo he vuelto a oler más.  Tampoco he visto un nardo en mi vida, aunque lo he procurado.  Así que, de momento, el nardo es para mí una planta mítica, como el loto de los lotófagos y el hermético moly.

En los años 80 un grupo de biólogos de Barcelona, de visita por el Moncayo, nos permitieron acompañarles.  La experiencia fue entretenidísima, porque venían varios entendidos en esto y en aquello, y allí donde los demás no veíamos nada, éste hallaba nidos de araña, aquél hifas de ascomicetos, el otro huellas de tejones.  Lo recuerdo ahora porque en la cumbre de Moncayo oí por vez primera hablar del Nardus stricta: corrí entusiasmado a olerlo y resultó ser una gramínea de lo más inodora.  ¡Eso no podía ser el nardo del padre Calle!

En 2005 encontré en un vivero unas patatillas con el marbete de "nardo"; las planté y salió lo de la foto.  Al parecer es una planta originaria de México y América del Sur, que en náhuatl se llama omixochitl y los botánicos han bautizado Polianthes tuberosa.  Las flores huelen bien, pero tampoco es aquello...

La palabra Polianthes es para mí un enigma.  ¿Qué significa?  En griego hay un adjetivo πολυανθής /po-ly-an-zés/ que vale "florido" o, si se quiere, "muy florido" (de πολύς /po-lýs/ "mucho"; el segundo elemento, el mismo que en Prenanthes), pero en latín debería llevar Y griega: así, con I latina, sólo puede venir de πόλις /pó-lis/ "ciudad", y querría decir "urbanifloro" o algún sinsentido semejante.  Al menos yo no le encuentro el sentido.

Quizá es que la diosa de la ortografía maldijo la palabra polianthes, porque entre mis notas encuentro ésta, tomada del prólogo de la Flora Pirenaica, de un pasaje donde Bubani se queja de los absurdos en que incurre la nomenclatura botánica: eo dementiae perventum est ut retinerentur nomina ab errore typographico exorta: conferatur Erythrina poianthes, quae polianthes fuerat in mente auctoris: "La sinrazón ha llegado al extremo de autorizar nombres fruto de una errata tipográfica: véase la Erythrina poianthes, que en la intención del autor era polianthes".  (Esa Erythrina es una fabácea brasileña cuyas flores tienen un llamativo colorado, como era previsible: griego ἐρυθρός /e-ry-zrós/ "rojo".)

Las palabras, está claro, viven su propia vida, al margen, a menudo, o incluso en contra de la historia natural.  Νάρδος o νάρδον /nár-dos, nár-don/ ya en griego designa, más que una planta, un perfume.  Tanto la voz como el perfume venían de oriente (Chantraine sugiere que aquélla pudo tomarse del hebreo); en Dioscórides se alude al ναρδόσταχυς /nar-dós-ta-jys/, vegetal de la India que es, según todos los indicios, la fuente del perfume, bautizado en botánica Nardostachys jatamansi: veo que lo llaman espicanardo (y, por error de lectura, espinacardo) y también "nardo de Nepal" y de otros modos.  Es una valerianácea, pero ahora ha cambiado de cajón, según wikipedia, y entrado en las caprifoliáceas.  El caso es que de su raíz se extrae desde tiempos antiguos, al parecer, un apreciado perfume.

Un perfume es, desde luego, el nardus en la oda en que Horacio advierte a Virgilio que el vino se lo ganará sólo si lleva a la cena un pequeño ungüentario (parvus onyx) de nardo: nardo vina merebere "con nardo te ganarás el vino".  (Es la oda 4 12, que cierra el célebre gliconio: Dulce est desipere in loco "grato es tontear, cuando toca".)

Con el mismo perfume regó María, la hermana de Lázaro (o María de Magdala, en la versión de Lucas), los divinos pinreles: Μαρία λαβοῦσα λίτραν μύρου νάρδου πιστικῆς, πολυτύμου "tomando María una libra de nardo puro, carísimo" (nardi puri, pretiosi dice la versión moderna de Juan, 12 3; Jerónimo tradujo nardi pistici, pretiosi), untó los pies de Jesús...  Apostaría que este paso evangélico está en la base del aromático regalo al misacantano...

Busco en la red imágenes de Sarita Montiel, por su costumbre de pasear por la calle de Alcalá... con los nardos apoyaos en la cadera..., y encuentro que en varias de las fotos lleva en la mano (si no veo mal) Polianthes tuberosa.  Y ahora que me acuerdo Machado cantó aquello de

                            tengo el alma de nardo del árabe español;

Pero vamos a ver, don Manuel: ¿de qué tiene usté el alma exactamente?  ¿De Nardostachys jatamansi?  ¿De Polianthes tuberosa?  ¿O de qué?

lunes, 8 de octubre de 2018

Madroño II

Decía que era mi intención argumentar por qué la etimología de Varrón, Plinio y Laguna es defectuosa.  Me limitaré a un par de razones que me parecen fáciles de explicar.

Primera: si unedo viniera de unum edo, sería una extrema rareza como nombre compuesto: éstos, y más los compuestos oracionales (que suponen una frase, como abrelatas, cuentagotas, tapaculos) no emplean jamás la primera persona del verbo, tan marcada.  En español sólo encuentro metomentodo; pues lavabo es latín (lavabo "yo lavaré"), sustantivado como primera palabra del rito de lavamanos en la misa (así ocurre con el credo "creo" o con las avemarías o los padrenuestros; y en argot financiero pagaré y cargareme).  En botánica hay nomeolvides, con un "tú" imperativo bien curioso.  En francés hubo una moda del jaccusisme (tras el título que Clemenceau impuso al artículo de Zola), como también la moda (indumentaria) trajo el suivez-moi-jeune-homme.  Pero en cualquier idioma es improbable, si no yerro, que una primera persona invada el campo nominal.

En latín unedo sería caso único.  Vademecum (literalmente "ven conmigo") no cuenta, porque es latín escolástico.  Al gorrón lo llamaban en Roma laudicenus ("que alaba la cena") como a "las que se depilan" strictivellae (los diccionarios menos pudibundos especifican la zona depilada).  El elemento verbal (laudo, stringo) jamás aparece en primera o segunda persona.  Por poner ejemplos botánicos, ahí está, de frango "romper" y saxum "roca", la saxifraga de la que ya hemos hablado.  De pario "parir" tenemos oviparus y viviparus (u ovipara, vivipara).  En francés tenemos pissenlit o "meacama" (por la virtud diurética del Taraxacum officinale), y en griego κυνάγχον /ky-nán-jon/ o "ahogaperro" (en latín Cynanchum /ky-nán-cum/).

Segundo argumento.  Unus en latín comienza con U larga, la U de unedo es breve.  Esto bastaría por sí solo para invalidar la supuesta etimología.  Todos los compuestos latinos de unus llevan U larga: unanimus "de un solo espíritu", undecim "once" (literalmente "uno diez"), unicornius "de un solo cuerno", universus "vuelto a la unidad" --al revés que diversus--, es decir, "tomado en su conjunto"; en botánica tenemos unicaulis "de un solo tronco".  Hay muchos, todos con la U inicial larga (tampoco cuentan aquí las licencias métricas).

He encontrado alguna discrepancia sobre la cantidad vocálica de unedo en los diccionarios; en particular el de Meillet creo que tiene errata (no corregida en la fe); pero todos dan breve la U inicial.  No se tenga en cuenta la transcripción al griego (οὐνέδων) porque, aunque ου siempre es largo en ese idioma, ese dígrafo es el único modo que tienen los griegos para expresar nuestro sonido U (véase, si no, cómo transcriben Vulturnus: ᾿Ουουλτούρνος, donde ninguna de las U son en origen largas).

Mientras me paseaba por las muchísimas variantes del nombre del madroño en distintos idiomas, he acabado convencido de que este arbusto debió de tener, o en algún momento se le dio, gran importancia.  Al fruto se lo distingue con un nombre privativo: en latín se llamó arbutus /ár-bu-tus/ y unedo /ú-ne-do/ a la planta, y arbutum y unedo al fruto (en francés arbousier y arbouse respectivamente, como en catalán arboç y cirera d'arboç); en griego κόμαρος /kó-ma-ros/ y κόμαρον /kó-ma-ron/, etcétera.

Además, está muy presente en la toponimia.  Dejando aparte la heráldica madrileña (un experto sostiene que el oso se apoya en realidad en un almez), tenemos Madroños, Madroñeras, Madroñeros y Madroñales varios, y además los Erbebedos y Hervededos gallegos y bercianos (que continúan el latino arbutetum "madroñal") y otros similares.  Si alguno visita el penetense Arboç, no se extrañe de encontrar allí un facsímil de la Giralda: el dueño quiso mitigar con ella (eso cuentan) la nostalgia de su esposa andaluza.

Cito, para acabar, el verso en que Ovidio, como don Quijote de las bellotas, hace de los madroños la fruta paradisíaca, digo de la edad de oro, cuyos felices habitantes

                     arbuteos fetos montanaque fraga legebant,

esto es, "cosechaban los frutos del madroño y las fresas del monte".

domingo, 7 de octubre de 2018

Madroño


Qué mejor comienzo que las palabras de Andrés de Laguna, médico de Carlos Quinto, donde el doctor describe el fruto del madroño:  "Es por de fuera todo muy sarpollido y lleno de ciertos granos, los cuales, cuando se mascan, exasperan el paladar y la lengua.  Del resto, parécese el madroño a muchas cortesanas de Roma, las cuales, en lo exterior, diréis que son unas ninfas... empero si las especuláis debajo de aquellas ropas, hallaréis que son un verdadero retrato del mal francés.  Dígolo porque este fruto, defuera, se muestra hermoso en extremo y, comido, hinche de ventosidad el estómago y da gran dolor de cabeza; lo cual fue causa de que los latinos diesen el nombre de unedo, amonestando que nadie comiese dél más que uno".  Magnífica página (se encuentra en el Dioscórides de Font Quer): la doy por toda La lozana andaluza.

Me preguntaba D.G. el otro día por el nombre botánico del madroño, y ahora estoy medio desesperado, no porque me falte información, sino porque tengo mucha, pero insignificante.  En ocasiones así me avergüenzo de hablar en estas páginas, como si supiera, de cosas que no sé.

Esto pasa con la palabra castellana madroño: no se sabe de dónde proviene, como ocurre con tantos nombres de arbustos y yerbas: agavanza (o agabanza, que en mi pueblo designa al tapaculos), álamo, aliaga, árgoma, escaramujo, meruéndano, y una larga serie.  La mayoría de estos nombres son, se dice, prerromanos, esto es, anteriores a la llegada del latín a la península y de origen, por tanto, vaya usted a saber si celta, ibero, o qué.  (En realidad, prerromano es a menudo un eufemismo de ni idea.)

En cuanto al nombre botánico, Arbutus unedo, confieso que pronunciaba arbútus unédo hasta que (no hace mucho) caí en la cuenta, leyendo los arbuteos fetos de Ovidio (Met. I 105), de que la U era breve: no se acentúa arbútus, pues, sino árbutus.  Y lo mismo pasa con unedo: únedo es la pronunciación buena.

El doctor Laguna sugiere que unedo viene de la expresión unum edo "uno solo me como".  La idea de Laguna es una etimología popular más, si bien sostenida ya por autores clásicos, entre los que destaco a Plinio el enciclopedista, que dice (15 98): pomum inhonorum ut cui nomen ex argumento unum tantum edendi "el fruto es desdeñable, como lo sugiere el nombre, del consejo de no comer más de uno".  Me gustaría razonar por qué esta etimología no es aceptable, pero antes quiero señalar que varias veces he comido hasta ocho o diez madroños (fruta tolerable sólo cuando está bien madura) sin conseguir experimentar ni la borrachera ni los otros síntomas que amenazan los manuales: debo de ser inmune.

[Hoy domingo, 7 de octubre, releo estas líneas antes de publicarlas, cuando la radio (que tengo la mala costumbre de encender por las mañanas) informa de un nuevo terremoto en Haití, triste cosa, con la siguiente frase que me he apresurado a copiar, porque no daba crédito a mis oídos: "el epicentro se ha sentido a quince kilómetros de profundidad".  Paladeen, paladeen esta estupidez emitida por la radio pública, y díganme si por paranoia sospecho de una conjura para deteriorar el castellano, en cuya vanguardia milita Radiotelevisión Española.  Y encima todo nublado.  Dejémoslo para otro rato.]

viernes, 21 de septiembre de 2018

Berberomeloe majalis


Ahora que mi condición voltaria me lleva a los insectos he anchado no poco el campo a mi ignorancia, y me entretengo en sonsacar significado al nombre de algunos de esos bichillos.  Hace poco he aprendido el de ése de la fotografía, en mi pueblo llamado aceitera (por el líquido aceitoso --su propia sangre-- que emite al ser molestada) y he conocido su prodigiosa biografía (gracias sobre todo a la red, porque en mi manual de sabandijas ni siquiera aparecía).  Del Berberomeloe majalis aún no sé bien qué quiere decir Berberomeloe (Meloe es el nombre de familia, desde luego; y el comienzo ¿tiene algo que ver con el agracejo?; de momento lo ignoro), pero me ha llamado la atención el adjetivo majalis, que comparte con el nombre del muguet o Convallaria majalis.

Antes de seguir, contaré brevemente (para cierta lectora a quien sé que le interesan menos mis gramatiquerías que los animales en general) que el de la foto es parásito de las abejas solitarias, abejas que horadan nidos en el suelo y los rellenan de miel para alimento de su cría; pues bien, las larvas de este raro escarabajo, apenas nacen, buscan activísimamente estos nidos (y son capaces de aguantar meses sin alimento) para comerse el huevo de la abeja, primero, y luego el depósito de miel, único modo de llegar ellas al estado adulto.  Como dependen tanto del azar, estos escarabajos han de multiplicar su puesta para compensar las inmensas probabilidades de morir que en su empresa tienen las larvas: hasta cuatro mil huevos he leído que puede poner una Berberomeloe: se comprende el tamaño de su vientre.  Las larvas de otro parásito similar a esta aceitera trepan a las flores, para así acceder a las abejas que son su víctimas, cuando éstas llegan a libar.  Y el colmo: las larvas del Meloe franciscanus (especie, creo recordar, californiana) no sólo se suben a los tallos, sino que allí se amontonan en figura de hembra abeja, emitiendo feromonas sexuales para atraer al zángano que es su objetivo.  Encuentro todo esto fascinante.  Pero vuelvo a mis palabrejas.

La causa de mi sorpresa es que la voz majalis. en latín clásico, designa específicamente al cerdo castrado (todavía en Italia llaman al puerco maiale), y no veo qué tienen que ver con el cerdo la aceitera o el muguete.

Meillet cita la opinión de Isidoro de Sevilla, quien sugiere que majalis viene de majus "el mes de mayo", porque se criaba el cerdo para ofrecerlo a la diosa Maya en su mes: eso parece una etimología popular, y Meillet la da por incierta, pese a que Macrobio confirma esa ceremonia gorrina que noticia el obispo hispanogodo: pero como ambos hablan de etimología, tanto el obispo como el autor de las Saturnales (uno y otro autores tardíos), resulta todo muy sospechoso.

Etimología popular es aquella que se apoya sólo en el sonido del término y su parecido con otros, sin considerar la historia de la palabra (que un etimólogo serio tiene que tener muy en cuenta), y a menudo forzando los significados.  Todos los hablantes somos etimólogos aficionados, aun sin percatarnos de ello.  Por poner un ejemplo reciente, esta mañana oí a un periodista hablar de "la crisis, que se agudiza y es cada vez más latente".  Periodistas hay que no abren el diccionario ni a tiros.  El de esta mañana habría comprobado fácilmente que latente significa "escondido", "oculto" (justo lo contrario de lo que quería expresar), pero, claro, el hombre había oído "latente", le sonó a latir, y entendió que significaba "latiente" o "palpitante".  Le sonó a latir: el "me suena a", que todos frecuentamos, eso es la etimología popular.  (Lo cierto es que es una de las fuentes importantes de evolución de la lengua, ya que en general los hablantes ni abrimos diccionarios ni hacemos maldito caso de las sesudas noticias que prodigamos dómines y gramáticos.)

En total, he llegado a la conclusión de que majalis se emplea en botánica y zoología con el significado que suponía Isidoro: "del mes de mayo".  No lo veo claro para el insecto, pero sí para el muguete, que en Francia se regala en las calendas mayas, o sea el 1 de mayo.  (Un amigo francés, votante de Macron, sostiene que es un regalo romántico a la pareja; otro amigo, proclive más bien a destruir el sistema capitalista, dice que el muguet conmemora las luchas obreras.  Al menos están de acuerdo en la fecha.)

Tengo que aclarar que el adjetivo majalis "de mayo" es algo absurdo desde el punto de vista clásico, pues los meses se nombran precisamente con adjetivos: y así como el 1 de mayo se llama calendas mayas (Kalendae majae), se podría decir, por ejemplo, "las tardes abriles son muy buenas para pasear", o "no soporto los calores agostos".  Así que la convalaria se podía llamar Convallaria maja, y el bicho Berberomeloe majus.  Sospecho que la biología ha dado nuevo significado a majalis por etimología popular, esto es, fiada en Macrobio e Isidoro.  Claro que quizá éstos tengan toda la razón.

domingo, 26 de agosto de 2018

Alchemilla II

Dice P.A. que ha oído decir Alchemílla tanto como Alchémilla.  No me extraña.  Acémila invita a Alchémilla, por el parecido; a los hablantes nos basta cualquier excusa para dar un viaje al acento de las palabras.  Yo en estas páginas me limito a decir cómo va ese acento desde el punto de vista del latín clásico.  Desde ese punto de vista es mejor /al-ke-míl-la/.

Si tuviéramos que corregir las acentuaciones equivocadas (de acuerdo con el criterio arriba dicho, o con cualquier otro) no pararíamos; nos aburriríamos hasta de corregirnos a nosotros mismos, pues tenemos asentadísimas muchas acentuaciones aberrantes, aun de nombres grecorromanos y entre profesionales de lo antiguo.  ¿Acaso a Aristides no lo llaman Arístides incluso en la BCG, cuando en su griego nativo se llamó ᾿Αριστείδης y en latín se acentúa igual?  Por no hablar de Luculo, Lucullus en latín (véase lo dicho en la página anterior), a quien los más rebautizan Lúculo quizá por rehuir ese consonante que tanto hizo sufrir en el cole a mi compañero Pablito Angulo.

Ahora vete tú a decir que teléfono está mal, que debía ser telefono; o que es falso el acento de atmósfera, que el fetén es atmosfera.  Al que eso dijera lo miraríamos mal, claro está: y seguiríamos diciendo (con total inconsecuencia) teléfono e interfono, atmósfera y biosfera.

En cuanto al origen y significado de la palabra Alchemilla, inútil fatigar diccionarios de lenguas antiguas: falta en todos.  La palabra, por lo visto, es medieval, y en el pobre latín del medievo debió de tener no pocas variantes: alchimilla, alchemilla, archemilla, achimilla y algunas otras que ya parecen de broma: atontilla, ercantilla, artincilla...

Saco estos datos de la red y de Flora Iberica, único lugar donde he encontrado alguna noticia sobre la etimología de esta planta.  Con toda reserva, Flora Iberica aventura que la palabra sea hermana de alquimia "piedra filosofal", por tener la planta no sé qué virtudes entre las retortas...  Si esto fuera cierto, alchemilla provendría de Jem (o Khem, como escriben los franceses imitando la CH latina), el nombre con que los antiguos egipcios conocían a su país.  (En efecto, Egipto, o Aegyptus o Αἴγυπτος, no es el nombre original, sino el que le daban los griegos.)  Y de Jem, el nombre al parecer original y autóctono, dicen que viene química, o sea el arte egipcia...

Para colmo de desazón, Flora iberica da otra etimología posible: ¿será alchemilla una deformación del latín tardío argentilla, que designó quizás a la Potentilla anserina?  Es posible, dicen, pues hay varias alquemilas de hoja plateada...  Ahora, que, para deformación, es mucha deformación.  Vamos, me parece a mí.

En suma, que Alchemilla viene de no se sabe dónde.

sábado, 25 de agosto de 2018

Alchemilla

El amigo P.A. pregunta si Alchemilla es palabra llana o esdrújula.  Es llana: la pronunciación que tengo por buena es /al-ke-míl-la/.  En la voz alchemilla se juntan varias dificultades típicas, de las que algo he escrito ya, pero no me importa repetir.  Por un lado, está la pronunciación del dígrafo CH, que yo recomiendo pronunciar siempre /k/, sin hacer caso de la H.  Por decir algo nuevo, hago una breve historia de ese dígrafo.

Existe en griego una letra, la Χ /ji/, cuyo sonido era más o menos el de nuestra jota.  Ese sonido rasposo de garganta, que tienen nuestra jota y la ji griega, y que es como el de una K a la que se le escapara el aire, no existía en latín: eso permitió emplear esa letra para el uso que aún le seguimos dando, con el nombre de equis.  (Nuestra X y la ji griega son, pues, la misma letra, aunque le atribuimos sonido diferente.  No deja de tener su gracia que, siglos después, la X romana haya recuperado en México el valor que, con el nombre de ji, tuvo en Mileto.)

Ahora bien, con el tiempo los romanos llegaron a ser tan admiradores de Atenas como lo es de Nueva York Jordi Hurtado, y lo mismo que éste ya no dice "qué maja la vista" sino "qué glamur tiene el escailain de Cuenca", los romanos finolis no ponían una lámpara de bronce en el salón, sino un lychnus argyrocorinthus en el oecus, que quedaba más elegante y más griego.  Hablar a la griega era lo fino para el romano de su siglo de oro, como lo es hablar inglés en éste de acero corten.  (Los gramáticos nos tronchamos con estas cosas, pero vete a saber si dentro de un tiempo nadie sabe qué significa "contorno", "perfil" o "silueta" y todo el mundo dice escailain.  ¿No los llamaban en Roma suspiriosos?  En Grecia les decían asthmáticos: ahora daría risa confesarse suspirioso.)

El caso es que muchas palabras griegas entraron al latín por esta vía de la imitación más o menos pretenciosa.  Y ¿cómo representar en latín el sonido de la ji, esa K a la que se le escapa el aire?  Pues así, claro, con el dígrafo CH: la C representa el sonido /k/ y la H la fuga de aire.  Así nace la CH en latín.  Sin excepción, que yo recuerde ahora, toda CH del latín clásico es transcripción de una X griega, o bien es un capricho ortográfico.

Hay, como se ve, buenas razones para pensar que en latín clásico la CH se pronunció /j/ en más de una ocasión; pero con el tiempo esa pronunciación, ajena a la lengua, fue generalmente sustituida por el sonido /k/, y hasta se hacía burla de la pronunciación a la griega, por afectada y ridícula.

Otro problema es pronunciar la LL.  En latín abundan las consonantes geminadas (TT PP MM NN RR LL etcétera): siempre que hay consonantes geminadas, una frontera las separa: van cada una en sílaba distinta.  O sea, que se pronuncia /ap-petítus/ y /in-nokéntia/ y /cúr-rus/ y /stél-la/.  De modo que la doble L se debe pronunciar justo así, como doble ele, nunca con el sonido de la elle castellana (que, dicho sea de paso, también está el pobre de capa caída).

En cuanto al acento de Alchemilla (y este es el tercer problema, y por el que pregunta P.A.) se podía prever que es palabra llana por el hecho de tener una consonante geminada ante la última vocal.  Si la sílaba penúltima acaba en consonante, la palabra es llana.  Así lo son /Ravén-na/ y /pulsatíl-la/ y /biscutél-la/ y /buglós-sa/ y /cryptográm-ma/.  (Intenté explicar esto en las entradas ¿Gypsóphila o Gypsophila? y ¿Mesófilo o mesofilo?, al comienzo de este cuaderno.)

Pero, a todo esto, ¿qué significa Alchemilla, de dónde viene la palabra?

jueves, 16 de agosto de 2018

Siempreviva


Estas flores encontré, ahora hace un año, cerca del ibón de Estanés: qué hermosura.  Serán comunes, pero yo no las había visto nunca (al menos, no lo recordaba).  Es una suerte que haya tanto por ver, y a la puerta de casa.  Para quien guste de la belleza natural, ni se embota el placer ni mengua el apetito, tal es la variedad de colores y formas.

Sempervivum tectorum es su nombre botánico, de significado transparente: semper es la forma latina de nuestro "siempre", y vivum la de "vivo", así que sempervivum queda más o menos traducido en "siempreviva" (que quizá sea un femenino del tipo hoja).

Por su parte, tectorum es una forma de tectum "cubierto", participio del verbo tégere "cubrir" (que conservamos en nuestro proteger); tectum evoluciona al castellano techo (-ct- da -ch-: así octo da ocho como nocte da noche).  Tectorum (genitivo plural) se puede traducir "de los techos".

A propósito de sempervivum, se me ocurre decir algo sobre la pronunciación de la V.  Sáltese usted el párrafo que sigue.

Sabrá usted (ya veo que no me hace caso) que en latín no hay V, y que esta V no es más que una forma moderna de escribir la U consonántica; dicho de otro modo, V y U son en latín la misma letra, que en ortografia clásica es la U: he aquí otro rasgo que separa al latín clásico del botánico.  A mí no me parece mal pronunciar /sem-per-bíi-bum/ (la I es larga): la relajada B española imita bien la U consonántica latina.  Pero los puristas pronuncian siempre U, lo que da algún problema (por ejemplo para pronunciar ovum o novus... o sempervivum: podríamos representarlo así: /sem-per-wí-wum/).  Afectado e incorrecto es desde luego (aunque lo he oído) pronunciar la U consonántica como la V francesa, y claro es que tampoco se debe pronunciar la V como esa B alemana que es casi una P.

Dan los diccionarios sempervivum como palabra pliniana, pero en la Naturalis historia yo sólo encuentro la forma griega, aizoum (para referirse a nuestro S tectorum y al Aeonium arboreum, según los comentaristas).  En efecto, la palabra que en griego corresponde a sempervivum es ἀείζωον /a-éi-dsoo-on/: ἀεί es el adverbio "siempre", y ζῷον /dsóo-on/ se suele traducir por "animal" (de ahí zoología "tratado de los animales", o zodiaco, voz derivada del diminutivo ζῴδιον "animalillo" o "figurita de animal") pero su significado preciso es "viviente".

ζῷον tiene el mismo radical que βίος /bí-os/ "vida", la voz que da biología (igual raíz que vivus y vita, por lo demás).  Ese radical es muy productivo y, como era previsible, tenemos en biología muchísimos derivados tanto de ζῷον (briozoo, escifozoo, epizootia, metazoo, protozoo &c) como de βίος (anfibio antibiótico, macrobiótico, microbio, simbiosis &c).  Sin embargo esas palabras (vivus, βίος, ζῷον) se parecen poco y es algo largo explicar por qué.

᾿Αείζωον designa ya en Teofrasto, según Font Quer, nuestro Sempervivum tectorum (que él llama "siempreviva mayor").  ᾿Αείζωον se transcribe al latín Aeizoon o Aizoon (¿le suena?  Pues aún no han devuelto un euro, los siempre vivos).  Aizoum es la forma ya latinizada.

De modo que tenemos también un género botánico, el Aizoon, cuyo nombre es correspondencia exacta de sempervivum (es posible que éste sea un calco de aquél).  He encontrado Aizoon hispanicum junto a algunas charcas, no lejos de casa, y este mayo en Bardenas; pero a diferencia de la siempreviva, el nombre no parece cuadrarle mucho, porque da la impresión de ser muy efímero: echa la flor y poco después no queda rastro de él hasta el año siguiente (con suerte).

Dice la red que a la Saxifraga paniculata se la ha llamado también Saxifraga aizoon.  Y algunas hierbas se apellidan aizoides /ai-dso-íi-dees/ que significa, supongo, "de aspecto de aizoon", quizá por las hojas carnosillas: la Draba aizoides (que no recuerdo haber visto) y esa hermosa amante del sol, el agua y las peñas, de flores amarillas, la Saxifraga aizoides.